Fueradcarta: “cocina” de autor
CentroCentro acoge de manera retrospectiva la iniciativa editorial de Patricia Mateo y José Luis López Moral que durante casi diez años ha cultivado el libro de artista y fomentado el coleccionismo con obras originales a un precio asequible
Por Javier Díaz-Guardiola
Fueradcarta nació con un número cero en 2017. Desde entonces, se puso en marcha el contador de una de las editoriales de publicaciones artísticas más originales del panorama nacional. Sin embargo, esta se venía gestando desde mucho antes, desde 2015, viniendo como venía José Luis López Moral del libro de artista y de la publicación alternativa, lo que le hizo recorrerse todas las ferias del sector habidas y por haber, donde tomaba apuntes mentales de lo que podía llegar a hacer él si se lanzaba a este reto. En 2013, José Luis conoce a Patricia Mateo, y ambos empiezan a trastear en la producción de objetos artísticos de manera conjunta, de relojes a chapas.
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Comenzar a editarse a ellos mismos surge, pues, como un proceso natural: libros más historiados, de tapa dura, que derivarían en una pequeña editorial propia que hace sus presentaciones cuando ambos creadores son admitidos como expositores en la feria madrileña Hybrid. Y lo de lanzarse a editar a otros creadores, como ellos mismo explican, no dejó de “ser un accidente”, la famosa anécdota de “tenemos 50 euros: fundemos una editorial”. Es la necesidad de un compañero artista, apurado en ese momento de ingresos, lo que los lleva a ellos a proponerle generar un pequeño libro que le permitiera acceder a algo de dinero con su venta. Esto no se llevó nunca a cabo, pero sembró la semilla de una propuesta, cuya fórmula se traslada a otro colega, el creador Óscar Seco. El número cero de Fueradcarta ya estaba en marcha. Las mejores ideas siempre surgen en caliente, con los fogones encendidos.

Automáticamente, los círculos cercanos ayudan a arrancar la propuesta. Los primeros números de la editorial fueron, obviamente, otros artistas compañeros y amigos, nombres con los que trabajar con comodidad: Estefanía Martín Sáenz (nº 01), David de las Heras (nº 02), Paco Díaz (nº 03), Illán Argüello (nº 04), Cristina Toledo (nº 05), Guillermo Peñalver (nº 06) … Más o menos hasta el número nueve (recordemos que sería el libro número 10), el de Juan Francisco Casas y Eugenio Merino, que para nuestros interlocutores genera un punto de inflexión en el conjunto. Artistas que tenían buena proyección, pero aún estaban empezando. Esta apuesta fuerte por dos “consolidados” empujó también el producto hacia autores como Mateo Maté (nº 18) o Eugenio Ampudia (nº 21). Todo se iba articulando y ampliaba el círculo gracias al boca oreja.
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Fueradcarta nace con la vocación de apostar por la calidad. Y eso ha llevado a sus responsables a, como recuerdan, “meterse en fregados muy gordos”. Así rememoran el volumen de Darío Corbeira (nº 43), de los más queridos por Patricia y José Luis por su complejidad, como también ocurrió con el de Clara Carvajal (nº 13), por la naturaleza conceptual de sus protagonistas. Nunca se ha querido desarrollar la labor junto a un comisario o transformar la propuesta en fundación sin ánimo de lucro u optar a subvenciones, precisamente para mantener la naturaleza cercana y fresca de la iniciativa de sus autores, de forma que cada volumen ha financiado el siguiente de forma orgánica, que se han desarrollado con la libertad más absoluta y sin dependencias. Eso ha facilitado que uno de los últimos títulos, sin tener que dar explicaciones, lleve el nombre de Pedro Moreno (nº 61), un figurinista de 82 años, que la editorial consideró que había que poner en valor. El libro se agotó en una hora.
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La colección ilustra bien lo que es el panorama artístico español de la última década. De veteranos como Montse Gómez Osuna (nº 10) o Patricio Cabrera (nº 36) a jóvenes como Silvia Lermo (nº 30) o Chefer (nº 32). Incluye a pintores (Alvar Haro, nº 22, o Juana González, nº 16), pero también a fotógrafos (Paula Anta, nº 47, o David Trullo, nº 29), a escultores (Mar Solís, nº64), y a artistas de otras disciplinas (la idea es llegar a la performance o el grafiti). Quizás carga más las tintas hacia la figuración por la naturaleza de sus artífices.
Sus volúmenes son ediciones limitadas que no superan los cien ejemplares e incluyen una obra original del artista representado. Eso era fundamental para singularizarlos. Y la intención era dar a conocer las caras B de sus protagonistas, ese proyecto que se quedó aparcado, el que no se quería llevar a una galería… Así, el mencionado Mateo Maté necesitó dos años para dar a luz su libro porque se había quedado con la espinita de llevar al carboncillo las piezas de su muestra en Alcalá 31. Su volumen fue, así, un spin-off de esa cita.

Todos ellos nacen de un DIN A3 -su particular tamaño pasaporte, que fue un nombre barajado para el proyecto- que se pliega y da pie a una publicación de 20 páginas. Esas son sus únicas limitaciones, físicas, que el artista sobrepasa como le viene en gana. De esta manera, con Eugenio Ampudia hubo que crear una caja especial para contenerlo, con un sello que también se generó para la ocasión. Para la aportación de Alejandro Botubol (nº 49) se troquelaron todas las portadas para introducir su boomerang, y se pintó por detrás para que tuviera un reflejo fluorescente… Si el creador entra al trapo, José Luis y Patricia no le ponen puertas al campo.
No creen López Moral y Mateo que el proyecto haya variado mucho desde sus inicios. Los libros han experimentado ciertas evoluciones más técnicas que otra cosa, que el espectador apenas distingue. Desde el número diez incluye dos páginas de papel verjurado de cortesía para añadir más texto del artista. Desde el 30, el papel pasó a contener algodón, que mejoraba la reproducción de autores como Jan Matthews (nº 53). Se introdujo una máquina que corta de forma redondeada las esquinas, algo que desde el comienzo se hacía a mano, como la guillotina industrial sustituyó al corte a regla… La finalidad última era darle al comprador la posibilidad de tener una obra única de artistas a los que admira. Que un estudiante de Bellas Artes, por ejemplo, pudiera acceder a un original de Rafael Canogar (nº 56). Se ha discutido mucho para que esa esencia no se pierda, y para que los costes de producción no incidan sobre el irrisorio precio de venta. Mateo y López Moral recalcan que la suya es una labor de divulgación del arte, de otra manera.
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Así, Fueradcarta, hoy, es mucho más que una reunión de amigos: es una colección que rozará en las vísperas de esta muestra conmemorativa en febrero de 2025 los 70 títulos y que les ha permitido hacer una fotografía fija del arte actual español de un momento. A José Luis y Patricia les entra la risa cuando se les pregunta si se gana dinero con esto: se recoge una inversión mínima para seguir adelante con otro número, porque esto, en sus palabras, es más una “cabezonería de dar a conocer lo que hacen los creadores españoles ahora”; “un juego que se le propone a un artista”.

Y no hay nada que le guste más a un artista que jugar… A autores como Santiago Ydáñez (nº 31) se le admiraba, pero no se le conocía hasta el momento de ponerse a trabajar codo con codo. Ahora se le puede considerar colega. En más de una inauguración o a través de correos electrónicos se han cerrado también propuestas con, ahora, buenos camaradas. El mail de estos editores está abierto a todo tipo de creadores, que han llegado a publicar a artistas que en su momento acababan de finalizar sus estudios o con un currículum expositivo muy reducido. La calidad es marca de la casa.
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Nunca se pensó que la propuesta tendría la repercusión que hoy tiene. Llegar a CentroCentro con la exposición “Bufet libre” (que incluye ejemplos de todos los volúmenes y ejemplares editados hasta el momento, así como obra exenta de 21 de los artistas representados en la editorial para conocer algo más su trabajo y ver cómo ha evolucionado o se desarrolla más allá del formato cuartilla) es uno de sus “hitos impensables” cuando se arrancó. Hoy, hay pocas colecciones completas, no más de diez, pero algunas están en posesión de museos o de interesantes coleccionistas que supieron tener ojo. Los libros se adquieren a través de las redes sociales de la editorial o en el estudio en Carabanchel, en Madrid, de sus propietarios.
Porque la pregunta sería quién compra estos libros. Y responden de la siguiente manera: desde coleccionistas de la asociación 9915, hasta instituciones como el Museo de San Diego o un despistado. Para Patricia y José Luis, lo suyo está hecho realmente para los despistados. Hoy, de hecho, sería imposible hacerse con todo el conjunto: muchos de los números están más que agotados. Nos consta que varios coleccionistas han tardado tres años en conseguir por sus medios ejemplares del de Cristina Toledo. El protagonista de cada número se queda con 40 ejemplares. Esta colección tiene varias ‘magic cards’, esas cartas de los juegos de rol deseadas e imposibles para todos los coleccionistas: Ana Juan (nº 20), que publicó la salida de su libro en su web y fulminó existencias en horas, con peticiones de sus seguidores de todo el mundo; Ampudia, Mateo Maté, Casas & Merino, Ydáñez, Javier de Juan (nº 25) … El proyecto también cuenta con un nutrido número de suscriptores. Y hasta una mecenas para adelantar gastos…
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Fueradcarta recuerda con cariño, en estos casi diez años de historia, su primera entrada en Estampa (2021). No era su primera feria, pues ya habían hecho otras como Just (2019) o la pionera Hybrid. No daban crédito, porque en estos eventos han llegado a tener colas para vender. También que los originales de Casas & Merino no vieron la luz… hasta el día de la presentación. Momentos de pánico. A Eugenio Ampudia hubo que recomprarle 20 ejemplares ante la alta demanda. Este artista tuvo durante dos meses a varios asistentes generando “las cucarachas” que constituían su original. E Ydáñez se gastó más del doble de lo que valían sus 100 números en producir los fotograbados que incluían…

Como comentaba, Fueradcarta son Patricia Mateo y José Luis López Moral. Para ellos, que ambos sean artistas es fundamental porque marca su manera de entender la edición. El cuidado es la base de todo paso que se da. Y parte del éxito de la editorial es que no se especula con el libro. La confianza es un material tan importante como el papel o la imprenta. Cultivarla, parte especial de la labor de esta pequeña editorial madrileña. A la hora de producir, la dimensión técnica cae más del lado del segundo, mientras que ella se ha especializado en otros detalles, así como en las “relaciones públicas”. La experiencia de José Luis en el sector es un valor, pero también lo son los contactos de Patricia. Si uno de los dos saliera de la ecuación, el proyecto moriría. Esto, no lo olvidemos, supone restarle tiempo al tiempo, que nuestros interlocutores dejen de lado su propia labor artística para generosamente dedicarse a promocionar y ensanchar la de otros.
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Y nada de romanticismos. Patricia y José Luis lo tienen claro: Fueradcarta tiene fecha de caducidad. Eso sucederá en su entrega número 100, que en realidad será el libro 99, puesto que empezaron con un número cero. Sus artífices no tienen intención de que esto se prorrogue como los capítulos de una telenovela venezolana o turca. Eso abarcará los 15 años que supone lo que Ortega y Gasset consideraba el salto a una nueva generación. Dejará secuela, otros proyectos editoriales propios como MASTER PIEZA, que desde 2025 se alterna con ella, pero a la que dará el relevo con su publicación anual de libro de artista más elaborado, mientras no se descarta que sus responsables se embarquen en otros proyectos editoriales o ediciones limitadas en torno al libro.
Cuando eso suceda, se habrá alcanzado entonces a cien artistas, con más o menos carrera, con más o menos éxito comercial. A Fueradcarta ya le ha correspondido dar visibilidad a algunos creadores a los que el mercado les había dejado algo de lado. Eso supone la responsabilidad de que los 30 nombres que quedan se tengan que seleccionar con mucho tino. Se va a estrechar el embudo y se va a imponer el criterio de justicia a la hora de elegirlos. Se lamentan nuestros amigos de que, ahora que tienen acceso a muchos grandes creadores que se merecerían un volumen, no se les podrá atender. Siempre se apostó por el “producto de proximidad”.

E incluso se alegrarán si alguien “copia” la idea y el proyecto sigue, de otra forma, en otras manos. Nunca se fantaseó con alcanzar la centena de números porque nunca se pensó en tener éxito. El mayor logro de la editorial para esta dupla es, de hecho, el no creerse hasta dónde se ha llegado. Y el haber creado una comunidad. Una cálida comunidad orquestada por dos veteranos que se las saben todas. También, el haber alcanzado “una pizca de prestigio”… ¡Y tener ellos mismos una colección completa con todos los números cada uno!
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La modestia acompaña a Fueradcarta y sus impulsores no creen haber creado escuela: “Escuela crearon esos libros en los que nos inspiramos”, comentan. Y no se crean que evocan los grandes manuales canónicos: Patricia y José Luis se acuerdan del “Naufraguito” de Ceferino Galán, posiblemente el fanzine más longevo y más diminuto del arte español. O las publicaciones de “Chucherías del arte”, de otro Ceferino, Ceferino López, un amante de la miniatura. O el servicio de publicaciones de artistas valencianos del IVAM de mediados de los noventa, que ya incluía piezas de los artistas seleccionados, o ediciones de libros ensamblados franceses…
Recogidas esas ideas, refinadas, pulidas y adaptadas a sus gustos han dado pie al menú degustación de Fueradcarta. De ahí precisamente su nombre: fuera de carta, en los restaurantes buenos, queda siempre el producto del día, el plato estrella que se trata con más mimo. Aprovéchense ustedes de que la cocina sigue abierta y de que los fogones están a toda máquina. Patricia Mateo y José Luis López Moral ya les van sacando platos. Arte para chuparse los dedos. Cocina de autores. De la de platito pequeño y bordes bien limpios que deja con ganas de más.
