«Néxodos» repiensa en Asturias el ámbito rural desde el arte

Desde ayer y hasta finales de mes, el nuevo proyecto «Néxodos», en la pequeña localidad de San Román de Candamo en Asturias, es un hervidero de artistas, músicos y gestores culturales que se implican con el pueblo para analizar el futuro del campo. De nuevo, arte y naturaleza se encuentran y retroalimentan

El Colegio, edificio desde el que se desarrolla “Néxodos” en San Román de Candamo

«Néxodos», que hoy arranca, nació hace más o menos un año en torno a una tarta de cumpleaños. Eso dio pie a un grupo de amigos, en la pedanía de San Román de Candamo (un pequeño pueblo asturiano de no más de 250 habitantes), emplazamiento en el que entonces tenía lugar la celebración de un aniversario y que ahora es sede de la primera edición de un ambicioso proyecto artístico que nace desde cero, a reflexionar sobre el entorno rural, sobre arte contemporáneo, sobre la posibilidad de la integración del uno en el otro y viceversa. En definitiva, a pensar cómo puede la creación actual incidir en un contexto, en una realidad con sus propios tiempos y normas, y ser una herramienta válida de futuro.

Todas esas premisas son las que recoge «Néxodos», lugar de encuentro desde esta tarde de un grupo de artistas, gestores culturales, amigos y gente del pueblo (que se ha implicado de forma altruista con la iniciativa), para generar lazos entre el arte, la música, la literatura, el cine y la memoria; el pasado y el presente; el contexto rural y el urbano; en un deseo de convertir la creatividad en palanca de cambio y desarrollo. Porque la historia de San Román de Candamo, desde Asturias, es un caldo de cultivo perfecto para llevar a cabo este ejercicio que pone en relación Historia y territorio y redefine el medio rural en pleno siglo XXI.

Intervención de Ignacio Gil

La sede del festival es un edificio de la localidad construido a finales del siglo XIX y conocido como «El colegio»: «Esta casa, donada al pueblo por una familia de emigrantes a Cuba que hizo fortuna en la industria tabaquera, es una buena metáfora de lo que está ocurriendo en el medio rural», explica Gerardo López, uno de los coordinadores del proyecto, junto a Ignacio Gil y Graciela Bances, cabezas visibles del Colectivo Néxodos, impulsado por un nutrido grupo de personas interesadas en la cultura contemporánea y la asociación de vecinos y diversas entidades de San Román de Candamo. El caso es que esa vivienda de dos plantas, que en su origen estuvo dedicada a la enseñanza y que después de la Guerra Civil pasó a ser vivienda y consulta del médico local, cerró sus puertas en 2007, cuando se inauguró el nuevo centro de salud y quedó en desuso.

«El campo defiende unos principios como los de la solidaridad, la proximidad, el apoyo o la vecindad que casan bien con los de los artistas» (Gerardo López)

El viejo inmueble vuelve ahora a abrir sus puertas para que un amplio grupo de artistas intervengan sus estancias de la planta baja en una exposición que desde mañana y hasta el último sábado de julio reflexiona sobre el papel de la cultura en el entorno rural: «El proyecto en su conjunto tiene al menos tres objetivos inmediatos –enumeran sus responsables–. El más evidente es reivindicar el uso público de un edificio concreto, esta casa de indianos tan vinculada al pueblo. Pero también los de acercar el arte contemporáneo a nuevos públicos y fomentar la interacción entre creadores y vecinos, lo que puede dar pie aintercambios muy enriquecedores en ambas vías».

Obra de Julio Mediavilla

López es consciente de la eclosión de iniciativas similares en el ámbito rural en los últimos años, muchos de ellos recogidos en la «red informal de espacios de arte en el campo» El Cubo Verde. No en vano, «Néxodos» contempla la celebración mañana de una mesa redonda con agentes de proyectos similares en Asturias como PACA (Proyectos Artísticos Casa Antonino) u Open Lands, el palentino La Cabra se Echa al Monte o el abulense Cerro Gallinero. «Ello es así por varias razones. La primera es que es un entorno más asequible económicamente para los artistas. Por otro lado, porque aquí se trabaja con más libertad y menos condicionantes. Asimismo, el campo defiende unos principios como los de la solidaridad, la proximidad, el apoyo o la vecindad que casan bien con los de los creadores». «Néxodos» nace para ponerlos aún más en valor.

La iniciativa ha ido creciendo de una manera altruista y muy orgánica. Los artistas que ocupan la casa participan de forma gratuita y llegan al proyecto por amistad con los organizadores o porque oyeron hablar del mismo y se enamoraron de él. Así se pasó de los cinco inicales convocados a los 12 actuales. De hecho, «Néxodos» se financia de forma colectiva y autogestionada, a partir de la venta de una edición litográfica de cien ejemplares numerados y firmados de un dibujo digital de David Herguedas (uno de los agentes implicados), a un precio de 50 euros por ejemplar y que es la imagen identificativa de la primera edición. La Escuela de Arte de Oviedo ha colaborado desinteresadamente en el proceso de impresión. Incluso el Ayuntamiento de la localidad ha realizado una pequeña aportación económica, «que es mucho, teniendo en cuenta el tamaño del pueblo», subraya López.

