Balance del programa paralelo del Barcelona Gallery Weekend

Al calor del Barcelona Gallery Weekend se desarrollaron en la Ciudad Condal varias citas paralelas, con propuestas interesantes, pero que en algunos casos convendría replantear

Detalle de la intervención de Regina Giménez en Can Trinxet
Detalle de la intervención de Regina Giménez en Can Trinxet

Todo pivotó en el Barcelona Gallery Weekend en torno a sus galerías, pero, como era de esperar, otras acciones paralelas se aprovecharon de la especial atención que coleccionistas y demás amantes del arte ponían esos días en la ciudad. De esta forma, la Ciudad Condal contó con un segundo Young Gallery Weekend (un circuito por los espacios más alternativos, algunas de cuyas citas aún se pueden visitar: de Javier Hirschfeld en El Catascopio, a Cayn Sánchez en Art Deal Project, por poner unos ejemplos), y hasta con una feria de arte, Swab, a la que todavía le queda un buen trecho para coordinarse con las galerías de la urbe (aunque el sector In&Out, de Frederic Montornés e Imma Prieto no es mala forma de hacer las paces). También un centro de arte asociado, la Fundación Blueproject, que pasó con nota con las aportaciones de Pieter Vermeersch y Abdelkader Benchamma.

Y, por supuesto, con una segunda entrega del programa “Composiciones”, a cargo del colectivo Latitudes. Su necesidad no se discute, ya que pone en valor durante unos días de mucha afluencia y expectación por el arte a artistas locales, espacios emblemáticos de Barcelona y la Historia particular de cada uno de ellos. Pero superado el efecto sorpresa de 2015, debe replantearse su alcance. Por ejemplo, su duración o la facilidad para acceder a sus sedes. O que un entorno bonito no convierte un proyecto artístico en interesante.

De ello se dieron cuenta los veteranos seleccionados este año. Porque competir con un inmueble centenario es inútil: Ellos fueron Regina Giménez recuperando la bronca historia de la fábrica textil Can Trinxet, y Robert Llimós, precisamente este último porque renunciaba a un espacio emblemático unificando el de todas las galerías del BGW al recuperar una performance de los ya canónicos Encuentros de Pamplona de 1972. Ahora bien, eso no significa que todos los galeristas aceptaran de buen agrado su propuesta, y algunas voces discrepantes se pudieron escuchar cuando sus tres performancers irrumpían en sus locales, bien con sus piernas atadas, bien portando unas flores (“¿Y esto, de verdad, se hizo en los históricos Encuentros?”, decía uno con desaire).

Detalle de la intervención de Wilfredo Prieto en las caballerizas de la Guardia Urbana de Barcelona
Detalle de la intervención de Wilfredo Prieto en las caballerizas de la Guardia Urbana de Barcelona

Lúa Cordech generaba un arcoíris en un histórico club de billar en los bajos de un también histórico teatro de la ciudad, pero allí sobraba mucha literatura, la misma que «decoraba» Lola Lasurt en la Biblioteca Arús. La selección de títulos que ella misma hacía ya eran una toma de posición sin necesidad de más filigranas dibujísticas. Y fracasó estrepitosamente Wilfredo Prieto (esta vez sin vasos de por medio) en la sede ecuestre de la Guardia Urbana. Embobada se quedaba la gente con los caballos del recinto y poca atención se prestaba a su pseudocrítica (¿a una marca? ¿al trabajo? ¿a la moda?), que se despachaba en varios segundos.

Cuando uno prefiere quedarse con un curioso divertimento como el que desarrolló Joana Hurtado en L’Hospitalet, colándose en las colecciones privadas de los galeristas de Barcelona y disponiendo parte de sus fondos como si de las estancias de un piso se tratara en la planta superior del edificio que comparten Ana Mas y Nogueras Blanchard, tenemos un problema. Eso sí: aquí también había que correr para ver el experimento. Duró solo los días del BGW.

Detalle de la expo comisariada por Joana Hurtado en L'Hospitalet
Detalle de la expo comisariada por Joana Hurtado en L’Hospitalet

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *