Anni Albers, retrospectiva en el Guggenheim-Bilbao

Tirando del hilo de Anni Albers

¿Por qué merece la pena acercarse al Guggenheim de Bilbao a disfrutar  una exposición como Tocar la vista, dedicada a Anni Albers? Son muchas las razones para hacerlo

Una de las obras de Anni Albers

La primera, porque es ésta una muestra que arroja luz sobre una artista prácticamente desconocida para el gran público, pese a haber sido una pieza fundamental de la Bauhaus (allí dirigiría su taller de textil) y, años más tarde, del Black Mountain College, uno de los ámbitos universitarios más experimentales de Estados Unidos tras la II Guerra Mundial.

Segundo, por ser una creadora a la que en pocas ocasiones hemos podido ver en una individual (sobre todo en Europa), más allá de esa retrospectiva que le dedicara el MoMA a finales de los años cuarenta, y alguna comparecencia en el Guggenheim de Venecia. En España tuvimos más suerte: hace una década el Museo Reina Sofía se interesó por ella, pero fue por una parcela de su fantástico imaginario (sus viajes por Latinoamérica) y siempre de la mano de su marido, el pintor Josef Albers, al que conoció en la Bauhaus y que, consciente o inconscientemente, influyó en su «productividad»: porque por muy moderna que fuera nuestra protagonista, cuenta el director de la Josef and Anni Albers Foundation, ella fue una mujer de su tiempo, consciente de su (antiguo a nuestros ojos) papel de esposa.

Uno de los grabados de Anni Albers en el Guggenheim

Y tercero, y casi más importante: porque pese a que no fue una creadora prolija (aún así esta muestra de Bilbao es una de las que mayor número de lo que se han venido en llamar «tejidos pictóricos» ha reunido hasta la fecha), fue una mujer que encarna a la perfección el desarrollo del siglo XX, ya que fue tremendamente longeva: nació en 1899 en Berlín, donde vivió el devenir de sus vanguardias, pero donde también sufrió el peso del nazismo, lo que obligó al matrimonio Albers a huir a América, continente en el que falleció en 1995; deseó ser pintora y escultora, pero problemas de salud la convirtieron en uno de los máximos exponentes de lo que hoy se conoce como arte textil, que, no obstante, abandonaría en EE.UU. para fundir sus conclusiones con esta materia en el grabado y la fabricación industrial.

Eso y una idea que interiorizó desde los comienzos de la escuela alemana: la de «prototipo»; esto es, la búsqueda de macanismos que democratizaran las ideas y ayudaran a expandirlas para hacerlas accesibles a todos. Ella, como pocas, renueva la idea del artista como diseñador, la de la capacidad creativa que no se compartimenta en disciplinas.

Y desarrolló una labor como teórica a la que la muestra se asoma tímidamente, pero que queda bien plasmada en el catálogo, con la traducción por primera vez al español de Del tejer, uno de sus textos fundamentales, de 1965. Eso sí: habrá que pasar de nuevo por caja para descubrirlo plenamente.

Uno de los tejidos de Anni Albers de 1954

La cita, pequeña pero potente, ocupa las tres salas de la tercera planta que el Gugenheim dedica a los nombres fundamentales del siglo XX (y que en las últimas entregas han sido en gran medida mujeres: Niki de Saint Phalle, Yoko Ono…), para la que su comisario, Manuel Cirauqui, ha planeado un viaje retrospectivo que se asienta en dos ejes: su paso «del arte al diseño», y su transitar del «texto al textil». La primera sala funciona como una muestra dentro de la muestra, con sus highlights en la Bauhaus (entre ellos, el prototipo de material aislante con el que se graduó), cuando los intereses de la abstracción pictórica son vertidos por ella a lo textil, y la Black Mountain, donde esa abstracción rompe sus rígidas costuras y se vuelve más lírica, con guiños al paisaje.

Pero también, y según avanzamos, sus joyas realizadas con materiales poco ortodoxos, sus series de grabados fundamentales (de «Relación de Líneas», la primera, de 1964, al protafolio «Conexiones», en el que ella misma repasa los grandes hitos de su carrera), sus Colgaduras o trabajos textiles en colaboración con grandes empresas para seguir democratizando sus resultados (y que la Fundación sigue haciendo hoy, de manera póstuma y por deseo de la artista; aquí hay varios ejemplos de 2017)… Albers –Anni, no Josef– bien merece que tiremos del hilo.

Annie Albers en una imagen de archivo
Anni Albers. “Tocar la vista”. Museo Guggenheim. Bilbao. Avenida Abandoibarra, 2. Comisario: Manuel Cirauqui. Colabora: Fundación Josef y Anni Albers. Https://www.guggenheim-bilbao.eus/. Hasta el 14 de enero

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 14 de octubre de 2017. Nº 1.199

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