Cabello/Carceller ocupan con sus estelas el Patio Herreriano

Seguir la estela de Cabello/Carceller en el Museo Patio Herreriano

El museo vallisoletano otorga una carta blanca a esta pareja de artistas, que esbozan toda una genealogía con otros creadores españoles sobre las identidades alejadas de la norma

Sin duda que el colectivo conformado por Helena Cabello (París, 1963) y Ana Carceller (Madrid, 1964) vive un momento dulce, de reconocimiento. Tras su aplaudida comparecencia en el Centro Azkuna de Bilbao con su proyecto sobre Catalina/Antonio de Erauso, que ahora se disfruta en la Bienal de Sao Paulo, y su reciente paso en forma de propuesta ‘performántica’ por el auditorio del CondeDuque en Madrid (‘Locura social’, septiembre de 2023), llega ahora esta ‘Carta Blanca’ en Patio Herreriano, una cita que se lleva preparando desde hace años y que eclosiona con más sentido si cabe para reconocerles su posición en el mapa de las disidencias de género del arte español.

Porque lo destacable de ‘La ocupación’ es que no es una exposición retrospectiva de este dúo artístico, aunque en realidad sí que arranque con sus inicios (piezas como el vídeo ‘Bollo’, tan epidérmico) y culmine con su último gran proyecto (‘Una película sin ninguna intención’, coreografía audiovisual tan subyugante como enigmática); no es tampoco un comisariado de Cabello/Carceller sobre Cabello/Carceller, sino que sus autoras lo perciben como una obra más (y de ahí que la aproximación crítica haya de hacerse como pieza, no como montaje, que también salvan).

Y una pieza que cristaliza toda una genealogía, pues pone a dialogar al colectivo con sus referentes de generaciones anteriores (Maruja Mallo o Elena Asins), artistas coetáneos (Diego del Pozo, Álvaro Perdices…) y autores más jóvenes (María Tinaut, Alejandría Cinque, Eva Fàbregas…), de forma que se acaba con una creencia tantas veces repetida sobre el carácter de ‘francotiradoras’ de esta pareja en la construcción de un imaginario LGTBi en clave ‘queer’ y disidente en España. Las Cabello/Carceller nunca han estado (tan) solas y, lo mejor, es que han creado escuela. Felicitaciones además al Museo Patio Herreriano, un lugar tan connotado arquitectónicamente y, en principio, tan ‘clásico’ por atreverse a dar el paso.

Obras de Cabello y Carceller en la exposición

A estos compañeros de viaje los llaman, en buena parte por eso, las Cabello/Carceller ‘ocupantes’ de un escenario que en principio no les es natural o propicio, y en un recorrido, por lo mismo, ‘invasor’, temporal y frágil, como lo suele ser para aquellos («inadaptados, rupturistas, en permanente diáspora») que no llevan la voz cantante y que se ven sometidos o presionados por la norma; los que viven en los márgenes de la misma: «Ahondar en nuestra alteridad [queer] ha constituido siempre una prioridad», dicen Ana y Helena, y su estética se contamina de esta ética, en la que el feminismo y las teorías de género son la brújula.

Como tampoco podía ser de otra manera, su propuesta se desarrolla en tres actos. El elemento ‘teatral’ es inevitable en aquellos que construyen y deconstruyen su identidad constantemente por envite de lo que impera en sociedad. Y por eso aquí encontraremos más de un telón y mucho de tramoya,sin que nada resulte forzado.

El primero, que sitúa en un lugar capital, tras algunas obras seminales de las (no) comisarias, a Pepe Espaliú y su ‘Carriying’ (una foto, de hecho, incluye la participación de la pareja en la histórica ‘acción’), estalla con el retrato firmado por Juan Carreño Miranda, propiedad del Prado, de Eugenia Martínez Vallejo, ahora ‘vestida’, y no, como cuando ellas visitan el museo siendo niñas en los setenta, ‘La monstrua’, aquejada como estaba de eso que eufemísticamente llamamos una ‘enfermedad rara’.

Propuestas de Eva Fàbregas y Francesc Ruiz

Una pieza que la pinacoteca situaba casi, casi en los baños (esos que tanto juego les darán a ellas). Lógico que ahora el lienzo esté flanqueado en Valladolid de retratos del proyecto de Erauso, o que miren a otros de su mítico ‘Archivo drag’. En un espacio en el que se habla de enfermedad, de ‘performance’, de cánones, normal que estas líneas de fuga lleven respectivamente a autoras como Perla Zúñiga, Cristina Garrido, Dora García…

La segunda ‘escena’ se inicia con poderosos nombres femeninos que se salieron de la norma y que barajaron el conceptual, caldos de cultivo fructíferos para Cabello/Carceller: Elena Asins, Amparo Varó, Àngels Ribé… Y se interesa por los espacios ocupados por los cuerpos estigmatizados. Resuenan dos nombres, Felix Gonzalez-Torres (el sida) y David Hockney (y sus piscinas, en el caso de las españolas, vacías). La fiesta ya pasó; vivimos los estragos. Y el espacio, como el deseo, fluye. Y fluidos somos. Eva Fàbregas,Juan Hidalgo, Francesc Ruiz, Mari Chorda… nos rodean.

Obras primerizas de Cabello y Carceller

Baja la intensidad lumínica en el tercer capítulo, porque la noche se convierte en aliado del diferente, del disidente. Tiempo para celebrar (la danza de Carmen Tórtola, los cuartos oscuros de Álvaro Perdices) y, sobre todo, para ser consciente de que en algún momento la música se acaba y las luces se apagan (su serie ‘Alguna parte’, o la titulada ‘Generación desechable’, de Alejandría Cinque); pero ello no evita continuar ‘la revolución en casa y en solitario’. Rodeados de prohibiciones (Paz Muro), de odio (Diego del Pozo), mientras el cuerpo se retuerce (Lucía C. Pino) o los clásicos quedan para ser rapeados, cae el telón (‘Una película sin ninguna intención’). Seguro que la función recomienza en breve.

Todavía hay tiempo para la esperanza en el claustro: cartas de amor sobre los cristales de María Tinaut, el ‘irrintzi’ de Itziar Okariz que todo lo invade, las formas desplazadas de Leonor Serrano Rivas… Cabello/Carceller, por fin, ocupa su sitio.

Retrato de Juan Carreño Miranda aportado por el Museo del Prado
‘La ocupación. Carta blanca a Cabello/Carceller’. Colectiva. Museo Patio Herreriano. Valladolid. C/ Jorge Guillén, 6. Hasta el 10 de marzo de 2024

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