David Barro, entrevista al nuevo director de Es Baluard

David Barro: «No tengo intención de usar Es Baluard ni como trampolín, ni para contar una versión sesgada de la Historia del Arte»

Acaba de tomar posesión de su cargo como director de Es Baluard el gallego David Barro, primer hombre en capitanearlo, dispuesto a convertir este museo en buque insignia del arte en las islas y un espacio «imprevisible»

Sorprendió cuando hace unas semanas el nombre del comisario David Barro (Ferrol, 1974) saltaba a la palestra como el del nuevo director de Es Baluard, en sustitución de Imma Prieto, que abandonó el centro balear para dirigir la Fundación Tàpies en Barcelona. Y así sucedía porque no es un agente que se prodigue en concursos de esta naturaleza. Él mismo reconoce que su tortuosa salida de la Fundación Luis Seoane en 2016 le ha mantenido receloso de volver a la gestión artística en el sector público.

El gallego, que hasta la fecha dirigía la Fundación DIDAC en Santiago de Compostela, entre otros cargos, cree que se daban las circunstancias en el presente para cambiar de idea y hacer el clic mental. Llega a Es Baluard conocedor del contexto y con el deseo de convertirlo en museo de referencia y cabeza visible de un tejido artístico potente en las islas al que, en su opinión, hace falta reorganizar para remar a una. Así presenta su proyecto.

—¿Qué fue lo que le animó a presentarte a este concurso en un museo que le pilla a trasmano?

—Creo que los cambios tienen que ser así. Es decir, realmente yo vivía una situación muy cómoda y muy contento en la Fundación DIDAC, que está en un momento muy estable. Pero también considero que es importante a veces saber irse de los sitios cuando las cosas funcionan. Si alguien me dice hace ocho meses que me iba a presentar al concurso público de un museo, la verdad es que le habría dicho que ni de broma. Así somos los humanos, ¿no? A veces cambiamos y nos contradecimos a nosotros mismos, pero realmente hubo varias cosas que me parecieron oportunas.

—¿Cuáles son?

—Admiro a la gente que tiene un proyecto y lo puede presentar en cualquier lugar y contexto. Yo vi que tenía un proyecto para un destino determinado como Palma de Mallorca, que conozco mucho. Creo que también lo tendría para una ciudad como Lisboa, que domino, u Oporto, pero no por ejemplo para Barcelona, Madrid o Victoria. Y hubo varias cosas que me atrajeron de Es Baluard: Por un lado, su emplazamiento, que es singular, emblemático, con las mejores vistas de Palma, dentro de un contexto histórico y que merece una visita de por sí. Por otro lado, conocía al equipo por haber trabajado aquí como comisario. Me parece bien estructurado, experimentado, competente. Es un lujo en los tiempos que corren tener un equipo que después de mucho tiempo siga teniendo las mismas ganas de trabajar. La colección también es interesante, son más de 800 obras de calidad y una vía principal de conocimiento y de investigación.

Detalle del exterior del museo

—¿La pondrá en valor?

—Mi idea no es tanto trabajar la colección como tal, sino de hacer una serie de exposiciones de tesis que se nutran de sus obras y se complementen con otras. Realicé una exposición aquí en septiembre con la Cooperativa Performa y nos quedamos muy sorprendidos de la euforia y el interés que había por el arte contemporáneo. Vivimos en un momento donde hay cierta desafección política y, muchas veces, institucional hacia el arte contemporáneo. Lo experimento porque trabajo por igual el arte y el diseño, y a veces hablas de diseño y la gente lo ve como una apuesta y como un valor, y el arte lo perciben como un gasto, frente a finales de los años 90 y principios de 2000, cuando todo el mundo quería hacerse fotos con los artistas, abrir museos. Entonces hice un clic y dije: «Esto me interesa», siempre me ha interesado este contexto. Yo veraneo en Baleares desde hace muchísimos años. Y empecé a plantearme seriamente que podía presentarme. Hubo dudas, pero cuando vi que las bases del concurso eran suficientemente abiertas como para un perfil como el mío se disiparon.

