Nave Oporto: Repartiendo ilusión desde 2013 (parte 1)

Bajo el lema de este titular, hasta nueve artistas (entre los que se encuentran Sonia Navarro, Miguel Ángel Tornero, Santiago Giralda y Miki Leal) comparten estudio en una antigua nave industrial del madrileño barrio de Oporto. Un espacio en el que la energía y creatividad se palpa en el ambiente

Integrantes de Nave Oporto, en Madrid (Fotos: Oscar del Pozo)
Integrantes de Nave Oporto, en Madrid (Fotos: Oscar del Pozo)

Puede resultar a primera vista muy caótico, pero las piezas de este puzle se fueron colocando poco a poco de forma armónica y sin generar estridencias. Nueve artistas trabajando en el mismo espacio y sin molestarse. Sus protagonistas –se los enumero tal y como salen en la foto para que ustedes les pongan cara: Sonia NavarroSantiago Giralda, Irma Álvarez-LaviadaManuel SaroMiki LealFODMiguel Ángel TorneroBelén y Toni Ramón– se refieren constantemente a la energía que genera la confluencia de tanta creatividad, a lo mucho que se aprende trabajando codo con codo con los otros: «Sobre el papel –explica Tornero– si tú le dices a alguien que va a trabajar en una antigua nave indutrial junto a ocho personas más, es probable que la idea no le parezca apetecible. Pero una vez que estás aquí descubres que estás en el lugar adecuado». 

Se dio el caso de que, cuando nuestros protagonistas se encontraron por primera vez,todos ellos estaban buscando estudio. Los primeros en conectar fueron Mili Leal y FOD. Este último venía a su vez del espacio en el que ya trabajan Santiago Giralda y Miguel Ángel Tornero, que pronto descubrieron que, pese a la personalidad del piso en el que habían desplegado hasta ese momento su labor, se les había quedado pequeño. A su vez, Irma Laviada y Belén habían coincidido con Navarro y FOD en la beca de la Academia de España en Roma, de forma que ya sabían lo que era convivir juntos. Saro no había compartido nunca estudio pero decidió tirarse a la piscina a lo grande. Toni Ramón fue de los últimos en llegar…

«Ver cómo se repartieron los espacios, de forma natural y orgánica, fue un comienzo genial –continúa Giralda–. Todos encontramos nuestro sitio sin ningún tipo de conflicto. Fue una buena señal. Hemos marcado los límites pero con una actitud muy positiva». Se podría decir que existe una zona caliente en el centro de la nave que es la que ocupan Belén, Laviada y FOD. Los tres manipulan grandes materiales y necesitaban de un lugar más amplio en el que trastear. La suya es pues zona de paso hacia lo que ahora es la cocina y punto de encuentro, al fondo del edificio, y foco en torno al que se despliegan los ámbitos de los otros seis artistas. Sin embargo, Laviada nos confiesa un secreto: «Si alguno necesita más espacio, estamos abiertos a invadirnos los unos a los otros –como sucede ahora con una obra monumental de Miki Leal, que se seca sobre el suelo en el centro de la sala–. Eso es posible gracias a que los paneles que separan unos espacios de otros son móviles». «Esta es una solución que ideó FOD –puntualiza Tornero–, que es el pequeño ingeniero del grupo. además, al ser huecos y anchos, dan pie a tener un buen armario para almacenar obras». Casi coloarado ante los halagos de sus compañeros, FOD señala que, si se quisiera, los siete paneles existentes (porque en un principio siete iban a ser los artistas que compartieran taller) podrían juntarse, «de forma que contaríamos con una nave totalmente diáfana».

