El segundo acto de la Fundación Cerezales

La Historia de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia, en Cerezales del Condado, es la de un emprendedor con vocación social y amante de la Naturaleza

Detalle de la nueva Fundación Cereales

No es de  extrañar que, más allá de la filosofía de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia (FCAYC), su emplazamiento y, sobre todo, su propia Historia dejaran boquiabierto al mismísmo Hamish Fulton, el primer huesped de su nueva etapa, él que tantos caminos ha recorrido y tantas sendas ha trazado. Pero es que la propia andadura de esta institución (para la que el británico ha propuesto como complemento a su proyecto dos caminatas grupales más -una en sus inmediaciones; otra, a lo largo del nuevo edificio- es apasionante.

Ligada a la biografía de su inspirador, el empresario Antonino Fernández (sí: el creador de la famosa cerveza Coronita), la Fundación abrió sus puertas hace 8 años en la pequeña localidad de Cerezales del Condado, a 30 kilómetros de León, de la que su promotor, que falleció hace unos años, era originario. La elección del pueblo como sede, lejos de los centros, no es baladí, y se debió al compromiso de Cerezales de dotar a su contexto de una hasta entonces inexistente institución cutural y educativa, cuya ausencia fue en su día una de las causas que precipitaron su emigración, la que le arrastró a un destino tan lejano como México.

Durante su casi primera década de vida, la fundación ha apostado sobre todo por la promoción de la cultura y el arte contemporáneos, también el arte sonoro, la etnoeducación y las investigaciones sobre las posibilidades de lo rural, empleando como sede una antiguas escuelas construidas durante la década de los años treinta en el siglo XX, propiedad de la Junta Vecinal del pequeño pueblo. No es este tampoco un asunto menor, ya que, y pese al carácter privado de la institución, este queda representado en su patronato a través de su alcalde, con voz y voto en la toma de decisiones.

Hamish Fulton, primer invitado de la fundación

La FCAYC inicia una nueva etapa, que viene a arrojar si cabe más luz sobre las más de 600 actividades realizadas hasta la fecha, entre exposiciones, conciertos, seminarios, residencias y talleres. Hamish Fulton se convierte en el primer creador al que le corresponde el honor de estrenar las nuevas instalaciones, las que desde 2014 se ha ocupado de levantar el estudio de arquitectura de Alejandro Zaera-Polo y Maider Llaguno, y que incluso antes de abrir sus puertas ha gozado del reconocimiento del sector al recibir el I Premio a la Construcción Sostenible del Gobierno de Castilla y León en enero.

El nuevo edificio se camufla con el entorno y se aprovecha de los materiales autóctonos (como la madera de alerce, un árbol con un perfil muy peculiar y que de alguna manera remite a la nueva fisonomía de la fundación), así como las formas vegetales más reconocibles de la imaginería local. Un total de 2.700 metros cuadrados distribuidos en cinco naves donde las fachadas que dan al norte y al sur apuestan por una estructura de vidrio, lo que no sólo permite que fluya la relación entre el interior y el exterior del inmueble, sino que también sitúan a los ojos de todos lo que ocurre en sus estancias. No hay nada que ocultar.

Fulton, las conclusiones de su caminata de 14 días por la zona, las dos nuevas que propondrá para los vecinos del pueblo y las intervenciones gráficas que se han recogido en la publicación Footnotes cederán el testigo en agosto al joven cubano Adrián Melis y su apuesta por el trabajo improductivo. Y entre lo uno y lo otro, la FCAYC seguirá aliándose con la música (conciertos  de cámara, coincidiendo con la Semana Santa, en las iglesias de la comarca a cargo del Trío Schola y el Trío Ayren, entre otros); con el estudio del entorno (abril será geológico, mayo, micológico…), en un afán por sorprendernos, como en su día la institución lo hizo con el británco.

Texto publicado en ABC Cultural el 8 de abril de 2017 (Número 1.277)

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