Recorrido crítico por Estampa 2017

A un lado y otro de la línea en Estampa

La edición de Estampa que comenzó el jueves es la de su 25 aniversario. Una feria cada vez más volcada con el coleccionista y las galerías de nuestro país, asumiendo las limitaciones del mercado español. Una entrega en la que se observan luces pero en la que las sombras se hacen más molestas

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Detalle del estand de T-20 en la feria

Vaya por delante que merece todo nuestro respeto cualquier iniciativa que supere los cinco años de vida en España. No les digo ya si cumple 25, como es el caso de Estampa, la que fuera feria de grabado hace dos décadas y media y que ya podemos definir como feria «a la altura de nuestras posibilidades», como espectadores y como compradores. Bien es cierto que cuando en este 2017 uno cruza el umbral de la Nave 16 de Matadero, su sede desde hace unos años, tiene la sensación de que algo se ha avanzado respecto a la edición anterior. Sensación similar a la que tenía cuando realizaba la misma operación el año anterior, y el anterior… Y así sucesivamente.

Sus organizadores, con Chema de Francisco a la cabeza, cierran el paraguas, en el sentido de que dan por pasado el nubarrón de la crisis, ese que ha estado sobrevolando, tronando y diluviando por encima de nuestras cabezas demasiado tiempo y que no ha permitido acelarar los cambiosen la feria a la velocidad de crucero que se pretendía. Pero el salón ha mantenido el envite. El de este año incluso con un recorrido más orgánico y limpio, con un amplio pasillo central, frente a la entrada, y que divide la nave por su lado más corto, a cuyos lados se van distribuyendo ordenadamente las galerías, cerca de setenta, algunas por sectores (como «MAPA», el único comisariado, y el más destacable), frente a las comparsas que parece que sean necesarias en toda feria que se precie de llamarse así: ámbitos institucionales, publicaciones, artista invitado (Pedro Cabrita Reis en este caso, con expo y catálogo en el salón)…

Pero además de estos cambios que se perciben a simple vista (como el regreso de Max Estrella o la presencia de Juana de Aizpuru: si ellos andan por estos lares es que algo gordo se está cociendo), casi son más importantes los que no se ven, los que en principio más se alejan de la idea de «hacer mercado» (la venta pura y dura), pero que se basan en mimar al coleccionista (que al final es el que se deja la pasta) y a los artistas (que son los que trabajan para que el coleccionista se deje la pasta).

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Un espectador contempla obras en el estand de José de la Mano

Nos referimos, por ejemplo, a ese foro de debate que se desarrolla en paralelo a la feria (ARCO le enseñó al mundo que toda feria que se precie de serlo ha de tener un plantel de conferenciantes), y que este año se deja en manos de Rosina Gómez-Baeza (¡qué capacidad la de esta mujer para reinventarse ofreciendo siempre más de lo mismo!), que, bajo el título de «La evolución del arte contemporáneo en España desde la Transición a la actualidad», reunió durante la tarde de ayer jueves y el día de hoy a filósofos, gestores y artistas como José Jiménez, Tania Pardo, Miguel Trillo Santi Olmo para que el mundo del arte patrio continúe con su eterno raca-raca (desde la transición hasta la actualidad). O al Colecciona Meeting Point, programa de invitaciones gestionado por Eva Ruiz y Artenative para traer a nuestros exiguos caladeros a coleccionistas extranjeros y responsables de instituciones de abultadas billeteras.

Sin duda, mucho más loable es el programa coordinado por la asociación Hablarenarte que enseña en Madrid a los responsables de algunos de los principales programas de residencias internacionales (Alan Quireyens de Air Antwerpen; Dominic van den Boogerd de De Ateliers-Francia; Dani Burrows, de la Delfina Foundation; Vitalija Jasaitè de Rupert-Lituania…) los contenidos de este Estampa. La idea es asimismo que conozcan a nuestros artistas, a nuestras galerías y que charlen entre ellos y con interlocutores nacionales como Jordi Antas de Orbital, Andrea Pacheco de Felipa Manuela o Manuela Villa, de Matadero, sede de la cita. De algo tan español como una buena sobremesa tienen que salir cosas fructíferas.

