Entrevista a Alberto de Juan, director de la galería Max Estrella

«Para abrir una galería hay que ser un inconsciente, ¡pero bendita inconsciencia!»

La galería Max Estrella aumenta su equipo directivo con Amelie Aranguren, pone en marcha el programa «Proyectos Estrella» y comienza a organizar muestras fuera de su espacio, como la iniciativa que invade este fin de semana los espacios más emblemáticos de San Lorenzo del Escorial. Eso es lo que le lleva a celebrar con orgullo –y una exposición– un número aleatorio como es el vigesimotercer aniversario

Alberto de Juan fotografiado por Isabel Permuy

La galería Max Estrella va a acabar la temporada con una nueva directora artística, Amelie Aranguren, y con un proyecto con el que se sale de los límites de su espacio físico. Se trata de la exposición «El Escorial para los artistas», por la que algunos de los ámbitos más emblemáticos de esta localidad de la sierra madrileña son ocupados con intervenciones de sus autores más señeros del 1 al 3 de julio. La iniciativa es tan sólo una de las nuevas vías de expansión de la firma, que este año cumple 23 años replanteándose un cambio de estrategia en la que lo comercial se solapará con el desarrollo de propuestas más investigativas. No en vano, a la vuelta de las vacaciones comenzará a funcionar «Proyectos Estrella», un programa paralelo en una de las estancias de su sede en la calle Santo Tomé y con el que dar a conocer nuevas apuestas, noveles o consagradas. De todo ello hablamos con Alberto de Juan, su propietario, que ha contado con la complicidad de sus coleccionistas y sus artistas para montar la expo con la que soplar velas y poner las nuevas cartas sobre la mesa.

¿Por qué celebrar el 23 cumpleaños?

En realidad es porque coinciden una serie de circunstancias que nos invita a celebrar un número aleatorio. Queremos darle un cambio a la galería, que coincide con un reforzamiento del equipo directivo, algo que hemos querido visibilizar a través de un proyecto con el que agradecemos el apoyo que hemos recibido a lo largo de estos años de coleccionistas, artistas y del mundo del arte en general.

¿A qué se refiere cuando habla de cambio?

Hemos decidido llevar a cabo una serie de acciones que nos permitan desarrollar otro tipo de relaciones tanto con los artistas como con los coleccionistas. Y una de las consecuencias inmediatas es la realización de proyectos fuera del espacio de la galería. Concretamente, este año hemos organizado unas jornadas junto al Ministerio de Cultura en Tabacalera hace justo un mes. Estas eran sobre coleccionismo y en ellas abordábamos el tipo de relación que estos agentes quieren mantener con espacios como el nuestro. Por otro lado, una primera acción será el evento que celebraremos en San Lorenzo del Escorial desde el 1 de julio, con el que proponemos intervenciones de artistas con los que trabajamos fuera de nuestro espacio expositivo.

Es cierto que acaba de entrar en el «staff» Amelie Aranguren como codirectora artística. En su día me hablaron del deseo de hacer un pequeño espacio de proyectos en la galería que ella coordinaría…

Esa es la tercera pata del nuevo proyecto, consistente en la apertura de una línea dentro de la galería más arriesgada, más de investigación, de nuevo en este espacio y que llevará el nombre de «Proyectos Estrella». De hecho, lo hemos empezado a desarrollar esta misma primavera con el trabajo que presentamos de Leyla Cárdenas en ARCOlisboa, en el que esta artista se ocupaba de la arquitectura y las ruinas de la ciudad. Este tipo de propuestas tendrán en cuenta un contenido más social, también más político. En otoño se podrá ver la primera en Madrid.

El galerista en su espacio en Madrid

No me da nombres para no gafarlo.

Es que barajamos varios y no está decidido. También porque hay algunos interlocutores, como el Ayuntamiento de Madrid, con los que hay que cerrar asuntos.

Eso suena a proyecto ambicioso. Nada de jóvenes artistas..

Así se pensó en un principio, que esto fuera plataforma para los que empiezan, pero ahora mismo estamos en conversaciones con un creador consagrado. De hecho, no queremos que el programa sea algo estricto. Podemos hacer una colectiva, u ocupar el espacio principal. Va a ser una cosa muy abierta.