“Mea(sure”, de Salim Malla

Un cartel del asturiano Avelino Sala recibe al visitante de la muestra desde la fachada del emblemático edificio: «El enemigo está dentro. Disparad sobre nosotros». Su lema, que remite a un episodio de la Guerra Civil en Gijón, ha sido utilizado con anterioridad por el artista en otros contextos. Aquí hace referencia a cómo el turismo puede ser en buena medida la solución al entorno rural, ya que genera desarrollo, pero altera irreparablemente sus ritmos de vida. El cartel, en forma de placa, ha sido también distribuido por otros espacios del pueblo.

En el interior, los artistas se reparten las antiguas dependencias del centro médico. Con todo el material médico que allí se encontraron (y que ha documentado Javier Ayarza en uno de sus dos proyectos aquí presentes) Salim Malla genera en una de las antiguas consultas la pieza «Mea(Sure)», junto a la intervención en uno de los ventanales que dan al valle y que el vasco ha embadurnado de jabón, retirando algunas partes al escribir en letra y sobre los mismos los números del uno al diez. Es la luz del sol la que hace el resto, proyectándolos sobre la estancia. En la segunda de las consultas Cristina Fernández presenta unas fotos que reflexionan sobre Historia y territorio, mientras que el resto de su instalación «Transcender» analiza el concepto de viaje como inmigración más o menos forzada. La habitación auxiliar la ocupa Tania Blanco con la impresionante pieza «Vademécum» sobre la monótana medicalización de la sociedad rural. En la sala de espera Julio Mediavilla conserva ese tiempo perdido de sus ocupantes envolviéndolo en papel de plata, mientras un cronómetro digital va marcando el tiempo de permanencia en sala del visitante actual.

Entre los objetivos inmediatos, acercar el arte contemporáneo a nuevos públicos y fomentar la interacción entre creadores y vecinos

Bajo las escaleras, el ya mencionado David Herguedas relaciona con un vídeo y un audio la construcción de la casa, a finales del XIX, con un episodio que sucedió por esa época: la caída del meteorito ESLUP-4 en el Nalón. En el pasillo, los termograbados sobre vidrio de Bettina Geisselmann remiten a las hojas de tabaco que fueron la base de la riqueza de sus propietarios. La Sala de Enfermería se la reparten Ignacio Gil (que juega con el concepto «fiebre» en inglés y el nombre del sistema de ferrocarril de vía estrecha en el Principado, el FEVE, en riesgo de desaparecer, otro síntoma de la enfermedad del medio rural) y María Tamames (que en «Conectoma» usa la lana de oveja para hacer una escultura sobre las conexiones neuronales en el cerebro).

“Vademécum”, de Tania Blanco

La iniciativa también ha permitido adecentar los jardines delantero y posterior del edificio. En ellos se desarollarán los conciertos de Nacho Román (que mezcla la música electrónica con los sonidos del pueblo. Esta noche, desde las 22:30 h.), el de mañana de David Duyos (que volverá a tocar su guitarra eléctrica con un arco de cuerda) y el del domingo 29, día de la clausura, de Herguedas (que mezcla piezas sonoras interactivas con imágenes de vídeo).

Asimismo, el Centro de Interpretación de las cuevas prehistóricas cercanas, un edificio del XVII, acogerán dos talleres: el del lunes y el martes de la gestora Virgina Díez y el del miércoles y el jueves de la actirz Cristina Urdiales. El primero se propone generar un gran mapa sobre la inmigración en la zona («no hay familia en el pueblo que no tuviera un inmigrante que viajó a Cuba o Estados Unidos», nos recuerdan), con testimonios de la gente que aún puede contarlo y que aportarán los materiales más variados, además de su palabra. El segundo está destinado a los niños y subraya la importancia del reciclaje para la conservación de la Naturaleza. También allí se proyectarán documentales, como «Desde que el mundo es mundo», de Günter Schwaiger, que aborda la realidad de la España rural contada por un agricultor y su familia, o «To Kyma», de Arancha Díez y David Fontseca.

«Queremos que no se pierda nada de lo que aquí ocurra, que todo dé pie a un catálogo que documente los procesos y las conclusiones lo que se ha generado y vaya generando». Pero para eso hace falta más financiación. También es un deseo de futuro no sólo que «Néxodos» se repita («lo más seguro es que la iniciativa sea bienal y que, aunque cambie de sede, siempre tenga conexión física con este pueblo»), sino que dé lugar a un entramado artístico en la región: «El mundo rural se interroga sobre su futuro y su viabilidad. Nuestro papel es plantearnos qué puede y tiene que decir el arte en algo así». No queda mucho tiempo.

Aportación de Bettina Geisselmann a “Néxodos”

Texto publicado en ABC.es el 21 de julio de 2017

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