—Y sonó la campana…

—Algunos compañeros me dijeron que fue una gran sorpresa que me eligieran, porque habían estado en muchos jurados y nunca habían visto mi nombre. Es la primera vez que me presento a algo así después de la Fundación Luis Seoane. Pensé que no me iba a volver a presentar nunca más a un proyecto de una institución pública. Y aquí estoy.

–Le iba a preguntar sobre el contexto. Dice que loconoce, pero casi como turista. No sé si esto juega a su favor o en su contra.

—Conozco el contexto, una parte. Para mí, el tejido cultural de Palma es excepcional. Creo que las exposiciones actuales del Casal Solleric son un ejemplo, pero tenemos también la Fundación Miró, la Fundación Juan March, CaixaForum, Can Balaguer; las galerías: Pelaires, L21, Fran Reus, Xaver Fiol, Fermay, Baró, LaBibi… Espacios como Addaya… Hay un tejido y creo que lo que le falta es trabajar para funcionar como un reloj, es decir, pensar estrategias comunes, unirse, obrar en complicidad. Y pienso que lo que puedo hacer desde la institución es conseguir una comunicación más inclusiva, más abierta, más empática con el resto de instituciones, con la sociedad.

Es Baluard quiere ser el buque insignia de los museos en Baleares, y tiene la obligación de ir más allá del arte contemporáneo. Es decir, no podemos cerrarlo exclusivamente al propio sector; tenemos que intentar irradiar fuerza desde el arte, pero para unir a sectores de arquitectos, de diseñadores, de gente del mundo de las escénicas… Es un museo que nació con algunos problemas, que le costó arrancar, pero que cada año que pasa se consolida más. Y si no pensara que puedo mejorarlo, no estaría aquí. Por supuesto, con todo el respeto a muchísimas personas que aquí han hecho labores muy buenas, programación muy buena, una colección muy buena, con un equipo que ha sabido trabajar, porque en otros museos, por ejemplo, los vacíos entre directores han sido mortales.

—¿Cuál es ese programa que dice que tenía para un contexto medio como este y que quiere aplicar en el museo?

–El programa gira en torno a un objetivo, que es ser un museo de referencia indiscutible del arte contemporáneo nacional e internacional desde un lugar que es una potencia turística y también cultural como es Palma y Baleares. Me incentiva la construcción de redes con otras instituciones, de carácter local, autonómico, nacional e internacional, y mi proyecto entiende el museo mucho más allá de sus muros. Quiero trabajar con todo el contexto balear. Como director, debo imponerme la tarea de ejercer como mediador del contexto.

Detalle de las salas del museo

Por un lado estará la programación, que la pedían en bases y que iré presentando, que partirá de una trilogía con un tema anual y cuyo título general es el término alemán ‘Nachleben’, que se mueve entre la pervivencia y la supervivencia, basado en reflexiones filosóficas de Walter Benjamin o Aby Warburg, y que trabajará las disciplinas artísticas y la propia historia del arte a través de la colección como principal vía de conocimiento e investigación. Pero hay muchas otras cosas importantes, como alcanzar un impacto que permita mayores patrocinios y mecenazgo; conseguir comunicar y fidelizar desde la comunicación digital a ese público que no tiene la oportunidad o los medios de venir a esta maravillosa isla; una apuesta por la mediación y la educación…

Es decir, lo que presenté fue un proyecto completo, con unos objetivos y unas líneas de acción, con un programa estructural, pero que va mucho más allá de lo que es una programación. Creo que Es Baluard tiene que afianzar su singularidad, fortalecer las trayectorias de artistas baleares y ponerlas en contexto, pero tiene también que contar siempre con una serie de nombres de una calidad contrastada internacional, porque al final estamos hablando de un proyecto, el de un museo, en un destino muy visitado, con el tercer aeropuerto de España.

–Al final todos los comisarios hablan de la necesidad de abrirse a todos los públicos, la urgencia incluso de ampliarlos, pero luego los museos españoles adolecen de personalismo. Todos sin excepción. ¿Qué antídoto lleva usted contra todo eso? En su caso, es inevitable relacionarle con una apuesta declarada por la pintura.

