Abre sus puertas El Gabinete, de Eduardo Hurtado, en Bilbao

Un Gabinete en Bilbao para la experimentación «analógica» y de cocción lenta

El artista Eduardo Hurtado pone en marcha en el barrio bilbaíno de Solokoetxe El Gabinete: un espacio en el que desarrollar su labor artística pero también concebido como herramienta para el «choque suave» entre prácticas contemporáneas

Detalle de las estancias de El Gabinete

No es casualidad que sea precisamente hoy, 21 de junio, cuando echa a andar El Gabinete, el nuevo espacio para la experimentación artística de Eduardo Hurtado en Bilbao. Hoy se celebra el solsticio de verano, efemérides importante para este artista vallisoletano que lleva años desarrollando su labor creativa desde El País Vasco, que desea que el proyecto que ahora pone en marcha se rodee también de prácticas consideradas subalternas o que tienen que ver con lo pagano.

Por otro lado, las fiestas del barrio en el que se asienta, el de Solokoetxe, tienen lugar este fin de semana, y, en ese contexto, una de las primeras acciones públicas que desarrolle será la puesta en escena de una pieza de circo sobre un texto de Jean Genet, mientras que la siguiente, coincidiendo con el día del Orgullo, será, el 27 de junio, una «Vigilia de la revuelta», esto es, una noche de lecturas poéticas con el Grupo de Lectura Entonada, que irá activando textos de la tradición literaria homosexual, algunos olvidados, y no necesariamente vinculados al ensayo o a la teoría, puesto que este nuevo lugar tampoco apuesta por la «profesionalidad», ni nace con ínfulas elevadas.

Eduardo Hurtado en El Gabinete

¿Qué es entonces El Gabinete? Lo explica su creador: «El Gabinete surge de una reflexión en torno al contexto bilbaíno y a mi propia práctica como artista y comisario. Es cierto que mi trabajo en los últimos años se ha ido desarrollando en colaboración con el otro, en conexión con una cierta colectividad, de forma que es una labor que se ha ido expandiendo hacia otros territorios como la escritura o la escena. Eso me hizo sentir la necesidad de contar con mi propio espacio, con un taller, pero sin que esto se constituyera como el típico estudio individual, sino que, desde la lógica del compartir y teniendo en cuenta lo que ya existía en la ciudad, darle algunas vueltas al asunto y poner en pie algo nuevo».

Gabinete, por tanto, es mucho más que un taller, y algo diferente a uno de esos espacios alternativos del arte y para el arte que han proliferado como setas en los últimos años. A su dueño le gusta definirlo más como «una herramienta para construir con el otro», con una parte muy pública y muy abierta. Hurtado no quiere que este se establezca como un lugar cerrado que de vez en cuando abre sus puertas, sino que sus instalaciones –recalca– «van a estar siempre a disposición de los demás para que vengan a hacer, para que estén, para que aquí se hagan cosas».

Lo que antes fue un horno de polvorones y más tarde una ebanistería imprime parte de su historia y de su cargaen sus formas de hacer y de definirse. Este fue un ámbito en el que se creaban productos hechos para el gusto, desde lo manual, con unos tiempos de cocción y ejecución muy determinados. Para lo que es lento. Hurtado quiere ahora que todo lo que pase aquí se desarrolle a esos ritmos y esas temperaturas. Asi mismo, su propuesta busca abrirse un hueco en una escena, la bilbaína, que tiene muy asumidos sus cánones y competencias: «Esta es muy rica en cuanto a programación –resume el artista–, abundante en lo referente a iniciativas independientes, lo que lo convierten en un contexto muy interesante y con mucho movimiento, pero muy poco “para afuera”, y, en mi opinión, muy duro y poco permeable».

Uno de los espacios de El Gabinete

Para Hurtado, ello deja fuera cuestiones muy ligadas «a la intuición, a la improvisación o a lo entrañable», que no se dan. «Eso no es malo –apunta–, pero pensé que, en esa su lógica, podía situarme aportando un sitio “caliente”, suave, tranquilo, donde haya diálogo. El Gabinete se relaciona con cuestiones que en Bilbao quizás no son muy abundantes como la poesía, o la escritura y la literatura gay. El espacio tiene una connotación “queer” muy fuerte, y muchos de los contenidos que se van a tratar aquí beben de esas fuentes. Todo eso tiene que ver con mi trabajo».

Dos son los referentes que su creador tuvo en mente antes de lanzar su iniciativa. Una es Salón, en Madrid. Otra, El Palomar, en Barcelona. «Me gusta que ese comedor de Ángela de la Cuadra y Kato sea su casa, en el que pasan un montón de cosas y donde todos se reúnen. En el caso de El Palomar, me seduce la construcción colectiva de otra cosa que parte del proyecto artístico de un grupo de personas y de una motivación ideológica, pero que luego da pie a otro espacio. La verdad es que no me he hecho un esquema de lo que tiene que ser esto, más bien sabía lo que no quería que fuera. En lo que no me quería ver reflejado, y a partir de ahí se comenzó a montar».

Y en ese «saber lo que no se quiere ser» quedaba fuera la posibilidad de definir todo esto como una galería al uso, como un mero taller de artista; como un espacio en sintonía con las dinámicas de competencia y mercado. Asimismo, hay una fuerte decisión en que El Gabinete no sea un espacio neutral. Para nada. Por eso, se ha mantenido el suelo de terrazo tal y como estaba; las paredes se han pintado de colores y el mobiliario es justo lo contrario de lo que se espera de un lugar contemporáneo. El Gabinete es un ámbito analógico y de cocción lenta: allí no hay wifi ni nigún tipo de aparato digital. La idea es tender a cosas muy físicas: el papel, la escritura y, además, a mano o a máquina de escribir antigua.

Logotipo del nuevo espacio

«Todo eso va a dificultar ciertas cuestiones, pero va a facilitar otras. Por ejemplo, que todo salga mejor porque se va a hacer despacito. Somos analógicos porque la línea es la de lo manual, lo artesano… Ahora estoy muy centrado en comunicar el proyecto, pero en breve va a ver un repliegue, se va a cerrar la puerta y la comunicación va a ser muy escueta. Se trata de centrarnos en el trabajo. Porque tampoco quiero dar pie a una programación bulímica».

El espacio, con el tiempo, también albergará «muestras». Hurtado no quiere oír ni hablar de «exposiciones», en un deseo de nuevo de que El Gabinete no se identifique con una galería. Para él, el concepto «muestra» tiene más que ver con el proceso, con lo que aún no es definitivo. Estas, además, no contarán con un calendario, con jornadas posteriores con horario para seguirlas: «A mí me interesa –prosigue– que el artista que venga a trabajar aquí nos enseñe no sólo su producción, sino cuestiones que pululan por la órbita en la que esta se mueve y que quizás no acaban conformándose en obra. Por ejemplo: los borradores, los bocetos, la bibliografía que manejó…». A lo largo del año, Mabi Revuelta mostrará su colección de naipes, algo muy al hilo con su gusto por el juego en su trabajo. Pablo Lerma realizará una acción sobre su archivo fotográfico. Iván Gómez está haciendo ahora un estudio sobre la Isla de los Faisanes, en la frontera entre España y Francia, y ofrecerá todo el trabajo cartográfico… «Todo eso nos convierte también en ámbito de prueba», sentencia.

Hurtado está muy comprometido con el cumplimiento de las buenas prácticas y la profesionalización del trabajo. Pero, en ese sentido, El Gabinete quiere ser un espacio «informal». Y, en esa dirección se va a ofrecer a los demás: «Yo no quiero sacar dinero con esto, ni acceder a subvenciones, no quiero entrar en ninguna competencia… Quiero ver qué tamaño y forma toma y dejarle crecer con su peso y dirección».

Declaración de intenciones de El Gabinete, escritas a mano

–¿Cómo se va a mantener entonces?

–Desde mi voluntad y mi dinero. La lonja [así llama el artista al local] es mía, la he comprado, pero no quiero capitalizar energías para que compita con otros espacios que ya funcionan como galerías. Esto tiene que ser otra cosa, aunque aún ni siquiera yo sepa lo que es. Tengo otros trabajos que me permiten que esto esté operativo, pero se sostendrá sobre mi esfuerzo.

Nos queda también la duda de qué plazo se da su responsable para considerar que la idea funcionó. Responde rápido: «Yo creo que ya funciona. No hace falta ni que lo abra: ya estoy trabajando aquí, ya están sucediendo cosas y no hay objetivos. Se trata más de ir sembrando a ver qué pasa. No sé a dónde me lleva todo esto y no me marco nada. Tan solo tener energía para seguir levantando la persiana cada día, continuar trabajando aquí y que la gente quiera seguir viniendo. Basta con que se sepa que esto está abierto y que se puede utilizar. Que es una herramienta para la gente de Bilbao pero también para la de fuera».

Artistas, escritores, artesanos, bailarines; también colectivos y comunidades no formales. Todos están convocados a este Gabinete sin cobertura móvil, abierto a los sabores populares y la actividad vecinal. Otras veces casi cerrado y sólo para invitados, que en ocasiones permanecerá completamente secreto y para cuyas actividades será necesario recibir una invitación en papel, con su membrete y su sello de caucho, que será entregada en mano o llegará entre el correo ordinario, como a la vieja usanza. Este laboratorio de pruebas fantástico marca ahora el paso. Un paso lento, pero seguro.

Texto publicado en la web de ABC Cultural el 21 de junio de 2018

 

 

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