Adonay Bermúdez pone en marcha Espacio Dörffi en Lanzarote

Espacio Dörffi: Vida después de César Manrique en Lanzarote

Comienza la andadura en Lanzarote de Espacio Dörffi, el primer centro de arte privado de la isla que se acompaña de un ambicioso programa de residencias. Su artífice, el comisario Adonay Bermúdez, explica la génesis del proyecto

Adonay Bermúdez en Zona 59 (Foto de Débora Moro)

Está feliz, aunque reconoce entre risas que va a estar «comiendo arroz» lo que le quede de vida. Llevaba años planteándoselo, pero es sólo ahora, tras invertir en el proyecto todos los ahorros, pedir un crédito y contar con la complicidad y ayuda desinteresada de buena parte del sector (¡Y los padres! ¡Qué sería de nosotros sin ellos!), desde el sábado 9 de septiembre echa a andar en Lanzarote Espacio Dörffi, el primer espacio privado de arte de la isla que llega de la mano del comisario y gestor cultural Adonay Bermúdez.

«Cuatro años llevaba la idea rondándome la cabeza –confiesa–, pero si lo hubiera hecho entonces, seguro que habría sido un fracaso. Sobre todo porque es ahora y no entonces cuando tengo la experiencia necesaria para afrontar un reto como este, tengo mi trayectoria como comisario para saber cómo se monta una exposición, cómo funciona el mercado, qué necesita un artista».

Es ese bagaje como profesional y un contexto propicio los que han marcado los ritmos para que ahora Arrecife, la capital de la isla, cuente con su primer espacio privado destinado a la promoción artística: «Nos encontramos en un momento dulce en Lanzarote. Parece que el Cabildo se ha puesto las pilas con la reapertura de un espacio público como El Almacén y el nacimiento de hasta tres asociaciones de artistas en menos de un año con sus propios espacios y con una programación más o menos estable. Hace unos meses, Parto Cerebral celebraba en su local de El Quirófano un ciclo de performances muy cañeras sobre asuntos de género que desbordaron su aforo. Nadie habría pensado que existiera una demanda como esta».

Adonay en Espacio Dörffi (Fotos: Débora Moro)

Bermúdez pone en marcha Espacio Dörffi de forma altruista para sumarse a esta corriente de aire fresco que se vive en la isla («Sentí que yo tenía que aportar mi granito de arena»), pero también con vocación reivindicativa: «Vivimos en un contexto en el que no hay grises, todo es blanco o negro, en el que si los espacios públicos no hacen nada por el arte no podemos quedarnos con los brazos cruzados, y en el que hacen falta proyectos que aturdan conciencias, que despierten a la sociedad conejera, todavía demasiado obsesionada con César Manrique. Le debemos mucho, sí, pero otros escenarios son posibles».

Bermúdez deja claro que Espacio Dörffi no será una galería, puesto que él no representa a artistas (tampoco se manejan los mismos porcentajes de venta que el canario se llevará en el caso de que las haya), en el que sin embargo también se comerciará con el arte «porque de alguna manera hay que sostenerlo económicamente». Un total de 170 m2 acondicionados por la arquitecto Quirina Morales, divididos en dos espacios que reciben su nombre en función de su superficie: Zona 46 será una sala de exposiciones al uso en el que las muestras se sucederán cada mes y que se pone en marcha con la colectiva Me duele España, una mirada cáustica a los tópicos españoles de la mano de creadores como María Cañas, Manuel Antonio Domínguez, Eugenio Merino, Carlos Aires, Olalla Gómez, Acaymo S. Cuesta o Valeriano López. Del otro lado, Zona 59, una tienda para obras de pequeño formato (sobre la mesa de Bermúdez, obras ahora mismo de Miguel Scheroff, de Luna Bengoechea…), libros, grabados o collages que rompan con la idea de que el arte es caro o solo para unas elites. Además, su mobiliario móvil hace que el suyo no sea un entorno aburrido, fijo, sino algo muy cambiante…

Sus dos grandes ventanales facilitan asimismo las intervenciones artísticas (allí se desplegará la serie “El jefe de Estado en la época de la reproductividad técnica”, de Alán Carrasco, el último de los artistas de la muestra inaugural, que en tres meses cederá el testigo a Mawa Tres), a lo que se suma, por si fuera poco, un programa de residencias –Al jallo-Lanzarote– que cada año, de septiembre a diciembre, recibirá a artistas, comisarios y gestores culturales en Teguise, en una casa familiar reconvertida en laboratorio de arte lejos de los focos turísticos de la isla para experimentar de otra forma su paisaje y su contexto: «A este programa se accede por invitación o por convocatoria pública (Rita Andreu llega gracias a un acuerdo con el Bòlit de Gerona), y de él se beneficiarán en su arranque artistas como Avelino Sala y Jorge García, los comisarios Blanca de la Torre y Carlos Delgado Mayordomo, la codirectora de JustMad Semíramis González, o Tomeu Simonet, director de Addaya Centre d’Art Contemporani. Lo único que se les pide a cambio es que parte de su profesionalidad revierta de alguna manera en la isla, con una charla, con un texto, con un taller…».

Exterior de Espacio Dörffi

Espacio Dörffi y sus residencias recuerdan a otras experiencias como la mencionada Addaya, al Pinea-Línea de Costa de los Vendaval, a La Gran en Valladolid, a ADN Plattform… Sin ser nada de eso. Es un poco de esto y un poco de aquello, un traje hecho a medida por su impulsor con lo que sabía que le funcionaría y con lo que se identificaba. De hecho, ¿no les ha llamado la atención su nombre? Es el de la aldea en la que Heidi vivía feliz con su abuelo en los Alpes suizos. «Yo soy así, me tengo que divertir con lo que hago; me gusta usar un tono que dinamite cualquier atisbo de elitismo a mi alrededor. Espacio Dörffi suena a algo muy elevado, pero es muy friki, y así tendrá que ser: un espacio vivo, crítico, mi reflejo como comisario… Es mi hijo y me voy a permitir malcriarlo como me dé la gana», sentencia.

Su «bebé» nace con una financiación al cien por cien privada, pero con vocación de convertirse en algo cambiante e híbrido, en el que se pueda contar con el apoyo económico y logístico de instituciones públicas. «Nada me gustaría más que poder desvincularme de él en el futuro, de poder contratar a un director. Porque yo, con lo que disfruto no es vendiendo arte, sino comisariando proyectos».

Preguntado por sus expectativas, Bermúdez tiene claro que estas ya se han cumplido a una semana de la apertura: «Se trata sobre todo de la visibilidad que ha alcanzado y el nivel que creo que he logrado con una propuesta a la que no le han faltado apoyos de gente y amigos del sector». El joven comisario se pone como plazo acabar el primer ciclo de residencias para sacar conclusiones. «Espero durar al menos un año». Espacio Dörffi busca su espacio. Sin prisas.

Espacios vacíos del nuevo ámbito para el arte privado en Lanzarote

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 2 de septiembre de 2017 (Nº 1.293)

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