—Me encantaría que el museo y la programación fuesen imprevisibles, pero por supuesto, evidentemente hay inclinaciones. Tú acabas de decir claramente que soy una persona que ha trabajado mucho en el entorno de la pintura y con ello ya me ha rascado una pata de esa trilogía, que se dedicará a la pintura, pero esa va a ser solo una. Yo quiero un museo con su personalidad propia, no me gustaría que tuviera una línea cerrada de actuación. En ese sentido, alguien puede decir: «Pintura», que tendrá protagonismo en un determinado momento, pero al año siguiente nos vamos a encontrar con algo totalmente diferente. Y es verdad que la pintura va a ser una de las líneas, porque también creo que ha sido abandonada de muchas programaciones de muchos museos. Entiendo lo que me dices de los directores y los personalismos, pero mi manera de trabajar es otra. Yo vengo de DIDAC que es una fundación hecha de la nada, y hemos trabajado con prácticamente todas las instituciones gallegas, colombianas, le hemos tendido la mano a todo. Es mi manera de proceder. Yo trabajo desde la complicidad. Intentaré que el equipo tenga un protagonismo que muchas veces no se da en los museos. Y al acabar, dentro de tres, cuatro años, me encantará que me juzgues y me digas si lo he conseguido o no.

—¿Ese plazo se da?

—No tengo intención para nada de utilizar el museo ni como trampolín, ni para imponer una manera de leer la Historia del Arte. Y desde que he llegado, y mucho antes, ya he empezado a reunirme para unir a gran parte de las instituciones de la isla en un proyecto común. Creo que los proyectos ideales son de seis años, máximo ocho. Cada uno tiene su tiempo. Yo empezaba ahora el séptimo en la DIDAC, que funcionaba, y me sentía muy cómodo, pero también pensé: «Y dentro de dos años, ¿me seguiré sintiendo cómodo, dentro de cuatro?».

Es verdad que es la primera vez que salgo de mi zona de confort, que puede ser Galicia, Portugal, pero me parece un reto totalmente apasionante y que encaro con muchísimas ganas, con muchísima humildad, súper agradecido por la apuesta que se hace por mí, y con deseo de tender la mano absolutamente a todo el mundo. Me gusta construir sobre lo construido, es decir, no vengo a romper líneas, ni lo que ya funciona. Para mí, es clave generar un modelo empático, interdisciplinar, que fomente la investigación, el pensamiento crítico, la responsabilidad social, pero que también tenga una comunicación accesible. Yo creo que los museos en particular y el mundo del arte en general, hemos pecado muchas veces de cierto cripticismo y de no comunicar de una manera empática. Cuando encima tienes la responsabilidad de dirigir un museo como este, que obedece a muchas partes –el gobierno, el Consell, el Ayuntamiento, la Fundación Serra– tienes que forzarte a que sea así.

–Mencionó el sabor amargo que le dejó la salida de la Seoane y que ha retrasado su llegada a una nueva institución pública. Supongo que no es lo mismo una fundación que un museo. En esto es novato.

–Sí, hay muchísima diferencia. En parte, por el equipo. Es la primera vez quizá que llego a un museo que ya funciona, que está hecho. El equipo sabe muy bien qué hacer, son fundamentales. No es que no me haya sentido apoyado en otros lugares, pero el propio edificio y el lugar que ocupa, no tienen nada que ver. Sí podríamos definir que es el mayor reto al que me he enfrentado desde un punto de vista profesional. No tengo duda. Y la responsabilidad que tengo y que se me otorga es muy grande. Yo espero no decepcionar y darlo todo con trabajo y conseguir que en seis años, cuando yo no esté aquí, la gente pueda decir que el museo ha crecido y que es más conocido.

–Hizo su presentación en catalán. Y dijo: «Soy muy consciente de la importancia del idioma». ¿No es precisamente el requisito de los idiomas autonómicos lo que limita la presencia de agentes internacionales en la dirección de los museos españoles?

—Creo que sí. Creo que hay cosas que yo valoraría en un candidato por encima de la lengua que habla. Por ejemplo, su capacidad en la gestión humana con los equipos, la capacidad como gestor cultural. Yo gestiono ideas y oportunidades. Al jurado le presenté una serie de ideas y le dije que si yo era director, a partir del día uno empezaría a gestionar las oportunidades. Esa capacidad de gestión, de poder hacer del mismo dinero el doble de presupuesto, creo que es fundamental.

