Abre sus puertas La Pecera, un espacio para el arte en el Mercado de La Cebada

A la galería de arte con el carrito de la compra

El fotógrafo Javier Jimeno transforma un antiguo puesto de frutas del mercado de La Cebada, en Madrid, en una galería de arte. Su intención es acercar al ciudadano de a pie a la creación plástica a precios más que asequibles

Javier Jimeno junto a la nueva Pecera, en el Mercado la Cebada

Hace unos meses, al fotógrafo Javier Jimeno (Madrid, 1965) se le ocurrió colocar un tendedero en la plaza del Museo Reina Sofía en el que ofrecía, colgadas con pinzas, algunas de sus fotografías en formato postal. Curiosamente, la «osadía» de mostrar su trabajo ante las puertas del supuestamente más importante centro de arte en España le salió bien, hasta el punto de que no le faltaron las ventas(«sobre todo a los extranjeros», recuerda). Este repentino éxito le llevó a plantearse la posibilidad de poner en marcha un espacio en el querepetir la experiencia de una forma más profesionalizada.

La tarea no resultaba nada fácil, sobre todo porque, como cuenta ahora, no quería enfrascarse en el típico espacio galerístico en el que se genera una distancia entre artista y público; entre el posible coleccionista y su acceso a la obra de arte. Una visita este verano al mercado del barrio, el de toda la vida, y ese cartel de «se alquila» en uno de los puestos dedicado años atrás a la venta de fruta, tenían la respuesta: «La Pecera es la única galería de arte a la que puedes ir con el carro de la compra», señala su artífice. «Con ella me he propuesto romper el miedo que tiene mucha gente a la hora de entrar en un lugar como este, y hacer del arte, tanto física como económicamente, algo accesible».

Detalle de La Pecera, con su tendedero sobre su cubierta

En ello juegan un papel importante los grandes ventanales de cristal que rodean todo el espacio y que dotan a la galería de una apariencia que lo asemejan a una Pecera. De ahí su nombre: «La idea –explica Jimeno– es que se puedan contemplar las exposiciones, los contenidos de la galería, sin necesidad de entrar en la misma si así no lo quieres, lo que permite que el público habitual del mercado pueda disfrutar de las obras expuestas, a veces sin darse cuenta, cuando acude a realizar sus compras».

No es la primera vez que el arte se hace un hueco en un mercado tradicional. Precisamente, éste de La Cebada tranformó hace unos años su techumbre abovedada en una intervención pictórica, con mensaje secreto incluido, del colectivo Boamistura. También en Madrid, la fanzinería Sandwich Mixto se estableció en el de Antón Martín entre paradas de carne y pescado, y poco tiempo después el más «cool» de San Antón, en el corazón de Chueca, daba la bienvenida a Espacio Trapezio, que recientemente cerró sus puertas. La Pecera diferencia entre «mercado del arte, y el arte en el mercado» en tanto que una de sus grandes bazas son sus «precios populares».

«Quiero que éste sea un espacio dedicado al arte y a la cultura, con especial dedicación a la fotografía, y con la venta tanto de obra original destinada al coleccionista habitual como de obra seriada o formatos reducidos a precios más ecnómicos con la idea de acerar el arte a todos los públicos». La nueva galería echó a andar el pasado uno de septiembre como «show-room» del trabajo fotográfico del propio Jimeno, con ejemplos de sus series más conocidas, como «Luz Barroca» (las obras más caras rondan los 450 euros), pero también con ejemplos de aquellas postales que vendía a pie de calle a dos y medio, cuyo tenderete descansa ahora sobre la cubierta del puesto. Allí, promete su dueño, se realizarán intervenciones artísticas en el futuro. Desde mañana, este particular espacio comienza su programación expositiva con la presentación de su nueva serie «Aqua» (un guiño al nombre de la galería) y los trabajos recientes del ilustrador Mauco Sosa y del creador «new media» Néstor Lizalde. 

Obra de Néstor Lizalde, que ahora expone en La Pecera

«La idea no es sólo apostar por la fotografía –admite Jimeno, cuyo puesto ocupa un lugar destacado en la planta baja, junto a una de las entradas, un espacio bien visible que destaca por su color blanco inmaculado y los productos no perecederos que oferta– aunque habrá mucha foto dado que es mi actividad principal, en la que voy a continuar, y porque aquí tendré mi despacho y hasta mi laboratorio de revelado». De hecho, La Pecera no sólo funcionará como galería o tienda de objetos de autor, sino también como plató improvisado para presentaciones, para la celebración de talleres, para la organización de charlas… «Todos los jueves, por ejemplo, convertimos el espacio en un estudio de fotografía, para hacer retratos a los vecinos y comerciantes». La programación está cerrada hasta mayo e irá rotando cada mes.

Jimeno se siente como una «rara avis» en su nuevo entorno, pero se siente reconfortado con el «feedback» recibido hasta el momento: «Llevamos abiertos, funcionando un pruebas, un mes, y, en ese tiempo, hemos cubierto gastos. Con eso me doy más que contento. Hemos vendido y la gente se acerca con curiosidad a la galería». Son sobre todo turistas los que se interesan y los que siguen comprando, dado que el emplazamiento del propio mercado, en La Latina, da pie a ello. Éste marca los horarios (que suele abrir sus puertas hacia las 9 de la mañana, para cerrarlas hacia las ocho de la tarde), y también determina el flujo de visitantes: «Gente que viene a hacer la compra por la mañana y entre semana; el habitual que disfruta del “latineo” los sábados y domingos».

Fotografía de Javier Jimeno

El propietario de La Pecera asume este reto como «aventura personal», sin socios, ni intermediarios. «En realidad, yo podría seguir moviendo mi trabajo en galerías tradicionales, como seguiré haciéndolo. Sin embargo, si algo aprendí de mi experiencia en la plaza del Reina Sofía es que los precios marcan una barrera difícil de sortear en este tipo de espacios. Si tú vendes directamente la obra, consigues que todo fluya mejor y puedes aportar cantidades más asequibles». En el mismo mercado, entre paradas de verduras, de carnes, pescados y «delicatessen», Jimeno ha reservado otros dos puestos más que le sirven de almacén de las obras, como toda galería que se precie ha de tener. A partir de ahora, cuando vayan a por las acelgas o los salmonetes, no olviden que también pueden meter la fotografía, la serigrafía, o una simple postal, en la cesta de la compra.

Ubicación de La Pecera en el Mercado de La Cebada

Texto publicado en la web de ABC Cultural el 4 de octubre de 2018

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