Madrid, ciudad invitada en ArtLima

Madrid es ciudad invitada en la feria de arte de Lima esta semana. Pero detrás de esta decisión se encuentra un novedoso plan de promoción español: City Art Projects

Una de las obras de la galería Nieves Fernández, participante en Art City Projects en Lima
Una de las obras de la galería Nieves Fernández, participante en Art City Projects en Lima

Estamos más o menos acostumbrados a que las ferias de arte internacionales reserven un sector a una ciudad o país invitado. ARCOmadrid abrió la brecha en los ochenta con Bélgica hasta hoy, e incluso se atrevió con una urbe, Los Ángeles, en época de Lourdes Fernández. Por ello, que Madrid sea la capital invitada a Art Lima (que celebra su cuarta edición desde este jueves) no debería llamarnos tanto la atención (lo que no implica que nos congratulemos por ello), aunque sí que es novedosa la fórmula para que esto sea así.

Para no complicarles mucho el asunto, les diremos que lo que recala esta semana en la capital peruana es una selección de seis galerías españolas (Moisés Pérez de Albéniz, Ponce+Robles, Pilar Serra, Cámara Oscura, NF Galería y Twin Gallery) más dos proyectos específicos (los de Andrea Canepa, junto a Rosa Santos, y Robert Ferrer, con Espacio Valverde) en lo que se vendrá a llamar Madrid City Art Projects y que comisaría Eva Ruiz a través de su empresa de promoción cultural Arternativ. De lo que se trata, por tanto, es de un proyecto que su responsable «empotra» en la feria limeña, como si de un gran puzle se tratara, al que llega una nueva pieza que encaja a la perfección, pero que otros pensaron para ella.

Una de las obras de Tito Pérez Mora (Twin Gallery) en Art Lima
Una de las obras de Tito Pérez Mora (Twin Gallery) en Art Lima

«City Art Proyects (CAP) es un proyecto cultural en la línea del programa Art Basel Cities, de la feria suiza, que ofrece a ciudades y ferias de arte locales trabajar en conjunto para desarrollar eventos culturales de resonancia internacional –explica Ruiz–. A mí se me ocurre CAP antes de leer sobre esto, fruto de mis viajes durante cuatro años como coleccionista por las grandes ferias y de conocer de primera mano las necesidades del sector galerístico, sobre todo el de mi ciudad». Para la directora de Arternativ, si bien la tendencia ahora es que las mega galerías abran franquicias por todo el mundo, «hay firmas medianas, más modestas, que tienen que desembolsar un gran dinero para hacer ferias internacionales y tener presencia en diferentes lugares, y culturas más débiles que merecen ser reconocidas». Ruiz y su equipo recogen de forma global pequeñas acciones individuales con estrategias similares, lo que reduce gastos y potencia la visibilidad de un colectivo.

«En realidad Lima es un capítulo de un proyecto más amplio para el que nos hemos querido dar cinco años. Queremos llevar Madrid a otros contextos –Dubai, China– sin que ello suponga un costo elevado para los galeristas implicados, ni el destino sean ferias tradicionales al uso, sino ámbitos enriquecedores para ellos», señala.

Si ha optado por Lima (donde, fuera de este programa, pero en su salón, encontraremos a otras galerías madrileñas, como Casado Santapau –que forma parte de su comité de selección– o Espacio Mínimo, y españolas, como ATM o Xavier Fiol) es por varios motivos: «Primero, por la siempre conexión natural entre España y Latinoamérica. Sin embargo, preferimos llegar a países no tan “tocados”, pero sobre los que sí que se están generando grandes expectativas. De hecho, es muy probable que Perú sea pronto país invitado en ARCO».

Fotografía de Julia Fullerton Batten (Cámara Oscura) en City Art Projects de Lima
Fotografía de Julia Fullerton Batten (Cámara Oscura) en City Art Projects de Lima

De esta opinión son los galeristas de Ponce+Robles, que estuvieron en 2015 en Lima «por su cuenta», y ahora lo harán en este sector. Ellos llevarán hasta allí a Maíllo, Irene Grau y Aggtelek: «Su mercado está como el español en los años 80, aún por definir, pero la de Lima es una feria hecha por gente “con ganas” para gente “con ganas”. Nos van a mimar mucho y, a la vez, hacemos marca España. Habríamos ido igual si Madrid no estuviera invitada».

Marca «España». ¿Tiene Madrid una «cultura propia»? ¿Por qué no ha apostado CAP por una marca más consolidada como la barcelonesa? Responde Ruiz: «Trabajé en Madrid como galerista, pertenecí a su asociación de galerías, por lo que la conozco bien y es mi ciudad. Conozco las necesidades de su sector, que, además, es el del español, por el grueso de su mercado en el conjunto». Además, interesaba el apoyo que llegara tanto de lo privado como de lo público, «para eso hacen falta instituciones, museos. Esto no se puede hacer sin dinero, también público (AECID es su principal valedor, después de que la situación política nacional hayan dejado a muchos agentes «ilusionados» por el camino), sobre todo porque estamos vendiendo cultura, promocionando una ciudad».

Rosalía Banet (madileña), Tito Pérez Mora, Manuel Franquelo y Gema Rupérez acompañarán a la Twin Gallery en esta, su primera incursión en Iberoamérica:«Para una galería española estar en este lado del mundo no es fundamental, pero sí interesante. Apostamos por Lima porque es una feria accesible y por la seguridad que da hacerlo de esta forma, acompañadas de tan buenas galerías. Es un honor para nosotras». Este punto fue el que terminó de convencer a Pilar Serra o Cámara Oscura, que ya llevaban tiempo deseando saltar a Perú. La mallorquina lo hará con Eduardo Nave y Daniel Verbis, entre otros. Juan Curto, con un plantel internacional (Solange Adum, Ellen Kooi, Elina Brotheurs…) y femenino: «Los españoles tenemos buena prensa, por lo que espero que seamos bien acogidos. Es mucho mejor viajar allí así que a tu aire. Esta fórmula da más visibilidad. El problema es que allí están ahora en plenas elecciones y la incertidumbre, el qué va a pasar, siempre perjudica al bolsillo».

Maíllo (Ponce+Robles) culmina una obra para Art City Projects
Maíllo (Ponce+Robles) culmina una obra para Art City Projects

Esa incertidumbre, en España, es la que ha reducido lo que iba a ser un programa más global de arte, literatura, gastronomía, a «una ayuda para galerías», reconoce Ruiz. Aún así, el desembarco de estas firmas se complementará con un programa destinado a coleccionistas de la asociación 9915, así como una expo en la ciudad de Ximena Garrido Lecca, promovida por Arternativ, y un segundo programa de vídeo-arte español (“El poder de la palabra” con, entre otros, Eugenio Ampudia, Valcárcel Medina, Ignacio Uriarte, Félix Fernández, Karmelo Bermejo…), en colaboración con Proyector y en el edificio de AECID en Lima, sede además del Premio Bienal de novela Mario Vargas Llosa. La muestra “Miguel EN Cervantes” celebrará allí el IV centenario de la muerte del escritor.

Desde NF, que ya apuesta por MACO en Latinoamérica («si nos fuera bien en Lima no abandonaríamos México, sino que simultanearíamos ambas ferias»), y que presentará obra de Mateo Maté, Pipo Hernández y Moris (este último es su baza latina) se alaba la buena organización de CAP: «Nuestro esfuerzo, compensa. Ahora solo falta que el comprador latino, que sigue siendo muy fiel solo a lo suyo, se abra. Vender en tu primera edición de una feria es difícil, pero queremos aprovecharnos de una energía que se siente allí y que falta aquí»

CAP nace esta semana con vocación de seguir creciendo y hacerlo en dos direcciones: «Queremos seguir llevando Madrid a otros destinos, y Chile ya se ha interesado por el proyecto. Pero también –concluye Ruiz– deseamos que lugares a los que ya hemos llegado, como Lima, permitan realizar la misma acción con otros agentes de Madrid o con otra ciudad española».

Una de las obras de Andra Canepa (Rosa Santos) en la feria de Lima
Una de las obras de Andra Canepa (Rosa Santos) en la feria de Lima

Texto ampliado del publicado ABC Cultural el 16 de abril de 2016. Número 1230

Harddiskmuseum de Solimán López: el disco duro es el museo

Valencia ha sido primera parada de la gira del «Harddiskmuseum» de Solimán López, un museo de arte digital cuya sede es el pequeño disco duro de un ordenador

EL ARTISTA SOLIMÁN LÓPEZ POSA EN LA ESCUELA SUPERIOR DE ARTE Y TECNOLOGÍA DE VALENCIA (Foto: Rober Solsona)
EL ARTISTA SOLIMÁN LÓPEZ POSA EN LA ESCUELA SUPERIOR DE ARTE Y TECNOLOGÍA DE VALENCIA (Foto: Rober Solsona)

Hay pensadores y creadores que llevan tiempo alertándonos de las consecuencias y límites (que también los tiene) de esta sociedad digital en la que estamos inmersos y en la que los contenidos se nos escapan entre los dedos por su naturaleza líquida, tal y como la acuñara Zygmunt Bauman. Lo curioso es que entre esos artistas se sitúen algunos jóvenes, miembros de la generación que con más devoción abrazó la causa.

Es el caso de Solimán López (Burgos, 1981), que, tras meses de rodaje, presentaba esta semana en Las Naves de Valencia el Harddiskmuseum (HDM), un proyecto desarrollado por ESAT LAB (el laboratorio I+D de la Escuela Superior de Arte y Tecnología de esa ciudad), con el apoyo de PAC (Plataforma de Arte Contemporáneo) y ASUS. En esencia, su HDM es un museo contendo en el disco duro de un ordenador y destinado a albergar todas las obras de arte digital que le sean posibles: «HDM –explica su impulsor– es un contenedor o repositorio de lo que denominamos arte digital, entendido éste como toda manifestación artística que puede representarse com un archivo digital». Su origen se sitúa en la beca condecida al artista hace un par de años por la Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela, tras su paso por los Encontros de Artistas Novos dirigidos por Rafael Doctor, cuya finalidad es la intervención de las denominadas Torres Hejduk que forman parte del mastodóntico complejo:«Se me ocurrió entonces, con muy pocos recursos, inocular un museo dentro de un contenedor tan inmenso como aquel».

López nos llama la atención sobre el aspecto más físico de su propuesta, pese a su naturaleza virtual. Así, como los museos tradicionales, éste también viene definido por su arquitectura, que es la del propio disco duro. De igual forma, y como los centros al uso, acumula y archiva sus piezas, «sólo que en en este caso se hace por un sistema de carpetas». Hasta este momento, son diez los artistas representados (piezas de net.art, vídeos o fotos digitales de, entre otros, Enrique Radigales, con su “Souvenirs (file000643.tif )”; Fabien Zocco y la página web “logicallogic.html”; Hugo Martínez Tormo  y su “nanowor(l)d”; o Inma Femenía y su vídeo “Mountain and Cavern”), seleccionados por un equipo asesor conformado por grandes agentes de lo digital en España como Juan Martín Prada, José Ramón Alcalá y Bernardo Villar.

Detalle del envío de la obra de Fabien Zoco al "museo"
Detalle del envío de la obra de Fabien Zoco al “museo”

«Sin embargo –resalta Solimán– el museo va a contracorriente de la lectura digital. De hecho, está siempre off line. Hay que ir a visitarlo». Eso sirve a su autor para dar mayor valor al archivo:«La potencialidad de las herramientas digitales deja en segundo plano la configuración de los archivos. Cuando PhotoShop compila una foto, es en una asociación de unos y ceros donde se encuentra la obra de arte en términos globales. Lo demás son copias, reinterpretaciones, réplicas…».

Ni siquiera en la página web del proyecto el usuario puede consultar las obras de los artistas reunidos, que, además han de avalar que sus archivos son «piezas únicas, como lo es una pintura»: «Hemos naturalizado lo digital, que, justo por su naturaleza, nos es ajeno». Y es que, tal y como recoge en el “Manifiesto intangible” que acompaña al museo, para López, «lo digital es aquello que nace para reinterpretarse en el tiempo, no en el espacio, desprovisto de gravedad y, por ello, de las fuerzas que rigen la Naturaleza».

No es la primera vez que este joven creador incide en el aspecto «más físico» de lo tecnológico. Anteriormente, con el proyecto “Guttenberg Discontinuity” enterraba archivos digitales albergados en ordenadores (otros discos duros) después de haber hecho una impresión digital en 3-D de los mismos. Entonces, esa copia se convertía en el único reflejo de su original. Aún así, el HDM nace condenado al fracaso, a su desactualización en el tiempo, y esto es algo que incluso alegra a su dueño:«Nos estamos obsesionando con que el arte digital ha detener una duración determinada y estamos equivocados. Lo que tenemos que hacer es asumir que el arte, todo el arte, no es para toda la vida. Disfrutemos de él dentro de nuestras posibilidades y mientras vivamos, pero dejemos de especular sobre la idea de hacer algo para siempre. Porque, por esa regla de tres, tendría siempre más valor una escultura de metal que una aguada».

Detalle de una de las interioridades del Harddiskmuseum
Detalle de una de las interioridades del Harddiskmuseum

Tras su presentación en Valencia (lo hace a través de sesiones performánticas de unos 90 minutos de duración), el «museo» recalará en mayo en Bilbao en el ámbito de Technoarte para iniciar después una gira por Latinoamérica, mientras se trabaja en la apertura de una «sucursal» argentina para recoger la obra de artistas de la región. «Lo más destacable de este museo es su movilidad», apunta.

Todas las acciones de este artista, que considera que el HDM es un proyecto a largo plazo que lo acompañará durante un tiempo, están llamadas a «romper la frialdad que lo digital lleva implícito». ¿También este museo?: «Claro, porque todo redundará en humanizar el sector. Si te das cuenta, yo hago lo mismo que internet –creando redes, enviando archivos pero en dispositivos físicos, generando nexos entre artistas pero visitando sus talleres–, sólo que de manera presencial y física. El trato humano es básico porque nos enriquece personalmente», termina diciendo.

Soliman López sostiene entre sus manos el Harddiskmuseum (Foto: Rober Solsona)
Soliman López sostiene entre sus manos el Harddiskmuseum (Foto: Rober Solsona)

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 2 de abril de 2016. Número 1229

Primera edición de los Premios Celso y Manolo de Arte

Un premio muy castizo para buscar a los nuevos «Richard Hamilton del barrio de Chueca»

Conocedores de las dificultades de los jovenes artistas para iniciarse profesionalmente, Celso y Manolo, empresarios del sector de la restauración, ponen en marcha la primera edición de sus premios para «alimentar» la creatividad de Madrid

Retrato del actual equipo de la tasca madrileña Celso y Manolo
Retrato del actual equipo de la tasca madrileña Celso y Manolo

Cuando uno menos se los espera, salta la liebre, y si algo nos ha enseñado la crisis es que no hace falta ser millonario para convertirse en mecenas del arte o promotor de proyectos creativos. Ya hemos dado cuenta anteriormente en nuestro periódico de loables iniciativas llevadas a cabo porgente más o menos anónima que, por amor al arte, han propiciado el avance de los nuevos valores. Ahí quedan el Premio Mardel, organizado por el matrimonio valenciano Amparo Martínez y Juan Manuel del Pino, que prefirieron conformar su colección de arte apoyando a los artistas emergentes; la flota de camiones intervenidos por artistas que patrocina Jaime Colsa (TruckArtProject); la Fundación Newcastle, en una casa de muñecas y dirigida por una gata, propiedad de Javier Castro Flórez; o ámbitos autogestionados como las Fundaciones Jaraba-Centenera y Rosón, o el espacio OTR.

Le toca el turno ahora a dos viejos hosteleros, hijos adoptivos de Madrid, Celso y Manolo (promotores de la tasca homónima en la calle Libertad), que arribaron en la capital hace cincuenta años. Primero llegó Manolo desde su Cangas de Narcea natal para trabajar en la Tasca de Pepe. Más tarde, cuando se convirtió en su propietario, y tras convencerlo para convertirse en su socio, llegó su hermano Celso, y lo rebautizaron Restaurante Argüelles, por el apellido de ambos. Ahora, jubilados los dos, quieren dar, dentro de sus posibilidades, una oportunidad a los que se embarcan en el mundo del arte y la creación: «Manolo llegó a Madrid en 1965 con 17 años –explican– y entiende perfectamente la situación de los jóvenes que intentan seguir sus sueños desarrollando su carrera en una disciplina que a menudo son poco reconocidas», explican los nuevos propietarios, los que han convenido en mantener el nombre de estos dos luchadores en el logo del establecimiento actual.

De igual manera que «Madrid les alimentó» durante medio siglo, ellos quieren ahora alimentar a los ganadores de los Premios Celso y Manolo que ponen en marcha (porque con el buche lleno se crea, sin duda, mucho mejor), con unas categorías que nacen, como señalan, «de preguntar a amigos artistas», que pensaron en «esos sectores que no suelen estar representados en el “stablishment” cultural». Estas son «collage», «creación escénica», «fotografía» (con el apelativo de castiza, como su taberna), «moda sostenible», «vídeo-arte» y «regeneración del barrio» (y aquí se especifica que no tiene por qué ser únicamente el de Chueca, donde tiene su sede la tasca). En definitiva –y como reza uno de sus lemas– se trata de encontrar a los «nuevos Richard Hamilton del distrito», a esos talentos, residentes en Madrid y menores de 35 años, con ideas frescas y nuevas que aportar.

Los premios buscan a esos talentos residentes en Madrid y menores de 35 años con ideas frescas y nuevas que aportar

Y como la creatividad y los proyectos bonitos se cuajan en torno a una buena mesa –«con comida rica y un buen vino», apostillan–, ellos proponen reconocer las mejores propuestas recibidas con un primer galardón de 1.000 euros y dos accésits de 500 en cada una de las seis categorías (la inversión final se sitúa pues en los 12.000 euros anuales), canjeables en el propio restaurante con el objetivo de ayudar a los creativos noveles en su labor artística dándoles la oportunidad de reunirse allí con familiares, amigos u otros artistas, en interesantes veladas «que puedan propiciar el entorno necesario que estimule su creatividad».

Los proyectos pueden entregarse en el establecimiento (C/ Libertad, 1) o ser enviados por e-mail (la dirección es premioscelsoymanolo@celsoymanolo.es. En este segundo caso, sin un peso superior a 10 megas, con excepción de los vídeos, de los que se indicará una dirección de internet en el que pueden ser visionados) antes del 30 de abril, acompañados de una hoja de inscripción descargable en la web premioscelsoymanolo.es. Cada participante (o colectivo) sólo podrá presentarse a una de las seis categorías. El fallo del jurado –aún por determinar– se producirá en la segunda quincena de mayo. Comienza la búsqueda de talentos. La mesa está servida.

