Elena Alonso. “Visita Guiada” (Matadero-Madrid)

 «Me interesa más la materialidad de una idea que su concepto»

Ver la antigua cámara frigorífica de Matadero-Madrid de otra forma. Es lo que propone Elena Alonso. Y para ello nos facilita una barandilla, que no es sino uno de sus dibujos en el espacio

Elena Alonso junto a la pieza “Visita Guiada”, en Matadero-Madrid (Foto: José Ramón Ladra)

Este ha sido un gran arranque de año para Elena Alonso (Madrid, 1981). Su galería, Espacio Valverde, entró en ARCO y allí triunfó. Días antes inauguraba en Matadero la intervención “Visita guiada”: un «dibujo en el aire» que invita a ver con otra mirada los inhóspitos espacios de su antigua cámara frigorífica, reflexionando a la par sobre conceptos como los de «conservación», «confinamiento», «erosión» o «salida».

¿Cómo se gesta “Visita guiada”?

El proyecto nace de una propuesta de Gema Melgar, que, extraoficialmente primero, me cuenta que tenían deseos de proponerme algo para “Abierto por Obras”. Fue un shock porque para mí este espacio es muy emblemático por su envergadura, por su espacio, con mucho carácter, y por la gente que lo ha intervenido anteriormente. Ha sido un reto total. Este es el mejor espacio en Madrid donde hacer proyectos site-specific. La invitación me hizo una ilusión tremenda, porque además era un reto: suponía abordar mi trabajo desde otra perspectiva. Eso también era muy motivador. Me habían dejado el listón muy alto.

¿Cómo explicaría su propuesta?

“Visita guiada” es una intervención site-specific en la nave de Abierto x Obras de Matadero-Madrid. Una pieza muy pensada para este espacio que surge, pese a que conocía el espacio, de pasar en él unas cuantas jornadas curioseando sus rincones, midiéndolos, estudiando una maqueta que realicé… Eso supuso que me hiciera mucho con el espacio antes de plantear una propuesta. Tenía claro que la intervención debía estar muy ligada al propio espacio, pero, a la vez, que fuera un proyecto experimental, para poder dar un salto, dar un paso con referencia a lo que había hecho hasta ahora.

La propuesta final nace de fijarse bien en el entorno y descubrir lo que fueron unos agujeros en el techo a los que yo doy protagonismo ahora. Barajé tres o cuatro posibilidades, pero todas ellas giraban en torno a la idea de estar en una cámara aislada. Me informé sobre la construcción de la nave, su protocolo de aislamiento, con una capa muy, muy gruesa de corcho que se puede observar desde algunos puntos de la Central del Diseño en fragmentos rotos del muro. De lo que se trataba era de impedir el flujo de lo de fuera hacia dentro. A ello se unía la idea de conservación de lo que alberga, y la conservación del espacio, que está muy presente en la reforma que se hizo de la nave, en la que todas las intervenciones eran mínimamente invasivas.

Detalle de “Visita guiada”

La nave es un espacio protegido. Por eso, una de las condiciones al trabajar en ella es que todo quede al final tal y como estaba antes de iniciar el proyecto. Un día, de repente, reparé en algo que suele pasar muy desapercibido porque la sala suele estar medio en penumbra y es que en los laterales quedan unos agujeros brutales, como si hubiera habido un desprendimiento. Empecé a hacer un mapa con todas sus localizaciones y me di cuenta de que se encuentran todos en las dos naves laterales, distribuidos de una manera muy homogénea. Eso me llevó a sentir la necesidad de abrirlos, de rescatarlos. Me imaginé el techo como un colador en el que todo ese carácter estanco se desvanecía. El espectador entraba en este entorno y la luz lo inundaba todo desde el techo.

Vuelvo a esa precisión que ha hecho de que se quedaron ideas en el tintero…

En realidad todas ellas están presentes, aunque no de una forma evidente en la instalación. Por ejemplo: hay cierto deseo de recrear una cueva, algo que, por ser demasiado escenográfico, me gustaba menos. Pero con aislantes, podía haber potenciado la idea de conservación a través de una cueva, en las que las condiciones térmicas también suelen ser constantes, no hay corrientes, lo que las convierte en espacio de conservación… Asimismo, reparando en la estructura casi de mezquita que tiene este espacio (de hecho, creo que la llaman así), y echando mano de algunos de los dibujos de mi proyecto para el Museo ABC, aquellos que recordaban a un altar, me dejé llevar hacia una idea de espacios para la contemplación, para la meditación. Sin embargo, creo que todo esto, de alguna manera, converge en la instalación final.