La galería, pues, aunará su dimensión comercial con esta más comisarial. ¿Esto es algo que van a coordinar entre los dos o se repartirán las tareas?

La labor de difusión e investigación la está haciendo Amelie, pero en un mano a mano. También estamos planeando llevar a cabo el fichaje de nuevos artistas que irán entrando poco a poco en la galería.

Una firma como la suya, con cierta trayectoria, ¿ha de tender a inclusiones de jóvenes promesas o, por el contrario, a autores consolidados que permitan el sostenimiento del proyecto y riesgos como este cambio de rumbo que comenta?

Te diré que esto es algo que inevitablemente nos conducirá por la senda que ya llevábamos. Es la nueva línea investigadora la que nos puede acercar a artistas más jóvenes, pero la sostenibilidad de la galería, con un espacio grande y un equipo de hasta ocho personas trabajando en él a día de hoy, necesita de autores de renombre y una cotización que nos permita sobrevivir. La intención es que ambas direcciones se equilibren en las nuevas entradas.

Detalle del montaje de la exposición del 23 aniversario

Supongo entonces que la muestra que ahora mismo alberga la galería en Santo Tomé es una especie de carta de presentación de todo esto que está detallando.

Exactamente. Veintitrés años de galería son muchos y tenemos una relación muy cercana con muchos coleccionistas. Conversando con ellos, yendo a sus casas, se nos ocurrió la idea de reflexionar dónde habitan las obras, esa curiosidad que tiene todo el mundo de saber dónde acaban las piezas que se venden. Así fue cómo a un nutrido grupo de los nuestros les pedimos que nos mandaran fotos de aquellos trabajos que convivían con ellos y que dialogaban con un mobiliario, en un planteamiento no museístico y junto a las obras de otros artistas. Queríamos que se convirtieran en artistas, en creativos, ellos que al final son comisarios en sus propios domicilios.

«Echamos en falta a la generación de coleccionistas que se ha perdido en España con la crisis, así como a las instituciones y los museos»

La iniciativa fue recibida con gran entusiasmo por ellos, que se pusieron manos a la obra. En la galería, lo que presentamos es un mural que recorre todas las paredes y que genera una especie de «ciudad» en la que se distinguen las obras de los coleccionistas en sus casas, acompañadas –en un gesto muy generoso por parte de los artistas– de otras obras de pequeño formato producidas para la cita y que dialogan con sus hermanos mayores. Ese es además un guiño que queremos hacer a los jóvenes coleccionistas, porque por su pequeño tamaño y su alta edición, cuentan con unos precios muy accesibles. En un segundo paso, la intención será proponerle a un grupo de jóvenes coleccionistas dar a conocer cómo se puede comenzar una colección con un presupuesto bajo. Porque es cierto que echamos de menos a esa generación en las galerías, que, por la crisis, no ha podido iniciarse con la facilidad con la que otras se iniciaron en esta actividad. Pero esto ha generado un público nuevo con el que estamos muy contentos.

No todos los artistas de esa exposición son los que saltan al Escorial, pero sí todos los de El Escorial tienen presencia en la muestra de la galería. ¿Cómo se hizo la selección y cuál es el propósito de la propuesta?

Digamos que este es un tipo de evento que yo ya he visto en EE.UU., y en otros países en Europa, en los que alguna entidad privada llega a un acuerdo con algún ayuntamiento para colaborar con artistas. Lo cierto es que, en circunstancias normales, suele haber además apoyo por parte de las comunidades artísticas locales o de los gobiernos, pues se entiende que el arte atrae a un montón de público. Pero nosotros no hemos tenido apoyo económico ninguno. Sí que hemos contado con la ayuda del ayuntamiento local de San Lorenzo del Escorial, que nos cede los espacios públicos en los que los artistas de la galería, con un esfuerzo de producción importante, ayudarán a visitar el pueblo de otra forma a través de sus intervenciones. Los artistas fueron seleccionados a partir de las propuestas que hicieron y la viabilidad de las mismas, en función de los espacios cedidos: de la plaza del ayuntamiento, donde se sitúa la obra de Marlon de Azambuja a la plaza Jacinto Benavente, donde hay una intervención de Luis Úrculo en torno a una escultura de un personaje teatral que allí descansa. Por su parte, Jorge Perianes se instala en el conservatorio…

Será un proyecto corto, ¿verdad?

