El «pop up» estudio de Edurne Herrán

La artista vasca Edurne Herrán se convierte en la tercera integrante del estudio de Blanca Gracia y Antonio Fernández Alvira en Madrid. Ella define su espacio como un laboratorio en el que se gestan proyectos, que se desarrollan en otros entornos: el móvil, la ciudad o su propia cabeza

Edurne Herrán en su estudio. Foto: J. Ramón Ladra
Edurne Herrán en su estudio. Foto: J. Ramón Ladra

Es posible que este lugar en Madrid les suene. De hecho, ya hemos estado en él. Lo hicimos para descubrir cómo era el estudio que compartían Blanca Gracia y Antonio Fernández Alvira. Sin embargo, entonces, no reparamos en esa habitación que quedaba a mano derecha en el espacio de este último. Parece ser que, en estos meses, allí ha llegado a morar otro artista, que ha empleado esa estancia como taller. Desde hace poco menos de un mes y medio, es el «laboratorio» –así lo define ella– de Edurne Herrán. Continuar leyendo “El «pop up» estudio de Edurne Herrán”

Mala Fama Estudios

Cría Mala Fama y ponte a trabajar

Mala Fama, en el madrileño barrio de Oporto, es mucho más que los estudios de Carlos Aires (su promotor), Ruth Quince, Marta Corsini, Rafael Díaz, Jorge García, Hugo Alonso y Alejandro Botubol. Es un espacio de experimentación y promoción del arte en la ciudad que viene a reconocer las reglas de juego dentro del sistema

Foto de grupo de los integrantes de Mala Fama
Foto de grupo de los integrantes de Mala Fama

Carlos Aires está cansado. Han sido muchos meses de gestación y puesta en marcha de una idea («He afrontado todo esto desde cero y en solitario. Ha sido mucho más que una reforma. Una obra supera con creces todo lo que te digan que se te va a complicar», explica). Pero está feliz. Al final, su proyecto colectivo en el barrio madrileño de Oporto acaba de ver la luz, y el «feedback» está siendo muy positivo. Baste con tener en cuenta el éxito de la fiesta de apertura que tuvo lugar hace un par de semanas, la cual excedió todas las previsiones que se hubieran planteado hasta ese momento, en el que incluso llegaron a temblar las piernas ante un posible fracaso. Continuar leyendo “Mala Fama Estudios”

El taller mínimo de Juan Zamora

Se define a sí mismo como «artista nómada». Por lo que lo de tener un estudio, para Juan Zamora, es algo accidental y circunstancial. Nos metemos en el apartamento en Lavapiés que le hace las veces cuando recala en Madrid

Juan Zamora en su estudio madrileño. Foto: Ángel de Antonio
Juan Zamora en su estudio madrileño. Foto: Ángel de Antonio

El suelo está lleno de manchas de pintura, pero es muy problable que ninguna haya tenido su origen en un pincel o brocha empleado por él. En el balcón, una bicicleta blanca. ¿La habrá usado alguna vez? Pocos muebles ocupan ahora el salón, pero dice estar dispuesto a empaquetarlo todo en cuanto pueda y subirlo al trastero: «Me basta con poner una mesa en medio, un proyector, y comenzar a materializar las ideas. Siempre me ha interesado trabajar con lo más mínimo. He sido contrario a las grandes producciones. Y cuando me han dado muchas facilidades para manejarme, siempre he resuelto fatal». Continuar leyendo “El taller mínimo de Juan Zamora”

En la periferia expansiva de Guillermo Peñalver

En uno de los barrios del extrarradio de Madrid tiene Guillermo Peñalver su guarida de dos plantas en la que da clases de pintura a sus alumnos y desarrolla su labor plástica. Un universo poblado por un montón de objetos y recuerdos

Guillermo Peñalver en su estudio (Fotos: Ignacio Gil)
Guillermo Peñalver en su estudio (Fotos: Ignacio Gil)

La mirada no sabe dónde posarse. Son muchos los estímulos. Estamos rodeados de obras de arte (acabadas e inacabadas), de objetos, de materiales, de recuerdos… Creo que lo más extraño que jamás nos hemos encontrado en el estudio de un artista es un postalero. Este está lleno, con postales diferentes, extrañas, muy curiosas. Justo en el momento en el que Guillermo Peñalver –el dueño de este artilugio y de todos los demás que nos circundan– nos habla de la nostalgia que le produce que ya no nos escribamos cartas y que por eso anima a sus amigos a hacerlo con él cuando viajan, llega al taller el cartero… Con una nueva misiva desde San Sebastián. Continuar leyendo “En la periferia expansiva de Guillermo Peñalver”

Roberto Villalón: el olor, el sabor y el tacto de lo fotográfico

Bienvenidos a este espacio polivalente, un lugar en el que, como bien expresa su dueño «tan pronto se sirven cenas como se hacen fotos». El domicilio del fotógrafo Roberto Villalón en Madrid es su estudio, su vivienda y la redacción de una revista

Villalón, cuchillo y cámara en mano
Villalón, cuchillo y cámara en mano

Habla como una metralleta. Rápido, de forma meándrica. Pero es una delicia escucharle. Y, hacia el final de la conversación, nos lanza una aclaración a la que uno se queda después dándole vueltas porque puede ser un arranque perfecto para este texto y porque «liga» muy bien con el espíritu de este espacio: «La fotografía es como los olores –sentencia el fotógrafo Roberto Villalón–: tienen poca capacidad para contar cosas, pues es una técnica muy limitada, pero sí que posee una gran capacidad para evocar». Lo mismito que cuando uno entra en una cocina donde cuece a fuego lento un buen puchero y eso le retrotrae a su infancia, a la casa de los abuelos… Continuar leyendo “Roberto Villalón: el olor, el sabor y el tacto de lo fotográfico”

Abraham Lacalle, el artista sin fetiches ni torres de cristal

Para este pintor, la obra podría realizarse en cualquier espacio. No en vano, él cuenta con un segundo taller, una iglesia desacralizada en Oropesa, en el que reparte las tareas. En Madrid, lo comparte con otros cuatro creadores en Doctor Fourquet

Abraham Lacalle en su estudio en Madrid (Fotos: Ignacio Gil)
Abraham Lacalle en su estudio en Madrid (Fotos: Ignacio Gil)

«Lo bueno de compartir estudio –explica Abraham Lacalle– es que generas un espacio de diálogo. Se crea un ámbito afectivo en el que nada tienen que ver los lazos generacionales o idiológicos. Compartimos el silencio del trabajo y el ruido de la charla. De hecho, estoy en contra de la idea del artista encerrado en la torre de marfil. Me supura. O el pensamiento de que somos seres especiales que nadamos en nuestra individualidad. No es cierto. Lo que sí que es verdad es que compartes con los demás sin saberlo, casi sin haberlo pensado, en la deriva de tu propio interés personal». Continuar leyendo “Abraham Lacalle, el artista sin fetiches ni torres de cristal”

Nave Oporto, repartiendo ilusión desde 2013 (y II)

Regresamos a Nave Oporto para recorrer los espacios de los artistas que nos dejamos por conocer en la anterior entrega: los de FOD y Miki Leal, los artífices del proyecto, y los de Irma Álvarez-Laviada, Toni Ramón y Manuel Saro

FOD, trabajando en Nave Oporto (Fotos: Oscar del Pozo)
FOD, trabajando en Nave Oporto (Fotos: Oscar del Pozo)

No detallamos, en la primera aproximación a Nave Oporto que realizamos la semana pasada, el contexto en el que se inserta este peculiar estudio de nueve artistas, que le han dado por completo la vuelta a lo que era una antigua nave industrial. Porque el barrio madrileño que le da nombre, al sur de la ciudad de Madrid, se ha convertido en polo de atracción de creadores en la capital. Aquí cerca abrió su nuevo taller, coincidiendo con ARCO, el pintor José Luis Serzo, y hasta aquí nos desplazamos con anterioridad en otra entrega de «De Puertas Adentro» para conocer el ámbito de trabajo de Julio Falagán y los compañeros con los que comparte espacio. De hecho, ya está cerrado que, una planta más abajo de Nave Oporto, pronto desembarcarán otros autores, entre ellos, Carlos Aires, Rafael Díaz Alejandro Botubol, lo que transformará este edificio en una anténtica factoría del arte.  Continuar leyendo “Nave Oporto, repartiendo ilusión desde 2013 (y II)”

Nave Oporto: Repartiendo ilusión desde 2013 (parte 1)

Bajo el lema de este titular, hasta nueve artistas (entre los que se encuentran Sonia Navarro, Miguel Ángel Tornero, Santiago Giralda y Miki Leal) comparten estudio en una antigua nave industrial del madrileño barrio de Oporto. Un espacio en el que la energía y creatividad se palpa en el ambiente

Integrantes de Nave Oporto, en Madrid (Fotos: Oscar del Pozo)
Integrantes de Nave Oporto, en Madrid (Fotos: Oscar del Pozo)

Puede resultar a primera vista muy caótico, pero las piezas de este puzle se fueron colocando poco a poco de forma armónica y sin generar estridencias. Nueve artistas trabajando en el mismo espacio y sin molestarse. Sus protagonistas –se los enumero tal y como salen en la foto para que ustedes les pongan cara: Sonia NavarroSantiago Giralda, Irma Álvarez-LaviadaManuel SaroMiki LealFODMiguel Ángel TorneroBelén y Toni Ramón– se refieren constantemente a la energía que genera la confluencia de tanta creatividad, a lo mucho que se aprende trabajando codo con codo con los otros: «Sobre el papel –explica Tornero– si tú le dices a alguien que va a trabajar en una antigua nave indutrial junto a ocho personas más, es probable que la idea no le parezca apetecible. Pero una vez que estás aquí descubres que estás en el lugar adecuado».  Continuar leyendo “Nave Oporto: Repartiendo ilusión desde 2013 (parte 1)”

El Salón de Ángela Cuadra

Un «Salón» en el que aprovechar todos los metros, todos los segundos

En el domicilio de Ángela Cuadra, en Madrid, tiene esta artista su estudio, que, cada cierto tiempo se convierte en sala alternativa de exposiciones, Salón, que acaba de afrontar dos citas internacionales importantes: Supermarket y Poppositions

Ángela Cuadra en Salón, su estudio-vivienda, además de sala de exposiciones
Ángela Cuadra en Salón, su estudio-vivienda, además de sala de exposiciones (fotos: Maya Balanya)

Estamos en el salón de la casa de Ángela Cuadra. Bueno, en realidad es su estudio. Lo que usan como salón en esa vivienda es una habitación amplia justo al lado de esta estancia. Y es también el salón de Salón. Pero sólo cuando no es el taller de Ángela… Creo que les estoy haciendo un lío, pero es sencillo de explicar. Ángela Cuadra (Madrid, 1978) llegó a este piso en Madrid, muy cerca de la zona de Ópera, con su pareja, el también artista Daisuke Kato, hace ya unos cinco años. «Por entonces lo que buscábamos era una casa grande y céntrica, sin importarnos cómo estuviera. Preferíamos optar a un alquiler barato a cambio de ir reformándola y mejorándola», recuerda la artista. Continuar leyendo “El Salón de Ángela Cuadra”

De puertas adentro: Rubenimichi

RUBENIMICHI. EN LA GUARIDA DEL MONSTRUO DE TRES CABEZAS Y SEIS BRAZOS

Dibujos, cerámicas, «toys», vinilos, revistas, otras obras de arte… El domicilio de Rubenimichi, que también es su taller, es un homenaje al «horror vacui». Y una de las «factorias» caseras más originales de la escena española

Los tres integrantes de Rubenimichi hablan a la cámara (Fotos: Óscar del Pozo)
Los tres integrantes de Rubenimichi hablan a la cámara (Fotos: Óscar del Pozo)

Absténganse de entrar en este reportaje (y en la vivienda de sus protagonistas) todos aquellos amantes del minimalismo, los alérgicos de la acumulación (damos fe que los que sufren de alergia al polvo no corren ningún peligro, pues, pese a la tendencia al almacenaje, estos chicos lo tienen todo muy limpio) y los maniáticos del orden. Nada de eso va con Rubenimichi y, para qué les vamos a engañar, nos encanta que así sea.