Antes de todo, en lo que repara el espectador es en el pasamanos que pone a su disposición. Cabe preguntarse si es la obra o tan sólo un vehículo para disfrutar de algo mayor, más inmaterial…

Si te soy sincera, me estoy llevando muchas sorpresas con el feedback que estoy recibiendo por parte de la gente. Tenía claro no empeñarme mucho en proponer ningún recorrido al espectador. Sin embargo, no me esperaba que la mayoría hiciese un recorrido completo comenzando por un lado del pasamanos y acabando en el otro. Para mí es una guía, sí, pero no una secuencia completa. Esta es una pieza que se puede tocar, con la que tienes una proximidad, que te ayuda a reparar en otra cosa con respecto a la cual se guarda una distancia. De hecho, para mí, para tener una experiencia satisfactoria de la pieza, no hace falta hacer un recorrido pautado.

Elena Alonso por José Ramón Ladra

¿Es una guía o una barrera? ¿muestra u oculta?

Es las dos cosas, es decir, es varias cosas a la vez y en muchos aspectos. Pero eso es algo que me gusta repetir con mis dibujos y con los objetos que hago. La primera impresión es identificar esa línea con una barandilla, pero si reparas bien da pie a darte cuenta de que ahí hay muchas más intenciones. Es sin duda una guía, una pieza cercana para tocar, que te acompaña, pero también tiene algo de barrera que te impide situarse al otro lado, que es donde se sitúan los agujeros.

¿Es, por tamaño, la pieza de mayor envergadura a la que se ha enfrentado?

Sin duda. Pero no era el único reto. Pensar en un proyecto para este entorno cuando ya se han sucedido tantos análisis del mismo, para mí eso era complicado. No quería hacer algo para una foto, ni que jugase con cosas que ya se habían propuesto anteriormente. Por otro lado, tampoco tenía mucho tiempo para relajarme ni hacer una producción con calma. El tiempo y el tamaño fueron dos grandes retos, sobre todo cuando me enfrentaba a una forma de producir que no tenía nada que ver con lo que yo estaba acostumbrada hasta ahora. Hasta ahora yo lo he fabricado todo con mis propias manos. Las ayudas asistenciales lo han sido de forma muy puntual y por tiempos muy pequeños. Aquí había que proyectar y luego producir, y hacerlo con un equipo. No cabía la posibilidad de cambios o modificaciones improvisadas. Son 142 metros de barandilla.

Nos tiene acostumbrados al dibujo y, en cierta medida, el pasamanos que introduce en Matadero lo es, sólo que en tres dimensiones. ¿Se dibuja igual o debemos de enfrentarnos de igual manera al dibujo sobre papel que al dibujo en el espacio?

Yo prefiero pensar que esto es otra cosa, nada de lo que había hecho con anterioridad. El primer mes de trabajo fue casi de arquitecto, de medir, de proyectar… La segunda parte ha sido mucho más artesanal, asesorándome en cuestiones más técnicas. Un dibujo es algo muy sencillo, una línea continua. Sacar el trazado de este me llevó algunas semanas. Yo quería que la línea fuera un recorrido por el espacio pero también un adorno de la arquitectura. También, que permaneciera esa simetría que es tan característica de mis dibujos. Esta es finalmente algo tramposa, porque se respeta en la distribución de los materiales, pero las distancias no son exactamente iguales.

Juega claramente con dos sentidos: el de la vista, luces y sombras, y el del tacto, la rugosidad del pasamanos…

Ello se debe a mi propio disfrute a la hora de trabajar de manera manual y artesanal los materiales. Como artista, esta es una parte muy importante: trabajar con la materia, modelarla, transformarla, sacarla de su ubicación y función normal, y situarlos en lugares que en principio le serían extraños. Me gustaba la idea de que el resultado fuera una pieza cercana que se pudiera percibir de otra manera, no sólo con la vista. Sin embargo, la pieza esta muy pensada también a nivel visual. Ambas cosas han de combinarse. Esto no es un recorrido para ciegos, aunque muchos lo hacen así, con los ojos cerrados.

Ese mismo pasamanos no es uniforme. Está compuesto de distintos materiales, con diferentes texturas. ¿Por qué era importante que esto fuera así?

Estudié de nuevo mucho a Gaudí. Me gusta mucho el modernismo, el Art Decó. Este arquitecto me fascina, me parece muy personal, con un conocimiento muy general de todos los grandes oficios artesanales, de la ebanistería a la cerámica. Quise por eso hacer una combinación de materiales (madera, cerámica, corcho, metal…). También por su contraste: mezclar superficies más cálidas como son la cerámica o la madera, con otras más industriales o asépticas y que van más con este espacio, como el cobre, el corcho o el cemento.