Serán tres días, solamente, porque la capacidad que teníamos era limitada, pero va a ser todo bastante intenso. Al ser intervenciones al aire libre, la conservación y vigilancia de las obras no nos permitían extendernos mucho. Es posible que alguna pieza, justo por no presentar estos problemas, sí que se quede algo más. Pero la intención es que el evento sea tan sólo el inicio de colaboraciones anuales posteriores con un apoyo económico determinado por parte de alguna institución. Lo intentamos para esta cita con ciertos programas de la Unión Europea, pero al final no llegamos a tiempo.

¿Y merece la pena tanto esfuerzo para tres días?

Si tenemos en cuenta los plazos, el equipo, en los últimos meses, se ha dado una buena paliza para sólo tres días. Entonces tendría que responder que no. Pero a medio y largo plazo, esta es una dirección muy adecuada. Lo que nos ha asombrado mucho es recibir confirmación de coleccionistas que vienen desde Washington, Miami, México, Colombia, Bélgica… También, por supuesto, coleccionistas nacionales. Se palpa que se ha entendido que estamos poniendo en marcha un proyecto distinto. El evento se llama «El Escorial para los artistas», cuyo lema es una frase de Ezra Pound que dice «hazlo nuevo». Esa es nuestra filosofía: salirnos de las vías que suelen ser las habituales en una galería.

Infografía del montaje de la pieza de Bernardí Roig en El Escorial

¿Se hace en El Escorial porque las facilidades de ese ayuntamiento han sido mejores que las de otras localidades?

En realidad, estamos hablando con el Ayuntamiento de Madrid para desarrollar algo similar en otoño. A mí me gustaba buscar un lugar que no fuera el típico en el que ves arte contemporáneo, pero que puede ser igual de adecuado o atractivo para trabajar con sus artistas. El Escorial es uno de ellos, muy cerca de Madrid, y solo conocido por el Monasterio y un tipo de arte más clásico. Nos resultaba interesante esta combinación en las periferias de los centros del arte contemporáneo.

Obviamente, en 23 años ha cambiado el modelo de negocio. Y la salud de la galería, para poder hacer esto, no debe ser mala. ¿Es eso o que no queda otro remedio?

Yo creo que era una necesidad. En cualquier actividad uno está permanentemente estudiando cómo renovarse y evolucionar. Posiblemente todas las galerías estamos actuando en líneas similares. La sensación de que el modelo ha de cambiar es evidente. Pero esa es una cantinela que yo he oído casi desde que empecé. ¿Es el momento? Por un lado, nos lo podemos permitir y, por otro, no. El esfuerzo económico es enorme. Pero creo que beneficiará a la galería. Eso es lo positivo.

Han estado casi siempre en la misma sede. No sé si se barajó la posibilidad de una mudanza. Incluso, fuera de Madrid.

El salto a otros mercados ya se ha dado, casi por obligación. Teniendo la sede en Madrid, el porcentaje de ventas de la galería a extranjeros es mayor que a coleccionistas nacionales. Eso lo hemos hecho sin modificar el espacio. Nosotros empezamos en un local muy chiquitito hace 23 años. En 1998, nos mudamos a Santo Tomé, el lugar que todo el mundo conoce, y más que buscar otras sedes, de momento, lo que nos planteamos es realizar –puede ser en España y fuera– acciones «pop up» en lugares que no sean la galería.

Ha dejado caer un «de momento»…

Efectivamente. No nos cerramos a nada. La evolución será la que nos permitirá ser más o menos ambiciosos.

Le pregunto por los artistas. Reconoce que comenzó con una nómina de su generación en un deseo de madurar juntos. ¿Cómo ha mutado esa lista?

Es lógico que eso haya pasado. También muy duro, pero yo siempre defino esto como una carretera en la que, si vas en línea recta, el futuro es largo, pero con los años hemos aprendido que las direcciones entre la galería y los artistas comienzan a desviarse sutilmente, hasta que llega un momento en que las diferencias son evidentes; que no puedes darle al artista lo que necesita, lo que hace que no se pueda continuar. Hoy hay artistas con los que empezamos hace 18 años, frente a las renovaciones. El tiempo nos reposiciona a todos. Al Escorial llegará Eugenio Ampudia, con el que llevamos 15 años; Aitor Ortiz, con el que hemos colaborado desde hace 19; junto a otros como Úrculo, que entraron hace dos, o Almudena Lobera, que lleva uno más.