Detalle de las salas del museo

Vengo de un sitio como Galicia, donde la lengua es importante. Para mí, el idioma es expresión sonora y permanece en la cultura. Respeto absolutamente todas. Pero es mucho más importante que yo entienda eso y que pueda hacer una ‘performance’ con un artista que trabaje la voz, en catalán y en mallorquín, a que yo sea hablante de esas lenguas, aunque espero poder serlo con fluidez dentro de un año. Pero empezar mi presentación en mallorquín me parecía una manera de decir que mi compromiso está con el contexto. Está con la lengua. Está con la cultura mallorquina, pero que yo voy a trabajar con un lenguaje que es el del arte. Y ese es un lenguaje universal. Y esa es la ventaja que tenemos los que trabajamos con el arte: podemos dialogar con el pasado desde el presente, pero con un lenguaje que es accesible, si sabemos comunicarlo, para todos.

—Asume que su mano en la programación no se podrá ver hasta 2025 como pronto. En breve inaugura exposición con Ana Laura Aláez. ¿Está contento con lo que hereda?

–Sí, sí. Yo creo que es una programación de calidad, seria. Por supuesto, cada persona tiene su línea. La mía será distinta a la de Imma Prieto. En el caso de Ana Laura Aláez, estoy encantado. Y además la exposición ha quedado muy bien, de producción propia, nueva. Estoy encantado con esa muestra en concreto. El resto tendré que ir viéndolas. Pero creo que es muy importante empezar a trabajar con programación que ya esté para poder entender la institución y comenzar sin precipitaciones. El tiempo es el adecuado para ir mejorando cosas de la institución, para ir enfatizando matices. Me parecería un poco más pesado a lo mejor estar dos años sin poder programar.

–¿Qué cambios rápidos se verán?

—Yo no soy muy de fuegos artificiales así de primeras, pero sí que se verá el cambio en enero porque es cuando empieza la trilogía. Empezarán además cuatro exposiciones conjuntamente. Los cambios, si podemos llamarlos así, que implantaré hasta entonces serán para intentar adecuarme y trabajar con todo el equipo, trabajar individualmente y con el contexto. Quiero escuchar absolutamente a todo el mundo. Ya he hablado con todos los vigilantes de sala e incluso te diría que con los de seguridad. Quiero ir afinando determinadas cosas para cuando salgamos otra vez a la palestra, y con mucho respeto y aportando todo lo posible. Imma Prieto, en una de sus últimas entrevistas, afirmaba que Es Baluard está en el mejor momento de su historia. Yo también lo creo así. Es una historia construida por varias directoras. Es una historia construida por un equipo. Es una historia construida por 20 años de trabajo. Aspiro a que dentro de seis pueda yo decir lo mismo.

—Marie-Claire Uberquoi, Cristina Ros, Nekane Aramburu, Imma Prieto, ahora usted… ¿No son muchos nombres para tan solo 20 años?

–Se te olvida Teresa Pérez-Jofre, que fue la primera, pero duró muy poco tiempo. Nekane es la que más ha ocupado el cargo, seis años, y lo de Imma fue una decisión personal. Por eso te decía que los ciclos de seis años son, para mí, los adecuados. Es verdad que es un museo que ha tenido demasiados cambios, que ha tenido cierta inestabilidad por varias situaciones, pero creo que tiene los mimbres necesarios para posicionarse como un centro importante y un museo querido. La estabilidad es importante y creo que la lograré con trabajo y con complicidad.

—Se suele poner el acento cuando se es la primera mujer que dirige una institución. En este caso, será la primera vez que Es Baluard lo dirija un hombre. ¿Cómo se lleva con los asuntos de género?

—Está bien traída la pregunta. Además, con un equipo que la mayoría son mujeres. Y en un museo que ha trabajado bien la presencia de artistas mujeres en su colección, sobre todo respecto a otras colecciones del territorio nacional. Sin embargo, sé que hay mucho que avanzar. Eso me confiere una mayor responsabilidad a la hora de contribuir a la proyección de las artistas en la construcción de una historia de arte más justa. Hace unos años, en una entrevista, dije que esto no es una cuestión de cuotas, sino de justicia. Desde hace tiempo, esa cuestión nos atañe a todos y es algo ya indiscutible. Es Baluard ha destacado por ese compromiso con los avances feministas y resulta necesario continuar en esa línea. Creo que es algo que puede singularizarnos.

