Cómo abordan los artistas españoles hoy el género del retrato

Al hilo de la exposición que el Museo Guggenheim dedica al retrato de David Hockney, nos ocupamos del uso que los autores españoles actuales hacen de este género artístico histórico. Una fórmula que hunde sus raíces en la pintura y que alcanza hoy la imagen virtual

“Falling From Grace”, fotografía de Paco y Manolo

Oscar Wilde dejó escrito en El retrato de Dorian Gray que cualquier retrato realizado con emoción lo es tanto del autor como del sujeto plasmado, y algunas veces, incluso más. Nos lo recuerda Pierre Gonnord (Cholet, 1963), uno de nuestros grandes fotógrafos actuales, consagrado por completo a este género, caracterizado en su caso por el uso de fondos neutros y los modelos «regios», en los que la influencia del Barroco español, pese a su origen francés, es evidente: «Para mí, un retrato es el deseo de poder hacer caber toda la condición humana dentro de un único individuo, el mar en un dedal. Un ménage a trois donde interviene un sujeto, un autor y un espectador». Continuar leyendo “Cómo abordan los artistas españoles hoy el género del retrato”

Entrevista a Pierre Gonnord

«Manejo realidades en vías de extinción»

El Museo de la Universidad de Navarra invitó a Pierre Gonnord a bucear en sus fondos fotográficos. Así nació «De Laboris», proyecto que coincide con una muestra en el Centro de Arte de Alcobendas, fruto de su premio internacional

Pierre Gonnord en su estudio madrileño (Foto: Angel de Antonio)
Pierre Gonnord en su estudio madrileño (Foto: Angel de Antonio)

Está a punto de viajar a Francia para retratar para uno de los FRAC a un equipo de rugby. Y esta nervioso:«No sé hacer fotos en diez minutos. Necesito convivir con la gente». Nos reunimos en su estudio en Madrid, un espacio en desuso por la misma razón. Pierre Gonnord, nacido en Francia (1963), pero español de corazón, acaba de presentar su propuesta para el programa “Tender puentes” del Museo de la Universidad de Navarra, que incluye novedades (como su aproximación al vídeo), mientras remata el montaje de una pequeña retrospectiva en el Centro de Arte de Alcobendas, fruto del premio que le concedió esta institución. Así afronta estos y otros retos. Continuar leyendo “Entrevista a Pierre Gonnord”

La vuelta a Europa con PHotoEspaña 2016

Sin vocacación eurocentrista, pero sí en un deseo por interrogarse por la esencia e identidad del Viejo Continiente, el festival PHotoEspaña de 2016 convierte Europa en lema de su XIX edición. La más internacional. Estas son sus citas imprescindibles

Fotografía de Shirley Baker, de su muestra en el Museo Cerralbo
Fotografía de Shirley Baker, de su muestra en el Museo Cerralbo

La base para un «Compromiso», en palabras del fotógrafo polaco Andrezj Tobis. Para la fotorreportera Juana Biarnés, de las primeras que se dedicaron a esto en nuestro país, es un auténtico «Desastre». El griego Stratos Kalafatis la reduce a «Colores» y a «Fe». Su compatriota Yannis Karpouzis la ve, sin embargo, como un continente «Oscuro». Otra española, Linarejos Moreno, tiene claro que es un «paradigma que hay que desmotar», mientras que el británico Simon Roberts señala en ella semejanzas con una familia disfuncional… Continuar leyendo “La vuelta a Europa con PHotoEspaña 2016”

Capital Animal: Burradas, monerías y cochinadas

Nunca está de más tomar conciencia sobre nuestra relación con el resto de animales. Ese es el propósito del festival «Capital Animal», en Madrid, cuyos contenidos, a veces, llenan demasiado la cabeza de pájaros

Una de las fotografías de "Soy tú", serie de Amparo Garrido en "Animalista"
Una de las fotografías de “Soy tú”, serie de Amparo Garrido en “Animalista”

Partamos de la base de que “Animalista”, en La Casa Encendida (hasta el 12 de junio), no es una exposición de arte, por mucho que a su comisario principal, Rafael Doctor, le guste decir que dentro de cada persona hay un artista. Es un proyecto plural y activista, bienintencionado y combativo, del que forman parte un buen número de artistas, pero no solo ellos, y no todos tan buenos. De hecho, y con diferencia, su mejor propuesta es la de un médico, Alejandro Garrido, cuya aportación, titulada “¿Quieres que hablemos?” propone sin dogmatismos ni aspavientos pautas para afrontar el debate de un tema, el de la defensa animal y todos sus aledaños (veganismo, caza, tauromaquia, determinadas propuestas de ocio como los circos o los zoos…), que levanta pasiones enconadas.

Decíamos que no puede ser entendido como proyecto artístico porque, de ser así, hay errores de bulto que no podríamos pasar por alto. Uno de los más llamativos, el de la disposición de las obras en su primer apartado, el que los comisarios han dejado en manos de Enrique Marty (responsable del montaje) y que ellos entienden como una especie de gabinete de museo antiguo con más de 200 obras que tapían literalmente las paredes, en un deseo de mostrar la fascinación que el «animal humano» (la terminología empleada, en ocasiones, resulta pueril) siente por los «animales no humanos». Y entonces aquello se convierte en un tótum revolútum (sin cartelas) en el que cualquier obra de cualquier autor que tenga a un animal como icono tiene cabida, independientemente de la calidad, el tamaño o el número.

Fotografía de Quique Carbajal para "Otras tauromaquias"
Fotografía de Quique Carbajal para “Otras tauromaquias”

Si se ha tenido la suerte de presentar una obra monumental como la de Alfonso Galván o Santiago Ydáñez, o varias de prestancia como las de Pierre Gonnord o Amparo Garrido (la segunda pregunta sería por qué sus primates y sólo sus primates son «indultados» del maremágnum en paredes blancas, cuando desde la cartelería de la fachada ya se nos advierte de que no se debe hacer diferenciaciones entre especies), enhorabuena: serán fácilmente localizadas. Son muchos los artistas que me preguntan por redes si he visto en tal escenario sus obras, y a todos les he de contestar lo mismo: creo que no. Y mucho menos admirar sus matices si estas me quedan a tres metros de la cabeza (y yo soy bastante alto). Reconozco que lo que yo sentí fue el mismo aturdimiento que un niño en una pajarería, donde las jaulas ahora eran los marcos de los cuadros y las fotos.

En la segunda parte de la muestra –acto central del programa Capital Animal, promovido por la plataforma homónima)–, en una habitación enfrentada, es tiempo de agitación; de violencia, esclavitud y tortura animal y del surgimiento de nuevas preguntas. Se nos dice, por ejemplo, que es el sistema capitalista el que sustenta estos comportamientos, mientras en uno de los vídeos proyectados se reproduce el sacrificio de perros para su consumo en un mercado presumiblemente chino. ¿Por qué en este sector, por ejemplo, faltan cartelas o las de los dibujantes e ilustradores no incluyen datos? Porque, sinceramente, la viñeta de Forges del toro que se interroga sobre el porqué de su situación sería valiente en 1970 o 1980. En 2016, es una bobería. Y lo peor es que la misma ilustración (junto a otras, estiradas hasta la ruptura de los pídeles de los “originales”) se repite en citas como la de la Calcografía Nacional (“Otras tauromaquias”, hasta el 25 de mayo), donde volvemos a encontrarnos con buena parte de los artistas convocados aquí (podría decirse que, vista una muestra, vistas las dos: El Roto, Forges, Malagón, Santiago Talavera, Miguel Scheroff, La Ruina y Jaime Alekos…).

"Cosmos", fotografía de Ruth Montiel Arias ("Animalista")
“Cosmos”, fotografía de Ruth Montiel Arias (“Animalista”)

En algunos casos, es el contexto el que determina la lectura negativa, como en las fotos de “La caza del lobo congelado”, de Ricardo Cases, de igual forma que (y eso lo sabe cualquier estudiante de audiovisuales), una música bien elegida aporta un dramatismo a imágenes que quizás no contuvieran esa intención, como en algunas de los vídeos del tándem La Ruina & Alekos. ¿Y dónde supera la pretensión periodística para convertirse en reflexión artística un vídeo sobre mataderos como el de Antonia Valero y Fabiola Simonetta? En la misma sala, obras poderosas como la mirada «humanizada» de Ruth Montiel, junto a las de Carmela García, colgadas de cualquier manera, y propuestas realmente menores.

En el tercer ámbito, el de Garrido, algunas «respuestas», que yo llamaría «propuestas» para intentar subvertir, o al menos corregir, determinados comportamientos (junto a actitudes que en absoluto buscan convencer al otro sino imponer lecturas unívocas): como las soluciones textiles sintéticas de Herida de Gato o los refugios de Wings of Heart o Gaia, al lado de acciones menos hortodoxas (como la declaración de Trigueros del Valle, en Valladolid, en el que los animales tienen los mismos derechos que los seres humanos, toque lleva a preguntarse muchas cosas) u obras, como las de Lidia Toga, Sergio Ojeda o Montse Carballo (la de esta última, casi no se puede contemplar debido al espacio de consulta que le han colocado delante), que podrían estar aquí o en la sala anterior (de hecho, no sabemos muy bien por qué se incluyen en este sector).

Dibujo de Santiago Talavera para "Otras tauromaquias"
Dibujo de Santiago Talavera para “Otras tauromaquias”

Volvemos a la Real Academia de San Fernando, donde las tintas se cargan contra la tauromaquia, y se aprovecha el doscientos aniversario de los grabados de Goya sobre esta temática para hacer una relectura de su genio, que, sinceramente, hace aguas. Dicen los organizadores que si el de Fuendetodos viviera ahora sería «el máximo defensor contra esta barbarie». Hombre, eso, o un artista con “off-shorts” en Panamá (como hemos visto que existen), o un concursante de Gran Hermano haciendo “edredoning”. Jugar a los futuribles es peligroso y tendencioso. De hecho, la lectura de algunos de los títulos de sus obras (que se mezclan con las de María Cañas, que hace fiesta, con su habitual material de archivo, de las heridas del animal «humano» torero; Eider Agüero y su noción equivocada de psicópata; o Eva Máñez, que con sus fotos de aficionados no sabemos si ensalza o denuncia), lo descubren como un gran conocedor de la lidia. Sí hay que reconocerle a esta cita un temperamento más calmado y la capacidad para abrir el abanico a otras actividades en teoría igual de censurables como el uso de reses en fiestas locales (el adjetivo «religiosas» de Rolland y Carbajal sobra), con una acción por parte de Gladiadores por la Paz para llevar libros a Tordesillas (¡Ay, el Toro de la Vega!), y llamar incultos a todos sus habitantes, y un vídeo, el de Chus Gutiérrez y El Niño del Elche, en el que desde una lectura positiva de otro tópico (el del flamenco) se desmonta un tercero.

Precisamente El Niño de Elche protagonizó otro evento en el Museo Reina Sofía el miércoles 18 de mayo, a donde volveremos el 30 de junio para escuchar a un reconocido animalista como es J. M. Coetzee. Y es que las ramificaciones del festival son muchas y diversas: encuentros, acciones para niños, cinetecas, festivales de cocina vegana, ciclos de poesía… En galerías, restaurantes y sedes oficiales. Sin duda, el animalismo tiene mucho que aportar. Quedémonos con lo mejor. No seamos burros.

Detalle del montaje de Enrique Marty para "Animalista" en La Casa Encendida
Detalle del montaje de Enrique Marty para “Animalista” en La Casa Encendida

“Capital Animal”. Distintas sedes. Madrid. Comisarios: Rafael Doctor, Ruth Toledano y Concha López. Http://capitalanimal.es/. Hasta finales de junio

Nuevos pliegues de la fotografía escenificada

El ensayo «El objetivo barroco», publicado recientemente por Documenta Arts, da pie a analizar las claves de la fotografía escenificada en España. Conversamos con algunos de sus representantes, los más consolidados y las jóvenes hornadas (Por Javier Díaz-Guardiola)

«Miroslaw» (2009), de Pierre Gonnord
«Miroslaw» (2009), de Pierre Gonnord

No sé cómo explicarlo, pero la verdadera realidad se genera en mi cabeza. Yo veo el mundo con cierta estética, con cierta luz, cierta perfección, y no encontrarla luego ahí fuera, por idílica, es una tortura. Por eso, porque si para contar algo yo necesito valerme de un hombre en calzoncillos con orejas de conejo, lo mejor es recrear eso, no esperar a que suceda, algo, por otro lado, no pasará nunca». El que así se expresa es Fernando Bayona (Linares, 1980). Él es sin duda uno de los máximos exponentes de la joven fotografía escenificada en España, aquella de la que se ocupa el ensayo “El objetivo barroco”, compilación de algunos de los fotógrafos contemporáneos que, en palabras de su autora, la periodista Laura Revuelta, reactualizan en nuestra época las fórmulas y pasiones propias de este periodo histórico.

De opinión similar es Ismael DeLarge (Italia, 1981), otra de esas jóvenes promesas que encuentran refugio en la fotografía de estudio: «Mi sensación con este tipo de imágenes es la que experimentas cuando tienes un sueño. Al despertarte, por muchos detalles que aportes a tu interlocutor, es imposible que consigas recrearlo todo, que éste te siga en tu descripción. La foto escenificada es un privilegio, la fórmula para hacer físicos y visibles esos sueños».

"The las time", obra de Fernando Bayona de "The Life of the Other"
“The las time”, obra de Fernando Bayona de “The Life of the Other”

Gregory Crewdson o Erwin Olaf, grandes autores recuperados por Revuelta en su publicación, recuerdan por el uso de la luz o la contención de las emociones a los grandes pintores del XVII y el XVIII. De barrocos han sido también definidos los retratos de Pierre Gonnord (artista francés que, sin embargo, ha desarrollado su trayectoria en nuestro país), que comparte con algunos de los viejos maestros la capacidad para dignificar a sus modelos, sujetos anónimos a los que rodea de un halo de majestuosidad: «Soy barroco por el uso de la luz, por mi gusto por el tenebrismo. Sus fórmulas son las idóneas para generar sentimientos de distancia o proximidad entre el sujeto al que retrato y el espectador. Es una muy buena forma de mirar: no todo se puede o debe observar a plena luz del día».

También son «barrocos», por rizomáticos, los resultados en las imágenes arquitectónicas de Dionisio González (Gijón, 1965), autor precisamente de una tesis sobre la estética del horror en la foto postmoderna, que reconoce cómo en su análisis sobre la muerte de la imagen y su necesidad de epatar, terminó por cansarse de la técnica: «No me identifico con el concepto de fotografía barroca, pero entiendo que, en su recepción, la mía se englobe en este ámbito. Siempre he evitado caer en la brillantez y teatralidad de la publicidad. Creo que lo neobarroco actual, también en la imagen, ha perdido carácter trascendental y cierta gravedad finalista. Pero es cierto que esos asentamientos irregulares y no planificados que a mí me interesaron en cierto momento y que se extendían por las ciudades aportaban una visión pavorosa, fractal, deleuziana: muy barroca».

Fotografía de Ismael Delarge
Fotografía de Ismael Delarge

Este tipo de foto ha contado siempre con importantes representantes en nuestro país, de Eugenio Recuenco a Álvaro Villarrubia o Eduardo P. V. Rubaudonadeu –autores que han basculado entre la moda y el arte– y continúa en nombres como Pablo Lecroisey o los jóvenes Ángel Guzmán e Irene Cruz. Sin embargo, no sólo de un ámbito como el publicitario llegan las influencias. Aurelio Monge (Jaén, 1971) recuerda irónicamente que «nunca hubo un estilo fotográfico en el barroco», de forma que todo lo que se haga hoy bajo su influencia será novedad. Él, que descubrió la cámara temprano, y el desnudo como género desde el que desarrollar una fructífera trayectoria, se define como «neopictorialista», un fotógrafo que bebe más de la pintura (fundamentales Caravaggio o Ribera) y que huye de la teatralidad del «barroquismo»: maquilladores, saturaciones, imágenes grupales… «Yo lo traduzco todo a música, y me veo más como un coreógrafo o director de escena». Bayona enumera a Joel-Peter Witkin, el fotógrafo de los muertos, a Olaf a Crewdson, aunque también a mucha fotografía publicitaria pero anónima. Nada de Richard Avedon o David LaChapelle. «Y la pintura flamenca: cómo iluminan. Entonces la luz sólo podía llegar del sol o de una vela. Y así tiendo yo a utilizar ahora el flash. Tres a lo sumo, como si de tres pequeñas candelas se tratara. La actualidad de Vermeer es total». DeLarge menciona a Miron Zownir («mucho más crudo que yo, que intento ser poético hasta en lo más duro»), el performancer Oleg Kulik y a dos directores de cine: el belga Thierry Zéno y el alemán Jörg Buttgereit. «En el cine, tiendo de manera natural a lo underground, que, en este sector, es todo lo que no sea mainstream». Gonnord también habla de la literatura y del celuloide, ya que «su mirada es más contemplativa, acercando y alejándo su objetivo como un zoom, circulando como en un paisaje».