Contraste de materiales en la pieza

Ese es otro contraste evidente: el de la cuidada elaboración del pasamanos y la brutalidad del entorno. ¿Qué le interesa de este choque?

De por sí, mis trabajos suelen ser bastante limpios y delicados, me gusta mucho utilizar el dibujo en el sentido más sofisticado. Yo no soy de trazos o manchas, de elementos azarosos. Este espacio es precisamente así: un agujero negro que en nada se parece al fondo blanco de un papel o de una galería. Me gustaba pensar que mi trabajo aquí iba a resaltar en ese sentido. Es delicado y cercano frente a la brutalidad inhóspita de la sala.

No hace mucho mostró su trabajo más reciente en Espacio Valverde, su galería, que también la ha llevado a ARCO. ¿Tiende cada vez más a lo instalativo?

Creo que la escala de esto nos desorienta, pero yo siempre he ido haciendo objetos a la par que he ido dibujando. Ambas cosas me sirven para encontrarle sentido a qué poner de lo uno en lo otro. A veces me doy cuenta de que el dibujo de unas piezas, trasladado a lo tridimensional, pierde toda la magia de la imagen que guardaba al ser un plano. Todos mis dibujos ya están pensados con un componente arquitectónico. Todos se refieren a un plano, una sección, un alzado. En los objetos me gusta que la imprecisión se pueda mantener, que no todo sea resolver algo en tres dimensiones. Que mantenga algo que lo hace extraño, que parece que no encaja.

Hablando de arquitectura: Cuando se analiza su trabajo, muchos aluden a su interés por la “afectividad del entorno”. ¿Qué significa eso y cómo encaja en una sociedad que tiende cada vez a ser más virtual?

Para mí, esas acepción hace referencia a una actitud a la hora de trabajar. Es el ambiente en el que me gusta moverme y el que quiero trasladar al espectador. Se trata de subrayar cierta proximidad con las cosas. La clave está en poner el acento en la materialidad, más que en el concepto. Es una actitud.

¿Ha dejado de ser una joven promesa?

Este febrero ha sido muy intenso. He tenido dos proyectos que creo que son punto de inflexión en mi carrera: esta intervención, por un lado, y que por fin Espacio Valverde llegara a ARCO. Creo que me voy a tomar un pequeño descanso porque necesito digerir todo lo que he vivido. Han sido meses de mucha producción y de no poder parar a reposar. Pero espero que me salgan cosas cada vez mejores. Pero eso está por ver.

¿Se va acercando a lo que se imaginó que sería lo que quería?

Sí. Estoy contenta. Satisfecha es la palabra. Para mí, esta intervención, su propuesta, ya era un privilegio.

Detalle de la instalación de Alonso en Matadero

Y cuando vuelva al estudio, ¿qué quiere seguir haciendo?

He dejado en la retaguardia muchas cosas que por H o por B no he podido seguir investigando. Por ejemplo, en mi última exposición presenté unos trabajos con yeso, y tengo muchas ganas de seguir probando con el material. Y no cabe duda de que tras un proyecto como el de Matadero se me han despertado muchas curiosidades. He visto otras maneras de trabajar, otras escalas… Pero mi galería es pequeña y un tinglado como este no puedo repetirlo allí. Pero me apetece seguir por la línea de lo instalativo.

La he visto “cotillear” cómo responde el público a la pieza. ¿Qué es lo que más le está sorprendiendo?

Me sorprende, como decía antes, que la gente sea tan entregada. Yo no quería obligar a nadie a seguir ningún recorrido dentro de la sala. Pero allí, la gente lo hace. Por otro lado, estoy disfrutando mucho de ver cómo se está desgastando, cómo se pule del paso de los visitantes. Es algo en lo que ya reparé, pues se mezclan materiales más blandos con otros más duros. Pensé que el corcho se deterioraría de forma más rápida y, sin embargo, está bastante intacto. Esto va a estar aquí seis meses y tengo ganas de ver ya “la intervención escultórica” que va a ir haciendo la gente sobre la pieza, comprobar cómo va a acabar. El de la erosión es un tema connatural a mis piezas. En el catálogo del proyecto del Museo ABC incluí un cuento de Virginia Wolf que hablaba de esto, sobre un tipo que se fascinaba con un cristal pulido encontrado en una playa, que sabe que pertenece a algo pero que, la forma actual, le impide reconocer. Me siento muy identificada.

Elena Alonso en Matadero por José Ramón Ladra
Elena Alonso. “Visita guiada”. Abierto x Obras (Matadero-Madrid). Plaza de Legazpi, 8. Hasta el 30 de julio

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 18 de marzo de 2017

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