De Renger-Patzsch a Duane Michals, la foto pensada objetivamente

Triple apuesta por la fotografía en la Fundación Mapfre para cerrar la temporada: Los fondos de su colección para la colectiva «Retratos» y Albert Renger-Patzsch, en Madrid, y Duane Michals, en Barcelona

Walker Evans: “Rostros”, Ciudad de Pensilvania (1936)
© Walker Evans Archive, The Metropolitan Museum of Art, Nueva York

Durante la presentación del último ciclo expositivo con el que  la Fundación Mapfre despide la temporada en Madrid (o recibe al verano, todo depende del color con que se mire), una doble propuesta fotográfica que recala en su «espacio noble» (el de Recoletos, y no el de Bárbara de Braganza, que suele destinarse a esta técnica), alguno se sorprendía de que, pese a la talla de ambas citas, estas no estuvieran incluidas en la programación de PHotoEspaña. Calidad tienen de sobra como para que así fuera, parecían señalar aquellos que defendían esta opción. O quizás precisamente por eso están fuera, les respondían los responsables de la institución.

Mapfre llegó tarde a la inclusión de la fotografía en su colección. Ello comenzó en 2007, complementando a la ya existente y fecunda de dibujo, cuando adquirió la serie completa de las “Hermanas Brown” de Nicholas Nixon; un autor, por cierto, al que volveremos a nombrar muy pronto, ya que con él abrirá la Fundación la temporada en septiembre. Sin embargo, su apuesta por la disciplina se ha hecho desde entonces de forma segura (a lo que ha ayudado, qué duda cabe, un buen colchón económico que no se ha visto demasiado afectado por la crisis), lo que ha quedado reflejado en sus exposiciones temporales dedicadas a los grandes nombres de la fotografía contemporánea así como en el engrosamiento de los fondos de su propio conjunto artístico.

Helen Levitt: “Nueva York, ca. 1940”. Photograph © Film Documents LLC

De esto último da buena cuenta de vez en cuando sacando pecho organizando muestras colectivas, como la primera de las citas que concitan ahora estas líneas, y a la que aludíamos al principio. Porque Retratos es, sin vocación enciclopédica, una buena excusa para reencontrarse con un conjunto joven en cuanto a su edad pero sobradamente preparado, abarcando buena parte de los grandes nombres de la fotografía artística documental desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad, la cual bebe tanto de adquisiciones como de encargos a artistas que han formado parte de sus exposiciones temporales (Emmet Gowin o Jitka Hanzlová, por poner dos nombres con los que ahora volveremos a toparnos).

La veintena de artistas seleccionados se distribuyen en tres secciones que no solo denotan el «buen paladar» y el gusto de la institución por los grandes de la disciplina, sino también su deseo de que estos estén representados en la colección no de forma aislada, sino haciendo acopio de importantes corpus de obra por autor. Paul Strand es cicerone de las dos primeras, las dedicadas a la calle –escenario en el que el retrato se consigue sin interrumpir el devenir de los acontecimientos, de forma furtiva (John Guttman, los«hallazgos» en lo cotidiano de Helen Lewitt…), o se pacta (Lisette Model)– y a las comunidades que la pueblan: las tribus urbanas de García-Alix; las prostitutas del Raval de Joan Colom; los personajes extraordinarios de Diane Arbus; los excluidos o perseguidos de Cristina García Rodero y Fazal Sheikh

El último apartado es una pincelada de autorretratos (Graciela Iturbide, de nuevo Alix…) y del análisis en la relación retratista-retratado, lo que lleva a hablar de fotografía de estudio, de la influencia de la pintura (Richard Learoyd, Hanlová), de la división o no entre privado y público (Anna Malagrida), del apolillado concepto de pareja como «musa» (Harry Callahan, Emmet Gowin…), que destroza Friedlander fotografiando a las mujeres que proyecta su televisor…

Albert Renger-Patzsch: “Cristalería [Gläser]” (1926-1927). Copia de época sobre gelatina de plata © Albert Renger-Patzsch / Archiv Ann und Jürgen Wilde, Zülpich / VEGAP, Madrid 2017
Retratos es paso obligado hacia la segunda propuesta, la fantástica retrospectiva de Albert Renger-Patzsch (1897-1966), uno de los padres de la Nueva Objetividad fotográfica y, junto a Moholy-Nagy, uno de los renovadores de la técnica en la Alemania de la República de Weimar.

Quizás como guiño a la cita que acabamos de abandonar, esta antológica, de la que es responsable Sergio Mah (el que fuera, curiosamente, uno de los comisarios en jefe de pasadas ediciones de PHotoEspaña) se abre con un autorretrato, en el que Renger-Patzsch se muestra con su cámara de gran formato con el que dio pie a un corpus de obra numeroso que alternó con una extensa labor ensayística sobre su concepción de la foto, a veces utópica, única técnica capaz de hablar de tú a tú con la sociedad contemporánea y de establecerse, objetiva y positivista, en lenguaje universal que a todos alcanza.

La cita se estructura en función de los escenarios en los que el fotógrafo desarrolló su labor (la etapa inicial junto al editor Ernst Fuhrmann; su traslado a Essen; su salto final a Wamel…). También en base a  su interés iniciático por los elementos provenientes de la Naturaleza, su fijación posterior por las consecuencias de la fuerte industrialización de Alemania (lo más evidente, pero también los pequeños huecos que quedaban entre lo rural y lo urbano), para regresar al final a buscar los patrones más o menos objetivos y serializantes en el paisaje. Queda clara la combinatoria en su labor entre sus encargos y un trabajo más personal (aunque la línea estilística divisoria en este sentido es más difusa); y se subrayan sus grandes hitos bibliográficos: Orquídeas y Crassula en los comienzos; Die Halligen; el El mundo es bello que tanto le calentó la boca a Walter Benjamin (pese a que fascinó a Thomas Mann); los Árboles y Rocas del ocaso, con textos de Ernst Jünger… «El ojo es subjetivo –escribió el autor–. Ve con placer las cosas esenciales e ignora lo que no tiene importancia. La cámara reproduce la imagen completa; registra lo esencial y lo secundario con igual claridad». Con esta mirada debemos acercarnos al trabajo de Renger-Patzsch, dándole una nueva oportunidad a nuestra retina más que anestesiada por la profusión de imágenes digitales.

Albert Renger-Patzsch: “Paisaje de Essen y mina de carbón. Rosenblumendelle” (1928). Copia de época sobre gelatina de plata © Albert Renger-Patzsch / Archiv Ann und Jürgen Wilde, Zülpich / VEGAP, Madrid 2017

Doble bandazo y acabamos en la Casa Garriga y Nogués (sede de Mapfre en Barcelona), ante un autor que es diametralmente opuesto al fotógrafo alemán: porque la compacta retrospectiva sobre Duane Michals (Pensilvania, 1932) es una oda a la subjetividad, a la imagen que no puede contar una historia por sí sola y necesita de la serialización, de la apoyatura en el texto manuscrito del artista; una instantánea que es reflejo de lo que no se ve pero se piensa o imagina, que se refugia en los formatos íntimos… Una delicia, como lo fue la exposición anterior en este espacio, también fotográfica, de Peter Hujar. ¿Las veremos en Madrid? Eso sí que sería disfrutar de un auténtico festival –otro– de fotografía en la capital.

Duane Michals: “The Unfortunate Man” (1976). Copia en gelatina de plata con texto manuscrito Cortesía de DC Moore Gallery, Nueva York © Duane Michals
Albert Renger-Patzsch. ” La perspectiva de las cosas”. Comisario: Sergio Mah. “Retratos”. Colección Mapfre. Comisario: Carlos Gollonet. Fundación Mafpre. Madrid. Paseo de Recoletos, 23. Hasta el 10 de septiembre. Duane Michals. Fundación Mapfre. Barcelona. C/ Diputación, 250. Hasta el 10 de septiembre

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 8 de julio de 2017. Número 1.290

 

 

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