“¡Únete! Join Us!”, el proyecto de Jordi Colomer para la Bienal de Venecia

«¡Únete! Join Us!»: la propuesta nómada de Jordi Colomer para el pabellón español en Venecia

Jordi Colomer y Manuel Segade, artista y comisario del pabellón español en la Bienal de Venecia que inaugura en mayo, trabajan ya in situ en la ciudad de los canales para preparar su proyecto, del que desgranamos las claves con su responsable

Un momento de uno de los vídeos de “¡Únete! Join Us!”

Mientras medio país descansaba durante la Semana Santa, y el otro medio se preparaba para hacerlo, dos «ciudadanos» ponían toda la carne en el asador a kilómetros de distancia para tenerlo preparado en poco más de una quincena. Les hablo de Jordi Colomer (Barcelona, 1962), el representante español en la Bienal de Venecia –que llegaba a la isla de los canales a comienzo de las vacaciones para empezar a trabajar sobre el terreno– y Manuel Segade (1977), el comisario de su pabellón –que lleva allí desde el último fin de semana–. Ambos ya trabajan allí mano a mano y a pleno rendimiento en su proyecto, el titulado «¡Únete! Join Us!», con el que esperan contagiarnos en la edición de la bienal que abre sus puertas el próximo 13 de mayo de espíritu festivo –también crítico– con su reflexión sobre qué sociedad somos capaces de construir. Con su responsable, también director del CA2M, desgranamos las claves de la propuesta.

Recordemos lo que fue la cocina de su elección y la de Jordi Colomer para Venecia.

A comienzos del verano de 2016, un comité de expertos decidió el nombre de cuatro personas a las que se les debía proponer un proyecto para el pabellón español en Venecia. Una de esas personas fue Jordi Colomer, que fue el que a su vez propuso que yo fuera su comisario. A partir de ahí, cada uno de los candidatos elaboró un proyecto, en el que, desde ese momento, trabajamos juntos, y que fue el que presentamos a principios de septiembre. Nuestra propuesta fue la que se hizo pública como vencedora el pasado 14 de octubre.

Cómo se trabaja en una circunstancia como esta en la que es el artista el que elige al comisario?

Es exactamente igual que si hubiera sido al revés, menos paternalista incluso, si me apuras; algo que no está nada mal. Es decir: que los artistas también puedan elegir y que se deje de pensar que sólo es el comisario el que tiene poder de decisión.

Segade en la presentación en el ” de Mayo de la expo de Jorge Macchi

No es la primera vez que ustedes trabajan juntos.

Así es. Nosotros ya habíamos coincidido en alguna ocasión para una exposición en la Fundación Joan Miró, la que recordaba la Historia del Espai 13; y también anteriormente, en «La cuestión del paradigma», en La Panera… Éramos vecinos en París, nos conocíamos bien allí…De forma que era una selección lógica, por cercanía y porque incluso yo ya había mencionado que era un creador que se merecía un pabellón ya.

¿Se ha tardado en decidir que Jordi Colomer nos represente en Venecia?

No es tanto que se haya tardado, sino que es uno de los artistas españoles que, por trayectoria, por postura crítica y por visibilidad internacional, estaba maduro para realziar un proyecto de esta envergadura. Ha trabajado en grandes instituciones, siempre ha hecho producciones muy ambiciosas, lo que se traduce en que podría enfrentarse a un proyecto tan serio como el del pabellón.

¿Y cómo encajan en los planes de uno, centrado ya en la dirección del CA2M, un encargo como este?

Tiene la complicación de que, a nivel personal, renuncias a todos tus fines de semana y vacaciones desde que te lo comunican y hasta la inauguración del proyecto. Pero es un placer.

Vamos al grano: ¿Qué es lo que vamos a ver allí?

Esto va a ser una instalación de instalaciones, una especie de lugar relacional cuya primera sala es una especie de patio, un ámbito de encuentro que marca el punto de partida. A partir de ahí, continuando la idea que el propio Colomer había ensayado en el Abierto por Obras de Matadero-Madrid, el espectador se encuentra con una serie de puertas que le permitirán acceder al recorrido de las salas perimetrales. Por tanto, hay un momento en el que este tiene que tomar una decisión. El proyecto se titula «¡Únete! Join Us!», porque eso precisamente es lo que se pretende conseguir desde el principio: Dentro del pabellón, el espectador es un participante que activamente se va a convertir en parte de la exposición. Creo que ese es uno de los elementos clave del proyecto. En el interior, una vez que accedes a las salas perimetrales, una estructura que es un híbrido entre escultura y arquitectura, como de graderíos o combinaciones seriadas distintas, se mezcla con pantallas que tienen mucho de urbano y que parecen unos «billboards» [luminosos] gigantes. En ellas se proyectan hasta 14 vídeos, en combinaciones distintas, a lo largo de las salas, lo que es otro de los meollos de la cuestión…

Porque lo que vemos en esos vídeos es…

Son fragmentos de la documentación, desde el videoarte, de los movimientos de una comunidad de individuos, dirigida por tres mujeres desde tres ámbitos geográficos distintos: Nashville, en Estados Unidos; Atenas, en Grecia; y Barcelona y el Ampurdà catalán en España, elegido este último por ser donde se sitúa el Autódromo de Terramar, donde se celebró un campeonato del mundo de automovilismo en 1923. En estos lugares, estas personas hacen una serie de acciones poéticas muy relacionadas con el trabajo de Jordi y que tienen que ver con su reivindicación del nomadismo, del desplazamiento, en un momento como el actual en el que se imponen como problema los movimientos fronterizos. El proyecto reivindica así cierto espacio nómada, cierta errancia, cierta apuesta por una cuestión de ciudadanía que no es la que manejamos actualmente.

Uno de los vídeos del proyecto

¿Qué tres mujeres y por qué tres mujeres?

Una es una actriz joven, Laura Weissmahr, afincada en Cataluña, que habla una multitud de idiomas en una especie de Babel permanente. Otra es Lydia Lunch, también cantante, poeta, pionera en la No Wave americana, destacadísima desde los setenta por su banda Teenage Jesus, y que también vive en Barcelona. Ella nos regala una canción en uno de los vídeos. Y la tercera, Anita Deb, catalana, pero con origen en Bangladesh, lo que permite introducir Bollywood, o la tradición de danza de esas películas de una manera muy singular. Las connotaciones transculturales aseguran la cercanía de los públicos. Y si queremos hablar del porvenir, de cierta ciudadanía anticipada, de lo que queremos que venga después, era básico reivindicar el rol de la mujer, proponer un imaginario diferente, sin hacer de los vídeos un panfleto.

Pregunta obligada es cómo se relaciona todo eso con el mundo actual, con Venecia y con el propio pabellón español. 

Ahí hay dos puntos importantes. Estamos proponiendo un pabellón apátrida dentro de un circuito de pabellones nacionales y desde un pabellón nacional. Eso ya es destacable, pues reflexiona sobre la propia noción de pabellón o pabellones nacionales. Recuerdo como en la edición anterior, Griselda Pollock publicó un texto en el que recorría todos los pabellones nacionales desde el español, no sólo por su interés en Cabello/Carceller, sino también porque es el primero que te encuentras al llegar. Jordi ha conseguido sumar ese efecto: la posibilidad de ver el resto de pabellones desde el nuestro. Proponemos otra manera de entender el concepto de deambular, en un pabellón que se ofrece como un teatro de vanguardia, un lugar en el que la gente estará sentada viendo los vídeos pero donde también estarán mirándose los unos a los otros.

Lo que se va imponiendo en los pabelones españoles de las últimas ediciones es que no nacen y mueren con la inauguración, sino que se prolongan en el tiempo que dura la bienal. Eso también ocurre entonces aquí.

Así es, desde esa teatralización del espacio y ese perseguir que el público sea parte de la pieza es desde donde se conseguirá que esté vivo constantemente. La performatividad se deposita en las posibilidades combinatorias del público y de cómo este utilice la estructura que le proponemos.

Volvamos al artista. ¿En qué sentido este proyecto es Jordi Colomer y en qué sentido lo supera, le hace avanzar?

La ambición de la escala es lo más destacable. El haber producido en los últimos seis meses 14 vídeos en diferentes lugares geográficos son indicativos de un plus. Y él ha tenido además la oportunidad de vincular cuestiones de su carrera que, quizás últimamente, estaban menos visibles. Su trabajo se había encasillado en el vídeo, cuando aquí hay mucho de escultórico, de arte relacional, cuestiones muy bien traidas porque conectan con su propia tradición. Jordi no solo fue uno de los impulsores del videoarte a finales de los noventa en el panorama europeo, sino que también se caracterizó por venir de un lenguaje entre la arquitectura y la escultura. Aquí se recuperan fuerzas y capacidades que este artista ha tenido desde siempre.

¿Para quién se trabaja en Venecia? ¿Cuáles son sus públicos objetivos?

Por un lado, está el público del arte contemporáneo, que en este año tan específico en el que coincide Documenta en Kassel y Atenas, Munster y la feria de Basel, se movilizará más si cabe para pasar también por la Bienal de Venecia. Pero, obviamente, también hay un turismo cultural para el que Venecia es parada obligada. El pabellón está concebido literalmente para un uso masivo, para que esté lleno de gente todo el rato.

Colomer en una imagen de archivo

¿Ustedes dos eran más partidarios de un pabellón para «llamar la atención» o un pabellón que se abstrae del contexto y se utiliza como espacio para un proyecto introspectivo? 

En este caso, hemos diseñado un pabellón «hipergeneroso». El trabajo de Jordi tiene mucho sentido del humor. Este será un espacio rápido, muy vivo, con mucho ruido, con muchos tipos de performatividades distintas por todo lo que revelan los vídeos del desplazamiento de esta comunidad. Yo creo que es también muy de su generación, la de finales de los noventa, la de saber coordinar a la perfección la alta y la baja cultura; una capacidad para entender lo vernacular desde un punto de vista crítico y también elevado.

¿Hasta qué punto el comisario moldea o permea en la propuesta del artista? 

Yo creo que el trabajo del comisario no ha de comenzar cuando te pones a diseñar el pabellón. Nosotros, por conocernos desde hace tiempo, seguimos el uno la labor del otro, y eso lleva a un diálogo en curso que eclosiona en el momento en el que tienes una oportunidad para hacerlo, como ocurre aquí. No creo por tanto que mis ideas sobre algo puedan configurar el trabajo de Colomer, sino que un diálogo en conjunto da pie a un tipo de resultado.

¿Qué sensaciones se han llevado ya de su llegada a Venecia?

Jordi Colomer lleva una semana y media aquí y se quedará hasta la inauguración. Yo llegué el sábado. Y la sensación es muy buena. Está trabajando con un equipo muy joven, realmente fantástico, lo que ha creado un muy buen ambiente en el pabellón, sin tensiones. Todo está siendo muy fácil. Comparado con las noticias que iban saliendo otros años, es un pabellón absolutamente tranquilo. Y piensa que la presión aquí siempre es grande, por el escenario, por los tiempos que hay que cumplir… Desde que en verano perfilamos qué tipo de proyecto queríamos hacer, todo ha ido muy bien.

Maqueta del proyecto

Cuando a uno le llega un encargo como este, ¿la primera llamada es al comisario anterior?

Yo he trabajado mucho con Lara Almarcegui; conozco bien a su comisario, Octavio Zaya, conozco bien a Dora García, a Katya García-Antón… Al proyecto anterior [el de Martí Manen] incluso estaba vinculado por el catálogo y mi conocimiento y amistad con todos los artistas participantes, de forma que el diálogo fue por muchas bandas. Y ha sido importante. Pero quiero destacar que también ha existido con otros pabellones de este año, como el holandés, a cuya artista exibiremos pronto en el CA2M.

¿Qué esperan ustedes de este pabellón? Saben que en breve estarán en el punto de mira.

Sobre todo, una recepción crítica real. Lo más importante es visitarlo y hacer después un análisis calmado, tranquil,o para hacer una lista con lo positivo y lo negativo que pueda tener. Lógicamente, también esperamos éxito, pero lo deseable no son las reaciones viscerales, si no que todos podamos aprender con lo que estamos haciendo.

Texto publicado en ABC.es el 20 de abril de 2017

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