Texto publicado ABC.es el 9 de abril de 2016

Nuevos pliegues de la fotografía escenificada

El ensayo «El objetivo barroco», publicado recientemente por Documenta Arts, da pie a analizar las claves de la fotografía escenificada en España. Conversamos con algunos de sus representantes, los más consolidados y las jóvenes hornadas (Por Javier Díaz-Guardiola)

«Miroslaw» (2009), de Pierre Gonnord
«Miroslaw» (2009), de Pierre Gonnord

No sé cómo explicarlo, pero la verdadera realidad se genera en mi cabeza. Yo veo el mundo con cierta estética, con cierta luz, cierta perfección, y no encontrarla luego ahí fuera, por idílica, es una tortura. Por eso, porque si para contar algo yo necesito valerme de un hombre en calzoncillos con orejas de conejo, lo mejor es recrear eso, no esperar a que suceda, algo, por otro lado, no pasará nunca». El que así se expresa es Fernando Bayona (Linares, 1980). Él es sin duda uno de los máximos exponentes de la joven fotografía escenificada en España, aquella de la que se ocupa el ensayo “El objetivo barroco”, compilación de algunos de los fotógrafos contemporáneos que, en palabras de su autora, la periodista Laura Revuelta, reactualizan en nuestra época las fórmulas y pasiones propias de este periodo histórico.

De opinión similar es Ismael DeLarge (Italia, 1981), otra de esas jóvenes promesas que encuentran refugio en la fotografía de estudio: «Mi sensación con este tipo de imágenes es la que experimentas cuando tienes un sueño. Al despertarte, por muchos detalles que aportes a tu interlocutor, es imposible que consigas recrearlo todo, que éste te siga en tu descripción. La foto escenificada es un privilegio, la fórmula para hacer físicos y visibles esos sueños».

"The las time", obra de Fernando Bayona de "The Life of the Other"
“The las time”, obra de Fernando Bayona de “The Life of the Other”

Gregory Crewdson o Erwin Olaf, grandes autores recuperados por Revuelta en su publicación, recuerdan por el uso de la luz o la contención de las emociones a los grandes pintores del XVII y el XVIII. De barrocos han sido también definidos los retratos de Pierre Gonnord (artista francés que, sin embargo, ha desarrollado su trayectoria en nuestro país), que comparte con algunos de los viejos maestros la capacidad para dignificar a sus modelos, sujetos anónimos a los que rodea de un halo de majestuosidad: «Soy barroco por el uso de la luz, por mi gusto por el tenebrismo. Sus fórmulas son las idóneas para generar sentimientos de distancia o proximidad entre el sujeto al que retrato y el espectador. Es una muy buena forma de mirar: no todo se puede o debe observar a plena luz del día».

También son «barrocos», por rizomáticos, los resultados en las imágenes arquitectónicas de Dionisio González (Gijón, 1965), autor precisamente de una tesis sobre la estética del horror en la foto postmoderna, que reconoce cómo en su análisis sobre la muerte de la imagen y su necesidad de epatar, terminó por cansarse de la técnica: «No me identifico con el concepto de fotografía barroca, pero entiendo que, en su recepción, la mía se englobe en este ámbito. Siempre he evitado caer en la brillantez y teatralidad de la publicidad. Creo que lo neobarroco actual, también en la imagen, ha perdido carácter trascendental y cierta gravedad finalista. Pero es cierto que esos asentamientos irregulares y no planificados que a mí me interesaron en cierto momento y que se extendían por las ciudades aportaban una visión pavorosa, fractal, deleuziana: muy barroca».

Fotografía de Ismael Delarge
Fotografía de Ismael Delarge

Este tipo de foto ha contado siempre con importantes representantes en nuestro país, de Eugenio Recuenco a Álvaro Villarrubia o Eduardo P. V. Rubaudonadeu –autores que han basculado entre la moda y el arte– y continúa en nombres como Pablo Lecroisey o los jóvenes Ángel Guzmán e Irene Cruz. Sin embargo, no sólo de un ámbito como el publicitario llegan las influencias. Aurelio Monge (Jaén, 1971) recuerda irónicamente que «nunca hubo un estilo fotográfico en el barroco», de forma que todo lo que se haga hoy bajo su influencia será novedad. Él, que descubrió la cámara temprano, y el desnudo como género desde el que desarrollar una fructífera trayectoria, se define como «neopictorialista», un fotógrafo que bebe más de la pintura (fundamentales Caravaggio o Ribera) y que huye de la teatralidad del «barroquismo»: maquilladores, saturaciones, imágenes grupales… «Yo lo traduzco todo a música, y me veo más como un coreógrafo o director de escena». Bayona enumera a Joel-Peter Witkin, el fotógrafo de los muertos, a Olaf a Crewdson, aunque también a mucha fotografía publicitaria pero anónima. Nada de Richard Avedon o David LaChapelle. «Y la pintura flamenca: cómo iluminan. Entonces la luz sólo podía llegar del sol o de una vela. Y así tiendo yo a utilizar ahora el flash. Tres a lo sumo, como si de tres pequeñas candelas se tratara. La actualidad de Vermeer es total». DeLarge menciona a Miron Zownir («mucho más crudo que yo, que intento ser poético hasta en lo más duro»), el performancer Oleg Kulik y a dos directores de cine: el belga Thierry Zéno y el alemán Jörg Buttgereit. «En el cine, tiendo de manera natural a lo underground, que, en este sector, es todo lo que no sea mainstream». Gonnord también habla de la literatura y del celuloide, ya que «su mirada es más contemplativa, acercando y alejándo su objetivo como un zoom, circulando como en un paisaje».

