Javier Pividal (artista)

«La experiencia de sentirse extranjero tiene mucho que ver con ser artista»

Le cuesta expresar con palabras su trabajo, posiblemente porque el lenguaje es la base de su obra plástica. Por eso, para conocer a Javier Pividal hay que visitar su actual muestra en la Sala Verónicas. Él (y ella) «darán que hablar»

El “selfie” que Javier Pividal dedica a “Darán que Hablar”

Nombre completo: Javier Pividal García. Lugar y fecha de nacimiento: Cartagena, 1971. Residencia actual: Madrid. Estudios: Licenciado en Bellas Artes y Máster en Museografía por la Universidad del País Vasco. Ocupación actual: Además de mi actividad artística, trabajo en Ogami Press y colaboro como «freelance» con el estudio de diseño Underbau.

Qué le interesa. Es difícil explicar con palabras mi trabajo cuando éste tiene mucho que ver con las palabras. En realidad, creo que es erróneo que un artista intente poner palabras a una actividad que se superpone a algo tan construido como es el lenguaje, ya sea verbal o escrito. La creación plástica es una estructura mucho más compleja que el lenguaje; de la misma manera, mi trabajo es un artefacto que se despliega en imágenes, en narraciones, en experiencias. Pero podríamos decir que habitualmente estas cuestiones toman forma simulando textos e imágenes que remiten al cuerpo.

Detalle del montaje del proyecto de Pividal en Sala Verónicas

De dónde viene. Desde mi primer proyecto individual en 2001 hasta la fecha, he participado en muchas exposiciones tanto en España como en el extranjero (Austria, Bélgica, Eslovenia, EE.UU., Holanda, Italia, Irlanda, Noruega, el Reino Unido…). Recuerdo muy especialmente una de mis primeras individuales, «Sujeto» (2004), en la desaparecida sala Edgar Neville de Alfafar, en Valencia; un espacio que fue un referente en la época. Quedé muy satisfecho con los proyectos que realicé para el Centro Párraga en 2014 y para el «project room» de SCAN en Londres el año pasado. También he disfrutado mucho las colaboraciones que he hecho con Sergio Porlán (como «The perfect lover»).

Detalle de «El performance de la imagen», en el Centro Párraga de Murcia -J. P.

Supo que se dedicaría al arte…  Llegué a la facultad de Bellas Artes un poco de casualidad; mi primera opción eran los idiomas. Pero creo que definitivamente me enganché a esto el año que estudié en el Southampton Institute (Reino Unido). La experiencia de estar en el extranjero, de «ser extranjero», es fundamental y definitiva, pues tiene mucho que ver con el hecho de ser artista.

Detalle de «El performance de la imagen», en el Centro Párraga de Murcia

¿Qué es lo más extraño que ha tenido que hacer en el arte para «sobrevivir»? Empecé a trabajar en el negocio familiar con 13 años y he tenido trabajos de todo tipo, mejores y peores. Tener un empleo, aparte de la actividad artística, me parece fundamental e incluso saludable desde un punto de vista psicológico. Por tanto, lo más absurdo que he hecho ha sido participar en proyectos (exposiciones, eventos o lo que sea) en los que el único que no cobraba por su trabajo era yo.

Obra de la serie «Pier Paolo Pasolini»

Su yo «virtual». Las redes son para mí una herramienta muy útil de información, pero no termino de aceptar del todo que funcionen apropiadamente en cuanto a la difusión del trabajo artístico, que me parece demasiado sensible y complejo para la inmediatez del mundo digital. A pesar de todo, las utilizo. Más allá de eso, no soy muy comunicativo digitalmente: prefiero relacionarme y socializar en un ámbito más directo y natural, sin tantos «filtros», sin encuadres.

Detalle de «¿Por qué durar es mejor que arder?», en la Sala Verónicas de Murcia

Dónde está cuando no hace arte. Durante unos años trabajé en el estudio de comunicación gráfica y diseño Underbau, lo que me aportó un punto de vista muy útil sobre la gestión de proyectos artísticos y la creación editorial; sigo colaborando con ellos puntualmente. Hace un par de años me incorporé a la editora Ogami Press, con la que ya trabajaba como artista. Aunque a veces es complicado, creo que tengo mucha suerte de poder compaginar mi trabajo artístico con estas dos actividades, pues la retroalimentación es muy valiosa.  

