Daniel Gasol (artista y gestor cultural)

«Cualquier cosa que suene a disciplina y orden historicista me produce rechazo»

Ya sea desde la gestión artística o la producción cultural, Daniel Gasol apuesta por un arte útil y de cariz ‘performantico’ que se cuele por las rendijas del sistema y ayude a enderezar situaciones que generan desigualdad. Una labor que ‘da que hablar’

‘Selfie’ de Daniel Gasol para ‘Darán que Hablar’ – D. G.

Nombre completo: Daniel Gasol Señorón. Lugar y fecha de nacimiento: Tarragona, 23 de marzo de 1983. Residencia actual: Barcelona. Formación: Licenciatura en Bellas Artes por la Universitat de Barcelona, Máster en Producciones e investigación artística en la Universitat de Barcelona y Doctorado en Producción e investigación por la misma institución (2015). Ocupación actual: Coordinador del programa ‘Interseccions Arts Visuals’ para el ayuntamiento del Prat de Llobregat, docente en la Universitat Oberta de Catalunya, diseño de programas públicos de La Capella y artista a tiempo completo.

Qué le interesa. Soy artista (o no) que ha sido etiquetado como multidisciplinar, pero no lo soy. Cualquier cosa que suene a disciplina y orden historicista me produce rechazo. Si debo ponerme una

etiqueta como trabajador en cultura, me reconozco como trabajador en cultura ‘antidisciplinar’, un término que tardé mucho en pensar detenidamente para afirmarme como tal, ya que no me sentía cómodo con lo de ‘multidisciplinar’.

Soy homosexual, y no tuve elección si quería ser fiel a mis sentimientos para ser libre. Esta condición ha determinado mi trabajo de la misma forma que determina mi vida. He usado y uso mi trabajo como herramienta para saber qué, quién soy y comprender dónde vivo, porque el arte es de los pocos espacios que nos quedan para ser libres.

«Gracias a retransmisiones como las de ‘Metrópolis’ empecé a experimentar a los 14 años con una cámara VHS de mis padres, que sigo usando, y tomé la decisión de irme a la ciudad»

También soy de clase proletaria y recibí una enseñanza basada en la liberación a través del esfuerzo en el trabajo que, paradójicamente, cuestiono con mi labor artística. Si algo he aprendido durante todos estos años es que el problema de la desigualdad social se encuentra en la estructura de clases donde los y las de arriba permanecen arriba animando a los y las de abajo a que nos esforcemos más para mejorar nuestras vidas tal y como lo hacen las religiones con promesas de ficción.

Mi trabajo gira entorno a la investigación como método, y cuando hablo de ‘investigación’, no se trata de hacer una mera búsqueda en Google… La formalización de los trabajos depende del modelo de proyecto y los intereses del mismo. Formalmente, los proyectos pueden tener forma de vídeo o hasta de un libro, pasando por una visita guiada. Siempre intento que el desarrollo sea coherente con sus objetivos y su formalización. Si me centrara en una disciplina, el trabajo quedaría restringido a un marco concreto de lectura y ejecución que, francamente, no me interesa.

Detalle de ‘Aventura, esperanza y fracaso de Skossyreff» – D. G.

De dónde viene. Sobre todo, he participado en exposiciones colectivas surgidas de invitaciones y convocatorias públicas, aunque a veces desarrollo proyectos que no son exhibidos desde una perspectiva tradiciona… Algunos de ellos los realizo y los cuelgo en la página web. En julio, por ejemplo, desarrollé una residencia en el Arxiu Comarcal d’Urgell, elaborando un proyecto llamado ‘Workers in Progress”, donde una persona migrante residente en la zona fue pagada con dinero municipal para conducir un coche durante 8 horas, una jornada laboral, en el que se repartían panfletos inspirados en diferentes mítines que a su vez eran reproducidos en un audio junto a canciones como ‘A las barricadas’, de Ángel Miret.

El objetivo era que el dinero municipal de producción del proyecto fuera para una persona no nacida en España y residente en el territorio del archivo, ya que en la zona del Pla d’Urgell los propietarios de los terrenos de cultivo utilizan a los llamados ‘temporeros’ como mano de obra barata, sin contrato y con condiciones laborales pésimas. Que una ciudad declarada políticamente como de izquierdas permita este tipo de prácticas pone de manifiesto que el capitalismo ha conformado la estructura social que hemos heredado y que las desigualdades devienen una cuestión de clase en tanto a economía. Del proyecto ha quedado una documentación formada por un vídeo, fotos y 34 panfletos donde aparecen imágenes de trabajadores.

