Artistas españoles en Manifesta 11

MANIFESTA(MENTE) DADÁ

Manifesta tendrá Zúrich, la ciudad que vio nacer el dadaísmo, como sede de su 11ª edición este verano. Charlamos con algunos de los artistas españoles que participarán en esta importante bienal

Fermín Jiménez Landa prepara su proyecto para Manifesta junto a un meteorólogo
Fermín Jiménez Landa prepara su proyecto para Manifesta junto a un meteorólogo

Hace cien años, Zúrich, como ciudad de acogida de artistas que habían huido o huían de los devastadores efectos de una Europa en guerra (y que todavía sería la primera de ámbito mundial. Lo peor estaba por llegar) veía nacer el Cabaret Voltaire y los primeros coletazos del dadaísmo. Un siglo después, cuando los flujos migratorios son otros (algunos provocados también por contiendas bélicas, como si de una macabra broma dadá se tratara), otra gran cita artística, Manifesta, volverá a convertir esta urbe suiza en punto de encuentro de creadores venidos de aquí y de allá.

La úndecima edición de esta bienal europea (que en España ha recalado en dos ocasiones: en San Sebastián, en 2004, y en Murcia, en 2010), se extenderá del 11 de junio al 18 de septiembre, y llevará en su ADN la firma de un artista, el alemán Christian Jankowski (Göttingen, 1968), que en esta ocasión actúa como su comisario principal y que traslada sus fórmulas de trabajo al leit motiv de la cita, cuyo título será “Qué es lo que hace la gente por dinero”.

Jiménez Landa también desea que Manifesta 11 ayude a reflexionar, «y que no sólo alimente el mercado o que pocas élites se alegren la vista»

En apenas unos días, la lista de participantes se dará a conocer de forma oficial, aunque ya sabemos que hasta tres artistas españoles en activo formarán parte de esa nómina: son el madrileño afincado en México Santiago Sierra (1966), el catalán Carles Congost (Olot, 1970) y el navarro Fermín Jiménez Landa (Pamplona, 1979), autores que pertenecen a tres generaciones diferentes. Ellos, como el resto de convocados, deberán someterse al modus operandi de Jankowski para la cita, en la que a cada artista se le ha asignado una profesión determinada. Un representante de este gremio en la ciudad entra en contacto con cada autor para explicarle las peculiaridades de su labor, y que éste proponga de lo aprendido un proyecto. La idea final es pues que todos los artistas trabajen desde el contexto local y que sean esos profesionales, ajenos al mundo del arte, los que desarrollen o completen la obra. Algo, que no le es extraño a Jankowski, famoso por convertir a personas y sistemas alejados del mundo del arte en parte integral de su proyectos, donde destaca, por ejemplo, “Telemística” (1999), con el que consultaba a diferentes videntes televisivos sobre su propio devenir en la Bienal de Venecia, donde mostró los resultados de sus conversaciones con este tipo de estrellas televisivas.

Maqueta de Carles Congost,de su proyecto para Manifesta, con Tina Turner como coprotagonista
Maqueta de Carles Congost,de su proyecto para Manifesta, con Tina Turner como coprotagonista

Carles Congost trabaja ya codo con codo con la brigada de bomberos local de Zúrich. Su propuesta es un vídeo que ha comenzado a grabar esta misma semana bajo la apariencia de un falso documental desde el que aborda la propuesta del comisario: «Lo que en un primer momento parece un estudio sobre el origen de la música negra –explica él mismo– se convierte en seguida en el seguimiento de la preparación de un evento benéfico por parte de un grupo de bomberos que incluiría un concierto en el que se cita a Tina Turner, retirada en Zúrich [el título del vídeo, “Simply the Best”, es un guiño a uno de sus grandes éxitos]». Desde estas premisas, el gerundense reflexionará sobre los trabajos vocacionales, pero también sobre las labores altruistas, «lo que se relaciona con la labor del artista, también muy vocacional, pero en el que parece que el dinero es lo menos importante», para lanzar a su vez mensajes contradictorios, como las teorías FI/RE (cuyas siglas juegan con el término «fuego» en inglés); o lo que es lo mismo: esa filosofía de vida que considera el trabajo como una nueva forma de esclavizar al individuo, por lo que defiende amasar cuanto antes mucho dinero (“Finantial Independence”) para retirarse lo antes posible (“Retired Early”).

Por su parte, Jiménez Landa optó por colaborar con un meteorólogo. «Estoy encantado porque me han puesto en contacto con uno que es además hombre del tiempo. Me gusta esa faceta de “showman” que tienen asumida este tipo de personajes», confiesa. «Lo centrífugo es normal en mi manera de proceder, de forma que suelo coger un tema y tender desde él a la dispersión máxima. Y de la metereología me interesa que puede ser desde el punto de partida de una conversación banal de ascensor hasta un tema hoy de primer orden en las agendas gubernamentales por el cambio climático. Asimismo, esta profesión tiene un punto de oráculo, de acto de fe. Si la fiabilidad que le damos al científico es siempre máxima, con el hombre del tiempo se asume que se equivocará».

Landa fue contactado por el comisario en ARCO de 2015 y así cuenta la anécdota que da pie a su inclusión en Manifesta 11: «Él había venido a España con una lista cerrada de artistas con los que quería contactar para su proyecto. Y cuando el tercero le dijo que, por lo que perseguía con su discurso para la bienal, debía conocerme, me tuvo que llamar». El joven español, que le propondrá a su anfitrión anomalías asociadas a su profesión, como que prediga el tiempo de determinadas fechas del pasado, bromea ahora con la posibilidad de que su entrada en la nómina de Jankowski (que nunca incluyó entre las profesiones por asignar la de artista) haya supuesto la caída de otro nombre.

Fermín Jiménez Landa en Matadero (Foto: Isabel Permuy)
Fermín Jiménez Landa en Matadero (Foto: Isabel Permuy)

En el caso de Congost, éste y el comisario mantienen una amistad desde hace más de diez años. «Siempre ha mostrado interés por mi trabajo, que conoce bien, aunque es verdad que no contactábamos desde hacía tiempo». El catalán reconoce no haber visitado nunca Manifesta («tengo referencias por otros autores que sí han participado, como Jordi Colomer»), pero cree que este desconocimiento puede ser una ventaja: «Lo positivo de los viajes realizados hasta ahora a Zúrich para trabajar sobre el terreno ha sido la energía que desprende la cita, el entusiasmo de los que colaboran ahí y el calor con el que nos han acogido. Eso, y la nómina que preparan, denota que se gesta algo grande».

 La idea final es que todos los artistas trabajen desde el contexto local y que sean otros profesionales, ajenos al mundo del arte, los que desarrollen o completen sus obras

No obstante, este artista aspira a que Manifesta, como lo consiguió Cabaret Voltaire hace cien años en la ciudad, sirva como toque de atención a su contexto: «Aspiro y espero que ese mismo contexto sea el que dé sentido final a la propuesta, que también incluye ciertas llamadas de atención menos políticamente correctas». Porque, como pretende recoger su documental, citas como ésta no dejan de transmitir cierto «tufillo de exhaltación nacionalista»: «”Simply the Best” funciona también como logo de ciudad olímpica, como eslogan turístico. Yo desconocía este punto, pero creo que en la idiosincracia suiza está la importancia al dinero. Y el coro gospel que sale en mi vídeo está compuesto por hombres blancos con voces negras, lo que es una referencia a las suplantaciones, a los “blanqueos”…».

Landa, que sí que vivió como espectador otras Manifestas, la aplaude por ser una bienal diferente: «Que su comisario esta vez sea un artista dice mucho de su filosofía y conecta muy bien con mi forma de trabajar». Una forma de trabajar que no es ajena al absurdo, al humor a la patafísica. ¿Es Fermín Jiménez Landa un artista dadá?: «Hombre, no lo creo, pero sí que es posible que ciertos rastros de su carmín [este es un guiño a Greil Marcus] o huellas lleguen hasta nosotros». Si los dadaistas y demás primeras vanguardias se proponían romper con el orden establecido y liberar al sujeto desde el arte, Landa señala que es difícil recuperar sus estrategias. «Nuestro tiempo es otro, y ahora el gamberrismo y el rupturismo es fagocitado enseguida por la institución. Pero sería interesante mantener su espíritu de desear cambiar la sociedad, aunque tenga que ser desde otras estrategias».

Carles Congos por Daniel Riera
Carles Congos por Daniel Riera

De opinión similar es Congost: «Como hace cien años, vivimos momentos extremos, de replantearnos lo que estamos haciendo. Un tiempo de grandes avances tecnológicos pero también muchas injusticias. Precisamos de un nuevo movimiento dadá, aunque pienso que estamos tan adocenados que no sé si tendremos las herramientas necesarias para volver a ser radicales. Yo me siento incapaz. Podremos hacer gestos, guiños, pervertir el sistema asumiendo que somos sistema, pero ser absolutamente radicales es imposible».

De Manifesta, «un escaparate magnífico para corregir eso de lo que nos quejamos siempre que es la no visibilidad del arte español», espera que invite a reflexionar a la sociedad que lo acoge («no hay cuestiones inamovibles y el componente crítico es siempre básico», apostilla). Jiménez Landa también desea que ayude a reflexionar, «y que no sólo alimente el mercado o que pocas élites se alegren la vista». De aquí a junio, a ambos les queda mucho por recorrer. También a Santiago Sierra, totalmente incomunicado estos días, embarcado como está en otro proyecto en India, y que en Zúrich trabajará junto a un asesor en seguridad privada. «No ha sido esta una propuesta fácil –reconoce Congost–. He tenido muchas dudas. Incluso hubo que cambiar de planes. Pero ya sólo queda grabar». También éstas, fruto del deseo de hacer un gran papel, asaltan a Landa: «Son muchos los flecos que me tienen con los pelos de punta y que me tientan a realizar cambios. Pero no será nunca un giro de 180 grados». De ser así, su actitud sí que sería muy dadá. Zúrich invita a ello. De forma profesional.

Santiago Sierra, en una imagen de archivo
Santiago Sierra, en una imagen de archivo

De puertas adentro: Rubenimichi

RUBENIMICHI. EN LA GUARIDA DEL MONSTRUO DE TRES CABEZAS Y SEIS BRAZOS

Dibujos, cerámicas, «toys», vinilos, revistas, otras obras de arte… El domicilio de Rubenimichi, que también es su taller, es un homenaje al «horror vacui». Y una de las «factorias» caseras más originales de la escena española

Los tres integrantes de Rubenimichi hablan a la cámara (Fotos: Óscar del Pozo)
Los tres integrantes de Rubenimichi hablan a la cámara (Fotos: Óscar del Pozo)

Absténganse de entrar en este reportaje (y en la vivienda de sus protagonistas) todos aquellos amantes del minimalismo, los alérgicos de la acumulación (damos fe que los que sufren de alergia al polvo no corren ningún peligro, pues, pese a la tendencia al almacenaje, estos chicos lo tienen todo muy limpio) y los maniáticos del orden. Nada de eso va con Rubenimichi y, para qué les vamos a engañar, nos encanta que así sea.

Ya desde la puerta de entrada de esta vivienda situada en el barrio madrileño de La Guindalera, las pegatinas pegadas en su revers, avisan de que este va a ser un lugar especial. Porque espacio en blanco o hueco en pared que sus dueños encuentran cuenta enseguida con la correspondiente obra de arte, objeto, libro, vinilo o muñeco que puedan cubrirlo. Y si el pasillo o ciertas estancias algo más alejados del salón funcionan como reguero de lo que está por venir (la colección de los Rubenimichi también se despliega en el cuarto de baño), es en el comedor en el que se produce el big bang creativo, la acumulación total, la zona cero de los pensamientos y la tendencia al abigarramiento que caracteriza el día día de estos artistas: «Queremos estar rodeados de lo que nos gusta cuando trabajamos, y por eso nuestra casa es nuestro estudio», explica Michi. «No somos nada metódicos –continúa Rubén–. Pintamos cuando va surgiendo y nos nutrimos mucho de lo que nos envuelve. Si tuviéramos un taller, acabaríamos viviendo allí y alquilando esta casa». «Si nos apetece ponernos a trabajar ahora mismo –puntualiza Luisjo– no te echa para atrás saber que tienes que desplazarte a ningún sitio. Esto es más cómodo».

Luisjo trabaja en el ordenador
Luisjo trabaja en el ordenador

¿Rubén? ¿Luisjo? ¿Michi? ¿No estábamos en casa de Rubenimichi? En este mismo momento a ustedes les está ocurriendo lo que le pasó a Luisjo cuando conoció a los que serían sus dos compeñeros: que se pensaba que, tras sus pinturas y sus dibujos de estilo homogéneo, tras ese sonoro apelativo se encontraba un señor italiano (el nombre suena a apellido transalpino) con unas barbas muy largas, en lugar de tres individuos. «Nuestro nombre nace de la fusión del de Michi y el mío –explica Rubén– y siempre hemos jugado a generar ese despiste, porque, en el fondo, nosotros procedemos como si de una única persona se tratara».

Porque, a los Rubenimichi no les gusta que les consideren un colectivo o un grupo de artistas: «Somos tres personas que pintan juntas. Nos gusta decir que somos un monstruo de tres cabezas y seis manos», señala Michi. «“Colectivo” suena a tareas separadas que hacen diferentes personas y que luego se ensamblan», remarca Luisjo. Aquí todo es mucho más natural, más orgánico. No hay nadie que empiece o acabe siempre una obra, lo que favorece un resultado homogéneo. Son los años los que les aportan la pericia para conocer a los otros y empastar con ellos los resultados. «De hecho, trabajar como lo hacemos no fue premeditado», nos confiesan.

La casa-estudio de este equipo tiene sus paredes tapiadas de obras de arte
La casa-estudio de este equipo tiene sus paredes tapiadas de obras de arte

La cuestión fue como sigue: Era Michi el que ya pintaba mientras Rubén estudiaba. Por su forma de proceder, el primero dejaba muchas cosas sin rematar, que el segundo empezó a completar. En una ocasión, Michi se tropezó con un encargo para una muestra (un homenaje artístico al festival de Eurovisión) que no le daba tiempo a entregar. Entonces le pidió a su amigo que la acabaran juntos. Y así fue como firmaron su primera obra entre los dos, que fue la que les rebautizó. No mucho tiempo después, Luisjo completaría este singular trío: «La ventaja es que hemos ido desarrollando el estilo a la vez, no veníamos cada uno con uno predefinido. Eso habría hecho más difícil cambiarlo», considera este. «Sí que hay cosas que a uno le salen mejor que a otros, o que le gustan más. Nos vamos complementando», concluye Rubén.

Para los tres, trabajo y vida van unidos. Por ello, lo más normal del mundo es que el salón de la casa sea el estudio, en el que despliegan las obras en las que andan enredados (suelen ser varias a la vez, para facilitar así la labor de cada uno), se escucha la música que les acompaña en estas labores (nos chiva un pajarito que son muy fans de Vainica Doble, junto a otros acordes más tranquilos para no disturbar lo que hacen) y los objetos que les inspiran. «Hay días que pintamos una hora. Otros, que le dedicamos diez. Por eso es más práctico tenerlo todo a mano». Y por la misma razón, «es más lógico que esto se parezca más a un taller que a una casa. Si nos apetece sentarnos en el sofá, lo tenemos complicado». «De hecho –bromea Michi–, yo creo que nunca lo he utilizado para eso».

Michi y Rubén apuran sendas obras
Michi y Rubén apuran sendas obras

Si echamos un vistazo a las paredes, descubrimos dos cosas: la primera, la extensa colección que poseen estos artistas, un conjunto que se ha conformado también de forma orgánica: a través de compras, de intercambios, de guiños del destino… Pedimos que nos den algunos nombres y nos llevan hasta las obras de Ricardo Cavolo, de Javi al Cuadrado, de Alberto de las Heras, de Boris Hoppek, Slava Mogutin (con el que comparten galería, la Fresh) o Theo Firmo. La pieza de Taxali es la favorita de Michi. Pero hay muchas más: de Catalina Estrada, de Ceesepe, de Gary Baseman (la obra más cara que tienen), de Nano… «En una ocasión intentamos inventariarlas y nos aburrimos. También creemos que no qusimos hacer cuentas de lo que llevamos gastado». La segunda de las evidencias: que no hay nada, pero nada suyo a la vista, salvo esas piezas inacabadas en las que están ahora trabajando, pero que descansan en caballetes: «Si yo comencé a pintar es porque quería ver mis cosas colgadas en la pared. Pero cuando empiezas a vender se te pasa», confiesa Michi. «Hay que admitir que sí que hay dos o tres obras que guardamos –continúa Rubén– y que no venderemos nunca por el valor sentimental que tienen para nosotros». Una de ellas descansa en la habitación de al lado. Luisjo contesta rápido: «De hecho, si alguna vez hemos colgado algo nuestro en casa, enseguida lo vendemos. Yo creo que deberíamos hacerlo más a menudo».

A las obras de otros artistas que les he mencionado (y las de aquellos que no puedo reproducir aquí porque la lista sería eterna) tienen que añadir ustedes mentalmente toda una colección de vinilos; otra de libros; el conjunto de gatos maneki neko sobre el aparador que contiene otra colección de dispensadores de caramelos Pez y una segunda de toys; las cerámicas; el resto de juguetes… No añado a Pelayo ni a Martín (los dos perrillos de Rubenimichi), ni a los dos pájaros encerrados en una gran jaula, porque no sería justo y porque para estos artistas son parte indisociable de la familia. «Tenemos una segunda casa en el campo, en Candeleda, a la que vamos casi todos los fines de semana, y allí llegamos cargados con los animales, con los pinceles, con las pinturas. Lo convertimos en un segundo taller y lo tenemos igual que esta casa».

Detalle de la mesa de trabajo de los artistas
Detalle de la mesa de trabajo de los artistas

«No sabríamos vivir en un espacio diáfano porque se nos vendrían las paredes encima –confiesan–. Lo nuestro es horror vacui en todos los sentidos». De hecho, los muebles en esta vivienda funcionan para sostener otras cosas. Las habitaciones y hasta la ducha, en ocasiones, han sido empleados como almancén. Otra cuestión que no saben hacer es trabajar junto a otros, por eso solo puntualmente han tenido taller o lo han compartido con más creadores: «Nos ponen nerviosos las presencias ajenas. Pero tenemos la suerte de que compartimos muchas cosas. Al vivir juntos, viajar juntos, las experiencias son compartidas, por lo que nos influye lo mismo y generamos gustos similares».

Cuando un artista se sirve de su casa como estudio es más complicado lo de plantearse un traslado. ¿Es este el estudio definitivo de Rubenimichi?: «Nunca se sabe –responden–. Lo será por mucho tiempo. Siempre hablamos de movernos al centro, pero al final no tenemos muchas ganas de vivir una mudanza». El piso no es grande, con unos setenta metros cuadrados. Les preguntamos si eso y el que tres personas trabajen a la vez en lo mismo, no determina sus formatos o sus procedimientos: «Nos hemos dado cuenta no sólo de que los grandes formatos dificultan nuestro proceder, sino que, a la hora de pintar, pensamos como coleccionistas, es decir, que tendemos a tamaños más pequeños porque luego sabemos de la dificultad de colgar algo». Así son Rubenimichi y así es la fantástica guarida de este monstruo de tres cabezas y 30 dedos.

Rubén, Luisjo y Michi, los tres integrantes de Rubenimichi en su estudio
Rubén, Luisjo y Michi, los tres integrantes de Rubenimichi en su estudio

Texto publicado en ABC.es el 20 de noviembre de 2015

De puertas adentro: Mateo Maté

MATEO MATÉ O CÓMO HACER DE TU “CASA” UN SAYO

Para el artista y diseñador Mateo Maté, el estudio y la vivienda son espacios indisolubles. De hecho, es en el entorno doméstico donde este creador centra su producción. El salón como trinchera y el taller como ámbito acogedor

Mateo Maté en el salón de su casa, rodeado de algunas de sus obras (Fotos: Isabel Permuy)
Mateo Maté en el salón de su casa, rodeado de algunas de sus obras (Fotos: Isabel Permuy)

En el salón, sobre el sofá, una gran pancarta lo grita a voces: «Mateo, sabemos dónde vives». Técnicamente, nosotros también, pues ahí estamos, en la vivienda, que es además estudio, de Mateo Maté (Madrid, 1964), el protagonista de este último «De Puertas Adentro». El cartel acusador es una obra de Juan Pérez Agirregoikoa, y acompaña en esta estancia a otras piezas del propio Maté, en las que hay que poner mucha atención para no confundirlas con parte del mobiliario: esa mesa baja con la silueta de la Península Ibérica; el sofá de camuflaje; la alfombra que indica el punto geográfico exacto sobre el que se sitúa y que es además el lugar de juego de los dos hijos pequeños del artista (que nos miran con cara de pocos amigos al haber invadido su espacio natural…).

«El nacionalismo doméstico es el eje de buena parte de mi trabajo –explica–, y otros conceptos que no se relacionan con esta temática sí que lo hacen sobre cuestiones que me son muy cercanas, como el mundo del arte. Yo siempre me ocupo de mi entorno. Soy autor de obras dudosas, artefactos que podrían confundirse con el menaje o el mobiliario, sin sentido en un museo pero sí, y mucho, en una casa. Por eso son las piezas con las que convivo. Muchas otras, ajenas a todo esto, están almacenadas en cajas».

Detalle del despacho de Maté, donde una de sus piezas flanquean su almacén
Detalle del despacho de Maté, donde una de sus piezas flanquean su almacén

Tiene pues sentido que, en el caso de Mateo Maté, el estudio del artista esté ubicado en su propio domicilio. «Nunca los he separado –continúa narrando–, porque tampoco separo los conceptos con los que trabajo del lugar donde llevo a cabo mi actividad. Incluso procedo de esta manera cuando viajo, hasta tal punto que hay obras que jamás se ejecutaron aquí, o que volvieron a casa tan sólo como documentación». Recuerda el madrileño que los anteriores estudios en los que desarrolló su labor «no diferían mucho de este: eran grandes, luminosos, en la zona de Malasaña o Estrecho».

La casa actual, muy cerca de la Puerta de Alcalá, está literalmente partida en dos: de un lado queda la vivienda, donde se obliga a que todo esté muy ordenado («yo mismo lo soy. Mi mujer no tiene la culpa de que su pareja sea un artista», bromea). Del otro, el área de trabajo, con un recibidor, una gran sala con ordenadores, su despacho al fondo, y un almacén donde comprobamos ese deseo del creador de que todo tenga un espacio asignado. «Sin embargo –confiesa– hay jornadas en las que no paso por la zona habitacional en todo el día. Hoy, sin ir más lejos, no he “vuelto a casa” a comer».

Maté manipula una de sus cajas de luz en su despacho
Maté manipula una de sus cajas de luz en su despacho

Pero, ¿por qué necesita Mateo Maté de esta cercanía? Responde sin dudar: «Es una cuestión de agilidad. Trabajo durante todo el día. A veces, también me pongo por la noche. Supongo que a un escritor o a un músico les sucede lo mismo: precisamos de un entorno cercano y propicio para ponernos a trabajar». Ahora bien: Maté nos quita enseguida de la cabeza cualquier idea romántica que podamos tener sobre la labor del artista: «Mi trabajo es similar a la de cualquier persona que lo hace por su cuenta. Yo me considero un autónomo del arte, que incluso tiene a algunos trabajadores a su cargo. Cumplo a rajatabla unos horarios, y cuando me los salto, me enfado». Asimismo, y como padre de familia que es, el artista «sale mucho» de aquí: «Por la mañana, llevo a los niños al cole, vamos a la piscina, de forma que puedo decir que también cojo los medios de transporte antes de llegar al trabajo».

La jornada laboral de Maté comienza en torno a las 9:30 de la mañana. Suele concluir hacia las siete de la tarde. Y el trabajo tiende a ser generalmente de gestión, de proyección de ideas. Precisamente, él es el autor del primer logo con el que ABC Cultural celebra su 25 aniversario en este 2016: «Vuestra revista es una referencia, algo inseparable del sector, y la que más espacio dedica al arte. Y, además, semanalmente. Pensé en la aventura de quien se embarcó en esta gesta hace dos décadas y media, con el compromiso que eso tiene y en un país que mantiene una relación complicada con la cultura. Además, me lo imaginé todo como una aventura “a la antigua”. subrayando lo de “embarcarse”. De ahí que el logo sea un barco, un barquito de papel hecho a su vez con las páginas de la propia revista».

Almacén de Mateo Maté en su estudio-vivienda
Almacén de Mateo Maté en su estudio-vivienda

Dado que lo doméstico y la relación con el espacio social es la base de la obra de Maté, la vivienda se ha convertido siempre en un «laboratorio de expermentación». A esta compartimentación, casi como de muñecas rusas, del estudio dentro de la casa, que es la base del trabajo en el estudio, se une un ámbito más: el del taller de un segundo artista, Óscar Seco. Porque Mateo no ha compartido nunca taller con otros creadores en un sentido literal, pero sí que es cierto que en todas sus casas ha habido un rincón, más grande o más pequeño, para el quehacer de este otro pintor: «Somos de la misma edad y no tenemos nada que ver plásticamente, pero llevamos casi toda nuestra trayectoria artística juntos. Pero el también es un creador contenido, ordenado; como digo yo, de esos que casi pintan con traje. Esto es divertido porque convierte este lugar en un foco de atención para otros compañeros, un punto de encuentro, de cita, de charla».

Nuestra conversación va llegando a su fin. Hay que devolverle a los niños su espacio de juegos. Y se nos van los ojos hacia la isla del tesoro que Maté le ha construido a sus hijos para que atraque allí otro barco: el de los piratas de sus playmobils. Es lo que tiene tener un papá artista. En la estancia dedicada a su despacho, otra pieza basada en un juguete copa nuestra atención. Es una obra antigua, hecha con piezas de lego, que dan lugar a un castillo controlado con pequeñas cámaras de vigilancia. Hasta llegar allí, mapas que retratan la geografía de su cama, escudos de armas con utensilios de cocina, alguna de las maquetas y cuadros de Seco…

Maté en la habitación que sirve de antesala de su estudio, rodeado de algunas obras
Maté en la habitación que sirve de antesala de su estudio, rodeado de algunas obras

Maté nos enseña sus últimas obras, unas cajas de luz sobre las que se proyectan unas radiografías de su cuerpo, reliquias de artista para el coleccionista que se precie y que ha expuesto con NF en este último ARCO. «No sé si este será mi último estudio. No influye en ello que sea mi casa. Soy un artista del presente y soluciono presentes. Es cierto que tengo otro, un segundo, en el campo, al que me traslado con mi asistente y en el que desarrollamos labores más propias de taller. Y posiblemente ese sí que sea más definitivo en el sentido de que se ubica en un espacio más personal». Una vez más, Mateo Maté es de los que piensan que, en casa, como en ningún sitio. Aunque le guste convertir el salón en un campo de batalla por la posesión del mando a distancia.

Maté, ante una de sus obras, trabajando en el ordenador

Texto publicado en ABC.es 14 de marzo de 2015

“Sólo es sexo”. Galería Fernando Pradilla. Colectiva

TODOS LOS ARTISTAS DE ESTA EXPOSICIÓN HAN MANTENIDO RELACIONES CON SU COMISARIO

“Solo es sexo”. Colectiva. Galería Fernando Pradilla. Madrid. C/ Claudio Coello, 20. Comisario: Javier Díaz-Guardiola. Del 31 de marzo al 21 de mayo.

"Intimidad" (2015), fotografía de Santi Ruiz
“Intimidad” (2015), fotografía de Santi Ruiz

Lo conseguí. Ya acaparé su atención. Logré que saltaran del título de este texto y se introdujeran en su contenido. Como periodista, sé mejor que nadie que nada como un titular que contenga la palabra “sexo” para que esa noticia se convierta en un viral en internet. Y tienen razón: éste, no la contiene. Pero ustedes la dieron por implícita. Yo me refería a relaciones afectivas, profesionales, de calado intelectual… Pero más de uno dio por hecho que las mismas eran de naturaleza sexual. Sexo, sexo, sexo... Dicen que el dinero hace girar el mundo, pero no es cierto. Es el sexo lo que le hace moverse. Aunque si hay dinerillo de por medio, este gira mucho más rápido, qué duda cabe.

Pues bien, Solo es sexo, la muestra que nos ocupa, es la selección de trabajos de un grupo de jóvenes creadores que hacen una lectura de la expresión que le da nombre en una doble dirección. De un lado, quitándole hierro a actitudes e imágenes que -no lo negamos- están relacionadas con lo sexual, pero sin que su intencionalidad trascienda mucho más allá de su propia naturaleza. Son sexo. Ni más, ni menos. Pero del otro, además, denunciando todas aquellas miradas y comportamientos que reducen al ser humano únicamente a su condición sexual o de género, negándole cualquier tipo de potencialidad, de capacidad para sorprendernos o para superarse. Son esos casos en los que, detrás de la persona, no vemos más que sus genitales o sus gustos en la cama.

En las aplicaciones, el hombre heterosexual se aferra a viejos patrones plagados de restricciones

Comenzamos el recorrido por los lienzos de Alejandro Bombín (Madrid, 1985) que ilustra como nadie la imagen distorsionada que genera en la cabeza de muchos todo lo que tenga que ver con la sexualidad y su ejercicio. Con su labor pictórica, este joven artista se pregunta qué mecanismos son los que, en el flujo indiscriminado de información visual al que estamos sometidos a diario, intervienen y convierten a muy pocas instantáneas en imágenes para la posteridad. Bombín acude así, en muchos casos, a algunas que ya han sido bendecidas por los libros, supuestos contenedores del saber para el futuro, intentando destilar su esencia con su traslación al lienzo, en un procedimiento, obviamente, en el que en el proceso de traducción se pierde -pero también se gana- nueva información importante. Esta labor, que el madrileño ejecutaba fragmentando la imagen original (de forma que su autor trabajaba casi de forma automática, sin conocer los resultados hasta el final), lo lleva a cabo ahora de forma global (de manera que entran en juego los sentimientos y estados de ánimo, como en cualquier cortejo que se precie) y, por primera vez, con imágenes eróticas. Erótica es justamente el título de la nueva serie. ¿Son los resultados los mismos? Es el receptor el que tiene la última palabra.

"Ondina", lienzo de la serie "Erótica" (2016), de Alejandro Bombín
“Ondina”, lienzo de la serie “Erótica” (2016), de Alejandro Bombín

Hablar de sexo es hacerlo también de pornografía. Un asunto siempre peliagudo. De ello se ocupan en la siguiente sala Anthony Stark (1980) y Fernando Bayona (Linares, Jaén, 1980). El primero, desde la pintura (también es posible erotizar al espectador desde los pigmentos y los pinceles); el segundo, desde la fotografía. Stark, al que le gusta lidiar con los tabúes -palabra mágica cuando se habla de sexo- de la disciplina que le ocupa, confronta en los cuadros de sus series Fucking Paintings y Los groseros dos realidades aparentemente inconexas: el supuesto aspecto sucio y grosero del sexo amateur con el de la política, todavía no sentada en el banquillo, en teoría pulcra y respetable. Al situarlas al mismo nivel, al ocupar el mismo contexto, nos fuerza a asumirlas como realidades paralelas que, en ciertas ocasiones, y a tenor del comportamiento de algunos de nuestros dirigentes, nos hacen dudar sobre lo verdaderamente pornográfico.

Por su parte, el fotógrafo andaluz recupera y reactualiza algunas de las imágenes de su conjunto The life of the Other (retratos confrontados por primera vez con imágenes de naturaleza arquitectónica, lo que refuerza su idea de constructo y escenario), que ponen el acento en el concepto de máscara. Sus protagonistas son profesionales del sexo (actores porno, chaperos, strippers…) que se ven obligados a generar identidades falsas para ejercer la profesión que les da sustento. Personas, asimismo, con su propia vida privada (que son las escenas que recrea Bayona en estas imágenes a caballo entre la fotografía documental y la escenificada); ámbitos en los que deberían –y lo hacen– caer esas caretas, dado que uno no puede estar alerta las 24 horas del día. A este dispositivo se le une una nueva capa de profundidad y significado cuando descubrimos que el artista se ocupa de momentos álgidos de la vida de los protagonistas, que son sustituidos, en algunos casos, por agentes que ejercen la misma profesión que los sujetos a los que hacen referencia. Sube una nueva máscara. Es necesaria otra interpretación para llegar a lo más íntimo.