Santiago Giralda trabaja en las paredes de su espacio en Nave Oporto
Santiago Giralda trabaja en las paredes de su espacio en Nave Oporto

«Aquí se han hecho proyecciones, cenas, fiestas y hasta discotecas –añade Saro en su tono siempre guasón–. Este es un espacio polivalente. Ahora bien, si quieres saber qué ha sucedido realmente, pregúntale a Giralda, que es el nocturno». «¡Eso es porque mi pintura necesita más tiempo! –se excusa este último–. De todas formas, es curioso comprobar cómo el estudio cobra diferentes vidas en función de los que estemos en un momento trabajando en él o las épocas en las que nos encontremos: En los tiempos previos a ARCO, por ejemplo, se generan muchas energías de las que todos nos aprovechamos». «Es difícil que coincidamos los nueve aquí», subraya Belén. «A no ser que hagamos calamares a la riojana. En ese caso vienen todos», bromea Saro.

Y es que Nave Oporto tiene hasta su propio cocinero, que sería Miki Leal. Las chicas son más reposteras. Y buenas sobremesas se hacen en este lugar: «Hoy, mientras os esperábamos, estábamos fantaseando con la posibilidad de diseñarnos un logo», confiesa Sonia Navarro. Ella misma nos ha llamado unas horas antes de realizar este reportaje para invitarnos a comer. Nosotros hemos declinado la invitación, a la que sí que se ha apuntado Tamara Arroyo, que conversa con ellos cuando llegamos. Navarro ocupa uno de los ámbitos periféricos, uno de los primeros con los que nos topamos nada más entrar: «He cambiado una buhardilla preciosa en Barquillo por este lugar, pero no me arrepiento», confiesa. «Trabajar allí era cómodo porque estaba cerca de casa, pero valoro el ambiente que se genera en un estudio compartido».

El que conozca el trabajo de Sonia Navarro sabrá que la máquina de coser es para ella una herramienta fundamental. Un modelo moderno preside su espacio, entre el de Miki Leal y el de Manuel Saro, y justo enfrente de la mesa en la que dibuja Toni Ramón. «Es uno de mis fetiches aquí. Eso y mi caja de hilos», nos detalla. A la factura de la obra se dedica más por las tardes. Las mañanas son para el trabajo de oficina: gestiones, búsqueda de información, envío de mails… «Suelo llegar aquí y marcharme a las mismas horas». Navarro, que es la pareja de FOD, comparte con el un segundo estudio en Puerto Lumbreras, en Murcia, de donde son originarios. «Ese espacio es muy diferente de este. Es un loft grande, de forma que es a la vez vivienda y taller. Aquí en Madrid me gusta la idea de que ambos ámbitos estén separados, tener que salir a la calle, llegar hasta aquí…». Y aquí «siempre se cuece mucho». En este momento, Navarro está volcada en las piezas de su próxima exposición en la galería T-20.

Sonia Navarro utiliza la máquina de coser, su instrumento de trabajo, en Nave Oporto
Sonia Navarro utiliza la máquina de coser, su instrumento de trabajo, en Nave Oporto

El hábito aquí sí que hace al monje, y cada uno de estos nueve estudios son muy similares a sus dueños. Casi se podría jugar a adjudicárselos si no se supiera cuál corresponde a quién: «Yo ahora mismo no reconozco el mío –admite Santiago Giralda–, inauguré recientemente exposición en Moisés Pérez Albéniz, por lo que no me queda aquí mucha obra, y hace unos días participamos en Open Studio, lo que nos ayudó a recogerlo todo mucho». Giralda es un pintor-pintor: «Mi espacio en ebullución es bastante caótico. Yo trabajo con formatos grandes, en horizontal, derramando mucha pintura, con los recortes que me sirven de modelo y las paletas y los vasos llenos de colores rodeándome. Soy bastante cañero». El suelo y los restos de tubos de óleo en las estanterías son buenos testigos de cómo deben de ser esas batallas. «Pero el mío es un caos controlado», precisa.

Mientras charlamos con él, se consume la cháchara en la cocina. También suena música. ¿No se molestan los unos a los otros?: «Llegué de los últimos al reparto de espacios, pero yo quería una esquina, lejos del centro. Eso es porque mi pintura es muy matérica, con un tratamiento engorroso. Podría convertirme en un compañero conflictivo. Pero nos llevamos bien. Y aunque soy de los primeros que llego, también es seguro que, como te han dicho antes, seré el último en irse. A veces necesito de la soledad del estudio, de la noche. Ese ambiente me es cómodo. Pero el movimiento de los demás me activa».

