“Ficciones y territorios”, en el Museo Reina Sofía

Efectos de una memoria selectiva

El Museo Reina Sofía revisa los últimos 15 años en el arte, desde sus adquisiciones, jugándosela a una única carta: la de la pujanza del neoliberalismo. El discurso no admite matices

Obra de Leonor Antunes para “Ficciones y territorios”

En las últimas semanas hemos asisitido a la celebración del 25 aniversario de dos publicaciones culturales en España. Primero fue Babelia (a la que volvemos a felicitar), y luego, siete días mas tarde, ABC Cultural . En ambos casos, las efemérides se saldaron con sendos especiales en los que eran inevitables los repasos a los grandes nombres y los grandes logros de estas dos décadas y media.

Sobre este espectro temporal se solapa el que cubre ahora la muestra Ficciones y territorios. Arte para pensar la nueva razón del mundo, en el Museo Reina Sofía, que analiza lo que ha ocurrido en el ámbito artístico desde el cambio de siglo, tirando para ello de fondo de armario y presentando los  más contemporáneos de la institución. Y es curioso comprobar cómo las dos realidades (la que propone el centro del arte y la que facilitan los medios, que, no olvidemos, llevan a cabo profesionales del sector tan cualificados como los comisarios de una exposición), si bien se encuentran en algunos puntos, terminan por converger en realidades que en ocasiones pueden parecer hasta paralelas.

Proyecto de Hans Haacke en “Ficciones y territorios”

Ello es la consecuencia de que el museo (en este caso, el Reina Sofía) decida mostrar lo que en principio no es más que una pequeña selección de sus adquisiciones recientes bajo la capa de un discurso. Nada nuevo bajo el sol, tendencia además que se ha generalizado en los últimos años desde que así reorganizaran sus colecciones grandes centros internacionales como la Tate o el Pompidou. Ahora bien: el problema es cuando quieres narrar una historia y te faltan «cromos» para ilustrarla. O cuando con los cromos que tú tienes, dado que tu capacidad para adquirir obra es la que es, te toca escribir la historia de la Historia. De forma que en Ficciones y territorios, los teloneros son los pensadores galos Christian Laval y Pierre Dardot, que entienden el neoliberalismo económico como algo más que una doctrina económica; esto es, como una realidad que da pie a determinados comportamientos sociales y de concepción del individuo y de lo urbano.

Olvídense pues de los grandes nombres que aparecieran en esos textos o esas listas de los medios (Ignasi Aballí, Javier Codesal, Juan Muñoz, Bruce Nauman, Robert Smithson, Maurizio Cattelan…). También de discursos que no casen con el «hegemónico» (los feministas o identitarios; los de un arte ensimismado en los que la disciplina proponía más quebraderos de cabeza que soluciones con su tendencia a la espectacularidad, al bienalismo…). De hecho, se llega a relegar a determinadas técnicas, como la pintura (si no fuera por unos buenos Juan Ugalde y Néstor Sanmiguel Diest y una prescindible Rebeca H. Quaytman) al baúl de los recuerdos, como si estos no hubieran sido los años en los que se han hecho millonarios, en dineros y elogios, Gerhard Richter, Jonathan Meese, Alex Katz o Peter Zimmermann. Mientras, se llega a utilizar el adjetivo «obsoleta» hablando de fotografía y del proyecto de Zoe Leonard.

Pieza de Ibon Aranberri en “Ficciones y territorios”

En los ocho capítulos en los que se divide esta revisión histórica se obvia o pasa de puntillas por capítulos cruciales como el 11-S (del 11-M ya ni hablo, aunque otra de las peculiaridades de estos 25/15 años ha sido dirigirse hacia lo glocal), básico para entender cómo hemos llegado al triunfo de Donald Trump, y aunque aquí hay mucha alusión al desarrollismo (geniales Hans Haacke o Ibon Aranberri, curiosamente con proyectos muy locales) al hablar del otro prima el buenrrollismo (Antoni Muntadas, cuando alguien es capaz de escuchar su vídeo, o el Fede Guzmán post-haima del Retiro). Y cuando creíamos que vivíamos en la postmodernidad, aquí queda espacio para reflexionar de nuevo sobre la modernidad (apartado inexplicable, como lo son las obras de Andrade Tudela, Leonor Antunes o el móvil de Dorit Margreiter). También sobre colonialismo… «a la manera» del siglo XVIII (demasiada resaca potosí).

Aún así quédense con los fogonazos: Harun Farocki, Jorge Ribalta (que ilustra la tendencia a lo performantico en nuestra era), Eric Baudelaire (y la crisis del estado-nación), Amos Gitai (aunque, ¿era necesaria la vitrina, tan del gusto de este museo, con los recortes de prensa que avalan la calidad de la película?), Patricia Esquivias (el humor como válvula de escape), Rodney Graham… No todo está perdido.

Obras de Alice Creischler y Andreas Siekmann
“Ficciones y territorios. Arte para pensar la nueva razón del mundo”. Colección. Museo Reina Sofía. Madrid. C/ Santa Isabel, 52. Comisarios: Manuel Borja-Villel, Cristina Cámara, Beatriz Herráez, Lola Hinojosa y Rosario Peiró. Hasta el 15 de marzo de 2017

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 14 de noviembre de 2016

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