"Cocina (Víctor, 29 años)", de Ángel Guzmán
“Cocina (Víctor, 29 años)”, de Ángel Guzmán

Él no es un artista de estudio, pero sí de espacios cerrados. Ahora realiza una colaboración para San Sebastián 2016 y se ha trasladado al País Vasco a retratar a los deportistas que levantan piedras. «Es necesario introducirse en el ámbito del modelo. Con ello se consigue que sus rostros, sus gestos estén menos forzados, menos fabricados». Bayona construye sus imágenes, como lo hace Ángel Guzmán (que acaba de celebrar su primera individual en Málaga con la serie sobre la transexualidad I Wanna Be a Buterfly), pero ambos inciden en la importancia de los detalles: «Como en la pintura flamenca –agrega Bayona– todo tiene un porqué. Cada elemento es como una palabra en un libro y es tan importante como el modelo». «Realidad y ficción se mezclan constantemente –concluye Guzmán–. La foto es una mentira en sí misma. Pero yo prefiero hablar de mi trabajo como documental escenificado. Uso modelos de la vida cotidiana, que ficcionalizan su vida en mis fotos. Lo que yo hago es crearles un escenario idóneo para tal fin».

Ismael DeLarge se considera barroco, pero no por la apariencia de sus resultados, sino por la potencia de sus contenidos: «Tiendo al exceso, al horror vacui, pero me contengo para que no se pierda el mensaje. Sería como aquella orquesta en la que tú concentras la atención sólo en un violinista. Me gusta hablar de mis trabajos como muros de ladrillo en cuyo interior hay una casa de cristal. Está bien que te dé una patada a la cara al principio, pero lo siguiente, si lo superas, será un arrullo». A Dionisio González le seduce el carácter ficcional de la imagen, su idea de simulacro sobre la que escribió Baudrillard:«De hecho, me pregunto si hago fotos o arquitecturas. De la foto me interesa su capacidad no para generar una imagen, sino como campo desde el que lanzar propuestas».

"El sueño de Baco", fotografía de Aurelio Monge
“El sueño de Baco”, fotografía de Aurelio Monge

Consultados por la capacidad para la improvisación en este tipo de foto tan controlada, su respuesta es desigual: No se pueden controlar ni las miradas, ni los ademanes, exponen Gonnord y Bayona. Este último reconoce que un suspiro, un cierre de ojos puede dar al traste con la idea inicial y convertirse en la final. Monge es de los que opinan que en la foto todo es muy real («no se puede forzar nada»). DeLarge argumenta que han sido tantas horas de conversación con el modelo, que poco espacio queda para lo no meditado…

En su opinión, ¿vivimos en una sociedad barroca? Abre fuego Bayona: «Por supuestísimo. Y hemos creado un mundo paralelo en redes sociales en lo que todo es mueca y escenario. Pura pose». Para Monge, «todo es fachada y una huída hacia delante»: «¿Qué triunfa en literatura y televisión? La revisión histórica. ¿Qué es “Juego de Tronos” si no una batidora de mitos?». Pone el punto y final González: «Somos barrocos en el sentido de la descomunalización de lo visual. El espacio social de la red es inabsorbible. Ella tiene vocación democrática, pero internet es un tiradero de información desjerarquizada. De hecho, nuestra subyugación por la pantalla ha dado pie a un nuevo lenguaje, jergas, neografías puramente barrocas: ¡Simplificamos las palabras con emoticonos que son dibujos de lo más elaborados! Hay una tendencia a la “graforrea”, a la banalidad redaccional». Cae el telón.

"Dauphin", fotografía de Dionisio González
“Dauphin”, fotografía de Dionisio González
Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 12 de marzo de 2016

 

Artistas españoles en Manifesta 11

MANIFESTA(MENTE) DADÁ

Manifesta tendrá Zúrich, la ciudad que vio nacer el dadaísmo, como sede de su 11ª edición este verano. Charlamos con algunos de los artistas españoles que participarán en esta importante bienal

Fermín Jiménez Landa prepara su proyecto para Manifesta junto a un meteorólogo
Fermín Jiménez Landa prepara su proyecto para Manifesta junto a un meteorólogo

Hace cien años, Zúrich, como ciudad de acogida de artistas que habían huido o huían de los devastadores efectos de una Europa en guerra (y que todavía sería la primera de ámbito mundial. Lo peor estaba por llegar) veía nacer el Cabaret Voltaire y los primeros coletazos del dadaísmo. Un siglo después, cuando los flujos migratorios son otros (algunos provocados también por contiendas bélicas, como si de una macabra broma dadá se tratara), otra gran cita artística, Manifesta, volverá a convertir esta urbe suiza en punto de encuentro de creadores venidos de aquí y de allá.