Lo normal es que una galería lleve el nombre de su propietario. No sólo no es su caso, sino que Max Estrella no es ni siquiera un referente del mundo del arte.

Yo abro la galería siendo muy joven, y me dio apuro, me pareció pretencioso ponerle mi nombre. Tomé la decisión de utilizar uno con el que me pudiera identificar. En ese momento era –y sigo siendo– un fan de Valle-Inclán y me parecía que el protagonista de «Luces de Bohemia» encajaba muy bien con el papel del artista no reconocido. Esa idea romántica la quise llevar a mi filosofía: Reconocer el talento de mis artistas antes de que fuera demasiado tarde.

Montaje de la muestra del 23 aniversario en Max Estrella

¿Una galería se abre consciente o inconscientemente?

Yo tengo tradición familiar. Mi madre fue directora de Sotheby’s cuando abrió en España, y tengo dos hermanos artistas. Mi hermana también trabajo como marchante y en la Fundación Juan March… Salvo mi padre que es físico, todos nos hemos dedicado al arte. Lo que sí que puedo decir es que en una conferencia que me tocó dar sobre galerismo elaboré un decálogo con cuáles serían los requisitos que debería cumplir un galerista antes de comenzar. Al terminar de enumerarlo, reconocí al auditorio que yo no cumplí ni uno solo de esos puntos. Para abrir una galería hay que ser un inconsciente, pero bendita inconsciencia.

¿El sector está igual, peor o mejor que cuando empezó?

Buena pregunta… El contexto actual está difícil. Cuando comenzamos había mucha ilusión en el ambiente. Eran unos tiempos distintos en España y había más curiosidad. Pero probablemente había menos mercado, aunque lo teníamos asumido.

«La tercera pata del nuevo proyecto consiste en la apertura de una línea dentro de la galería más arriesgada, más de investigación; un nuevo espacio con el nombre de «Proyectos Estrella»

Ahora el problema es que venimos de una época de gran expansión y con muy buena respuesta por parte de instituciones, museos y coleccionistas, que ha bajado enormemente. Posiblemente por eso nos estamos reinventando todos.

Ya se habla de recambio generacional en el sector. ¿Es Max Estrella ya una galería decana en Madrid?

Hace poco nos calificaban en un texto como «galería puente». Estamos entre la generación de las decanas de verdad, Helga de Alvear o Juana de Aizpuru, y la de las jóvenes.

Es pronto aún para hablar de cierres, pero, ¿una galería como la suya es un proyecto muy personal o puede tener continuidad?

Espero que me queden unos cuantos años, pero lo cierto es que me haría ilusión que tuviera continuidad.

¿Dónde están hoy los mercados y los coleccionistas de la galería?

Por todo el mundo, pero especialmente tanto en Norteamérica como Sudamérica y Europa. Pero echamos en falta a la generación que se ha perdido en España con la crisis, así como a las instituciones y los museos.

Hemos conseguido acabar la entrevista sin hablar de IVA, de Ley de Mecenazgo, sí de crisis… ¿Siguen siendo las cosas que les quita el sueño a los galeristas españoles?

Claro que nos preocupa a todos, pero no puedes estar todo el día llorando…

Hay colegas suyos que sí.

Yo he sido durante cuatro años vicepresidente del Consorcio de Galerías, durante otros cuatro presidente, y me ha tocado lidiar con ministros de todo tipo y condición, hasta vicepresidencia de gobierno, para hablar de estos temas. Y les hemos hecho saber que la situación es tan delicada que si no hay apoyo público es muy sencillo el desmantelamiento de este sector. Es algo en lo que hay que seguir luchando y que cambiará a medio plazo, justo por su insostenibilidad. En cuanto al IVA, Europa tiene un problema grande en ese sentido. Mientras no compitamos en igualdad de condiciones serán los mismos los que se lleven el gato al agua.

Texto ampliado del publicado en ABC.es el 23 de junio de 2017

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *