«Desobediencias y resistencias», en Conde Duque

Aprender a decir no

‘Desobediencias y resistencias’, plato fuerte del festival de vídeo Proyector (Madrid) apuesta en Conde Duque por gestos que alertan de desigualdades

Vídeo de Teresa Correa en la exposición

Que no nos desoriente el fantástico y escenográfico montaje de esta exposición, mucho más cuidado que en entregas anteriores (como cuando recaló en el Centro Párraga de Murcia, donde el sol, enemigo acérrimo del vídeo, hacía de las suyas): la cita tiene su germen en pequeños gestos que pueden dar pie a ‘revoluciones’.

Gestos, como los que se convirtieron en actos de desobediencia (y que, como explicaba Thoreau, se diferencian de todos los demás porque llevan aparejados la asimilación de un posible castigo si se ejecutan), que terminaron escribiendo páginas en los libros de Historia.

Como el de Rosa Parks en 1955, negándose a cederle el asiento en un autobús a un hombre blanco, solo por el hecho de serlo; o el de Tommie Smith y John Carlos levantando el puño mientras sonaba el himno de EE.UU. en los Juegos de México 1968, denunciando también el racismo. Fíjense lo que son las cosas que, más de 50 años después, los deportistas de ese país hincan la rodilla contra el suelo en apoyo del ‘Black Lives Matter’ en las competiciones deportivas. Cambian los tiempos, cambian los gestos, parece que siguen las ‘batallas’.

‘Cleaning the Mirror’ (1995), de Marina Abramovic

Porque Adonay Bermúdez, comisario de ‘Desobedencias y resistencias’, ahora en CondeDuque, es consciente de que se trata de acciones utópicas, que es preciso llevar a cabo, pues, al menos, generan interesantes discursos sobre lo que entendemos por ‘violencia’ (la sistémica u ‘objetiva’ y la fácilmente reconocible o ‘subjetiva’, en la clasificación de Zizek), por ‘justicia’ o por ‘venganza’.

En el caso de la muestra, estos cristalizan en ocho propuestas de vídeo que su compilador reúne guiado por los postulados sobre desobediencia civil a la que llama el mencionado Thoreau cuando los actos de un gobierno van en contra de los intereses de sus propios ciudadanos; o las reflexiones sobre violencia de Hannah Arendt. Vídeos que reproducen acciones más o menos anodinas (pintar –bajo el efecto de las drogas, como hace Matt Mullican–; respirar –con un esqueleto encima, a lo Marina Abramovic–; orinar –en posición horizontal, en el caso de Itziar Okariz–; bailar un hula hoop –pero con un aro de alambre de espino, como el que emplea Sigalit Landau…); repetitivas, a las que el contexto aporta dimensión política.

Así sucede con el ‘Anchorage’ (1996), de Shirin Neshat: mujer que interpreta canciones del folclore iraní que, tras lo sucedido en Afganistán, ‘violenta’ impepinablemente. Como ha escrito Judith Butler, la violencia no siempre adopta la forma de un golpe; es más: es que puede que el golpe no sea más que un instante en la reproducción de la violencia estructural. En el caso de Neshat, ese golpe es un tiro. En el de Teresa Correa, un ‘¡ya!’ con el que denuncia (apoyando aquí su grabación con tres bustos cedidos por el Museo Nacional de Antropología), teorías científicas que justificaban la inferioridad de mujeres o negros por el tamaño de su cráneo. Ella, en su obra, rellena algunos con monedas.

Video de Matt Mullican en la exposición

 

He insisto en lo del montaje: la repetición de las acciones tiene un juego en la multiplicación de pantallas en casos como el de Neshat, Okariz o Regina José Galindo (que intenta domar un toro mecánico, y, con ello, la política inmigratoria de Estados Unidos; el machismo; el neocolonialismo…)… La sensación de ahogo se multiplica. Nada desentona en la selección de Bermúdez (que, además, acaba con la ‘dictadura comisarial’ delegando en otros colegas la explicación de cada proyecto en el catálogo); nada desencaja en ella, con la que habla además de otras cuestiones acuciantes como los abusos de poder, feminismos, fronteras…

Como anécdota, cabría mencionar el uso del ‘lenguaje inclusivo’ en las cartelas. En una institución pública, este no sólo es discutible por incorrecto gramaticalmente, sino por su posibilidad de inducir a error. Teniendo en cuenta que el feminismo no es impostura, sino uno de los caballos de batalla de este comisario, mantenerlo significa ser consecuente con su lucha en el museo. Uno de esos pequeños gestos que cambian realidades. Solo se trata de aprender a decir basta.

‘Anchorage’ (1996), de Shirin Neshat
Desobediencias y resistencias’. Colectiva. Conde Duque. Madrid. C/ Conde Duque, 11. Comisario: Adonay Bermúdez. Hasta el 21 de noviembre

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *