«El misterio de la fotógrafa cianotípica» salta al papel

De croquetas, desapariciones y fotos antiguas: “El misterio de la fotógrafa cianotípica”, ya es una fotonovela con todas las de la ley

 El proyecto en redes de Nacho Moreno (Flor de Loto Martínez), usando como modelo al fotógrafo Roberto Villalón y a buena parte del panorama fotográfico español, se convierte en un libro que, sazonado de humor y publicado por Clavoardiendo, es un homenaje a las fotógrafas españolas

Nacho Moreno y Roberto Villalón, responsables de «El misterio de la fotógrafa cianotípica» (Foto: R. Villalón)

Nacho Moreno (Madrid, 1966) es una persona inquieta. Tan pronto está tricotando un jersey, como corrigiendo un examen (es profesor de profesión); preparando un elaborado plato culinario (sus otras pasiones son la cocina y la repostería) o dándole que te pego a la fotografía. De casta le viene al galgo: es hijo de fotógrafo y marido de fotógrafo. Precisamente con este último –Roberto Villalón (Ermua,1973) director de la publicación on line Clavoardiendo especializada en este arte-, comenzó un pequeño divertimento en redes sociales que ahora, y tras un crowdfunding, se ha transformado en un libro.

“El misterio de la fotógrafa cianotípica” es su título: una historia folletinesca que adopta la forma de las fotonovelas antiguas (el pseudónimo de Moreno, Flor de Loto Martínez, le viene que ni al pelo para firmarlo), y que en el fondo es un homenaje al mundo de la fotografía en España hoy y, en especial, a sus fotógrafas. Y un humorístico análisis sobre las posibilidades de las imágenes. Aquellas en las que no siempre todo es lo que parece.  

 ¿Es esta una historia basada, casi, en hechos reales?

Roberto Villalón: Esta es una historia basada en hechos reales, eso sin duda, pero transformada en una nueva realidad, que, en el fondo, es como puede funcionar la fotografía. Incluso la documental, aunque se base en la realidad, no está exenta de mil interpretaciones por parte del espectador.  Tenemos la idea de que la fotografía documenta la realidad y lo único que hace es accionar nuestra imaginación. Y Nacho, que es buen fotógrafo, pero que no se dedica profesionalmente a ello, por el mero hecho de haberse relacionado durante tantos años con la fotografía, tiene claras ciertas cosas y ha utilizado esos conocimientos y mecanismos en torno a la foto.

 Porque, ¿qué da pie a todo esto?

Nacho Moreno: Yo ya había desarrollado una serie en Facebook que se llamaba “Roberto viniendo con cosas”.  Siempre digo que, más que tener a Roberto como muso, lo que me sucede es que le tengo siempre al lado. Durante dos meses, un verano, estuve haciéndole fotos en las que él siempre llevaba algo en la mano. Algunas no tenían mayor trascendencia, pero otras incluían mensajes en clave o guiños al mundo de la fotografía. Una imagen en la que portaba una guadaña, por ejemplo, se inspira en Susan Sontag, aunque la mayoría de los receptores no lo pillaban. Fue algo que nació de un divertimiento sin más, que tuvo buena acogida.

Una de las viñetas del libro

Y un día, hablando con Eva Sala, ella me mencionó un proyecto en el que las mujeres se retrataban a sí mismas como heroínas, y se nos ocurrió quedar un fin de semana en casa para desarrollar una fotonovela muy informal que homenajeara a fotógrafas. Aquello no salió, pero me quedé con la idea. Lo que ocurrió fue que al acabar el verano y ponerle fin a la serie “Roberto viniendo con cosas”, se me ocurrió jugar con esa idea y darle significados diferentes a fotos reales. Entonces no sabía en que berenjenal me metía, pero empecé a documentar cualquier acto social al que acudiéramos. Yo me retiraba, hacía mis fotos con el móvil, y luego no quería que los demás interpretaran lo que había pasado, sino que sería yo el que le diera a eso una nueva vida. Y esa interpretación tenía que ser loca y divertida. Por ello se me ocurrió generar una historia de misterio. Así es como nacen su principio y su final nada más.

¿Qué es entonces lo que se pretende desarrollar con el paso del tiempo?

R. V.: Con aquello que tú subes a redes, la gente se suele montar en su cabeza un mundo paralelo sobre tu vida. Nosotros empezamos a jugar con ellas en ese sentido hasta poder hacer creer al que nos sigue que vivimos en el campo, que tenemos gallinas, que somos padres de dos niños negros y que no paramos de viajar por el mundo. Y todo eso, cogiendo ideas sueltas… Lo que hace Nacho en El misterio de la fotógrafa cianotípica es documentar mi vida social, relacionada con la fotografía. Esto es, cada vez que yo iba a una exposición o a un festival, o cada vez que alguien del mundo de la foto venía a casa, él estaba presente, hacía fotos sobre eso, y les iba generando una falsa realidad paralela a imágenes reales. De esta forma, ha dotado de personalidades diferentes a aquellos que salen en las fotos y, con todas, ha desarrollado una trama. Trama que ha habido que ir improvisando en virtud de lo que a mí me sucedía.

N. M.: Todo comienza con una tortilla de patatas, una cena en casa. Entonces empiezo a “colocar” a los “actores”, a plantearme en la cabeza las escenas. Y lo de la cianotipia llega como un homenaje a Anna Atkins, que también me lleva, al sentirme en deuda con Eva, a que todo el proyecto estuviera protagonizado por mujeres, mujeres fotógrafas.

¿Significa eso que el guion es posterior a la toma de imágenes o las imágenes se toman en función a un guion?

N. V.: Él tenía una idea tramada en su cabeza de los asuntos que quería tratar, pero ha habido que improvisar constantemente. Tomó fotos a lo largo de un año. Su intención también era llevarla al día, pero como mi vida social es la que es, ha sido imposible. Ese año se convirtió en año y medio subiendo varias fotos al día a Facebook. Y en ese guion estuvo siempre presente que esto fuera un homenaje a las fotógrafas. Por eso, aunque el libro incluye a más de 200 personajes, cuando sale una fotógrafa, ellas aparecen con su propio nombre ejerciendo su verdadera profesión. Llegó un punto en el que teníamos peticiones para salir en la fotonovela.

N. M.: Yo en un principio quise llevar esto a diario pero era imposible. Quise que en redes fuera interactivo, plantear cuestiones en los post para que se debatiera sobre ellas, y luego llevarme los resultados a la imagen o el post del día siguiente. Algún guiño a eso también hay en el libro. Pero todo eso se terminó perdiendo. La foto del 31 de diciembre, la del día de las uvas, se publicó casi en directo. Esta ambición se tuvo que desechar.

Hablaron de divertimiento…

N. M.: Es que esto siempre ha sido para mí un juego, un juego sobre la realidad, sobre cómo jugar con la relación entre realidad y fotografía. A mí luego me ha servido para leer mucho, para profundizar sobre el tema e indagar sobre la técnica. Le he querido meter humor, le he querido meter misterio. También es una reflexión sobre el tiempo, sobre el tiempo detenido… El eterno retorno de Nietszche me encanta, y he querido plasmarlo de algún modo…

R. V.: El concepto siempre fue un proyecto, sin mayor pretensiones, con la idea además de desarrollarlo en redes. Lo del libro vino después. Queríamos hacer un juego con la gente que nos sigue, con la que convivimos habitualmente, casi todos del mundo de la fotografía. Las entregas generaron un cierto público fiel que quería conocer el devenir de la historia. Y aunque se subía en redes, desde el comienzo tuvo maqueta. A todo se le dio forma de página desde el primer momento. Ese formato, de fotonovela al uso, se intuía también en la web: los bocadillos de los textos son ya de fotonovela.

Agente R (Roberto Villalón) es el protagonista e la fotonovela

El proyecto es un homenaje pues a la fotografía a muy distintos niveles.

R. V.: Sí. Todo el relato es fotográfico. Sus actores son gente del mundo de la fotografía. Y se juega en el argumento con cómo la fotografía es en todo momento un recuerdo. Eso lo dice en la obra incluso el propio Joan Fontcuberta. Esto es una crónica del mundo de la fotografía en España y en un año. Lo que ocurre es que los recuerdos también cambian, y terminan siendo cíclicos, como lo acaba siendo la fotonovela. Pero en su narración se mezcla, como no puede dejar de ser en una fotonovela, una historia de amor… Y por eso la presentamos un 14 de febrero. Esto es casi más casual porque no sabíamos que nos íbamos a ver tanto este año con Carmen Dalmau y Raúl Domingo Toledano. Ellos se han convertido en coprotagonistas de la obra.

¿Y qué relación tenía Nacho con la fotografía?

N. M.: Esto lo cuento poco, pero yo hice fotografía hace muchos años. Mi padre sí que estuvo vinculado a la técnica, y en la fotonovela hay algún homenaje a algunas de sus fotos, que también aparecen. En mi casa ha estado siempre su cámara y una serie de libros de técnica fotográfica Y a mí, en la adolescencia, me picó el gusanillo, me los leí y comencé a practicar con mi sobrina, a la que sacaba doce años, y a la que usaba de modelo. Fue un aprendizaje lento pero muy placentero. Y luego en la universidad, que yo estudié publicidad, sí que me dediqué a ella más profesionalmente. Estuve incluso en una empresa de fotografía de bodas. El problema es que no tenía cámara, usaba la de mi padre, de forma que cuando dejé mi casa abandoné la fotografía. Luego llegó Roberto, y luego llegó el móvil con cámara…

Aquí hay trabajo de documentación.

R. V.: Nacho ya se documentó bien para “Roberto viniendo con cosas”. Para escribir a sus imágenes sus pies de foto, se empapó de los ensayos de los autores a los que homenajeaba. Por eso tanto en ese proyecto como en este hay muchas referencias fotográficas, muchos juegos con los protagonistas, que entenderá bien aquellos que los conozcan. Por ejemplo, yo aparezco cantando una canción que es el título de una serie de Elisa Fernández Miralles. Sale Carlos Spottorno, que es también referencia con La grieta… Pero la fotografía es algo que forma parte de nuestras vidas. En mi caso, porque es mi actividad profesional, en el caso de Nacho, porque es su ocio. Nuestra vida gira en torno a la foto.

N. M.: Aquí ha quedado plasmado un año, que casi queda fosilizado. Pero los cambios se iban produciendo y daban lugar a cosas inquietantes: gente que pasa, cosas que ya no están, situaciones que cambian y no volverán a ser las mismas… Incluso ahora empieza a haber una distancia con respecto al resultado que me resulta muy curiosa.

El plantel es inmenso. ¿Quién aparece en “El misterio de la fotógrafa cianotípica”

R. V.: Pues son 200 personas, desde Joan Fontcuberta, a Cristina García Rodero, Cristina de Middel, 60 autoras, fotógrafas homenajeadas… En buena medida, es el entorno del mundo Clavoardiendo, nuestra revista. Como hemos estado en festivales, pues allí aparecen los participantes del Baffest, del PhotOn de Valencia, del Scan de Tarragona, del Pa-ta-ta de Granada, los Encuentros de Arlés, PhotoAlicante, Fiebre… Ahí hemos coincidido con gente como Rafa Doctor, Jesús Vilamajó… Unos más conocidos y otros más anónimos. Hay mucho autor emergente.

Eso lo convierte en una especie de “Historia urgente” de la fotografía española.

R. V.: Totalmente. Es casi una crónica de 2018. Y se habla mucho de fotografía en el libro. La trama comienza con el descubrimiento de una cianotipia, que en realidad no lo es. La obra original es una foto de Patricia Bofill, pero como el libro es en blanco y negro, eso nos permite hacer creer que lo es. Todo nace de una fotografía, y el misterio en sí lo genera una fotografía. Y da pie a jugar con la fotografía desde la fotografía. Así, Daniel Mayrit es un cuchillero, o Sonia Berger, de la librería Dalpine, es una forense… Lo que queríamos también era desmitificar el mundo de la fotografía, que a veces nos ponemos muy serios… Yo siempre digo que ni el fotógrafo va a curar el cáncer ni mi fotolibro va a ser el mejor del mundo

N. M.: ¡Además es que yo soy Flor de Loto Martínez, una pequeña niña china! ¡Así que tampoco me voy a poner muy intenso o a planear grandes dramas!

R. V.: Por eso algo básico en la fotonovela fue siempre el humor. Esperamos que no se enfade nadie. Pero habrá mucho que se habrá sorprendido cuando se haya visto. Porque muchos han sido los colaboradores que no sabían exactamente cómo iban a salir. Y no está toda la fotografía, pero casi. Si no estás aquí incluido…

Preocúpate, ¿no?