La úndecima edición de esta bienal europea (que en España ha recalado en dos ocasiones: en San Sebastián, en 2004, y en Murcia, en 2010), se extenderá del 11 de junio al 18 de septiembre, y llevará en su ADN la firma de un artista, el alemán Christian Jankowski (Göttingen, 1968), que en esta ocasión actúa como su comisario principal y que traslada sus fórmulas de trabajo al leit motiv de la cita, cuyo título será “Qué es lo que hace la gente por dinero”.

Jiménez Landa también desea que Manifesta 11 ayude a reflexionar, «y que no sólo alimente el mercado o que pocas élites se alegren la vista»

En apenas unos días, la lista de participantes se dará a conocer de forma oficial, aunque ya sabemos que hasta tres artistas españoles en activo formarán parte de esa nómina: son el madrileño afincado en México Santiago Sierra (1966), el catalán Carles Congost (Olot, 1970) y el navarro Fermín Jiménez Landa (Pamplona, 1979), autores que pertenecen a tres generaciones diferentes. Ellos, como el resto de convocados, deberán someterse al modus operandi de Jankowski para la cita, en la que a cada artista se le ha asignado una profesión determinada. Un representante de este gremio en la ciudad entra en contacto con cada autor para explicarle las peculiaridades de su labor, y que éste proponga de lo aprendido un proyecto. La idea final es pues que todos los artistas trabajen desde el contexto local y que sean esos profesionales, ajenos al mundo del arte, los que desarrollen o completen la obra. Algo, que no le es extraño a Jankowski, famoso por convertir a personas y sistemas alejados del mundo del arte en parte integral de su proyectos, donde destaca, por ejemplo, “Telemística” (1999), con el que consultaba a diferentes videntes televisivos sobre su propio devenir en la Bienal de Venecia, donde mostró los resultados de sus conversaciones con este tipo de estrellas televisivas.

Maqueta de Carles Congost,de su proyecto para Manifesta, con Tina Turner como coprotagonista
Maqueta de Carles Congost,de su proyecto para Manifesta, con Tina Turner como coprotagonista

Carles Congost trabaja ya codo con codo con la brigada de bomberos local de Zúrich. Su propuesta es un vídeo que ha comenzado a grabar esta misma semana bajo la apariencia de un falso documental desde el que aborda la propuesta del comisario: «Lo que en un primer momento parece un estudio sobre el origen de la música negra –explica él mismo– se convierte en seguida en el seguimiento de la preparación de un evento benéfico por parte de un grupo de bomberos que incluiría un concierto en el que se cita a Tina Turner, retirada en Zúrich [el título del vídeo, “Simply the Best”, es un guiño a uno de sus grandes éxitos]». Desde estas premisas, el gerundense reflexionará sobre los trabajos vocacionales, pero también sobre las labores altruistas, «lo que se relaciona con la labor del artista, también muy vocacional, pero en el que parece que el dinero es lo menos importante», para lanzar a su vez mensajes contradictorios, como las teorías FI/RE (cuyas siglas juegan con el término «fuego» en inglés); o lo que es lo mismo: esa filosofía de vida que considera el trabajo como una nueva forma de esclavizar al individuo, por lo que defiende amasar cuanto antes mucho dinero (“Finantial Independence”) para retirarse lo antes posible (“Retired Early”).

Por su parte, Jiménez Landa optó por colaborar con un meteorólogo. «Estoy encantado porque me han puesto en contacto con uno que es además hombre del tiempo. Me gusta esa faceta de “showman” que tienen asumida este tipo de personajes», confiesa. «Lo centrífugo es normal en mi manera de proceder, de forma que suelo coger un tema y tender desde él a la dispersión máxima. Y de la metereología me interesa que puede ser desde el punto de partida de una conversación banal de ascensor hasta un tema hoy de primer orden en las agendas gubernamentales por el cambio climático. Asimismo, esta profesión tiene un punto de oráculo, de acto de fe. Si la fiabilidad que le damos al científico es siempre máxima, con el hombre del tiempo se asume que se equivocará».