Ya desde la puerta de entrada de esta vivienda situada en el barrio madrileño de La Guindalera, las pegatinas pegadas en su revers, avisan de que este va a ser un lugar especial. Porque espacio en blanco o hueco en pared que sus dueños encuentran cuenta enseguida con la correspondiente obra de arte, objeto, libro, vinilo o muñeco que puedan cubrirlo. Y si el pasillo o ciertas estancias algo más alejados del salón funcionan como reguero de lo que está por venir (la colección de los Rubenimichi también se despliega en el cuarto de baño), es en el comedor en el que se produce el big bang creativo, la acumulación total, la zona cero de los pensamientos y la tendencia al abigarramiento que caracteriza el día día de estos artistas: «Queremos estar rodeados de lo que nos gusta cuando trabajamos, y por eso nuestra casa es nuestro estudio», explica Michi. «No somos nada metódicos –continúa Rubén–. Pintamos cuando va surgiendo y nos nutrimos mucho de lo que nos envuelve. Si tuviéramos un taller, acabaríamos viviendo allí y alquilando esta casa». «Si nos apetece ponernos a trabajar ahora mismo –puntualiza Luisjo– no te echa para atrás saber que tienes que desplazarte a ningún sitio. Esto es más cómodo».

Luisjo trabaja en el ordenador
Luisjo trabaja en el ordenador

¿Rubén? ¿Luisjo? ¿Michi? ¿No estábamos en casa de Rubenimichi? En este mismo momento a ustedes les está ocurriendo lo que le pasó a Luisjo cuando conoció a los que serían sus dos compeñeros: que se pensaba que, tras sus pinturas y sus dibujos de estilo homogéneo, tras ese sonoro apelativo se encontraba un señor italiano (el nombre suena a apellido transalpino) con unas barbas muy largas, en lugar de tres individuos. «Nuestro nombre nace de la fusión del de Michi y el mío –explica Rubén– y siempre hemos jugado a generar ese despiste, porque, en el fondo, nosotros procedemos como si de una única persona se tratara».

Porque, a los Rubenimichi no les gusta que les consideren un colectivo o un grupo de artistas: «Somos tres personas que pintan juntas. Nos gusta decir que somos un monstruo de tres cabezas y seis manos», señala Michi. «“Colectivo” suena a tareas separadas que hacen diferentes personas y que luego se ensamblan», remarca Luisjo. Aquí todo es mucho más natural, más orgánico. No hay nadie que empiece o acabe siempre una obra, lo que favorece un resultado homogéneo. Son los años los que les aportan la pericia para conocer a los otros y empastar con ellos los resultados. «De hecho, trabajar como lo hacemos no fue premeditado», nos confiesan.

La casa-estudio de este equipo tiene sus paredes tapiadas de obras de arte
La casa-estudio de este equipo tiene sus paredes tapiadas de obras de arte

La cuestión fue como sigue: Era Michi el que ya pintaba mientras Rubén estudiaba. Por su forma de proceder, el primero dejaba muchas cosas sin rematar, que el segundo empezó a completar. En una ocasión, Michi se tropezó con un encargo para una muestra (un homenaje artístico al festival de Eurovisión) que no le daba tiempo a entregar. Entonces le pidió a su amigo que la acabaran juntos. Y así fue como firmaron su primera obra entre los dos, que fue la que les rebautizó. No mucho tiempo después, Luisjo completaría este singular trío: «La ventaja es que hemos ido desarrollando el estilo a la vez, no veníamos cada uno con uno predefinido. Eso habría hecho más difícil cambiarlo», considera este. «Sí que hay cosas que a uno le salen mejor que a otros, o que le gustan más. Nos vamos complementando», concluye Rubén.

Para los tres, trabajo y vida van unidos. Por ello, lo más normal del mundo es que el salón de la casa sea el estudio, en el que despliegan las obras en las que andan enredados (suelen ser varias a la vez, para facilitar así la labor de cada uno), se escucha la música que les acompaña en estas labores (nos chiva un pajarito que son muy fans de Vainica Doble, junto a otros acordes más tranquilos para no disturbar lo que hacen) y los objetos que les inspiran. «Hay días que pintamos una hora. Otros, que le dedicamos diez. Por eso es más práctico tenerlo todo a mano». Y por la misma razón, «es más lógico que esto se parezca más a un taller que a una casa. Si nos apetece sentarnos en el sofá, lo tenemos complicado». «De hecho –bromea Michi–, yo creo que nunca lo he utilizado para eso».

Michi y Rubén apuran sendas obras
Michi y Rubén apuran sendas obras

Si echamos un vistazo a las paredes, descubrimos dos cosas: la primera, la extensa colección que poseen estos artistas, un conjunto que se ha conformado también de forma orgánica: a través de compras, de intercambios, de guiños del destino… Pedimos que nos den algunos nombres y nos llevan hasta las obras de Ricardo Cavolo, de Javi al Cuadrado, de Alberto de las Heras, de Boris Hoppek, Slava Mogutin (con el que comparten galería, la Fresh) o Theo Firmo. La pieza de Taxali es la favorita de Michi. Pero hay muchas más: de Catalina Estrada, de Ceesepe, de Gary Baseman (la obra más cara que tienen), de Nano… «En una ocasión intentamos inventariarlas y nos aburrimos. También creemos que no qusimos hacer cuentas de lo que llevamos gastado». La segunda de las evidencias: que no hay nada, pero nada suyo a la vista, salvo esas piezas inacabadas en las que están ahora trabajando, pero que descansan en caballetes: «Si yo comencé a pintar es porque quería ver mis cosas colgadas en la pared. Pero cuando empiezas a vender se te pasa», confiesa Michi. «Hay que admitir que sí que hay dos o tres obras que guardamos –continúa Rubén– y que no venderemos nunca por el valor sentimental que tienen para nosotros». Una de ellas descansa en la habitación de al lado. Luisjo contesta rápido: «De hecho, si alguna vez hemos colgado algo nuestro en casa, enseguida lo vendemos. Yo creo que deberíamos hacerlo más a menudo».

A las obras de otros artistas que les he mencionado (y las de aquellos que no puedo reproducir aquí porque la lista sería eterna) tienen que añadir ustedes mentalmente toda una colección de vinilos; otra de libros; el conjunto de gatos maneki neko sobre el aparador que contiene otra colección de dispensadores de caramelos Pez y una segunda de toys; las cerámicas; el resto de juguetes… No añado a Pelayo ni a Martín (los dos perrillos de Rubenimichi), ni a los dos pájaros encerrados en una gran jaula, porque no sería justo y porque para estos artistas son parte indisociable de la familia. «Tenemos una segunda casa en el campo, en Candeleda, a la que vamos casi todos los fines de semana, y allí llegamos cargados con los animales, con los pinceles, con las pinturas. Lo convertimos en un segundo taller y lo tenemos igual que esta casa».

Detalle de la mesa de trabajo de los artistas
Detalle de la mesa de trabajo de los artistas

«No sabríamos vivir en un espacio diáfano porque se nos vendrían las paredes encima –confiesan–. Lo nuestro es horror vacui en todos los sentidos». De hecho, los muebles en esta vivienda funcionan para sostener otras cosas. Las habitaciones y hasta la ducha, en ocasiones, han sido empleados como almancén. Otra cuestión que no saben hacer es trabajar junto a otros, por eso solo puntualmente han tenido taller o lo han compartido con más creadores: «Nos ponen nerviosos las presencias ajenas. Pero tenemos la suerte de que compartimos muchas cosas. Al vivir juntos, viajar juntos, las experiencias son compartidas, por lo que nos influye lo mismo y generamos gustos similares».

Cuando un artista se sirve de su casa como estudio es más complicado lo de plantearse un traslado. ¿Es este el estudio definitivo de Rubenimichi?: «Nunca se sabe –responden–. Lo será por mucho tiempo. Siempre hablamos de movernos al centro, pero al final no tenemos muchas ganas de vivir una mudanza». El piso no es grande, con unos setenta metros cuadrados. Les preguntamos si eso y el que tres personas trabajen a la vez en lo mismo, no determina sus formatos o sus procedimientos: «Nos hemos dado cuenta no sólo de que los grandes formatos dificultan nuestro proceder, sino que, a la hora de pintar, pensamos como coleccionistas, es decir, que tendemos a tamaños más pequeños porque luego sabemos de la dificultad de colgar algo». Así son Rubenimichi y así es la fantástica guarida de este monstruo de tres cabezas y 30 dedos.

Rubén, Luisjo y Michi, los tres integrantes de Rubenimichi en su estudio
Rubén, Luisjo y Michi, los tres integrantes de Rubenimichi en su estudio

Texto publicado en ABC.es el 20 de noviembre de 2015