Diana Larrea («De entre las muertas». Galería Espacio Mínimo)

Si Renoir hubiera sido mujer no sería el pintor que a muchos gusta hoy”

Finalmente será en septiembre cuando se vea «De entre las muertas», de Diana Larrea, una serie que introduce en la galería Espacio Mínimo su labor en redes durante tres años rescatando a artistas silenciadas por la Historia

Diana Larrea, en su estudio madrileño (Foto_ Guillermo Navarro)

En cuanto las galerías vuelvan a abrir sus puertas, Diana Larrea (Madrid, 1972) mostrará en la galería Espacio Mínimo De entre las muertas, la concreción para un espacio físico del proyecto Tal día como hoy, nacido en la web, y con el que durante tres años su autora estuvo rescatando del olvido a artistas históricas  olvidadas pero de primer nivel. El anticipo, que ya pudo verse en la última edición de la feria ARCOmarid, señala lo perentorio de la propuesta y su formalización, que es también un homenaje a los orígenes de la fotografía, su carácter «mágico» a la hora de crear imágenes, y a una de sus primeras «usuarias»: la botánica Anna Atkins.

Ha sido una de las artistas que ha visto cómo se trunca su inauguración a causa del coronavirus. Aunque la idea es subsanar esto cuando sea posible, ¿cómo le ha afectado la medida?

Supongo que como mucha gente, a nivel profesional. Ya sabes que, además, marzo era el mes que muchos centros privados y públicos esperan para programar exposiciones e iniciativas en torno a la mujer. Esto a nosotras no nos ha beneficiado nada. Estas eran las semanas de más actividad sobre nuestra labor. Mi exposición ya estaba preparada desde hace tiempo, porque justo antes había sido ARCO, donde se quiso que presentara un avance, de forma que todo estaba ya producido. Dio tiempo a publicitarla, pero hubo que posponerla. El problema es qué no sé qué se hará a partir de ahora porque dependemos de las noticias y estas son diferentes cada día. Habrá que ser cautos sobre cómo se desarrollan los acontecimientos.

Este era su regreso a una galería después de mucho tiempo. ¿Cómo afronta algo así?

Mucho tiempo, sí. Yo llevaba sin exponer en una galería en Madrid tanto que ni me acuerdo. Posiblemente diez años. Por eso iba a ser, será, una oportunidad para mí muy importante. Ya solo ir a ARCO era un regreso triunfal, feria de la que he estado ausente también muchos años. Pero dada la situación, tampoco merece la pena fustigarse. El hecho de estar sanos y salvos en casa ya es un triunfo.

Pieza dedicada a Clara Peeters, la primera mujer con exposición en el Museo del Prado

¿Es necesario para un artista contar con una galería?

Tal y como está planteado el sistema, tal y como se estructura la escena artística, es necesario que el artista tenga una galería para tener visibilidad. Todo está estructurado en torno a ella, y cuando un creador funciona y le va bien, no es solo por él, sino porque mucha gente lo apoya, no solo las galerías: también gente con poder dentro de este entramado: comisarios, directores de centro… La labor es común.

En ese caso, ¿cómo ha podido sobrevivir usted diez años sin pasar por una galería de Madrid?

En realidad, he sobrevivido porque no he tenido que mantenerme con mi trabajo como artista. Ha sido un empeño personal el de seguir trabajando en las condiciones que fuera. Eso ha supuesto asumir todos los costes, los de producción de obra, los transportes, y sin que mi labor fuera en ningún caso remunerada.

El caso es que entrará en la galería con un proyecto que comienza en redes sociales, que se fue desarrollando orgánicamente. ¿Hablamos de qué fue «Tal día como hoy»?

Tal día como hoy fue un proyecto en redes sociales que comencé hace tres años, que nació de una manera muy natural y sin pensarlo, después de ver una performance de una artista amiga, María Gimeno, titulada Queridas viejas. Gracias a esa acción yo descubrí la existencia de un montón de artistas mujeres de la Historia del Arte sobre las que nadie me había hablado, por lo que me impuse el cometido de divulgar su labor a través de las redes. Fue un trabajo que me saturó mucho porque me autoexigí hacer una publicación diaria, pero con el que aprendí muchísimo. Y como soy artista, una vez realizado esa laboro de investigación, lo que a mí más me motivaba era proceder como artista a partir de todo lo compilado.

Que entiendo que es lo que llevó a ARCO y lo que entrará en la galería Espacio Mínimo.

Este es el primer trabajo que hago a partir de Tal día como hoy. Para ello he hecho una selección de retratos de grandes maestras de la Historia del Arte, un total de cien. Es pues una labor de post-fotografía, pues manipulo imágenes que ya existen. Parto de los archivos digitales de sus autorretratos que yo convierto en lo que denomino «falsas cianotipias». La cianotipia fue uno de los primeros métodos fotográficos, que no inventó Anna Atkins, botánica británica, pero que sí fue de las primeras que le dio uso. Una de sus características era su particular color azul. Entonces no existían ni las cámaras fotográficas, ni los negativos. Lo que se hacía era colocar las muestras vegetales sobre un papel sensibilizado que, por la acción de la luz solar, imprimía sus formas sobre el soporte, mientras el fondo se quedaba azul. Jugando con la idea del origen mágico de la fotografía, yo trabajo con los retratos y los convierto en siluetas. Como si estas mujeres del pasado aparecieran de nuevo de forma fantasmagórica. 

Pieza dedicada a Jane Atche

Vuelvo a «Tal día como hoy». ¿En qué momento se dio cuenta de que aquello era mucho más que, llamémosle, un juego?

Sí que es cierto que se convirtió en una investigación, pero mis fines no fueron nunca científicos. Yo nunca fui a una biblioteca, y la información la rescataba de la web. También era una manera de dejar claro que todo aquello estaba ya allí y que de lo que se trataba era de recopilarlo y ponerlo en valor. Concentrarlo. Una de las cosas de las que me di cuenta cuando ya llevaba un volumen de artistas importante fue que, para no hacer un gueto femenino, porque eso no es lo que me interesa, lo básico era incluir a estas autoras en lo que se denomina Historia del Arte, porque ellas se han ganado su puesto por derecho propio.

Esto es: lo que había que hacer era contextualizarlas con los compañeros varones de su época.

Exactamente. Había que vincularlas a su tiempo, a su movimiento artístico, a las relaciones que tuvieron con sus colegas masculinos, si estas se conocían, para que no se vieran como casos aislados.

Al final ha “descubierto” a 480 creadoras…

Esa cifra es la de las creadoras que incluí en la web que terminé realizando, que también se llama Tal día como hoy, pero seguí trabajando en más autoras y terminé perdiendo la cuenta. Por ejemplo, para la entrada en la galería fue necesario acotar, porque, una de las cosas en las que hice mucho hincapié es que todos los materiales fueran de domino público, evitando así los problemas con los derechos de reproducción.

¿«Tal día como hoy» es un proyecto ya cerrado? 

El proyecto está concluido, pero como yo no puedo evitar «estar con la antena puesta», cuando veo algo que merece la pena, lo incluyo. Hoy mismo he realizado un nuevo post. 

¿Fue este un proyecto personal u acabó convirtiéndose en algo colaborativo?

Lo segundo. Tuve muchísimas sugerencias.Pero también llegaba de todo. Es lo que tienen las redes sociales. Al final mi papel era también el de establecer cierta barrera protectora sobre lo que estaba realizando.

¿Y cuáles son en su opinión sus mayores logros?

Yo creo que lo que más valor tiene es que se haya podido divulgar toda esta información. Como te decía, todo esto «ya estaba ahí». Quizás accesible para científicos o investigadores universitarios, pero no llegaba a la gente corriente. Los libros de historiadoras estadounidenses desde Linda Nochlin ya mencionan a estas mujeres, pero o no se habían traducido al español o los artistas no nos habíamos enterado de su existencia porque no se hablaba de ellas. Por otro lado, como todas estas historiadoras eran anglosajonas, también se hizo un vacío o silencio con respecto a otras realidades, como la latina o española. Ahí he procurado poner yo más atención. 

Pieza con la información de Artemisia Gentileschi

Habla de «Feminismo mágico» para contextualizar todo esto. ¿A qué se refiere esa definición?

Feminismo mágico, en realidad, es una exposición que yo misma he comisariado, pero que creo que hace referencia a un movimiento artístico nuevo y que he bautizado así. Especifica una serie de conexión, sino extraña, al menos esotérica, de las artistas del presente con las del pasado.

¿Son ustedes como sus médiums?

Sí, pero no en un sentido peyorativo. De una forma intelectual, la revelación de los nombres de tantas artistas del pasado nos ha afectado mucho, pues ha sido como descubrir un mundo nuevo. Y cuando lees sobre estas autoras, sobre sus biografías, te das cuenta de que, salvando las distancias temporales, no es tan diferente lo suyo a lo que nos pasa a nosotras hoy. Eso facilita la identificación y, como artistas que somos, nos cala y nos da pie a trabajar en piezas que tienen que ver con ellas. En la primera exposición de Feminismo mágico, que pude hacer gracias a la red Itiner de la Comunidad de Madrid, se hizo una selección de autoras muy cercanas a mí que trabajaban sobre estos asuntos.

¿Dónde se desarrolló esa muestra?

En realidad, seguía itinerando, pero, como tantas cosas, ahora se ha cancelado. Se inauguró en Leganés, llegó a Arganda, y allí fue donde se tuvo que cerrar, aunque la itinerancia era de un año y se debería seguir el calendario que estaba previsto. Cada mes llegaba a un destino en la Comunidad de Madrid.

¿Tuvo claro desde el principio cómo debía ser el salto del proyecto virtual al espacio físico de una galería?

Tenía una idea vaga en la cabeza, pero cuando me senté a concretarla, la solución llegó de manera rápida. En Feminismo mágico son ya varias las artistas que trabajan con el autorretrato, y ese era el camino. Sobre todo porque, cuando una pintora se retrata, esta es una manera de autoafirmarse. Para muchas, la única forma con la que se puede demostrar que una obra es suya es precisamente porque usaron este género artístico. De ahí su peso. Además de la importancia de los rostros. Una mirada ayuda a conectar mejor con el discurso narrativo de cada autor. 

¿Y cómo o en base a qué se seleccionan cien nombres y se ocultan otros 380 para entrar en la galería?

El primer requisito era sin duda lo de que los materiales sobre los que se basan las obras fueran de dominio público. Sobre todo al trabajar con una galería y ser piezas destinadas a la venta, luego, que va a ver un beneficio económico con ellas. Yo modifico los originales, los cambio, pero no quería resquicios legales. Eso ya acotaba bastante. De hecho, artistas del siglo XX tengo poquísimas. Empecé en el Renacimiento y quería que estuvieran representados todos los movimientos artísticos: Renacimiento, Barroco, Neoclasicismo, Rococó, Realismo, Romanticismo, Impresionismo, Postimpresionismo, hasta el Modernismo. Y luego, de las vanguardias, las pocas que murieron muy jóvenes. 

¿Es más fácil dar nombres cuanto más nos acercamos al presente que cuanto más nos alejamos al pasado?

Sin duda. Es algo sobre lo que también me di cuenta yo misma incluso viendo la performance de María Gimeno. La explicación a esto es que la revisión histórica, los que decidían qué entraba en un manual de arte, como Gombrich, con su obra de referencia, eran hombres y elegían el trabajo de hombres y no de mujeres. Y hasta que no llega a haber historiadoras mujeres, y eso no ocurre hasta el siglo XX, no comienza a haber un reajuste.

Pieza dedicada a Sarah Goodridge

¿Qué otras cosas dio por muy asumidas hasta que se puso a trabajar sobre la cuestión?

Muchas. Lo primero, también desde la performance,  la calidad de las obras. Estas autoras no se quedan fuera por ser malas, que es lo que se podría pensar. Eso es una estafa. Otras cuestiones que sorprenden son esos casos de modificaciones de firmas, y otros fraudes que se siguen dando. Todavía hoy las obras de los hombres se cotizan más. 

¿Cómo se inserta este proyecto, que ya lo es a largo plazo, en sus intereses como artista o su trayectoria hasta el momento?

Siempre he sido una artista muy versátil, y cualquiera que revise mis trabajos verá que he sido una creadora muy curiosa, experimental, que no me he encasillado en nada. En ese sentido, es difícil ponerme etiquetas. Pero es cierto que Tal día como hoy marca un antes y un después.

¿Un punto de inflexión?

No sé cómo se va a desarrollar a partir de ahora mi carrera, estoy muy centrada en esto, pero diría que sí. Todo esto me sigue interesando. Todavía son muchas las cosas que me tienen que contar estas mujeres.

¿No tiene miedo a repetirse?

Hay muchísimo material. Es casi imposible. 

A usted la relacionábamos con las intervenciones en el espacio público, por ejemplo.

Y es algo que no me ha dejado de interesar, pero cuando llegó la crisis anterior, la de 2008, trabajar en el espacio público, sin medios, sin dinero, se complicó muchísimo. Y aún así continué haciendo cosas, como las intervenciones de placas de azulejos en Lavapiés o el proyecto con Andrés Senra de placas conmemorativas. Todo eso fue por nuestra cuenta.

¿Cree que a día de hoy las artistas mujeres siguen estando discriminadas?

Por supuesto, sobre todo a partir de cierta edad. A partir de los 37, hombres y mujeres tenemos una crisis creativa porque parece que solo interesa lo emergente, pero en el caso de las mujeres es aún más dramático, porque se añaden un montón de condicionantes. Por ejemplo, si decides ser madre, ya tienes menos tiempo; o aunque lo tengas, por el hecho de haberlo sido, se piensa que no te vas a entregar en cuerpo y alma al trabajo…

¿Es una cuestión de mercado? ¿Cotizan menos las artistas?

Las razones son muchas. Tal vez la cuestión de mercado es la que tapa otras que no se hacen tan evidentes pero que están ahí. Por ejemplo: le pasaba a Luisa Vidal, que es una modernista catalana, muy buena, y que en su época la definieron como de estilo «demasiado viril», lo que era bueno. Los criterios de valoración de una obra son distintos cuando te dicen que es de una mujer. Si Renoir hubiera sido mujer no sería el pintor que a muchos gusta hoy. Un bodegón floral barroco, realizado por un hombre, es detallista y maravilloso. Si te digo que es de una mujer es una obra decorativa.

Pieza de Louise Hollandine

Retomo una pregunta de antes dándole la vuelta: ¿Están más sensibilizadas con las cuestiones de género las instituciones contemporáneas que las históricas como el Prado?

En los últimos años, museos como el Museo del Prado o el Thyssen han dado un cambio notorio, bastante notorio. De no hacer nada a ver que la demanda social pide esto y atenderla. Se ponen las pilas, aunque sea para atender a la demanda.

Esa es la pregunta: ¿Se está haciendo un trabajo serio de investigación o esto es «lo que toca»?

Hay un poco de todo. Pero a mí me dan igual las razones ocultas. Lo importante es que se haga. Bienvenidas las exposiciones que sacan a estas artistas de sus trasteros. 

¿Es el sector del arte discriminatorio?

El machismo sigue existiendo. Eso está claro. Pero en los últimos años se está abriendo los ojos a otras realidades. Y creo que machismo habrá siempre. Se conseguirán pequeñas conquistas, habrá que luchar y defender siempre. Pero si llevamos 3.000 años de patriarcado, esto no se borra de un plumazo.

¿La solución son las cuotas?

Yo estoy totalmente a favor de ellas. Totalmente. A día de hoy, es lo único que asegura presencia femenina. Es simplemente una llamada de atención: «Fíjate en lo que estás seleccionando y reflexiona sobre lo que te ha salido». No es meter mujeres con calzador. No entiendo a las personas que defienden la meritocracia. Es dar por supuesto que el trabajo de una mujer, por serlo, es peor.

¿Se puede hablar de futuros proyectos estando confinados?

Por suerte, tengo el estudio en casa y he podido seguir trabajando. Ahora estoy ocupada con un proyecto nuevo, pero no puedo decir nada todavía, aunque sí puedo adelantar que se trata de algo en torno a una de estas mujeres en concreto.

Pieza dedicada a Anna Maria van Schurman

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 10 de abril de 2020. Nº 1.420

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