En el estudio madrileño de la pintora Ana Barriga

El auténtico escenario de los «escenarios fingidos» de Ana Barriga

Paredes blancas y suelo cubierto desde los que estallan los ramalazos de color de la pintura de Ana Barriga. La gaditana se ha instalado en Madrid, y su nuevo estudio es ya un reguero de pintura y cachivaches que retrata en sus lienzos

Ana Barriga en su estudio (Fotos: José Ramón Ladra)

Cualquiera diría que lo que hasta no hace mucho era la delegación de la revista Exit en Madrid, cuando esta se publicaba en papel, es ahora –y tan sólo desde hace un mes y medio– un estudio de artista. Su nueva inquilina, la gaditana Ana Barriga, ha aprovechado hasta el último resquicio para ocuparlo, expandirse por él y hacerlo suyo. Y quizás podríamos encontrarlo aún más invadido si estas últimas semanas no hubieran sido tan frenéticas para la creadora, una de las pintoras que formaron parte del proyecto «Cada-VER exquisito», con el que ABC Cultural participó en ARCO. Le debíamos una visita.

«La verdad es que han sido días de caos llevado al extremo. Se me juntó la llegada a Madrid con la participación en el proyecto TruckArtProject, de Jaime Colsa, y vuestro estand en la feria. No tuve tiempo para parar, pero estoy feliz, porque he estado haciendo lo que me gusta y voy enganchando unos trabajos con otros».

Digamos que Barriga se encuentra ahora más tranquila. Y en su nuevo estudio vemos ya acabada la obra que comenzó en el espacio de ABC en Ifema y que nos confiesa orgullosa que ha conseguido vender. Es imposible borrarle la sonrisa a esta mujer de pelo bitono; la que siempre ofrece como carta de presentación al que se dirige a ella. Su llegada a «la capital» (estas son las palabras que emplea) se ha producido de forma inesperada, pese a que estaba bien asentada en Sevilla, donde ha vivido los últimos nueve años y donde estaba posicionada, en contacto con artistas y galeristas: «Llevaba tiempo planteándome lo de salir del entorno, yMadrid era un buen destino. Me di tiempo suficiente para buscar lo más idóneo, sin tener prisa. Sin embargo, en menos de una semana encontré aquí el lugar ideal, el estudio, la vivienda. Antes de un mes estaba la mudanza hecha y empezaba a trabajar».

Detalle del estudio

El nuevo estudio de Ana Barriga, en el barrio de La Elipa, es una especie de local industrial que funciona como caja de resonancia. Sus paredes blancas comienzan a ceder su espacio a las pinturas de la artista, a sus anotaciones («Antes mentías mejor», leemos en una esquina, lo que estamos seguros que será el futuro título de alguno de sus cuadros). Mientras, el suelo es ya todo un amasijo de botes de pintura, tubos de óleos, platos de mezclas, bancos de pruebas: «Me adapto bien a los espacios –explica– y estoy segura de que pronto todo esto cambiará. Pero lo que sí que tengo claro es que necesito paredes lisas para trabajar. Aquí ahora sólo hay dos, que son las que uso, pero en breve cubriré las dos restantes, las que ahora empleo para apoyar cosas, para poder proceder de igual manera. Necesito verme rodeada de las obras que estoy componiendo o las que acabo de terminar, sobre todo cuando tengo un proyecto en curso, porque necesito ver cómo dialogan unos trabajos con otros».

En el estudio madrileño, no hay luz natural. Barriga, de hecho, huye de la misma. «Es fundamental que la luz sea estable, que sea la misma a las dos de la tarde o las dos de la madrugada, porque así me aseguro que no hay una alteración en los tonos de los colores que uso». Mientras lo cuenta, mezcla dos de ellos para hacer un poco de teatrillo para la cámara: «¡Mira que mezcla más bonita! Luego, cuando quiera repetirla, no me saldrá». Esta muchacha es puro optimismo y, poco a poco, el lugar en el que trabaja se va convirtiendo en ella misma. Por ejemplo, ya empieza a poblarse de estanterías en las que la andaluza despliega los objetos y pequeños juguetes o muñecos que luego protagonizan sus particulares bodegones fotográficos, los que luego traslada al lienzo.

«Hubo un tiempo en el que probé con la foto como técnica, pero algo tiene la pintura que me enriquece mucho más. Sin embargo, yo me formé como escultora y pienso en bulto redondo»

«En mis obras, parto del bodegón y del objeto, por los que tengo que tenerlos a mano. Los fotografío y genero con ellos mis composiciones. Voy pintando, generando lo que yo llamo mis “escenarios fingidos”. Y muchas veces necesito tener esos mismos objetos en la mano. No me vale con mirarlos en la pantalla. Me puede más constrastar sus cualidades táctiles, algo que no refleja un ordenador. Por eso tienen que estar tan cerca».

Detalle de las estanterías

Sobre las repisas, un poquito de todo: cachivaches, muñequillos, figuritas «demodé» («Ya me van quedando pocos. Tendré que volver al Rastro», sentencia)… Algunos, incluso, ya han sido intervenidos por la artista con sus pinceles. Así ocurre con una jabonera con forma de manos que todo niño que haya crecido en la España de los ochenta conoce a la perfección. ¿Podrían esas pequeñas esculturas efímeras acabar algún día mostrandose en una galería? ¿Tal vez, las fotografías a las que son trasladadas?: «Hubo un tiempo en el queprobé con la foto como técnica, pero algo tiene la pintura que me enriquece mucho más. Yo me formé como escultora y pienso en bulto redondo. Supongo que llegará el momento en el que vuelva a la tridimiensionalidad. Sin embargo, por mi forma de proceder, creo que nunca la he abandonado».

Este es el cuarto estudio en el que ha trabajado Ana Barriga («sin contar los que tuve mientras disfrutaba de las residencias del año pasado en La Térmica de Málaga o en Torremolinos», recuerda). Como le suele ocurrir a casi todos los artistas, el primero, mientras estudiaba, se desplegaba en una habitación de la casa familiar. Luego, cuando se independizó, un sótano en su domicilio le hizo las veces. El tercero, el que acaba de dejar en la calle Baños de la capital hispalense, ha sido un hervidero en el que diferentes generaciones de artistas se han cedido el testigo: por allí pasaron antes que ella Alejandro Botubol, J. Carlos Naranjo, Susana Ibáñez… Y allí ha dejado ella ahora a Manuel Bellido, a Javier Palacios, a Almudena Fernández

Barriga por José Ramón Ladra

«Al principio no me gustaba compartir. De hecho, aquí vuelvo a trabajar sola. Me gusta lo de gestionar mis horarios, administrar las visitas… Pero la de La Térmica fue una experiencia brutal. Se gana mucho del contacto con los demás. Este espacio, ahora, no está pensado para dividirlo y cederlo a una segunda persona. Necesito al menos todo lo que ocupo, e incluso un poco más».

Reparamos en que, además de no haber ventanas, las paredes son altas («capital para mover los cuadros y no destrozarles las esquinas, como me ha pasado alguna vez con algunos»). Barriga ya ha admitido que espera cubrir en breve las dos paredes a las que aún les queda algo de «personalidad» para dejarlas totalmente lisas. Y si reparamos en el suelo, este está protegido con mantas para no dañarlo. El espacio, sin ventanas, no puede ser más aséptico: «Necesito que así sea. Porque sólo así consigo que el lugar en el que trabajo no me influya, no me limite. Este es un espacio cerrado, sin ventilación. Moriré joven, pero estoy dispuesta a arriesgarme», bromea.

Esta muchacha es puro optimismo y, poco a poco, el lugar en el que trabaja se va convirtiendo en ella misma, con su color y su frescura

Barriga pinta de día, no trabaja de noche. Aunque si no fuera porque tiene la vivienda cerca, podría llegar a entrar en bucle, debido a la ausencia de sol en el estudio. Son los programas de la radio los que le sacan del embeleso. Y todo lo hace desde el centro de la habitación, desde componer un bodegón, enviar un mail o pintar los cuadros. Ese punto se convierte en una especie de agujero negro (paradójicamente colorido) desde donde se expulsa todo lo que la artista necesita tener más a mano y que se va desparramando según se alejama de su epicentro, rompiendo con la dictadura del blanco y gris.

«Esto es como el laboratorio de Frankenstein, rodeada de mis muñecos», apunta con sorna. No es, desde luego, su estudio definitivo. La gaditana se ha dado un año de plazo en Madrid. Aunque todo dependerá de cómo se vayan desarrollando los acontecimientos. De momento, apura las obras que presentará en su próxima individual en junio, en la galería Yusto/Giner. «No me veo aquí en el futuro, pero no me veo tampoco en ningún sitio». Volveremos para comprobarlo. Y para disfrutar del buen rollo que desprende, si es que aún está.

Texto publicado en ABC.es el 30 de marzo de 2017

 

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