Entrevista a Liliana Porter. “Diálogos y desobediencias” (Artium)

“Más nos vale tratar de estar cómodos en una realidad que viene así: fragmentada, amenazante, incomprensible…”

De tan cerca que hemos tenido siempre a Liliana Porter en España, no habíamos reparado en que ningún museo europeo había revisado de forma retrospectiva su trabajo. Artium, en Vitoria, se apunta el tanto y la muestra en estado puro en la exposición “Diálogos y desobediencias”, comisariada por Estrella de Diego

Liliana Porter, en las salas de Artium (Fotografia Rafa Gutierrez)

Los días previos a la inauguración de esta muestra, Liliana Porter cayó enferma. La jornada de la inauguración, que también era el de esta entrevista, la artista, a la que por primera vez un museo europeo la obsequia con una retrospectiva, quedó afónica. Por esa misma razón esta conversación se hizo de una manera extraña. Dicen los malos artistas que ellos no tienen que explicar sus obras, que sus trabajos hablan por sí solos. Posiblemente Liliana es la excepción a la regla. En las salas de Artium, en su asencia, su trabajo dice muchas cosas de ella, algunas incluso desconocidas para el público español, como esa primera etapa más conceptual.

Estar luego delante de ella y no poder hablar. Contestar por ello por escrito y en la distancia. Lo que podría resultar una locura, es casi parte del ideario de una artista que nos interroga sobre lo que es real y lo que es ficción. Este es el resultado de esta no conversación (o sí). Una charla a dos tiempos, dislocada, con un ordenador americano que se come los acentos y las eñes de una creadora que se reafirma como latina. Grande la Porter.

Me gustan las dos palabras del título de esta muestra en Vitoria: «Diálogos» y «Desobediencias» ¿De qué es usted más partidaria?
¡De las dos cosas por igual! Hay desobediencias muy oportunas y siempre es bueno, creo, acceder al diálogo.

Esta muestra se vende como su primera retrospectiva europea, curiosamente fuera de los centros. Me refiero a que no tiene lugar ni en la Tate ni en el Museo Reina Sofía, por citar dos museos que poseen obra suya. ¿Qué le sedujo del proyecto?
Que me hayan invitado, que les interese la obra, y que la curadora sea Estrella de Diego. Por otro lado, también incidió un cierto sentido de familiaridad con eso que llaman «las márgenes». Ultimamente me han organizado exposiciones grandes, antológicas, en tres museos provinciales argentinos. Allí tuve experiencias muy positivas, especialmente con los jóvenes, con los estudiantes universitarios, ya que, aprovechando la oportunidad me invitaron a dar charlas y a hacer crítica de obra en las universidades. Eso me dio la posibilidad de tener un intercambio mas personal con los artistas jóvenes, y con los colegas, lo que me demostró lo importante que pueden ser esos diálogos en esos contextos.

Porter, ante una de sus instalaciones de “Diálogos y desobediencias” (Fotografia Rafa Gutierrez)

La muestra no es cronológica, sino que pivota sobre tres apartados y, además, es circular. Dice la comisaria que esto es porque las preguntas que usted se hace son siempre las mismas, que lo que surgen son nuevas respuestas. ¿Cuáles son esas obsesiones que van y vienen?
Me doy cuenta de que mis temas recurrentes tienen que ver con reflexiones sobre el tiempo y sus definiciones; en definitiva: su dudosa linealidad. También sobre ese límite ambiguo entre lo que llamamos real y lo que denominamos ilusorio o virtual, o, si lo prefieres, dónde empieza y dónde termina la representación. Lo que surgen no son nuevas respuestas, sino las mismas formuladas de distinta manera, ya que, en general, mis temas, que yo sepa, nadie los resolvió.

La primera sección incluye sus «Rasgones», cuando su obra era más conceptual y también más efímera, sin tanta vocación de permanencia. Quizás es la que menos le conocemos aquí. ¿Está justo por su naturaleza una producción menos «documentada»?
No lo creo. Quedan muchos ejemplos. En esta exposición se muestran algunos, entre ellos, grabados de fines de los 60 y principios de los 70; el libro de 10 fotograbados Wrinkle (Arruga); el fragmento de la instalación de la arruga que reconstruye el original de 1969 que hice en el Museo de Bellas Artes de Caracas; la instalación de los clavos dibujados en la pared unidos a clavos reales de 1973 que mostré en el Project del MoMA; las sombras pintadas en la pared que se confunden con las reales que mostré en el Institulo Di Tella en Buenos Aires siendo muy jovencita; las obras fotgráficas de las instalaciones del círculo y el triángulo uniendo en una sola línea el espacio virtual con el real…

