Balance final de ARCO’22

No tener el chichi pa’ farolillos

ARCO sentencia hoy una edición que empezó con mucho optimismo en el que la realidad nos obliga a ser cautos. Eso no evita que se la felicite, por su aniversario y el trabajo realizado

Película de Val del Omar en el estand de Max Estrella

Podría haber usado la expresión original, más castiza, para titular este texto, pero me decanto por la versión que popularizó en los dosmiles una famosa serie televisiva, porque eso de los ‘farolillos’ me remite a los festejos y fastos de esta cuarenta edición con coda. Aunque de chichis, chochos, potorros –da igual cómo queramos llamarlo– hemos tenido de sobra en esta edición, que empezó, por si lo habíamos olvidado, con la vagina de Wynnie Mynerva pespunteada y lista para entregar. [Nota mental mientras veo la obra: creo que vagina es de las pocas palabas que prefiero en su versión inglesa. Esa así pronunciada ‘vayaina’, que suena a nombre de princesa Disney. Fin de la nota].

Vuelvo a la fiesta. ARCO ha sido siempre la ‘del mundo del arte español’. Los del cine tienen sus goyas. Nosotros, una feria, y bien resultona, la cual se vio oscurecida por la pandemia en 2020, arrollada en 2021, y a la que parece que se le ha dado una tregua en 2022. Esta tenía que haber sido la entrega de ‘la vuelta a la normalidad’. Pero la realidad es tozuda, y el de ‘tregua’, un término bélico, de forma que esta ha querido que coincida con el comienzo de una guerra.

Quizás en este febrero de 2022 estemos, como en el de 202o, a las puertas de algo gordo cuyo alcance no hemos visto aún venir

No crean que el mundo del arte es tan esnob como parece. Y aunque Ifema a veces pueda recordanos a esos centros comerciales sin ventanas ni relojes en los que uno no sabe el momento del día en el que se encuentra porque no se filtra la luz, en este búnker permea del exterior más de lo que se pueda pensar. No hay más que mirar a paredes y suelos para reparar cuánto de ecología, feminismo, crisis sociales, identidad, migración o conflicto hay en las obras expuestas. Las galerías han arriesgado lo justo, con sus artistas estrella, pero les ha quedado una ‘foto-finish’ más que digna.

Estand de Perrotin en Arco’22

Y pese a que todos ansiamos la normalidad, y hemos hecho esfuerzos sobrehumanos por hacer como que no pasaba nada (y sí qué pasaba: una mascarilla en la cara que molestaba o impedía escuchar; un pasaporte sanitario y toma de temperatura en la puerta; un jefe de Estado que no puede acudir a la inauguración porque asuntos mayores le reclaman…), la alargada sombra de la barbaridad que Rusia está perpetrando en Ucrania ha invitado a no lanzar las campanas al vuelo. Quizás en este febrero de 2022 estemos, como en el de 202o, a las puertas de algo gordo que no hemos visto aún cómo vendrá.

No me lean estas líneas en plan agorero: todo lo que sea bueno para ARCO lo será para todos nosotros. Y por eso le deseamos lo mejor y que lo que está pasando en Europa sea una pesadilla de las que uno se despierta rápido y de golpe. Hablábamos de fiesta, de celebración. Hay que felicitar a las galerías por el esfuerzo realizado; a los coleccionistas por haber vuelto a comprar (y nos consta que mucho); a los amantes del arte por haber esbozado una sonrisa (aunque fuera detrás de una FFP2, obligatoria). Y a la directora y su equipo, por el trabajo bien hecho, contabilizado a borbotones, por hacer de este ARCO 40+1 algo tan normal (o anormal, ¿cuándo ha sido ARCO normal?) como en 1987 o 2013. ¡Ole, su… gracia morena! (que de genitales ha ido esta feria).

Algunas de las obras de Carlos Aires en la feria

Texto publicado el 27 de febrero de 2022 en la web de ABC Cultural

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