Obra de la serie "Fucking paintings" , de Anthony Stark
Obra de la serie “Fucking paintings” , de Anthony Stark

Participan en esta presentación de artistas jóvenes que ilustran estas divagaciones sobre lo sexual algunos de los creadores que forman parte de la galería en la que se exhibe. Es el caso de Juan Francisco Casas y Juan Carlos Martínez. Casas (La Carolina, Jaén, 1976), que disfruta además de una individual en la planta inferior, representa el hedonismo, la carnalidad, el juego y el disfrute. El deseo sin ataduras. Además, sus aportaciones a esta muestra dejan claro, por mucho que nos quieran engañar, que el tamaño sí que importa. Ante el gran formato de su intervención sobre el muro (una de las primeras de esta naturaleza del artista), es necesario apartarse, guardar las distancias para poder disfrutar de todos los detalles. Ante los pequeños, al acercarse, la imagen explota en los ojos del espectador. Se crecen, se vuelven arrogantes. El sexo se acepta sin ambages. Por su lado, Martínez (Badajoz, 1978), recupera la mirada del voyeur y la serie fotográfica que lo dio a conocer
Subfilum Spermopsida– y que ha seguido desarrollando en el tiempo. En ella, en primera instancia, de lo que se trata es de aproximarse al paisaje para llevar a cabo una clasificación taxonómica de las plantas propias de los entornos en los que se producen encuentros sexuales esporádicos y al aire libre (lo que se conocen como zonas de cruising). Es la botánica la que se transforma en referente metodológico para localizar a aquellas especies vegetales que parapetan dichos encuentros y generar así una topografía de “lugares encubiertos”, que suelen pasar desapercibidos al paseante. Sólo una mirada avezada es capaz de descubrir las señales que acaban con “la inocencia” e “indeterminación” de esos parajes. Es entonces cuando dejan de ser terrains vagues.

"Cercis Pubenses. La Habana", de Juan Carlos Martínez
“Cercis Pubenses. La Habana”, de Juan Carlos Martínez

No hace falta mencionar cómo las nuevas tecnologías han influido en nuestra forma de socializar y relacionarnos. También en el plano sexual. Tres artistas lo analizan desde ámbitos diferentes. Entre ellos, el argentino Federico Sposato (Mar del Plata, 1984), que ya mercantilizó su anatomía en uno de sus proyectos más redondos, Payxpiel. Las fotografías de The JLB (Justice Ligue of Badoo), basadas en las aplicaciones para ligar (entornos en los que el cuerpo se cosifica brutalmente), se basan en las observaciones del artista, que constata que, aunque ellas proporcionan nuevas alternativas para generar múltiples identidades de género y romper con la masculinidad clásica (en este tipo de aplicaciones, el anonimato ampara a sus usuarios, y no es extraño que los mismos se oculten tras, cuanto menos, curiosos nicks), el hombre heterosexual se aferra a viejos patrones plagados de restricciones. Lo que su autor inicia es una compilación de los datos personales introducidos por los usuarios en estas plataformas de encuentros para traducirlos a unas supuestas “superhabilidades”, por ser asumidos como los más adecuados y válidos para utilizar como reclamo para obtener una cita o relación sexual. Con está descripción realiza posteriormente una modificación digital en las fotografías de los perfiles y los transforma en nuevos modelos de héroe acordes con las necesidades de la esfera 2.0., tan rancia y encorsetada como la real.

Obra de la serie "The Justice Ligue of Badoo", de Federico Sposato
Obra de la serie “The Justice Ligue of Badoo”, de Federico Sposato

No sale tampoco muy bien parado el hombre homosexual en este tipo de aplicaciones. Santi Ruiz (Santander, 1979) comprueba cómo muchos de ellos se definen como “masculinos”, de forma que, para venderse bien, apelan a características que los acercan a los cánones heterosexuales (son rudos, agresivos, fuertes y musculados), mientras éstos, para conseguir acercarse a una mujer, se ven obligados a mostrar sus armas de seducción más sensibles y tiernas. Su aportación a esta muestra es 100% masculino, una falsa aplicación para teléfono móvil en la que su autor construye su propia noción de “masculinidad” a partir de la apropiación de numerosos perfiles reales, que Ruiz imita y reproduce con la intención de reflexionar sobre las convenciones atribuidas al género. El espectador puede descargarse esta app. en su móvil y votar por su favorita. Comienza la pelea de gallos. De igual forma, algunas de las fotografías de su serie Intimidad salpican (nunca mejor dicho) el recorrido y visibilizan la trasformación del individuo en su consecución del orgasmo, por ser este momento íntimo el único en el que el individuo no puede controlar sus emociones, tal y como la sociedad le exige en muchas ocasiones.

"Cien por cien masculino" , aplicación para móvil de Santi Ruiz
“Cien por cien masculino” , aplicación para móvil de Santi Ruiz

Finalmente, Edurne Herrán (Baviera, Alemania, 1978), electrocortocircuita las redes contraponiendo sus asepsias digitales a fórmulas tradicionales como el bordado de punto de cruz (y, de paso, utilizar un trabajo tradicionalmente asociado a la mujer para reafirmarse y plantar cara a los estereotipos). Sus aportaciones de la serie Love me Tinder, Love me True destacan el gusto de esta creadora por el error, convirtiendo las faltas de ortografía en las aplicaciones sexuales y chats en pequeños monumentos dignos de ser subrayados y enmarcados (“Kiero hechar” un polvo “n” “moncloa”). Por otro lado, los emoticonos usados para comunicarnos pictográficamente desde los dispositivos móviles se transforman en gramática para practicar “sexting” (sexo en redes sociales), al ser bordados a mano en la serie Emoji-sexting, lo que da pie a la sistematización del vocabulario loco utilizado por nuestros adolescentes (y no tan adolescentes), con su correlato con diferentes parafilias, que tampoco se libran de su “traducción” en este cruce de lenguajes y técnicas. Nuevos jeroglíficos modernos, ya que estos emoticono no fueron creados para asumir estos significados abiertamente sexuales.

Todas las parafinas de "Emoji-sexting", de Edurne Herrán
Todas las parafinas de “Emoji-sexting”, de Edurne Herrán

Tras el atracón de imágenes explícitas, Mister Simplemente (pseudónimo actual del dibujante Javier Conde) nos seduce y erotiza a través del lenguaje. En su mural se entremezclan juegos de conceptos que demuestran que pocas palabras valen mucho más que mil imágenes: “Hacer tilinder”, “Si no sabes torear, pa que te Meetic”, “Porqueeria” o “swaggermente bé sá mé” se convierten en eslóganes que conviven perfectamente con esos otros chispazos en los que los términos se reconstruyen dando lugar a nuevos anagramas sexuales o aquellos otros en los que acaban visualizados a través de toda una línea de juegos del lenguaje (“Chorra das”, “Cum Laude”, “Bu Cake”…). Imposible apartar la mirada. No olvidemos nunca que el cerebro el principal órgano sexual del ser humano.