La última exposición como tal fue en el marco del Festival Brama, en junio, en el Espai Casinet de Masnou, con una fantástica muestra llamada ‘ArxiuRar’ comisariada por Beatriz Escudero y Francesco Giaveri, y organizada por Xavier Rodríguez, un buen amigo y un artista excelente. En la exposición había trabajos de Pedro G. Romero, Cecília Bengolea o Joan Pallé, entre otros, y abordaba la temática del archivo desde las artes visuales.

«Es francamente terrible y devastador pensar que prefieres olvidar el pasado y quedarte sin infancia para superar la rabia como se pueda, en mi caso, a través del trabajo en el arte»

En mi caso, presenté un trabajo llamado ‘Esclavo, soldado y trabajador’, que muestra tres figuras iluminadas mediante tres fluorescentes rojos sobre sus miradas a cámara que, encendidos, registran información desconocida y aparentemente irrelevante sobre la sala y los espectadores. Los personajes representan cronológicamente a un mameluco (esclavo guerrero islamizado instruido militarmente a las órdenes de los califatos de Abasís), un soldado prusiano (que fue el primer ejército que utilizó el color azul prusia en sus uniformes), y un obrero de la Revolución Industrial (que viste un mono de trabajo llamado popularmente ‘mameluco’ con un característico azul prusia que adoptaron los uniformes laborales). Las tres figuras anónimas, atravesadas por fluorescentes rojos que activan el registro como un ‘hardward, ya que el azul prusia es un color que almacena información, dialogan simbólicamente sobre la relación entre trabajo, disciplina y esclavitud, e invitan a reflexionar sobre qué información es considerada relevante y ‘digna’ de visibilizarse en la constitución de relatos hegemónicos para la Historia.

Individualmente, hace años que no expongo. La última vez fue en 2017-18, en la Casa Elizalde, resultado de una beca de creación, donde presenté un proyecto que llevaba un par de años desarrollando llamado ‘Los Triángulos: crónica de una cooperativa’. El trabajo consistió en hacer un ensayo en vídeo explicando el origen del actual barrio Diagonal Mar de Barcelona, ya que cuando busqué la historia oficial del barrio, se decía que empezaba con el Fòrum de les Cultures de 2004, mientras que el edificio donde residía era como mínimo de finales de los 60. A partir de entrevistas a los vecinos y su aportación con material en forma de declaraciones, vídeos y fotos, se generó un ensayo coral y un archivo que narra los improperios de la gentrificación de la zona, su origen y los problemas de salud derivados del amianto de la fábrica Macosa que tenían enfrente, donde murieron varios vecinos de cáncer y algunas familias tuvieron hijos e hijas con diversidad funcional resultado de respirar el aire tóxico de la zona al que llamaban ‘el azulete’, que era expulsado por las chimeneas de la fábrica.

Falso expediente personal de Daniel Gasol para el proyecto ‘Orden público’ – D. G.

Supo que se dedicaría al arte… No tengo una fecha clara de ello. Sí que recuerdo que me refugié en la lectura, la pintura, la poesía y los libros durante mi infancia y adolescencia. Supongo que pasar horas en la biblioteca leyendo y hojeando libros fue resultado del maltrato infantil sufrido por los y las compañeros/as de la escuela por ser abiertamente homosexual en un pueblo del interior catalán en los 90, en una escuela donde el profesorado no tenía herramientas y prefirió mirar a otro lado por comodidad. De hecho, durante primaria, solo una profesora substituta se enfrentó a todos los alumnos de mi clase porque me vio llorando en un rincón mientras se mofaban de mí. Solo una docente afrontó ‘el problema’…

Mi infancia fue complicada por esa razón. Básicamente era el maricón de la clase al que los niños y niñas humillaban por falta de virilidad, hecho que llegó a resentir mis notas, mi forma de relacionarme y, obviamente, mi autoestima durante años. Llegué incluso a arrancarme el pelo del estrés que me provocaba esa situación… De hecho actualmente, algunos me escriben por redes para invitarme a cenas de exalumnos o para contactar conmigo, como si lo que pasó fuera ‘cosa de críos’. Resulta sintomático para la actualidad que ninguno de ellos y ellas se haya disculpado durante todos estos años… Aceptar estas invitaciones para ir a esas cenas, charlar y vernos como si nada hubiera pasado significaría ser cómplice de un escenario frívolo, sobre todo cuando estas situaciones continúan perpetuándose en espacios escolares y públicos.