Giralda se muestra muy orgulloso del mueble que preside su estancia y que hizo el mismo para almacenar los papeles que usa en sus collages. «Soy un fanático de experimentar en el taller y su olor me resulta adictivo». Algo similar sucede con Miguel Ángel Tornero, que al pedirle que señale cuál es el lugar favorito de su espacio, nos remite a la mesa, que hace las veces de planero. Esta fue fabricada con embalajes y elementos de desecho junto a un antiguo compañero de otro estudio. El fotógrafo tiene ahora sepultado su espacio con obras embaladas («son piezas que vienen de una expo o que se van para otra»), y reconoce que, aunque necesita tener un estudio para evitar en casa «el síndrome del pijama», hay una parte importante del trabajo que se hace fuera de esas paredes (y paneles móviles): «La labor de oficina la hago en casa, pero la obra tiene una parte de lucha física con losmateriales que es preciso llevar a cabo en un entorno que no te importe maltratar. Pero venir aquí es enriquecedor, aunque sólo sea para hablar con los compañeros».

Tornero reconoce no tener una jornada definida. Su quehacer es caótico: «Recuerdo etapas de mi vida en función de los proyectos que he realizado y ellos me marcaban si había que madrugar o quedarse hasta tarde de noche», recuerda. Curiosamente, en la actualidad trabaja en una muestra que presentará en la Diputación de Huelva en la que recuperará procesos del pasado para ver cómo han envejecido y qué soluciones daría a sus ideas en el presente. Él trae a colación una cuestión en la que tal vez no habíamos reparado hasta este momento: «Aquí no hay fetiches, quizás porque no pienso en este lugar como “mi estudio”, sino como un espacio compartido con otros artistas».

Miguel Ángel Tornero ojea un libro en su estudio en Nave Oporto
Miguel Ángel Tornero ojea un libro en su estudio en Nave Oporto

No tenemos que movernos mucho para acabar en uno de los entornos de los que los demás inquilinos de la nave llaman «el centro neurálgico». Se trata del de Belén (así, sin apellidos), una artista a la que conocimos recientemente en la colectiva «El público», en la nueva Fundación García Lorca, y que, aunque nacida en Valladolid (1981), volvió a España hace dos años después de muchos años haciendo currículum en Viena. «Este del centro es un enclave menos compartimentado, en el que tenemos contacto visual los tres artistas que trabajamos en él (ella, Laviada y FOD). Nos conocemos de antes y nos llevamos bien, además de tener inquietudes similares. Los tres somos escultores y tenemos otra manera de entender lo espacial».

Aún así, de nuevo todo gira en torno a una mesa («con una zona más sucia, y otra zona más limpia»), mientras en dos paredes descansan las obras en proceso y en las estanterías nos llama la atención la cantidad de telas que la artista acumula y emplea en sus proyectos: paños con los que limpia los pinceles y que luego estira para dar lugar a obras abstractas; fundas para cuadros, de forma que estos se convierten en soportes revestidos de una segunda piel… El amor por la música de esta artista le lleva a señalar sus altavoces como algo que no podría faltar en su taller: «De hecho, son los que usamos aquí todos». «No me molesta el ruído de los demás. Es más: soy yo la que suele poner la música. Sin embargo, hasta en estos gustos coincidimos».

Se nos hace tarde y aún no les hemos hablado de los espacios de Leal, Ramón, Laviada, Saro y FOD. Así que les prometemos volver la semana siguiente. Veremos entonces qué se sigue cociendo en este estudio y cómo se plantea la sobremesa

Belén en su estudio de Nave Oporto
Belén en su estudio de Nave Oporto

Texto publicado el 23 de octubre de 2015 en ABC.es

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