Uno de los dibujos "eróticos" de Mister Simplemente
Uno de los dibujos “eróticos” de Mister Simplemente

Una última sala, antes de atravesar la segunda parte en la que se articula el recorrido, funciona a modo de gabinete con los trabajos de Diego de los Reyes y Patricio Cassinoni. En ambos casos hablamos de la apariencia externa, de la vestimenta, de cómo la ropa marca nuestra identidad y se transforma en arma “de seducción” masiva. Las acuarelas inéditas del primero llevan por título “Investidos”. En ellas, y parafraseando al Jesús Oliva de “El desaliento del guerrero”, De los Reyes (Sevilla, 1977) ejemplifica cómo los hombres adquieren su identidad masculina alienando sus propios cuerpos y dominando los de otros, mientras que parte de su hegemonía no se logró por la fuerza, sino asociada a ciertos atributos vinculados a determinados colectivos. Y ahí entran en juego los uniformes en su serie realizada ex profeso para esta exposición: policías, deportistas, trajeados

los uniformes ganan sus propios galones, aumentando la posición social del que los lleva

Lo que su autor quiere poner en valor es el peso de la vestimenta como generador de jerarquías: al igual que un boxeador gana un cinturón dorado o un nadador una medalla de oro, los uniformes ganan sus propios galones, aumentando la posición social del que lo lleva. Su lenguaje para comunicar posición frente a otros es evidente, mientras remarca la pertenencia a un grupo y se establecen como fundamentales para estructurar una masculinidad hegemónica, incluso entre los “disfrazados” pandilleros de barrio.

En un ejercicio opuesto, el argentino Cassinoni (Buenos Aires, 1975), nos obliga a despojarnos del “hábito” que hace al monje. “Only One” es un “work in progress” ya desarrollado en Dublín y en Barcelona, y que gracias a esta muestra se continuará en Madrid, en el que el fotógrafo nos invita a retratarnos con nuestra prenda favorita. Solo ésa. Ello supone desnudarse ante la cámara, arriesgarse en la elección, elegir cómo nos exponemos en función de una decisión. El conjunto final constata incluso las diferencias culturales y supone una nueva aproximación a un género tan antiguo en el arte como es el del retrato, afrontándolo desde una nueva perspectiva.

Fotografía de la serie "Only One", de Patricio Cassinoni
Fotografía de la serie “Only One”, de Patricio Cassinoni

Por la fotografía documental apostamos aquí de la mano de Mar Sáez (Murcia, 1983). Ella lleva documentando desde hace cuatro años a la pareja conformada por Vera y Victoria, nombre de las dos mujeres que dan título a su serie. Este trabajo expresa mejor que ningún otro la tendencia reduccionista que tenemos demasiado por costumbre de poner etiquetas. Porque Victoria es transexual, sí. Pero también vegetariana y estudiante, amante de los animales, y posiblemente testaruda. Y Vera, aparte de bisexual, es una mujer joven, inteligente, orgullosa de su pareja. Cada nuevo encuentro con la fotógrafa da pie a una página del diario en imágenes en el que se ha convertido Vera y Victoria, en el que surgen renovados matices de la riqueza de una relación como la suya. Ni mejor, ni peor que las demás.

Fotografía de la serie "Vera y Victoria", de Mar Sáez
Fotografía de la serie “Vera y Victoria”, de Mar Sáez

La siguiente sala viene marcada por la negación. De un lado, la que enuncia alto y claro Verónica Ruth Frías (Córdoba, 1978). La actitud de Ana Mendieta, que se fotografió con la perilla cubierta con recortes de pelo de su marido –el también artista Carl André– y el sonoro “no” que parece ser fue lo último que llegó a articular mientras se suicidaba, inspiran aquí a la creadora andaluza para denunciar la dificultad añadida de la mujer para ser reconocida en cualquier sector profesional. En un convocatoria por redes sociales, Frías hizo un llamamiento a féminas del mundo del arte para fotografiarse con una falsa barba, en un intento de subrayar que si una mujer no cuenta con los atributos propios del hombre no podrá medrar tampoco en este campo. La creadora fue respondida de forma masiva por más de 290 compañeras, algunas de las cuales formaron parte del Proyecto ABC Cultural homónimo, que también se presentó en el festival Saltillo Contemporary de México. Los rostros de, entre otras, Irene Cruz, Lola Guerrera, Alejandra Franch o María Cañas, rodeando un imponente “NO” como el de Santiago Sierra (a Frías le gusta apropiarse de obras de artistas hombres para darles una lectura personal), ahora sobre fondo rosa, proclama visualmente la idea de que seguimos viviendo en una sociedad patriarcal. A su lado, una cama con una colcha en la que fue bordada la frase popularizada por Frida Kahlo “Mira que si te quise fue por tu pelo; ahora que estás pelona, ya no te quiero”, base de una “performance” de la andaluza en la que varias mujeres homenajeaban a todas las asesinadas hasta esa fecha como consecuencia de la violencia machista cortándole el pelo. Un nuevo vídeo muestra la pantalla de un ordenador en el que desde Youtube se lleva a cabo la búsqueda de vídeos en los que mujeres son agredidas y se les rapa la melena, “castigo” por haber sido supuestamente infieles.

Detalle del montaje de "NO", de Verónica Ruth Frías en la galería
Detalle del montaje de “NO”, de Verónica Ruth Frías en la galería

Justo en frente, y compartiendo espacio, los retratos fotográficos de Paco y Manolo, pareja de artistas que llevan años tratando de llevar la complejidad psicológica de sus modelos a la obra final, empleando el cuerpo como campo de batalla en el que se dirimen los deseos y frustraciones del individuo (también los de los fotógrafos), en diálogo con su entorno personal o con la naturaleza. Y aunque estamos más que acostumbrados a que los sujetos que se pongan delante de su cámara sean masculinos, nuestros protagonistas han desarrollado un proyecto paralelo centrado en la mujer que en pocas ocasiones se ha mostrado públicamente. Los artistas, más que nadie, han sufrido la etiqueta de “fotógrafos gays”, y generalmente por este tipo de producción han sido demandados en galerías y espacios de exhibición, cuando sus retratos femeninos exhalan la misma frescura, espíritu canalla y carácter combativo que el de sus homólogos masculinos. A ello se une la dificultad (otro no) de los artistas para encontrar en ocasiones modelos femeninos. Sea ésta una buena excusa para presentarlos de manera amplia en el conjunto que llevará por nombre “Secret Garden”. Y junto a una pieza más de Edurne Herrán, su Sex-Doll Burqa, metáfora evidente de cómo la sexualidad se convierte de nuevo en la prisión de muchas mujeres, y no por designio propio, sino por imperativos externos.