Pero volvamos a la feria: ¿Qué tenemos que comprar o, al menos, desear comprar allí? Empecemos por esas galerías que se han traído parte de su local a Matadero o que comisarían sus propuestas. Max Estrella reproduce (en formatos asequibles y precios populares) su cita con la que celebró su 23 cumpleaños. En José de la Mano, sus «históricos revisionados» continúan con la afición al plexiglás que ya muestran desde su sede en Zorrilla, 21. Rosa Santos apuesta por Elena Aitzkoa, un muy buen proyecto romano de Greta Alfaro y una pieza que «conecta» de Andrea Canepa. Todo con un cierto aire de fin de época en un mundo global. Ante tanto estand impoluto y blanco, el de Ogami –en manos de Estudio Gomina– atrae aunque no se quiera pasar. Menos mal que dentro no defrauda.

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Detalle del montaje del espacio de Ogami Press en la feria

Nada más entrar en la Nave 16, uno se topa con las obras de Guillermo Mora premiadas por la Comunidad de Madrid (caerán otros: el de DKV, el del 25 aniversario…). Ese es el estand de Moisés Pérez Albéniz. Pero que una visita rápida no les deje sin contemplar las piezas de Miren Doiz. En ATM, Clara Sánchez Sala siempre es parada obligada. Bernal Espacio no defrauda con su homenaje a la fotografía (también apuesta por ella Blanca Berlín), pero reparen en uno de los pocos vídeos de la feria: el de Cristina Mejías. Está a la altura de sus pies. Dará que hablar Jan Mathews (se lo prometo), ahora en Magda Bellotti. Tampoco hay muchas galerías extranjeras por estos lares, lo que convierte a la lisboeta Módulo Centro Difusor en esta edición de ciegos en el tuerto-rey.

Antes de llegar a la zona comisariada, un alto en Artnueve. A Javier Pividallo verán en otros lugares de la feria, pero aquí dialoga a la perfección conSergio Porlán y Pablo del Río. Fogonazos de Fernando Martín Godoy enSiboney; de Edgar Plans en Marita Segovia; de Jan Letto en T-20 (donde uno no puede resistirse a acercarse a oler la pieza de Javier Arce…); de Gil Gijón, que dibuja con polvo, en Kir Royal; de Miguel Marina, Din Matamoro o Kepa Garraza en Combustión Espontánea o de Franquelo en Twin Gallery… Me dejo muchos otros, pero no les voya hacer «spoilers» de todo.

Ahora sí: entramos en «Mapa», la sección a cargo de Guillermo Espinosa,y descubrimos cómo esta es un semillero de autores jóvenes. Allí el comisario ha pretendido que el arte hable sobre arte, sobre los artistas, sobre sus referentes, sus anhelos y sus derrotas. Si Opening es el granero de ARCO, «Mapa» lo es de Estampa, trampolín para saltar al sector general (de aquí salió T-20) y bombona de oxígeno para que los precios de un estand no suponga un pequeño infarto.

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El galerista de Combustión Espontánea revisa su móvil en la feria

Y ahí vemos como las referencias barrocas y religiosas vuelven a María José Gallardo en La Gran. Que Ignacio Bautista se pone serio para hablar de pintura en serie (Ángeles Baños). Que las referencias de Marian Garrido son siempre su última obra, y que construye bodegones de un mundo apocalíptico que casan bien con las cerámicas de la fragilidad de Nauzet Mayor (Fran Reus). Que en su línea humorística e investigativa, Daniel Silvo también nos sitúa en Isabel Hurley en el final de la raza humana, con la figura del coleccionista intentando defender sus obras. Que a la pintura y la escultura les queda cuerda en F2gracias a Fede Miró y Diego Delas… Solo un pero: dado que todo ese sector queda bien encajado en el pabellón, ¿qué sentido tiene que una de sus firmas (José de la Fuente) no esté integrado en él, ocupando, por ejemplo, el lugar en el que está Twin Gallery?

Mención especial merece el batiburrillo que es en este lado de la feria el sector Print Shop. Que dé un paso al frente el miembro del comité (conformado este año por Lorena Martínez de CorralAlicia Ventura, el propio Espinosa, Luis Caballero, Fernando Panizo, José Antonio Trujillo y Francisco Ramallo) que crea, no ya tanto que el nivel aquí es el mismo que se le exige a otras galerías de la feria para estar presentes, sino que considere que se está jugando en la misma liga. Allí se compra, se vende y se cuelga el arte de manera totalmente distinta al del resto del salón. Estampa hace tiempo que dejó de ser una feria de arte múltiple. Si considera que debe apostar por ello, adelante, pero con apuestas solventes. De esta forma, esos avances que se ven cada año en Matadero lucirán mucho más. De lo contrario, la grieta será cada vez más sangrante. Otro choque de trenes, como tantos de los que vivimos estos días…

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Detalle de la sección “Mapa” con obras de Federico Miró en primer término

Texto publicado en ABC.es el 22 de septiembre de 2017

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