Eduardo Nave e Iñaki Domingo en el Centro de Arte de Alcobendas

Lo que la imagen esconde; lo que la imagen expulsa: los fotógrafos Eduardo Nave e Iñaki Domingo cuestionan y amplían el lenguaje fotógráfico en el Centro de Arte de Alcobendas (Madrid), dentro de la programación de PHotoEspaña

Detalle de “Gradiente”, de Iñaki Domingo, en Alcobendas

En una edición de PHotoEspaña volcada con los nombres canónicos y de referencia, los «fogonazos» experimentales hay que ir a buscarlos a las periferias. Nunca mejor dicho, porque en el Centro de Arte de Alcobendas coinciden dos artistas jóvenes, cuyos proyectos se caracterizan por su mensaje “millennial” y por unas sólidas propuestas con lo fotográfico como telón de fondo para expandirse más allá de la técnica.


Iñaki Domingo (Madrid, 1978) y Eduardo Nave (Valencia, 1976) no son precisamente unos recién llegados. El primero, además de artista plástico, es editor creativo en la editorial RM y, desde 2014, responsable del programa “Lanzadera” como comisario en residencia en CentroCentro Cibeles, de forma que algo entiende sobre fotografía y su presentación. Por su parte, el valenciano, habitual de la galería Pilar Serra, fundó junto a otros 13 autores el colectivo de fotografía contemporánea NOPHOTO, donde vuelca su interés por la imagen documental en clave contemporánea.

Quizás sin haberlo pretendido, ambos, desde los espacios asignados en Alcobendas, han trenzado una propuesta que tiene mucho de poesía y de homenaje a la fotografía como técnica, a su propia capacidad para narrar (y ahí está el manido eslogan de la imagen que vale más que mil palabras), pero también para ocultar, para borrar matices de un plumazo, para imponer un mensaje.

Obra de “gradiente”, de Iñaki Domingo

La primera estrofa de este poema lo compone Domingo con Gradiente, que salta de lo fotográfico a lo instalativo (la pieza está pensada específicamente para el Centro de Alcobendas y sus complicados rincones), que con tan sólo tres piezas (¡pero qué tres piezas!) homenajea las dos tipologías en las que se divide la teoría contemporánea del color: el color tinta (CMYK) y el color luz (RGB), que se refieren, respectivamente, a los mecanismos básicos de impresión y de grabación para dotar de fisicidad al color. Así, por ejemplo, la pieza homónima Color tinta reproduce en cascada los cuatros tonos primarios del CMYK, enfrentados a las 256 combinaciones posibles a las que puede dar lugar y que se presentan como un ejército de cilíndricos papeles fotográficos uniformados. En su rincón, un bellísimo libro de artista (Ejemplar único ¡un pecado en la era del fotolibro!), Gradación, en el que los porcentajes se reparten en el tránsito del blanco al negro, y viceversa, alternándose en sus recorridos en páginas pares o impares. Una delicia.

La conexión entre este autor y el siguiente quizás esté en el proyecto que Domingo se trae entre manos, basado en las dictaduras cromáticas (¿qué es eso de que una industria privada determine que el año 2017 será el año 15-0343 del pantone, y que toda nuestra vida deba girar en torno a esa elección si se quiere «estar a la moda»?). Eduardo Nave también habla de la dictadura del «selfie», él, que no sale en ninguna foto; de la dictadura del «like», o del fotografiar para agradar; de la dictadura del señalar nuestro estar en el mundo más que la vocación por enseñar el mundo; de la dictadura de la inmediatez… Él, que ha tardado 14 años en cerrar este maravilloso proyecto. Su veta romántica le lleva a abordar de nuevo el paisaje, a preguntarse y preguntarnos si es posible emocionarse con él.

Fotografía de “Like”, de Eduardo Nave en Alcobendas

Y en su búsqueda de espacios remotos para que surja la magia, inevitablemente va haciendo presencia la figura humana, que coloniza poco a poco sus imágenes (distribuídas en capítulos, como si de un libro se tratara, razón por la que el montaje funciona luego tan bien en el catálogo). Estas le dan la vuelta a la tortilla al imponer la importancia de «la figura» sobre «el fondo» (bienvenidos a las limitadas posibilidades del palo-selfie y a los encuadres unificados del turismo de masas: todos nos hacemos la misma foto desde el mismo punto), lo que da pie al fotógrafo, por un lado, a criticarlo con la imagen en movimiento (sus vídeos nacen de la superposición de imágenes fijas) y a buscar de nuevo la salida en entornos no colonizados por el hombre, como la luna o, en un último esfuerzo, la pintura (sinónimo aquí de «imaginación», de paisaje inventado). Esta propuesta es –tuit serio– un buen destino vacacional.

Detalle de la primera instalación de Eduardo Nave para “Like”
Iñaki Domingo. “Gradiente”. Eduardo Nave. “Like”. Centro de Arte de Alcobendas. C/Mariano Sebastián Izuel, 9. Hasta el 2 de septiembre

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 10 de junio de 2017. Nº 1.286

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