Hablando de grabado: en sus inicios definía esta técnica como «subversiva».
No recuerdo haber dicho «subversiva», pero seguro que lo hice. En 1965, cuando Luis Camnitzer, José Guillermo Castillo y yo fundamos el New York Graphic Workshop, los tres éramos basicamente grabadores. Lo que nos proponíamos era justamente analizar por qué el grabado comparado con las otras técnicas era derivativo (en el sentido de que los ismos, las nuevas propuestas, salían siempre o de la escultura o de la pintura), y llegamos a la conclusión de que el grabador estaba demasiado encerrado en la técnica, olvidándose de pensar ideas o propuestas nuevas. Por eso incidimos en que lo más importante del grabado era la capacidad de editar en serie, de ser una obra múltiple, por lo tanto y de algun modo, más democrática, cosa que también nos interesaba a nivel ideológico. En el momento nos atraía también la idea de la desmaterialización del arte, es decir, alejarnos de la producción de objetos únicos elitistas. Era una técnica ideal que tratamos de extremar conceptualmente, por ejemplo, editando gestos (arrugar), haciendo múltiples (objetos tridimensionales repetibles), arte efímero (las exposiciones por correo)… En ese sentido, ¿sería quizas percibido como subversivo? Me parece que es mucho decir. Uno, cuando es joven, prefiere que todo sea en lo posible subversivo. Las desobediencias son muy atractivas y generadoras de nuevas ideas.

“Forty Years II A (Hand, over horizontal Line 1973)”

Queda de aquella época otro dato biográfico: Su relación con Luis Camnitzer, al que ha mencionado. Ambos han llegado muy lejos. ¿Quién influyó más en el otro?
Nos conocimos en 1964, en Nueva York, y juntos creamos no sólo el New York Graphic Workshop, sino que más adelante pusimos en marcha un taller escuela de verano en Lucca (Italia), que duró muchos años. En el New York Graphic Workshop dábamos clases, hacíamos trabajos de impresión profesional y nos dedicábamos a un ejercicio de autocrítica feroz junto con Jose Guillermo Castillo, un venezolano genial, parte de nuestro grupo, que desgraciadamente tuvo la descortesía de morirse. Luis y yo nos influímos mutuamente. Él, muy inclinado a la teoría y a escribir manifiestos lapidarios (a los cuales José Guillermo y yo llamábamos cariñosamente «ladrillos»); y yo, quizás, siendo un poco más desobediente en el sentido teórico de la cosa. Muy linda relación y muy divertida también.

Juegos de escalas, encuentros inesperados para el espectador pero muy meditados para usted, líneas quebradas… ¿Por qué se siente cómoda en lo dislocado?
Porque más vale tratar de estar cómoda en una realidad que viene así, fragmentada, amenazante, incomprensible… Por eso esa serie de los «Trabajos forzados», en los que instalo alguna pequeña persona dedicada a llevar a cabo una tarea que lo supera completamente. Ese personaje, uno lo puede leer «de afuera» y darse cuenta de que nunca va a poder cumplir su propósito. Pero lo bueno del asusto es que él mismo está afanado en cumplirlo y sólo la ignorancia de la magnitud de lo que hace o se propone hacer le da la energia. Es una metáfora de uno mismo creyendo que va a resolver el gran enigma, del hombre que hace filosofía, el que escribe teorías… El que hace arte…

El objeto irrumpe en su obra en los ochenta. Fue con un barco. Comienza entonces la valoración de lo insignificante. Sin embargo, si algo nos ha enseñado su trabajo es que «no hay enemigo pequeño». Hábleme de su pasión por los objetos cotidianos, por enfrentarlos a fondos neutros, por alterar sus escalas…
Los objetos y figurines poco a poco comenzaron a constituirse en un elenco a través del cual reflexionar y decir cosas. Ellos son los protagonistas de fotografías, vídeos, instalaciones… Incluso algunos formaron parte de obras de teatro. Los objetos vienen ya con su personalidad y su historia a cuestas. Yo nunca los modifico, solo los contextualizo o descontextualizo. Los fondos de las obras, blancos, monocromos, vacíos, tienen que ver con mi interés de presentar esos personajes en un espacio intemporal, en un no-lugar. Eso ayuda a concentrarnos más en los personajes en sí, sin distracciones, ni datos, ni tiempo que interfieran.

En la segunda sección, la protagonista es la línea. ¿Son las suyas frontera de algo?
La línea en muchas obras se percibe como una unidad, como una continuidad, cuando en realidad son líneas dislocadas que entran y salen del espacio virtual y pasan por diferentes superficies, tiempos y realidades. Me interesa hacer simultáneos tiempos disímiles. En ese sentido, es una manera de anular fronteras. Desobedecer las leyes de la lógica y del tiempo lineal.