«En el momento en que entiendes que el arte es una forma de ver la vida y que el cubo blanco únicamente es un espacio de legitimación, sabes que en cualquier lugar puedes desarrollar un trabajo artístico»

Tristemente, el tema no es excepcional ni particular. Recibir una disculpa de aquellos que hemos vivido esas vejaciones es una cuestión de dignidad, justicia y respeto el recibir una disculpa para relacionarme con ellos y ellas, porque cuando nos maltratan y humillan durante la infancia y adolescencia por ser quienes somos, nos condicionan la vida y por mucho que resulte poético en nuestra lucha, es francamente terrible y devastador pensar que prefieres olvidar el pasado quedándote sin infancia para superar la rabia como se pueda, en mi caso, a través del trabajo en el arte. Sin embargo, cabe decir que también hubo algunas personas maravillosas durante mi adolescencia, que pasaron por alto todos los juicios públicos y se convirtieron en una pequeña familia que mantuvo a flote mi autoestima. A ellos y ellas les doy las gracias desde aquí.

Respecto al tema del arte, recuerdo que un día vi casualmente en televisión el programa ‘Metrópolis’. Recuerdo que enseguida cogí una cinta de vídeo y lo grabé sin saber qué era eso. Esos programas fueron parte de mi decisión por estudiar Arte. La televisión ha sido parte de mi formación, y ‘Metrópolis’, un programa al que muchos le debemos agradecer que abriera puertas a un universo en contextos donde no llegaba la cultura e internet era aún desconocido.

Desde entonces empecé a ver la televisión con otros ojos y veía los programas desde una perspectiva estética, pensando en su contenido. Gracias a esas retransmisiones, empecé a experimentar a los 14 años con una cámara VHS de mis padres, que sigo usando, y tomé la decisión de irme a la ciudad, donde encontré espacios de libertad en la universidad, donde los juicios por mi condición desaparecieron en mayor medida.

‘Esclavo, soldado y trabajador’ (2021) – D. G.

¿Qué es lo más extraño que ha tenido que hacer en el arte para «sobrevivir»? Supongo que ‘cosas raras’ hemos tenido que hacer todas las personas que hemos estudiado arte… Como hijo de familia proletaria, desde que vine a Barcelona a estudiar, he tenido que buscarme la vida con cualquier trabajo para poder pagar el alquiler de las habitaciones, el transporte o la comida…

He trabajado de todo, la verdad, pero sobre todo en la hostelería, porque viviendo en Barcelona era lo más cómodo por horarios. Sin embargo, tener estos trabajos no imposibilitó mi labor artística y aprendí a usar esos contextos para realizar varias acciones que conforman un proyecto llamado ‘Trabajos forzosos’. Este, que tiene inicio pero no fin, consiste en desarrollar ‘performances’, acciones o instalaciones en espacios laborales en el horario laboral, como poner a un volumen muy alto la pieza ‘Scheherazade’, de Korsakov, en el hilo musical de la heladería donde trabajé para avisar a Dani, un sin techo de Hungría doctorado en filosofía del que me hice amigo. Cuando sonaba esa pieza, una de las favoritas de Dani, significaba que tenía que recoger comida que le había dejado estratégicamente fuera del local, como si fuera una especie de código entre los dos, ya que mi jefe no le dejaba entrar porque «daba mala imagen».

En el momento en que entiendes que el arte es una forma de ver la vida y que el cubo blanco únicamente es un espacio de legitimación, sabes que en cualquier lugar puedes desarrollar un trabajo artístico sin necesidad de un taller, disciplina o materiales, porque la creación es una cuestión de ingenio y perspectiva, no de calidad y cantidad de materiales.

«Hay personas que las entienden las redes como si fueran una app. de contactos tipo Grindr, otras que sólo las usan para cotillear y otras que las emplean para generar debate y escribir sobre varios intereses, como creo que es mi caso»

Otra acción que conforma ‘Trabajos forzosos’ fue la de cambiar de lugar una pintura al óleo en un restaurante de menúes donde trabajé. En ese restaurante había bastante rivalidad y mal ambiente entre los y las camareros/as porque el dueño del local nos pagaba por horas, sin contrato y en relación a la cantidad de mesas que atendíamos. Esta lógica perpetuaba competitividad entre nosotros, intentos de robar mesas a compañeros para atenderlas o que algunos cogieran las cuentas de mesas para ir a pagar al jefe y que este las contabilizara como si las hubieran atendido.Decir ‘no’ significaba que no te llamaran para el fin de semana siguiente y todo ese estrés generaba muchas discusiones y tensiones.

Como acción y en el ‘office’ donde se generaban las disputas, decidí colgar al lado de una ventana sin vistas sobre el fregadero un cuadro donde aparecía un pescador en un río y un personaje en un camino para preguntar a mis compañeros y compañeras, en el caso que se iniciara una disputa, ‘si el personaje del camino iba o venía’. Mediante una pregunta absurda se generaron algunas conversaciones sobre pintura y formas de ver esa imagen, disipando temporalmente ese mal ambiente. La documentación que queda de esas acciones son fotos hechas con un móvil, textos, servilletas intervenidas y poco más, porque me centré más en generar las acciones que en documentarlas como testimonio ‘artístico’, ya que lo importante no radicaba en demostrar nada, sino en ejecutarlas.

Documentación del proyecto ‘Orden público’ – D. G.

Su yo «virtual». Tengo una página web que entiendo como un archivo de trabajos. Esta web fue hecha por mi hermano pequeño, dedicado al diseño gráfico y con el que continuo trabajando actualmente porque nos entendemos rápido, es un buen profesional y fácil trabajar con él.

Hace relativamente poco que tengo redes sociales, y cuando digo ‘relativamente poco’ hablo de finales de 2018 en el caso de Instagram. Facebook lo uso desde 2015, cuando a raíz de ganar una beca, pidieron etiquetarme y me hice un perfil. En el caso de Twitter, exactamente igual.

De las tres redes, la que mas uso es Instagram, donde he conocido a personas fantásticas que ahora son amigos y amigas y he tenido conversaciones muy interesantes con personas con las he acabado tomando un café e incluso colaborando en proyectos. Las redes sociales son un canal de comunicación y depende mucho de cómo las uses en tanto a los intereses personales… Hay personas que, y considero que todas son legítimas, las entienden como si fuera una app de contactos tipo Grindr; hay otras que sólo las usan para cotillear, y otras que las emplean para escribir sobre varios intereses, como creo que es mi caso.

«Estetizar la revolución, las causas, y quedarnos únicamente con la representación de la imagen para constituir una identidad de ficción con la que sentirnos cómodos es un problema que me preocupa mucho»

Escribo mucho en Instagram y he encontrado en él un espacio desde donde abordar temas desde un prisma alejado de lo ‘políticamente correcto”. Sin embargo, también veo mucha exhibición y afirmaciones como tendencia sin ser planteadas seriamente o con rigurosidad… Eso me preocupa mucho, porque hablar sobre temas importantes únicamente para proyectar una imagen concreta resulta superficial, deshonesto y poco respetuoso, pues acaba desactivando frívolamente el contenido de los discursos en pro del ego personal utilizando un tema para ganar likes y sin un verdadero interés por el mismo.

De hecho, he abordado este tema en algunos post haciendo comparaciones con los sellos de correos que pretendían ‘visibilizar el racismo”. Estetizar la revolución, las causas y quedarnos únicamente con la representación de la imagen para constituir una identidad de ficción con la que sentirnos cómodos, limpiando nuestra culpabilidad europea, es uno de los problemas que me preocupan mucho. Hemos de hacer un ejercicio como sociedad sobre el uso de las redes, empezando por las escuelas, porque disponer de una ventana desde donde hablar implica una responsabilidad que a menudo es disipada por la espectacularización.

Dónde está cuando no hace arte. Doy clases en la Universitat Oberta de Catalunya como docente de Proyectos I y, hasta antes de la pandemia, fui durante años colaborador en el Máster de Producciones e Investigación Artística en la UB. Me gusta la docencia, es un espacio donde aprender bilateralmente y acompañarnos como personas en un mismo espacio y horizontalmente, compartiendo saberes, que es lo que considero que debemos hacer como sociedad, porque no compartir información demuestra egolatría.

Uno de los trabajos que desarrollo como trabajador en cultura es el programa ‘Interseccions’ del Ayuntamiento del Prat, donde este año lidero un equipo de siete personas que llevan a cabo proyectos artístico-educativos en escuelas de primaria, que diseñamos para cada curso y que intentan suplir carencias o necesidades de los centros educativos. Este año, por ejemplo y entre otros, hemos desarrollado una radio comunitaria en la Escola Ramón Llull, donde el alumnado ha trabajado con entidades para reforzar un nivel de lecto-escritura que se vio resentido durante la pandemia. A partir de la escritura de guiones, narrativas de ficción o entrevistas, el alumnado desarrolló un programa de radio en directo con Radio Prat, donde entrevistaron a diferentes personas, leyeron cuentos o dialogaron con el profesorado para toda la ciudad.

«Si miras la vida desde una perspectiva que podríamos llamar ‘artística’, ves ‘performances’ en todas partes. Una boda es una ‘performance brutal’, ir a Hacienda también lo es, ir a la compra…»

Ha sido un proyecto precioso donde hemos trabajado que el arte o las imágenes no solo son consumidas o construidas mediante la mirada, sino que podemos generarlas mentalmente como con, por ejemplo, las radio novelas. Cada año me emociona la formalización de cada proyecto en cada escuela, porque mediante una semilla muy pequeña, la profesionalidad del equipo con el que trabajo y un cuerpo docente volcado que realmente cree que el arte transforma, veo cómo se hace realidad algo que resulta útil para transformar escuelas y relaciones entre alumnado.

Las artes visuales, popularmente llamadas plásticas, suelen estar denostadas en los currículos educativos por falta de una enseñanza académica, donde el arte se plantea generalmente desde la ingenuidad del ocio. En este caso y desde el arte, el alumnado y el cuerpo docente encuentra espacios de enseñanza, otras formas de trabajar e intereses que, a menudo, no se contemplan oficialmente.

Detalle de ‘Work in Progress’ (2021) – D. G.

Le gustará si conoce a… Mis referencias son la vida, la cotidianidad, las conversaciones, los encuentros o la casualidad, entre otras. Si miras la vida desde una perspectiva que podríamos llamar ‘artística’, ves performances en todas partes. Una boda es una ‘performance brutal’, ir a Hacienda también lo es, ir a la compra, asistir a una inauguración, ir de fiesta o hablar con desconocidos. Diariamente se pueden desarrollar acciones que rompen con las normas de relación social y permiten desarrollar grietas en escenarios encorsetados.

Sin embargo, hay muchos trabajos de personas que admiro profundamente y no sólo estrictamente del mundo del arte. El antropólogo O. Guash, al que empecé a leer a los 23 años, sigue siendo uno de mis grandes referentes junto a S. Carrascosa, N. Borriaud, A. Mira, M. Rosler, M. Weber, A. Dofman, C. Krauss, J. Baudrillard o J. Wolff, entre otros y otras.

No diferencio la práctica artística entendida estrictamente desde la visualidad, pero si tuviera que pensar en algunos referentes de lo que llamaríamos ‘artísticos’ y centrándonos en España con artistas que serían etiquetados de consolidados por su trayectoria, el trabajo de Núria Güell es brillante y coherente, uno valores que personalmente considero para evaluar un trabajo. Eugenio Merino es de los artistas más valientes y realmente necesarios para este país anclado en dogmas religiosos y monárquicos. También tengo trabajos de referencia que abordan paradigmas o los construyen mediante acciones. Algunos y algunas son compañeros de la universidad, de los que he aprendido muchísimo: S. Cabrera, A. Del Río, E. Pizarro o Z. Pekunlü, a los que sigo referenciando en el aulas.

Frame de «Orden público»

Qué se trae ahora entre manos. Este mes he publicado ‘Arte (in)útil: sobre cómo el Capitalismo desactiva la Cultura’ con la editorial Rayo Verde, un ensayo que nace de mi tesis doctoral tutorizada por Lídia Górriz y Octavi Comerón, que tristemente no pudo verla acabada. El ensayo reflexiona en torno a la idea de artista emergente e institución cultural como ente legitimador, donde el contenido de este marco solo es la punta del iceberg sobre la mediatización cultural entre arte, artista e institución, que sirve para entender cómo se inicia el artista en un circuito y qué mecanismos se utilizan para absorberlo. Así es cómo se aleja el arte de ser una herramienta crítica de pensamiento, convirtiéndose en producción y, por tanto, en un producto más del contexto posfordista o cadena de producción de pensamiento legitimado.

En diciembre presentaremos en la galería Chiquita Room de Barcelona “Orden Público: Vagos, Maleantes y Peligrosidad Social”, un trabajo que llevo cuatro años desarrollando a partir de la consulta de expedientes del Archivo de Justicia de Catalunya y que tiene el objetivo de realizar ‘contrabando’ de expedientes de la ley de Vagos y Maleantes yla ley de Peligrosidad Social del Archivo de Justicia de Catalunya a la galería.

En la exposición exhibiremos varios trabajos, entre ellos, réplicas gráficas de expedientes de homosexuales, anarquistas, transexuales, extranjeros o personas con diversidad funcional que fueron detenidos y sentenciados por varias razones y por no poder pagar las ‘multas’ y evitar así su expediente o ingreso en un campo de trabajo. Los detenidos, en su mayoría hombres, ya que la ley republicana de 1933 fue la única que el franquismo conservó incluyendo en 1954 a homosexuales, se enfocó en la idea de que ‘mediante el trabajo nos liberamos’, tal y como afirmaban en la entrada de los campos de concentración.

«Cuando abordo un proyecto considero que ha de transformarme y clavarse en mi como una lanza que no logro sacarme hasta que no entienda toda la complejidad y profundidad de los temas que abordo»

Los detenidos fueron usados como mano de obra esclava en cárceles y obras públicas y actualmente muchos de ellos reciben una compensación económica que se estableció durante el gobierno socialista. También presentaremos otros trabajos, como un vídeo ensayo con siete testimonios actuales de personas que cumplirían con el perfil legislativo de ‘Vago’ y ‘Maleante’, evidenciando la herencia actual de la ley y el maltrato jurídico y social de esos que no cumplen con el perfil ciudadano-ciudadana, trabajador- trabajadora, blanco, heterosexual o clase media. En el marco de la exposición, también desarrollaremos tres actividades: dos en la cárcel Modelo, que es donde eran apresados los detenidos, y una fiesta final en un bar donde acudían los homosexuales y donde se realizaron varias redadas por parte de la policía durante los 70.

Para el año 2022, presentaré un trabajo que estoy desarrollando, resultado de la Beca de Investigación Berta Casas. El proyecto tiene el objetivo de reescribir la historia de Vídeo Nou y Servei de Vídeo Comunitari, un grupo de trabajadores al servicio de la cultura que desde Cataluña aportaron una perspectiva libertaria al relato del inicio democrático y entendieron el arte como un medio de comunicación que presentaba relatos alternativos al hegemónico del posfranquismo.

Portada de «Arte ()in)útil», editorial Rayo Verde

Proyecto favorito hasta el momento. Cuando abordo un proyecto considero que ha de transformarme y clavarse en mi como una lanza que no logro sacarme hasta que no entienda toda la complejidad y profundidad de los temas que abordo. Dedico muchas horas a la investigación y la lectura para entender qué es lo que hago, cómo debo hacerlo y por qué.

Hay algunos trabajos que son cortos temporalmente y otros, en cambio, duran años como es el caso de “Orden Público: Vagos, Maleantes y Peligrosidad Social”, un proyecto del que espero sentir orgullo cuando lo presente en diciembre y que actualmente está en fase de formalización.

Este proyecto me ha transformado mucho, hasta tal punto que me ha llevado al siguiente a raíz de descubrir, casualmente, una supuesta familiar que no sabía que existía y que fue detenida por prostitución en Barcelona. Cuando conté a mi familia que estaba realizando un proyecto sobre vagos y maleantes, mi padre me dijo que había sido detenido en el pueblo por dicha ley, acusado por la sustracción de una moto.

«Me cuesta mucho entender por qué continuamos con el mito del artista romántico tocado por una supuesta divinidad que le ha abierto las puertas a un conocimiento que sólo él»

Mi padre, al que admiro mucho, se crió en un orfanato para ‘rojos’ durante el franquismo y no conoció a su padre porque lo fusilaron en el punto más álgido de la dictadura fascista en su limpieza ideológica. Después de hablar un rato con él y que compartiera su historia, me pidió si podía ayudarle a buscar la fosa común donde esta su padre. Esa situación me hizo pensar en mi herencia en relación al pasado familiar y, durante días después de esa petición, estuve pensando que había olvidado mi infancia y adolescencia por irme a los 18 años de casa para romper con todo vínculo, excepto el familiar.

En ese momento estaba releyendo ‘El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado’, de Engels, donde había tomado muchas notas en los bordes sobre mi propia historia porque me había sentido interpelado releyéndolo años después y desde una perspectiva más adulta. No sé qué va a pasar con este proyecto porque trabajo dejándome llevar por el instinto o las casualidades.

Sin embargo, haciendo un repaso, uno de los trabajos que reviso habitualmente porque me resisto a perder ‘espontaneidad’, ya que a menudo los tiempos, el ritmo frenético y la labor en arte hace que pierdas espontaneidad y libertad, es ‘Estas canciones me hacen desarrollar mis interfícies primarias’, un vídeo de 2006 que considero clave en mi proceso formativo. Durante ese tiempo, cuando llegué a Barcelona, empezaron mis preguntas sobre quién o qué soy respecto a una sociedad que rechaza la homosexualidad producto de la herencia judeocristiana que posteriormente la ciencia recogería como rol legitimador sobre el sexo y el género, tildándonos de pervertidos o invertidos en tanto a entender el sexo como reproducción.

Dada mi situación personal y sintiendo que no había tenido un desarrollo ‘normal’, durante la adolescencia y infancia, por mi condición, empecé a consumir material adolescente para entender qué modelos y roles existen en el mundo heterosexual entre parejas. Empecé a leer revistas que eran nuevas para mí, como ‘Súper Pop’, y escuché toda la música más conocida de España con el objetivo de entender cómo, mediante la música, se construye el relato del amor afectivo-sexual hegemónico y los roles de género en una sociedad tremendamente performática respecto a nuestras identidades.

Empecé a leer literatura ‘queer’ como P. Vidarte, M. Focault o el famoso ensayo ‘El eje del mal es heterosexual’, que cambó mi forma de verme y entenderme. Un día, escuchando y tomando notas sobre las letras de las canciones del disco ‘Más’ de Alejandro Sanz, decidí coger la cámara de vídeo analógica de mi familia y grabarme como si fuera un perpetuo adolescente al que le habían arrebatado su desarrollo mientras cantaba y comentaba las canciones, improvisando clichés adolescentes. Fue un momento catártico y me ayudó a pasar página de mi pasado desde el cinismo, haciéndome entender los modelos de relación normativos que rechazaba y que socialmente no me habían permitido tener.

Frame de «Orden público»

¿Por qué tenemos que confiar en él? Me cuesta mucho responder a esta pregunta porque no sé si las personas deben confiar en mí. Sin embargo, puedo señalar a esos o esas en quienes no confío por su forma de hacer. A menudo, saber eso que no quieres hace que entiendas quién eres y lo que quieres para una identidad en constante transformación que considero, debe sostenerse éticamente en una base sólida.

Lo que si que tengo claro es que mi trabajo ha de ser ‘útil’ desde una perspectiva del arte o el trabajo en cultura como herramienta de transformación personal o común. He incorporado esa ‘utilidad’ desde el inicio, intentándome alejar de las formas que tiene el capitalismo para fagocitar la cultura y convirtiendo a los y las artistas no sólo en sujetos trabajadores al servicio de una cadena de producción posfordista para crear ideologías, formas de hacer o contenido de ocio, sino rechazando toda glorificación de los mismos.

Me cuesta mucho entender por qué continuamos con el mito del artista romántico tocado por una supuesta divinidad que le ha abierto las puertas a un conocimiento que sólo él (generalmente hombres) tiene. No confío en esta clase de artistas, me produce mucho rechazo la falta de humildad y la incoherencia a lo Lenon y Ono en la famosa imagen en la que esperan que la trabajadora del hotel acabe de hacer la cama para protestar contra la guerra…

Es por esa razón que entiendo el arte como trabajo, con la cultura como elemento a trabajarla, cuestionándola constantemente. El ámbito de la estructura social conformada desde lo laboral es algo que me interesa muchísimo…

«Un trabajo que reviso habitualmente porque no quiero perder ‘frescura’ es ‘Estas canciones me hacen desarrollar mis interfícies primarias’»

Tampoco confío en una forma de trabajar el arte con un proceso y formalización ingenuamente aburguesada, donde el o la artista cree que mediante su práctica podrá ser salvador de una sociedad injusta, posicionándose en la parte superior de una pirámide donde se encuentra por privilegios de raza, clase social y tendencia sexual. Este tipo de formas de hacer ‘arte’ como lavado de imagen a lo ‘Purple’ o ‘Pink Washing’ comercializando la pena o espectacularizando la pobreza es algo que considero debemos señalar, poner en crisis y erradicar del contenido institucional.

Actualmente hay una tendencia a trabajar desde el arte eso que llaman ‘ámbito social’, etiquetando prácticas desde un afán taxonómico herencia de la Modernidad. Hay trabajos realmente transformadores, pero, en cambio, hay otros que incluso llegan a ser insultantes por su candidez y posición jerárquica.

Hemos de pensar que no se trata de las formas de hacer, sino de que la estructura se conforma verticalmente desarrollando modelos de supervivencia, donde los de abajo sostienen a los y las de arriba, que pretenden limpiar sus conciencias como si pagaran la cuota de una ONG anunciada en televisión.

Hay prácticas que realmente son tan inadmisibles que rozan la ofensa a la subalternidad obligatoria, donde parece que ‘nos encanta permanecer’ como disidentes, en mi caso, sexual. Lógicas practicadas desde el privilegio burgués, como, por ejemplo, pensar que modificando las palabras sin cambiar las relaciones socioculturales que las configuran modificaremos el mundo sin considerar que eso tan sólo sirve para esconder la violencia de la desigualdad…

Otro de los ejemplos sería hacer fotografías a personas sin techo para exhibirlas, estetizando la pobreza como excusa de una supuesta ‘visibilidad’. No confío en estos trabajos, y mucho menos a las personas que los realizan…

Ficha policial del proyecto ‘Vagos y maleantes’ – D. G.

¿Dónde se ve de aquí a un año? Hace años que no hago planes, y aún menos después de la pandemia. He aprendido que hacerlos o diseñarlos es contraproducente, porque a menudo no se cumplen las expectativas planteadas y resulta deprimente. Sin embargo, cabe destacar que ‘eso que no se ha cumplido’ suele ser responsabilidad de la estructura social organizada en ricos y pobres.

En mi caso, no tengo propiedades que heredar o en propiedad a causa del origen humilde de mi familia y, como prácticamente gran parte de la sociedad, vivo mes a mes en una habitación alquilada. La idea de vivienda heredada soluciona un porcentaje elevadísimo de la vida de muchas personas. No tener que pagar alquileres elevadísimos en Barcelona es algo con lo que realmente sueño. Soy consciente de que es un sueño ‘muy proletario’ que muchos y muchas tenemos, pero supongo que soñar con la tranquilidad es, tristemente, más habitual de lo que creemos.

Detalle de ‘Aventura, esperanza y fracaso de Skossyreff» – D. G.

¿A quién cedería el testigo de esta entrevista? Durante este verano he estado en los Encontros Novos, en Santiago de Compostela, una iniciativa de Rafael Doctor muy necesaria porque rompe con muchos modelos de relación ‘laborales’ en los que se ha enmarcado el arte y que imposibilitan un fluir ‘sano’ entre nosotros y nosotras. He conocido a personas muy brillantes, con trabajos interesantísimos, como el de Lúa Gándara, donde hace arte de su vida y vida de su arte. Ir a programas de televisión como ‘First Dates’ o ‘Got Talent’ como ‘acto performático’ me pareció brutal porque ir a un espacio de ficción para realizar ficción y proyectarla. Es de los trabajos conceptualmente más bien atados que vi. Lúa se cree su trabajo y no diferencia su vida de la labor artística. Eso me parece imprescindible.

Defínase en un trazo.

Texto publicado en la web de ABC Cultural el 20 de septiembre de 2021

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