Arteinformado y su informe “Cien activos coleccionistas de arte españoles”

¿Quién compra arte en España?

2018 nos dejó el primer informe exhaustivo sobre coleccionismo en España. Un estudio, elaborado por la plataforma Arteinformado, que ilustra quién compra arte y cómo en nuestro país

Salas de la Colección SOLO, en Madrid

No ha resultado nada fácil, porque, como explican sus responsables, hacer cualquier listado de coleccionistas es hablar de mercado y, por tanto, eso lleva a pensar que se está haciendo «una lista de ricos», de gente acaudalada. Por ello, sus promotores, la plataforma on line Arteinformado, ha necesitado dos años para concluirlo, sólo después de contar con el bagaje suficiente (una década de existencia) para ser recibida por sus protagonistas como un interlocutor válido. Pese a todos los escollos, 2018 alumbró Cien activos coleccionistas de arte españoles, un completo compendio que arroja luz sobre lo que se atesora en los conjuntos artísticos privados en nuestro país y las «pautas de comportamiento de sus artífices».

Sus responsables ya habían elaborado un ensayo similar referido al comprador latino, que, según confiesan, resultó casi más fácil de desarrollar, y cuya recepción se realizó de una manera más natural: «Para el informe español nos encontramos con la aversión de nuestro coleccionista a “enseñar la patita” –explica Carlos Guerrero, director de la plataforma–. Algunos importantes, con los que además tenemos buena relación, declinaron participar. Yo diría que el comprador nacional es más modesto, menos ostentoso, también con menos capacidad patrimonial que el latino, pero más enfocado al mercado internacional. El latino sí que tiene una sensibilidad de responsabilidad hacia “el terruño”. Lo apoya y además verbaliza esa ayuda mucho».

Apertura de Bombas Gens en Valencia

El informe de Arteinformado no contaba con antecedentes en nuestro país, y se ha apoyado para su elaboración en la base de datos de su propia web (donde ya se recogía datos de hasta 500 coleccionistas), la escasísima información que aportaba al respecto la Lista Larry de Magnus Resch y la información parcial de miles de notas de prensa de ferias de arte y exposiciones que los nombran, así como los currícula de los artistas («esto ha sido sobre todo resultado de cruzar muchísimas bases de datos y de contrastarlos luego con sus protagonistas, lo que da pie a las cerca de 40 entrevistas con las que se complementa el estudio»).

Lo primero en lo que éste hace hincapié ya desde su título es que los cien nombres recogidos («que podrían ser otros cien, más o menos con las mismas características») son coleccionistas «activos». Y eso significa que compran y que están presentes en el mercado: «No tiene sentido incluir a gente que tiene 20 obras en un almacén o que lleva una década sin aparecer por el sector», subraya Guerrero.

“Double Bind”, de Juan Muñoz, en PLANTA, segundo espacio de la Fundación Sorigué en Lérida

Ahora bien, que el número final no sea elevado, no significa que su tipología sea homogenea. Continúa nuestro interlocutor: «Ésta está muy fragmentada. Hay un 30% que apoya a museos o colabora con ellos, pero hay otros tantos que no quiere saber nada de los mismos. Otros que tienen sus propias instituciones privadas… Creo, de hecho, que el coleccionista latino es mucho más homogéneo, y eso visibiliza mucho más lo que emprende. Aquí cada uno hace su guerrilla, lo que es muy español, pero limita muchísimo su alcance».

Esto también podría hacernos pensar que la consecuencia son conjuntos artísticos más dispares. Guerrero nos corrige: «En absoluto. En los años del boom, los que van de mediados de los noventa a 2005, que escuando se conforma la mayor parte de las colecciones privadas nacionales, les han vendido a todos lo mismo. Además, hemos detectado que todos comenzaron coleccionando en clave muy local, pero, con el tiempo, no han querido saber mucho más de eso y han tendido a los nombres internacionales. Los latinos tienen muy claro que, por ejemplo, León Ferrari nunca será Picasso, pero siguen apostando por él. O te mencionan a sus geométricos venezolanos o concretos brasileños, pero te remarcan que ahora trabajan con autores actuales que siguen aquellas estelas».

Nuevas estancias de FotoColectania

El estudio arroja un buen puñado de datos interesantes, por ejemplo, que en España no hay paridad que valga: nuestro coleccionista es eminentemente masculino, 48 de la talla de Carlos Rosón, Ernesto Ventós, Francisco Baquedano o José Manuel Infesta, frente a 24, que son mujeres: Helga de Alvear, Teresa Sapey, Pilar Citoler, Alicia Aza, Alicia Koplowitz… También se lleva lo de comprar en pareja (Autric y Tamayo, José Luis Soler y Susana Lloret, impulsores de Bombas Gens; Panizo y Neary, propietarios de Tasman Projects; Colección SOLO…) pero hasta en eso nos diferenciamos del collector latinoamericano: «Allí, el hombre se queda en el negocio y ella es la que mueve la colección: Estrellita Brodsky, Ella Fontanals-Cisneros, Patricia Phelps-Cisneros… Aquí, si son pareja, cuando te acercas a ellos, el protagonismo en la adquisiciones las suele llevar él», explica Guerrero.

Casi la mitad son empresarios (Juan Abelló, Mario Rotllant…), y existe un alto número de profesionales liberales (arquitectos como Juan Redón, abogados como Francisco Cantos, médicos de la talla de Marián Sanz…), aunque, si vamos a los números, prima más el estatus social que la cuestión económica cuando uno comienza a coleccionar. No obstante, también hay perfiles interesantes sin grandes patrimonios como los de la mencionada Citoler o Antonio Lobo, que se han hecho un nombre. Lo que sí que comparte la mayoría es el haber sido autodidactas y haber tirado poco de asesores (tan sólo 18 usaron estos servicios): «Eso sí que es un punto a su favor respecto al homólogo latino. Ahora bien –apostilla el director del informe–, no pueden esperar a que sea el museo el que los legitime, sino tomar medidas para que éste sienta necesidad de hacerlo».

Los amantes del arte en España que acaban adquiriéndolo viven en Madrid o Barcelona. Sorprende que la tercera región en número sea Cantabria (Jaime Sordo, director además de 9915, la asociación que los reúne en su seno; Fernando Meana, José Luis Lafuente…). Lo primero es lógico: es donde está el mercado. Sin embargo, los responsables del estudio nos dan otra clave: «El mundo del arte se mueve mucho por relaciones. Si tu está en Murcia, ¿a cuánta gente vas a poder sentar a tu mesa que entienda que te estás comprando un Fernando Prats? Nadie nace coleccionsita, uno se hace. Es más: esto no pasa de padres a hijos, desde luego que no. Es un “vicio” privado».

Fondos de la Colección OlorVisual en Tabacalera

Ahora bien, el nudo gordiano de todos estos resultados, lo más goloso y morboso: ¿Qué se compra en España? ¿Qué artistas son los más demandados? La pintura, la fotografía y la escultura, en ese orden, es lo que prima. Hay excepciones, colecciones «digitales» como la BEEP de Andreu R. Valveny; o de vídeo (como la de Estefanía Meana, una de las grandes ausencias del texto por decisión personal). Más de 80 incluyen obras de autores consagrados, unos 36, de emergentes. «Si les preguntas a ellos directamente, van a sota, caballo y rey. Entre los clásicos contemporáneos triunfan los mirós, los dalís, para saltar a los autores de los 80, Gordillo y poco más. Claro que se compra arte actual, pero se evidencia menos. Es como si tuvieran cierta prevención de decirlo».

El apoyo al sector es una de las motivaciones principales para continuar comprando. También completar conjuntos. Una cuarta parte ha creado organizaciones para la gestión o exhibición de sus fondos (Fundación Cerezales, FotoColectania, Bombas Gens, Sorigué, Suñol, Vila Casas… Cataluña es la Autonomía con más iniciativas en este sentido). Más de una treintena las han mostrado de forma pública y una decena tienen depósitos en museos (Archivo Lafuente…). Ponen en marcha premios y residencias («a rebufo de lo que hacen los latinos»), forman parte de los comités de selección de ferias o patronatos de museos (como Elena Cué en el Museo ABC, Luis Sirvent en el CGAC, Mercedes Vilardell en el de la Fundación ARCO o el de la Tate, o Elena Ochoa en el consejo de las Serpentine Galleries, por nombrar unos pocos)… Y hasta ponen en marcha proyectos personales, como la feria Swab (Joaquín Díez), el festival SCAN (Chantal Grande), la «galería» La Naval de Martín Lejárraga o A Window in Berlín, de Ángel Nieto y Clara González. Ahora bien: como le ocurre a nuestros artistas, su visibilidad en el exterior es insignificante.

Uno de los camiones de TruckArtProject, de Jaime Colsa

Los promotores de Cien activos coleccionistas lo tienen claro: posiblemente solo el 10 por ciento de los conjuntos conformados hasta ahora tendrán interés a medio y largo plazo. «Lo inteligente sería dejar a los expertos que entraran en ellos para revalorizarlos, pero son pocos los que están dispuestos a que eso ocurra en vida y muchos los que aún creen que la solución es “construir un edificio” para albergarlos». Eso en lo que respecta a su futuro. Las mismas fuentes consideran que en España, ahora mismo, este sector da pocas señalesde vida: «Quizás necesitaríamos menos comensales en la mesa y que los pocos que están se muestren más unidos. No nos referimos a que los otros no deban seguir, pero sí que hace falta un grupo dirigente. No hacen lobby». Habrá que esperar a una revisión de este informe, disponible para los usuarios premium de la web promotora, para saber por dónde van los tiros.

Diez nombres a tener en cuenta

Autric-Tamayo. Seguidores del Grupo Afal, abrieron una línea de colaboración con el museo, comprando ellos mismos lo que a éste le falta.

Pilar Citoler

Pilar Citoler. La Colección Circa es un ejemplo de constancia, de trayectoria consolidada sin precisar de grandes recursos.

Andreu R. Valveny. La Colección BEEP es de esos conjuntos especializados –en su caso, arte electrónico– que rompen la tónica.

Ernesto Ventós. Una profesión, la de perfumista, trasladada a una pasión: Eso es olorVISUAL. De los ejemplos con mayor visibilidad.

Antonio Lobo. No destaca por la relevancia o magnitud de su conjunto, pero su ETRA es provocadora, en busca de cambios en el sector.

Hans Nefkens

Hans Nefkens. De origen holandés, desde Barcelona este periodista utiliza el arte para concienciar sobre el VIH desde la Fundación Art Aids.

Jaime Colsa. Es un «colector» dinámico, muy actual, promotor además de « TruckArtProject», con el que ejerce el mecenazgo.

Carlos Rosón. La Fundación RAC lleva desde 2006 promoviendo en arte desde la periferia, con un programa de residencias.

Mario Rotllant. En 2017 se presentó la nueva sede de FotoColectania, institución desde la que amplía su pasión por la foto.

Helga de Alvear

Helga de Alvear. La galerista es una de nuestras coleccionistas más internacionales. Cáceres espera ya la ampliación de su fundación.

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 12 de enero de 2019. Nº 1360

 

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