Obra de la serie “Trabajos forzados”

La comisaria también señala que «desgarrar» y «reparar» son dos actos muy comunes de su poética. Pero, ¿cómo saber qué desgarrar y qué reparar?
Hay una serie de obras que hice a traves de los años en diferentes momentos que se llama «Reconstrucciones». Uno ve una foto enmarcada de un objeto hecho añicos, por ejemplo: un pajarito de porcelana. Pero el marco incluye un estante en donde vemos ileso el mismo objeto real, o sea, en nuestro espacio. Es como si uno fuera capaz de revertir el tiempo: vemos el documento de la destruccion, pero simultanemente, ante nuestros ojos, está el objeto perfecto (antes de ser destruido). Un acto de magia esperanzador, diría yo… La comisaria, Estrella de Diego, también muestra dos grabados de tigres que tienen la particularidad de incluir rasgones reales en el papel, desde las garras del tigre al borde de la obra. Lo que a mí me interesa es la simutaneidad de un suceso que se inicia en el espacio virtual del dibujo hasta el real de la superficie del papel.

Justifíqueme, después de llevar viviendo desde 1964 en Nueva York, que es usted una artista latina. Porque ya casi todo el mundo habla de Francis Alÿs como el artista «mexicano», por poner otro ejemplo…
Vivir en un país extranjero hace que se dibuje más en uno las diferencias: el acento, los codigos culturales aprendidos en la infancia… En ese sentido, me siento completamente siempre lo que soy: una latinoamericana viviendo en Nueva York. Pero también hay decisiones personales con respecto a la identidad. En mí caso, me interesa reafirmar la mía. Ese invento de la globalizacion es de doble filo, se parece a lo del «arte internacional», que solo incluía Nueva York, Berlín y París.

Es además una latina en la era de Donald Trump. Creo haberle leído que eso ha acentuado su «latinidad». ¿A qué se refiere?
A que mientras haya necesidad de defenderse va a ser necesario identificarse (esta frase se la robe a mi compañera Ana Tiscornia).

Su relación con el teatro queda fuera de esta muestra, aunque ya va por su tercera pieza teatral. ¿Tiene algo que ver lo que le interesa en el teatro con lo que vuelca en los vídeos, algunos de los cuales sí que se pueden ver en la expo?
En Artium, hay un ciclo de cine ligado a la muestra, en donde se mostrarán dos vídeodocumentales de las obras de teatro que se titulan Entreactos: situaciones breves y El orden de las cosas: bocetos. Acá, a diferencia de los vídeos, los personajes son actores y bailarines de carne y hueso. Utilizo también algunas de las convenciones que ofrece el teatro. La música sigue siendo de Sylvia Meyer (la que hizo mis cinco vídeos). Las obras, considero que son totalmente coherentes con los vídeos, con las pinturas, con las instalaciones, porque parten de las mismas preocupaciones. E incluyen también objetos.

«Mis ideas podrían ser las de un escritor. Me interesa cómo definen la realidad», ha declarado. ¿Escribe Liliana Porter?
De vez en cuando. Pero no le he dedicado aún tiempo a eso. Está en el programa…

Afirma que tiende a la felicidad y la enarbola como acto máximo de rebeldía. ¿Contra qué y por qué?
Rebeldía contra el hecho de haber aparecido en la tierra sin el librito de instrucciones. Pienso que, en este asunto de estar un rato vivo, metido en una especie de juego involuntario bastante perverso, el que es capaz de ser feliz, gana. Por ahora voy ganando.

Entre sus próximas citas, su participación en la Bienal de Venecia. ¿Qué es lo que se va a mostrar allí?
La curadora me ha invitado a tomar parte de la muestra en el Arsenale con una nueva versión de mi instalacion El hombre con el hacha, que ha tenido varias representaciones, a diferente escala, la mayor en el MALBA de Buenos Aires y en el Museo de Guadalajara, en México. Se trata de un personaje de unos 7 centimetros que va destruyendo todo a su paso, y que funciona como metáfora del tiempo, de la memoria, de lo que se construye, destruye y reconstruye durante la vida.

Por último, le tengo que preguntar por su relación con la galería Espacio Mínimo, con la que muchos la descubrimos y aprendimos a amarla. Ya ha celebrado en España siete exposiciones con ellos, y ellos la eligieron para celebrar su 25 aniversario. Alguna vez Pepe y Luis me han contado la anécdota de cómo se conocieron ustedes. Ahora me gustaría escuchar la versión desde su lado.
Sí. ¡Yo adoro a los Mínimos! ¡Son lo máximo! Nos conocimos en una feria de arte. A mí me atrajeron unas obras expuestas en su estand que desde lejos parecían obras inocentes para adornar el cuarto de algún niño, pero, que de cerca eran bastante porno… ¡Muy divertidas! Allí comenzamos a charlar, y no sé como fue que ellos se refirieron a mi obra sin saber que era yo con quien conversaban. Entonces me presenté y allí mismo arreglamos el plan de la muestra para Murcia donde tenían la galería en ese tiempo, un espacio pequeño pero lindísimo. Desde aquella vez seguimos trabajando juntos hasta el presente.

Liliana Porter por Rafa Gutierrez
Liliana Porter. “Diálogos y desobediencias”. Artium. Vitoria. C/Francia, 24. Comisaria: Estrella de Diego. Hasta el 27 de agosto

Texto publicado en ABC Cultural el 14 de abril de 2017. Número: 1.278

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