Antoni Miralda. Made In Usa. MACBA

«Dentro de un museo me siento asfixiado»

La exposición «Made in USA», en el MACBA de Barcelona, recoge y reactiva piezas históricas de Antoni Miralda. Aquellas con las que comenzó una andadura en Estados Unidos de arte colaborativo vinculado a la cocina

Miranda posa en una de las salas del MACBA (Foto: Inés Baucells)
Miranda posa en una de las salas del MACBA (Foto: Inés Baucells)

Antoni Miralda (Tarrasa, 1942) se despoja de sus botas de cowboy para entrar en la instalación La Santa Cena, en la Capella del MACBA. Todo en él es muy mestizo: su acento, su vocabulario –en el que irumpe el Spanglish–, su trabajo… La exposición que le recupera para Barcelona se retrotrae precisamente a esos momentos en los todo comenzó. Made in USA, se llama y allí se recogen sus primeras instalaciones en torno a la cultura y la comida estadounidense que dieron pie al creador variopinto y colaborativo que es hoy.

El título lo dice muy claro: “Made in USA”. Si Miralda se hizo en América, ¿qué fue lo que ocurrió en Tarrasa, París o Londres?

Realmente, Miralda no se hizo en América. Miralda existió en diferentes sitios y cada uno de esos lugares es una capa que lo recubre. La suma final de capas, de vivencias, de laboratorios, son las que propician al final una obra. Pero el fenómenos es similar en todos los artistas. América lo que hizo fue lo que se contempla en las piezas de la exposición. Aquello fue una plataforma multiétnica, multicultural, “multimulti”, en la que sucedían cosas extraordinarias a cada rato, como ver un piano que vuela sobre tu cabeza en pleno Hollywood. El trabajo, en un contexto como éste, tenía posibilidades de desarrollarse y de encontrar un diálogo rápido, pues es este un país en el que las cosas van más rápido.

Este mes de noviembre tiene una nueva acción en Miami, ciudad en la que vive y que simultanea con Barcelona. Si su actividad americana continúa, ¿por qué esta muestra solo la recoge hasta los noventa?

Esta es una exposición comisariada, por lo que tendríamos que preguntarle a Vicente Todolí, su comisario. Él vio claro que era interesante presentar estas obras una vez más y de forma diferente, porque se ha hablado mucho de Honney Moon, de Bread Line, pero nunca se ha podido trabajar en los procesos de una exposición de una forma tan clara como se hace aquí. Aquí, tanto el equipo como nosotros mismos hemos tenido la posibilidad de consultar los archivos (que Miralda atesora en Barcelona), de trabajar codo con codo conmigo. Pero es cierto que se podría hacer un Made in Usa Second Part. Pero ahora estamos casi en el Half Time, porque vamos a comer…

Miranda ante la pieza "Bread Line" (I. Baucells)
Miranda ante la pieza “Bread Line” (I. Baucells)

¿Habría mucha diferencia entre la primera y la segunda parte? ¿Han cambiado mucho los intereses?

Los ciclos continúan y la verdad es que uno se da cuenta, cuando trabaja con los contextos y los cambios sociales, que las raíces resurgen y se conectan. Lo que sí que es lógico que hayan cambiado son las infraestructuras, todo eso que hace mucho más difícil organizar ciertas situaciones como son los “meetings” (encuentros) con los agentes implicados. Si no hay “meetings” con los vecinos, si no los hay con las escuelas, con los panaderos, no hay posibilidad de comenzar a trabajar y de tener un “feedback” óptimo. Todo esto es lo que más ha cambiado porque las cosas están “muy estiradas”.

Eso es porque es imposible que el contexto siga siendo el mismo. ¿Sigue  oliendo Estados Unidos a pan recién horneado como en los setenta o ese pan se ha enmohecido?

Lo que se ve aquí son piezas históricas y no tiene hoy absolutamente ningún sentido presentarlas como obras “contemporáneas”. Hoy, por ejemplo, en cualquier pastelería de cualquier ciudad, tienes en cualquier aparador o vitrina pan o pastelería a color. La gente tiene acceso a todo, y se lo sabe todo. Pero siguen existiendo muchas otras posibilidades de trabajar, porque son muchas las cuestiones que olvidamos, las que se están perdiendo, las que hay que defender… La posibilidad de trabajar en el espacio público, de forma procesional; las intervenciones; recuperar la potencia que tienen las fórmulas carnavalescas, las comisiones vecinales, de forma que los espacios públicos se abran… Todo esto sigue existiendo pero con muchas limitaciones por cuestiones de seguridad. Pero hay que trabajarlo, hay que devolvérselo al arte para que otra gente, gente joven sobre todo, se dé cuenta de sus posibilidades. Y es para eso para lo que sirven este tipo de exposiciones: para que los nuevos vean lo que se ha hecho y se animen a ampliar la perspectiva. El resto ya es Historia. Ya está en catálogos.

Si algo hemos aprendido con su trabajo, Antoni, es que comer es un acto político. ¿Cómo lo podríamos explicar a grandes rasgos?