Detalle de «¿Por qué durar es mejor que arder?», en la Sala Verónicas de Murcia

Le gustará si conoce a… En realidad, mis referentes provienen más de lo literario (ensayo, poesía), o de la escena contemporánea (danza, «performance»), que de las artes plásticas, pero por supuesto visito exposiciones continuamente. Durante mi etapa valenciana, compartí estudio durante un tiempo con Álex Francés, y le tengo un especial aprecio a su trabajo. Estoy muy atento a la escena del arte española y en concreto a la madrileña (acabo de ver una maravillosa exposición deJosé Mª Guijarro). En cuanto que viajas un poco te das cuenta del altísimo nivel artístico que tenemos en España, pese a que falten medios, difusión y educación. Internacionalmente me interesa lo que hacen Tauba Auerbach, Edith Dekyndt, Camille Henrot, Lucy Skaer o Henrik Olesen, por citar a algunos.

Detalle de «¿Por qué durar es mejor que arder?», en la Sala Verónicas de Murcia

Qué se trae ahora entre manos. Preparo junto a Manuel Rodríguez (bailarín) y Jesús Alcaide (comisario) un «performance» para la exposición que tengo actualmente en la Sala Verónicas de Murcia. Va a ser una acción que revise el concepto de visita guiada utilizando a un bailarín y a un crítico de arte para comentar un proyecto que habla sobre el cuerpo y las palabras. Después llegará mi participación en «Un campo oscuro», comisariada por Óscar Fernández para el Centro José Guerrero (13 de abril). Para junio preparo individual dentro del off de PHotoEspaña en Ogami Press y en septiembre participo en un proyecto del comisario Joaquín Jesús Sánchez para la galería Art Nueve.

Obra de la muestra «The perfect lover»

Proyecto favorito hasta el momento. Sin duda, el proyecto más grande que he hecho hasta la fecha y del que me siento más satisfecho es mi actual exposición «¿Por qué durar es mejor que arder?», en la Sala Verónicas de Murcia. Creo que he conseguido poner en valor el espacio –una iglesia desacralizada del siglo XVIII–, e incluso dialogar íntimamente con el mismo, sin tener que ceder ni transformar mi trabajo. Es una muestra que puede interesar y gustar a partes iguales a los que ya conocen mi obra y a los que no; a los visitantes más especializados y al público en general, lo que, tratándose de un espacio público, me parecía un objetivo importante.

¿Por qué tenemos que confiar en él? Me parece una osadía pedirle a nadie que confíe en mi trabajo. La creación artística es un proceso incierto, y quizás ahí radique su valor, su belleza. Pero acompañar a un artista en su evolución, seguir su carrera y disfrutar de sus dudas y de sus aciertos me parece una dedicación que complementa y enriquece la existencia diaria de cualquiera.

Montaje de «The perfect lover»

¿Dónde se ve de aquí a un año? Actualmente me cuesta mucho programar a largo plazo, pues a partir de una determinada edad, o de un momento vital, la vida misma se sobrepone a tus decisiones o necesidades y te aboca a pasar más tiempo con tus padres y menos con tus amigos, por ejemplo. Actualmente estoy muy feliz con mi trabajo, mis compañeros y mis amigos en Madrid, pero no siento ninguna atadura definitiva con esta ciudad. Aunque he vivido en el extranjero en varias ocasiones, sigo teniendo pendiente una nueva experiencia, y sé que antes o después llegará.

Otro “selfie” del artista

¿A quién cedería el testigo de esta entrevista? No soy quien para seleccionar o señalar a nadie, porque tengo el defecto de priorizar la calidad humana sobre la del trabajo o la creación, por lo que difícilmente podría ser objetivo.

¿Cómo se definiría en un trazo? Adjunto esta imagen y una palabra: «Durarder».

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 25 de marzo de 2018

 

 

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