Landa fue contactado por el comisario en ARCO de 2015 y así cuenta la anécdota que da pie a su inclusión en Manifesta 11: «Él había venido a España con una lista cerrada de artistas con los que quería contactar para su proyecto. Y cuando el tercero le dijo que, por lo que perseguía con su discurso para la bienal, debía conocerme, me tuvo que llamar». El joven español, que le propondrá a su anfitrión anomalías asociadas a su profesión, como que prediga el tiempo de determinadas fechas del pasado, bromea ahora con la posibilidad de que su entrada en la nómina de Jankowski (que nunca incluyó entre las profesiones por asignar la de artista) haya supuesto la caída de otro nombre.

Fermín Jiménez Landa en Matadero (Foto: Isabel Permuy)
Fermín Jiménez Landa en Matadero (Foto: Isabel Permuy)

En el caso de Congost, éste y el comisario mantienen una amistad desde hace más de diez años. «Siempre ha mostrado interés por mi trabajo, que conoce bien, aunque es verdad que no contactábamos desde hacía tiempo». El catalán reconoce no haber visitado nunca Manifesta («tengo referencias por otros autores que sí han participado, como Jordi Colomer»), pero cree que este desconocimiento puede ser una ventaja: «Lo positivo de los viajes realizados hasta ahora a Zúrich para trabajar sobre el terreno ha sido la energía que desprende la cita, el entusiasmo de los que colaboran ahí y el calor con el que nos han acogido. Eso, y la nómina que preparan, denota que se gesta algo grande».

 La idea final es que todos los artistas trabajen desde el contexto local y que sean otros profesionales, ajenos al mundo del arte, los que desarrollen o completen sus obras

No obstante, este artista aspira a que Manifesta, como lo consiguió Cabaret Voltaire hace cien años en la ciudad, sirva como toque de atención a su contexto: «Aspiro y espero que ese mismo contexto sea el que dé sentido final a la propuesta, que también incluye ciertas llamadas de atención menos políticamente correctas». Porque, como pretende recoger su documental, citas como ésta no dejan de transmitir cierto «tufillo de exhaltación nacionalista»: «”Simply the Best” funciona también como logo de ciudad olímpica, como eslogan turístico. Yo desconocía este punto, pero creo que en la idiosincracia suiza está la importancia al dinero. Y el coro gospel que sale en mi vídeo está compuesto por hombres blancos con voces negras, lo que es una referencia a las suplantaciones, a los “blanqueos”…».

Landa, que sí que vivió como espectador otras Manifestas, la aplaude por ser una bienal diferente: «Que su comisario esta vez sea un artista dice mucho de su filosofía y conecta muy bien con mi forma de trabajar». Una forma de trabajar que no es ajena al absurdo, al humor a la patafísica. ¿Es Fermín Jiménez Landa un artista dadá?: «Hombre, no lo creo, pero sí que es posible que ciertos rastros de su carmín [este es un guiño a Greil Marcus] o huellas lleguen hasta nosotros». Si los dadaistas y demás primeras vanguardias se proponían romper con el orden establecido y liberar al sujeto desde el arte, Landa señala que es difícil recuperar sus estrategias. «Nuestro tiempo es otro, y ahora el gamberrismo y el rupturismo es fagocitado enseguida por la institución. Pero sería interesante mantener su espíritu de desear cambiar la sociedad, aunque tenga que ser desde otras estrategias».

Carles Congos por Daniel Riera
Carles Congos por Daniel Riera

De opinión similar es Congost: «Como hace cien años, vivimos momentos extremos, de replantearnos lo que estamos haciendo. Un tiempo de grandes avances tecnológicos pero también muchas injusticias. Precisamos de un nuevo movimiento dadá, aunque pienso que estamos tan adocenados que no sé si tendremos las herramientas necesarias para volver a ser radicales. Yo me siento incapaz. Podremos hacer gestos, guiños, pervertir el sistema asumiendo que somos sistema, pero ser absolutamente radicales es imposible».

De Manifesta, «un escaparate magnífico para corregir eso de lo que nos quejamos siempre que es la no visibilidad del arte español», espera que invite a reflexionar a la sociedad que lo acoge («no hay cuestiones inamovibles y el componente crítico es siempre básico», apostilla). Jiménez Landa también desea que ayude a reflexionar, «y que no sólo alimente el mercado o que pocas élites se alegren la vista». De aquí a junio, a ambos les queda mucho por recorrer. También a Santiago Sierra, totalmente incomunicado estos días, embarcado como está en otro proyecto en India, y que en Zúrich trabajará junto a un asesor en seguridad privada. «No ha sido esta una propuesta fácil –reconoce Congost–. He tenido muchas dudas. Incluso hubo que cambiar de planes. Pero ya sólo queda grabar». También éstas, fruto del deseo de hacer un gran papel, asaltan a Landa: «Son muchos los flecos que me tienen con los pelos de punta y que me tientan a realizar cambios. Pero no será nunca un giro de 180 grados». De ser así, su actitud sí que sería muy dadá. Zúrich invita a ello. De forma profesional.

Santiago Sierra, en una imagen de archivo
Santiago Sierra, en una imagen de archivo