Comer está conectado con todas las limitaciones y los esquemas políticos y sociales, sin duda alguna. Pero también hay una parte de la que siempre nos olvidamos, quizás por ser tan simple y tan evidente, y que es la cultural. Así, por ejemplo, no hay nada más nutritivo que un insecto, por sus proteínas y demás, y porque en algunos lugares donde no hay nada más que llevarse a la boca sería una fuente de alimentación válida; pero todo al final tiene que ver con la manipulación y las lecturas interesadas que se hace de cada cosa. La FAO está más que concienciada de que esta será la comida del futuro, pero las leyes actuales limitan el consumo, bien porque no está establecido y reglado o bien por miedos a los insecticidas, a las plagas, es decir, a todo un cúmulo de contradicciones y de contrariedades que hacen que queden muchos temas aún por explorar y por trabajar, también para un artista. Estos tendrían que ser temas propios a desarrollar en una escuela de arte, y no la Historia del Renacimiento.

Muchos de sus proyectos no han sido representados u organizados por museos o galerías, sino que se han basado el la esponsorización de un restaurante. ¿Otro mundo del arte es posible?

Claro que hay otras posibilidades. Solo hay que cambiar los términos y el vocabulario. Es lógico que hay que explorar nuevas vías. Pero también es muy necesario que las instituciones entiendan lo que está pasando hoy en día. Que un museo como el MACBA haya aceptado un proyecto como este es tremendo porque, aunque para mí no sea nada extraordinario, para ellos, lógicamente, supone un gran esfuerzo, un reestudiar la situación y ubicarse de nuevo: tener en cuenta la repercusión de la comida, la dimensión de lo orgánico, cuestiones como la de la fermentación o la aparición de insectos… Yo he tenido problemas con eso desde el principio, es mi día a día. Y eso que ahora las cosas están mucho más aceptadas y abiertas, y en los espacios de conservación de los centros de arte también hay neveras. Pero que estén equipados no significa que mentalmente estén preparados. No es fácil.

Detalle del montaje de ·Honeymoon" en el MACBA
Detalle del montaje de ·Honeymoon” en el MACBA

Usted ha incidido mucho en los ritos y las ceremonias en torno a la comida. Pero no había ocupado nunca un espacio antes sagrado como La Capella del MACBA. ¿Ha sido un reto?

Para mí ha sido como ocupar un lugar que no deberías tomar. Por eso no sabes cómo acabará el proyecto. Son retos, claro, pero un reto inevitable, lógico. ¿Por qué no iba a hacerlo? Si había una exposición en el edificio de Meier, ¿por qué no ocupar también La Capella? Allí entra de nuevo La Santa Comida, que es una obra que no tenía sentido en el edificio principal, puesto que ya se había mostrado allí antes y había tenido su propia vida. En el nuevo emplazamiento se le ha dotado de una segunda. Se ha hecho a la medida. Y lo importante de este lugar es su ubicación, su arquitectura, que ahora se vayan a celebrar las fiestas culturales del Raval, que vayamos a programar toda una serie de actividades… Cuestiones que conectan con la vitalidad de la pieza y la mantienen viva. No basta con poner una serie de santos en un altar: el conjunto tiene que provocar cierta acción.

Un artista de calle como usted, ¿cómo se ve encerrado en un museo?

A veces, un poco asfixiado, sí. Pero si al final puedes conversar con el guardia, con el conservador, esto es, si terminas estableciendo conexiones humanas con la institución, todo es más llevadero. Además, hay museos y museos. Lo importante de éste es que es un centro relativamente joven, que no cuenta con una estructura como la de ciertos museos americanos que no son nada permeables, con otro background.

Ahora que parte de la sociedad se siente seducida por la dieta vegana, ¿se pierde con ello cierta dimensión cultural asociada a la comida por renunciar a determinados alimentos?

Yo creo que en lo de la dieta vegetariana hay también mucho de moda; son cosas que parece que se relaciona con determinadas maneras de pensar… No sé hasta qué punto se toma verdadera conciencia de una realidad. Es cierto que mucha gente está asumiendo que existe un problema tremendo asociado a determinados comportamientos, lo que supone una determinada reacción. Pero, por otro lado, ello también genera un comercio alrededor de todos esos cambios. Curiosamente, por ejemplo, cada vez hay más venta de libros de cocina y, sin embargo, cada vez hay menos gente que cocina en casa.

Uno de los proyectos por el que más se le conoce es “Honeymoon”, con el que desposó a la estatua barcelonesa de Colón y a la Estatua de la Libertad. ¿Todavía se soportan los dos?

No he tenido noticias de ellos últimamente (el proyecto culminó en 1992 después de desarrollarse desde 1986). Pero creo que los problemas son cada vez más “estirados”. La verdad es que los fastos del V centenario del Descubrimiento fueron bastante tristes, con un idealismo exasperado y equivocado que provocó reacciones en muchos países en torno a la traza colonial, lo que supuso la mutilación de muchos monumentos a Colón. Otros fueron derribados… El interés continúa porque ambos son iconos que siguen contando cosas y siguen teniendo sus problemas porque están ligados a muchas problemáticas que están aún por resolver.