—Llega en el año del 20 aniversario. ¿Le va a dar tiempo a celebrarlo?

—Todo lo que sea la supervivencia de los museos y tener, como hay ahora, un patronato, un equipo que lo apoyan y que tienen ganas de trabajar, eso ya es para celebrar. Fue una pena que el museo festejara esos 20 años sin director. La representatividad también es importante, pero el mérito de esas dos décadas es del equipo, y tampoco está nada mal que el equipo haya demostrado en ese tiempo que puede mantener el museo sin una dirección. Pero, desde un punto de vista proporcional, generar un plan director, que es mi idea, es básico. Sobre todo en temas infraestructurales y de estructura.

—¿Abandona, aparca o finiquita la Fundación DIDAC?

—La Fundación DIDAC continuará en buenas manos. Si el que yo saliera hubiera implicado un peligro para ella no la habría dejado. Queda la parte ejecutiva en Conchi Mayo; la dirección artística ,en Mónica Maneiro, que estuvo codo a codo conmigo desde siempre; un patronato muy implicado, del cual algunos son mecenas, muy consolidado. Estoy seguro que DIDAC no solo seguirá dando frutos, sino que dará sorpresas y seguramente también mejores y muy agradables.

El museo visto desde fuera

Creo que es una institución que está siendo muy importante para Galicia, una institución que no existía, que no nace al amparo político, ni de un banco, ni de un rico, y sería importantísimo que en España salieran más espacios intermedios como este entre la galería comercial y el museo, que permitieran a los artistas tener más lugares para mostrar su obra, y no desde un punto de vista alternativo, sino profesionalizado. Por supuesto, yo sí que abandono DIDAC por completo, y también las otras dos ocupaciones que tenía: miembro de la cooperativa Performa y el Festival Plataforma, y asesor de la Agencia Gallega de Innovación, donde asesoraba desde 2018 el programa de diseño, para integrarlo con los procesos creativos y artísticos en el mundo de la empresa.

—Ante los ceses y dedazos que se están imponiendo en otras autonomías, lo de ganar un concurso se va a convertir en una rara avis. ¿Está en horas bajas el papel de director de museo de arte en España? ¿No teme los vaivenes políticos en una región que desconoce?

—Bueno, es algo a lo que estamos expuestos. En este caso, yo creo que Es Baluard es un museo en el que es más fácil encontrar cierta estabilidad, aunque pueda parecer lo contrario, porque depende de cuatro patas, es decir, no depende de un capricho político, sino que tendría que ser un capricho a cuatro bandas; y cuando un capricho es a cuatro bandas, a lo mejor el problema entonces eres tú mismo. En cuanto a ese riesgo, por ahora no lo veo: veo un apoyo total, pero por supuesto es algo que está ahí. También te diré una cosa: si a mí en un sitio no me quieren, soy el primero en irme. No soy una persona para nada, como se puede ver en mi trayectoria, que se aferre a un puesto.

—¿Qué feedback está teniendo? Ha sido una sorpresa dentro y fuera de Baleares.

—La verdad es que soy una persona muy optimista, y tenía la ilusión de que ese feedback fuera muy positivo. Pero estoy gratamente sorprendido de que ha sido mucho mejor de lo que yo me podía esperar. Y te puedo asegurar que mis expectativas eran altas. Hoy he tenido reunión con la comisión ejecutiva, y el apoyo no puede ser mayor. Con el equipo, del cual tenía muy buenas referencias y con el que había trabajado alguna vez, pues, bueno, el recibimiento ha sido ejemplar y excelente. Eso me hace tener mucha más responsabilidad, porque cuando ves que te acogen así, con muchas ganas y con tanta ilusión, lo que quieres es contribuir a cumplir esas expectativas.

El nuevo director, en el museo

Texto publicado el 22 de abril en la web de ABC Cultural

 

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