"Cocina (Víctor, 29 años)", de Ángel Guzmán
“Cocina (Víctor, 29 años)”, de Ángel Guzmán

Él no es un artista de estudio, pero sí de espacios cerrados. Ahora realiza una colaboración para San Sebastián 2016 y se ha trasladado al País Vasco a retratar a los deportistas que levantan piedras. «Es necesario introducirse en el ámbito del modelo. Con ello se consigue que sus rostros, sus gestos estén menos forzados, menos fabricados». Bayona construye sus imágenes, como lo hace Ángel Guzmán (que acaba de celebrar su primera individual en Málaga con la serie sobre la transexualidad I Wanna Be a Buterfly), pero ambos inciden en la importancia de los detalles: «Como en la pintura flamenca –agrega Bayona– todo tiene un porqué. Cada elemento es como una palabra en un libro y es tan importante como el modelo». «Realidad y ficción se mezclan constantemente –concluye Guzmán–. La foto es una mentira en sí misma. Pero yo prefiero hablar de mi trabajo como documental escenificado. Uso modelos de la vida cotidiana, que ficcionalizan su vida en mis fotos. Lo que yo hago es crearles un escenario idóneo para tal fin».

Ismael DeLarge se considera barroco, pero no por la apariencia de sus resultados, sino por la potencia de sus contenidos: «Tiendo al exceso, al horror vacui, pero me contengo para que no se pierda el mensaje. Sería como aquella orquesta en la que tú concentras la atención sólo en un violinista. Me gusta hablar de mis trabajos como muros de ladrillo en cuyo interior hay una casa de cristal. Está bien que te dé una patada a la cara al principio, pero lo siguiente, si lo superas, será un arrullo». A Dionisio González le seduce el carácter ficcional de la imagen, su idea de simulacro sobre la que escribió Baudrillard:«De hecho, me pregunto si hago fotos o arquitecturas. De la foto me interesa su capacidad no para generar una imagen, sino como campo desde el que lanzar propuestas».

"El sueño de Baco", fotografía de Aurelio Monge
“El sueño de Baco”, fotografía de Aurelio Monge

Consultados por la capacidad para la improvisación en este tipo de foto tan controlada, su respuesta es desigual: No se pueden controlar ni las miradas, ni los ademanes, exponen Gonnord y Bayona. Este último reconoce que un suspiro, un cierre de ojos puede dar al traste con la idea inicial y convertirse en la final. Monge es de los que opinan que en la foto todo es muy real («no se puede forzar nada»). DeLarge argumenta que han sido tantas horas de conversación con el modelo, que poco espacio queda para lo no meditado…

En su opinión, ¿vivimos en una sociedad barroca? Abre fuego Bayona: «Por supuestísimo. Y hemos creado un mundo paralelo en redes sociales en lo que todo es mueca y escenario. Pura pose». Para Monge, «todo es fachada y una huída hacia delante»: «¿Qué triunfa en literatura y televisión? La revisión histórica. ¿Qué es “Juego de Tronos” si no una batidora de mitos?». Pone el punto y final González: «Somos barrocos en el sentido de la descomunalización de lo visual. El espacio social de la red es inabsorbible. Ella tiene vocación democrática, pero internet es un tiradero de información desjerarquizada. De hecho, nuestra subyugación por la pantalla ha dado pie a un nuevo lenguaje, jergas, neografías puramente barrocas: ¡Simplificamos las palabras con emoticonos que son dibujos de lo más elaborados! Hay una tendencia a la “graforrea”, a la banalidad redaccional». Cae el telón.

"Dauphin", fotografía de Dionisio González
“Dauphin”, fotografía de Dionisio González
Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 12 de marzo de 2016