"Azzurra", fotografía de Paco y Manolo (2015)
“Azzurra”, fotografía de Paco y Manolo (2015)

Y no podemos hablar de sexo y no hacerlo de muerte y enfermedad, de angustia y de dolor. Me viene a la cabeza la serie “Del susurro al grito”, de Germán Gómez (Gijón, 1972), conjunto en el que el artista recreaba desde el retrato la reacción de personas cercanas que descubrían que eran portadores del virus del sida. Este artista participa en la exposición con un nuevo retrato masculino –el titulado “Bert” (2016)–que yace en una cama (una más en este recorrido), tratado con la técnica de descomposición de la imagen que lleva aplicando en los últimos meses a sus estudios arquitectónicos, en los que los individuos desaparecen y quedan representados en esos edificios que se establecen como sus prisiones en las grandes ciudades.

"Bert", fotografía de Germán Gómez
“Bert”, fotografía de Germán Gómez

Muy cerca de él, Ismael DeLarge (1981), ofrece de forma amplia una selección de su serie fotográfica “Devotee”. Con este término se conoce a las personas que disfrutan y sienten placer relacionándose sexualmente con individuos con discapacidades físicas. Algunos incluso llegan a ser lo que se conoce como ‘wannabes’, en los que la fuente de placer se encuentra en el deseo de llegar a ser discapacitado, al punto de simularlo o autolesionarse. El proyecto “Devotee” de DeLarge tiene como protagonista a F., un joven homosexual checo que, siendo adolescente, perdió en un accidente de tren una de sus piernas. Desde ese momento descubriría que el hecho de estar lisiado lo había convertido en un tremendo imán sexual, aunque no tardó en comprobar también cómo esto se trasformaría en un arma de doble filo en sus relaciones amorosas, debido a la incertidumbre sobre si realmente era amado por cómo era o por lo que le faltaba. De esta manera, el fotógrafo nos invita a reflexionar sobre el alcance de nuestros deseos y el peligro de cumplirlos.

"Little Pig for Sale", de la serie "Devotee", de Ismael DeLarge
“Little Pig for Sale”, de la serie “Devotee”, de Ismael DeLarge

Un último pasillo y nos reencontramos con una segunda serie de Fernando Bayona, “Paragraph 175”, en alusión al artículo del código penal alemán que penaba las relaciones homosexuales y que no fue derogado hasta 1994. Sus imágenes más recientes amplían este ambicioso proyecto documental multidisciplinar desde el que el andaluz penetra en el programa médico emprendido por el régimen nazi durante la II Guerra mundial destinado a encontrar una vacuna contra la homosexualidad, compilando en imágenes las instalaciones exactas en la que se llevaron a cabo los experimientos clínicos que supusieron la muerte de cientos de personas debido a su condición sexual.

Imagen del vídeo "Sangre, sudor y lágrimas", de Sergio Ojeda
Imagen del vídeo “Sangre, sudor y lágrimas”, de Sergio Ojeda

Asimismo, la décima estancia de esta galería se transforma precisamente en eso: Una Sala X. En ella se mostrarán en loop, como en la sección golfa de un cine antiguo, proyectos videográficos de algunos de los artistas convocados, junto a otros muchos, generando un completo programa de producciones audiovisuales que abordan la cuestión del sexo. Allí concurren Juan Carlos Martínez (que en “Training Session” y “Mise en Scene” demuestra cómo es la mirada la que “sexualiza” aquello que en principio no tendría un contenido erótico per se); Carlos Aires (que mezcla las imágenes de una casa del terror y un cuarto oscuro en “Mister Hide I”), Raisa Maudit (que propone el baile más sexual de moda como base de una nueva revolución social. Eso es “Twerking para la revolución. A las barricadas, papi”); un Fito Conesa inédito (que en “The Bigger the Better”, homenajea al cine porno y sus rituales de apareamiento desde la escenificación y homenaje a uno de sus momentos cumbres. Una época que se diluye ante nuestros ojos); Félix Fernández (cuyo “Room4” analiza las relaciones humanes en tiempos virtuales); Juanma Carrillo (que llena de sentimiento las relaciones sexuales esporádicas con desconocidos en “Caníbales”); Mar Sáez (que completa con un audiovisual la serie fotográfica “Vera y Victoria”); Andrés Senra (Su “Minijob-La Cama” es un ejemplo sintómático de la precariedad del individuo en la sociedad actual. El poder, siempre el poder); Sergio Ojeda (En un momento de su “Sangre, sudor y lágrimas”, se nos advierte que, pese a la crudeza de sus imágenes, la verdadera pornografía está allí fuera) y Edurne Herrán y Santi Ruiz, que en “How to Look Like a Sex Doll. Make Up Tutorial” y “A Man’s Poutine”, respectivamente, nos enseñan a convertirnos en la mujer y el hombre perfectos… Para ser sexualmente aceptados.

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Imagen del vídeo “The Bigger, the Better”, de Fito Conesa

Alejandro Calderón (pintor)

«Trato de realzar irónicamente el mundo que nos rodea»

Si el mundo es un gran teatro, amontenemos sus componentes como si de un juego de construcción se tratara y tendremos los andamios de la pintura de Alejandro Calderón. Onírico, reflexivo, él es de los creadores que «Darán que hablar»

Este es el "selfie" que nos dedica Alejandro Calderón
Este es el “selfie” que nos dedica Alejandro Calderón

Nombre completo: Alejandro Calderón Martín. Lugar y fecha de nacimiento: Nací en Madrid el 11 de septiembre de 1978. Me he criado en Extremadura (Don Benito), por lo que me considero medio madrileño medio extremeño. Residencia actual: Madrid. Estudios: Licenciado en Bellas Artes por la Nniversidad Complutense de Madrid en el centro CES Felipe II (Aranjuez). Ocupación actual: Artista visual.  Continuar leyendo “Alejandro Calderón (pintor)”

Miguel Á. Benjumea (artista)

«Era cuestión de tiempo que lo inmaterial se convirtiera en mi profesión»

Déle usted un mapa a Miguel Ángel Benjumea y déjese perder en la cartografía que es capaz de elaborar a partir de él. Reflexiones sobre el contexto, las migraciones, las fronteras… El gaditano es de esos artistas que «Darán que hablar»

El "selfie" que nos dedica Miguel Ángel Benjumea
El “selfie” que nos dedica Miguel Ángel Benjumea

Nombre completo: Miguel Ángel Benjumea. Lugar y fecha de nacimiento: Cádiz, 1982. Residencia actual: Madrid. Estudios: Licenciado en Bellas Artes, Máster en Artes Visuales e Intermedia y doctorando por la UPV (Universidad Politécnica de Valencia). Ocupación actual: Es artista visual y compagina su trabajo como creativo estratégico en la agencia Barrabes Meaning.  Continuar leyendo “Miguel Á. Benjumea (artista)”