Aquí, parte del ayuntamiento de Barcelona quiso aniquilar al novio no hace mucho.

El tema es muy interesante. Y daría incluso para actualizar el proyecto. Pero eso es así porque estos monumentos son como imanes.

Resulta curioso que el primer restaurante de tapas en Estados Unidos lo pusiera en marcha un artista…

No es del todo cierto: quien lo pone en marcha es un artista con una cocinera, Montse Guillén.

"Menu Patriotic Banquet" , de Miralda en el MACBA
“Menu Patriotic Banquet” , de Miralda en el MACBA

Tiene usted razón. En los últimos años somos los españoles los que hemos sido colonizados por el “fastfood”, y nuestros niveles de obesidad nada tienen que envidiar a los de los americanos. ¿Eso es la globalización?

Imagino que eso son sólo los primeros pasos para no darnos cuenta de que ya no va a haber marcha atrás con respecto a determinadas cuestiones. Esto no es un fenómeno que ocurra sólo aquí, sino que penetra incluso en el Tercer Mundo, en países donde el negocio de la alimentación es mucho más delicado. Creo que estamos en los albores de un gran desastre, unido a otro, el de la agrocultura, que está desapareciendo, más el de la manipulación de la comida, cada vez más procesada… Estamos huyendo en dirección contraria, cuando de lo que se trata es de tomar conciencia rápida.

Ya que la ha mencionado es justo que le pregunte por Montse Guillén.

Está muy bien colaborar con otros, llegar a puntos de diálogo o controversia con los demás. También en las conversaciones más ínitimas. Claro que yo puedo trabajar solo, porque soy un artista bastante nómada y he recorrido todo el mundo con mis botas, pero siempre es importante para todo creador tener la posibilidad de extender su dinamismo y olvidarse de su ego.

Supongo que su propia gramática también se actualiza con el paso de los años: comida basura, transgénicos…

Claro. Hay una publicación, Powerfood Lexicon, que formó parte de la exposición de Artium y Es Baluard, ya se ocupaba de cuestiones como éstas partiendo de mis alianzas y proyectos con Food Cultura a muchos niveles y en muchos países, también de Iberoamérica. Llevo años fusionando sabores y lenguas.

La exposición del MACBA recupera algunas de sus grandes instalaciones pero cede un resquicio al dibujo, muy importante en su labor porque era una técnica rápida destinada a convencer, seducir, sobre la materialización de los proyectos.

Yo entiendo el dibujo como herramienta. Sólo tienen sentido si son mecanismos para explicar a los demás de la necesidad de financiar o producir un proyecto.

Martí Font habla también de sus faxes, su otra herramienta. Esos no han entrado en ningún museo.

El fax está desapareciendo. No creo ni que exista la posibilidad de tal proyecto. De hecho, a la próxima generación le hablas de esta tecnología y se piensa que le estás hablando de la Prehistoria.

“En la calle se puede ser más auténtico que en el propio país, porque la ciudad nos concede espacio y respeto”. La frase es suya, de hace unas décadas. ¿Piensa lo mismo?

Totalmente. Porque la ciudad tiene estructuras, que pueden ser desde un autobús o un puesto en el que te venden bragas de color rosa, o ese vendedor ambulante que lleva su carrito, que dan pie a situaciones mucho más humanizables y más permeables a los sentimientos.

Este mes los estadounidenses se enfrentan a un menú cuanto menos curioso: Donald Trump y Hillary Clinton. ¿Tiene usted recetas para ellos?

No. Mejor espero a que ellos me llamen.

¿Cualquiera de los dos?

Sí, claro. Podría ser muy interesante. Gane quien gane se va a poner todo muy interesante, porque hemos llegado a un punto en el que están saliendo a la luz cosas que nos hacen recordar que se puede llegar a límites muy críticos y extremos. Allí además los mass media están apoyando el tinglado, que es donde se concentra toda la infraestructura capitalista.

Ahora que le dieron el Nobel de Literatura a Dylan y que Adrià entró en la Documenta, ¿está usted más cerca de su primera estrella michelín?

(Ríe). Eso lo dices tú. Mejor nos vamos a comer, que si no me voy a caer.

Respóndame antes qué viene después de esta exposición.

Mencionaste antes lo de Miami, donde desarrollaré una nueva acción profesional en Collins Avenue que forma parte de FinaForum, un nuevo edificio de Rem Koolhaas que se abre y que será un gran acontecimiento por su envergadura. En esas estoy. Pero primero hay que activar el bar de La internacional del MACBA, y los exvotos de La Santa Comida de La Capella…

Miralda con la instalación "La Santa Cena" en la Capella
Miralda con la instalación “La Santa Cena” en la Capella

Antoni Miralda. Made in USA. MACBA. Barcelona. Plaza dels Àngels, s/n. Comisario:Vicente Todolí. Hasta el 9 de abril de 2017

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 29 de octubre de 2016. Numero 1.254

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