R. V.: ¡Exacto! Lo que está claro es que si no sabes quién es Joan Fontcuberta, esta no es tu fotonovela. Pero ver a Fontcuberta bromeando con una receta de croquetas dice mucho de la intención del proyecto.

Joan Fontcuberta, uno de los «cameos» de la historia

¿Qué se puede contar de la trama?

N. M.: Pues esta es una historia de misterio que se nutre de muchas otras. Roberto es una especie de investigador, es el agente R, que empieza una investigación tras la desaparición de una fotógrafa, María Sánchez, pero luego se cruzan muchas otras historias: aparece una trama criminal, una secta… Hay que impedir que un grupo de delincuentes se haga con la obra fotográfica más importante de la Historia, un fotolibro histórico, desconocido, pero fundamental.

¿Y este libro?

R. V.: Nace por petición popular. Fueron muchos los que nos decían que esto tenía que estar en papel. Pensamos en unas fotocopias para entregar a los amigos, pero al final decidimos hacerlo bien. Convocamos un crowdfounding que al final salió bien y nos lo permitió. La base, la maqueta, aunque estaba hecha, fue remozada por Gaspar García, diseñador gráfico.

La portada ya huele a fotonovela.

R. V.: La portada, también diseño de Gaspar, se basa en una colección de Agatha Christie. Nacho siempre ha sido muy seguidor de esta escritora, recordaba de niño esa colección, y la imitamos con una foto mía. La tipografía, la contraportada, que es una falsa publicidad, como las de la época, también homenajean al género. Y cada página cuenta en la parte superior con una frase, tal y como aparecían en este tipo de publicaciones. Son frases que en ocasiones hacen guiños a los contenidos, pero con la teatralidad de la época, la teatralidad de las fotonovelas de Corín Tellado.

¿Es la primera publicación de Clavoardiendo? ¿Ya sois una editorial

R. V.: Es cierto que durante estos cuatro años que ahora cumplimos, Clavoardiendo ha funcionado como revista on line, por lo que esta es nuestra primera publicación impresa. Desde el comienzo nos habría gustado hacer monográficos, otras producciones en papel, pero los medios son los que son. Si sobra dinero de este Verkami, hay idea de que proyectos, más modestos que este, salgan a la luz.

¿Cuáles serían?

R. V.: Tuvimos en la revista una sección que se llamaba “El diccionario”, de Fernando Puche, con ilustraciones de José María Passalacqua, que, aunque está en la web, a mí me gustaría que saltara al papel. Quizás una pequeña tirada para los socios. Y también tenemos en la cabeza un proyecto sobre síndrome de Down de Lola Calzada que me enamoró cuando lo vi en un visionado en PhotON y que creo que debería asumir el formato de libro. Como ella no lo va a hacer, y la revista tiene que servir para promocionar cosas que nos gustan, esta podría ser una oportunidad.

¿Qué recorrido tiene el libro?

N. M.: No va a estar a la venta como una publicación al uso. Se ha hecho una tirada reducida para los mecenas, pero se ha ampliado un poco para los despistados o para los que se interesen por él en presentaciones y demás. En marzo lo llevamos a Bilbao y en Barcelona la haremos por partida doble. Roberto sigue acudiendo a festivales, y queremos llevar allí la publicación. Lo mejor, si se está interesado, es ponerse en contacto con la revista.

El que no pueda acceder a él, en cualquier caso, puede picotearlo en redes.

N. M. : En realidad, tienes razón, ya lo hemos contado todo. El libro está en redes. Pero tienes que picotearlo todo. Rastrearlo.

R. V.: Las publicaciones están en Facebook todas ellas, pero es cierto que en papel se entiende todo mejor. Lo loco de la trama es que está muy improvisada también. Por ejemplo, María Sánchez aparece al principio, pero luego estuvimos meses sin verla, que no es lo habitual. Eso obligaba a justificar su ausencia en la narración. Pero al final la historia se cierra, tiene coherencia. Pero son muchos los guiños…

Se presentó en Madrid, como decían, un 14 de febrero. ¿Eso es amor por la fotografía?

R. V.: Es circunstancial, pero sí que es verdad que el libro reúne muchas historias y una de ellas es de amor, la que acaban protagonizando Dalmau y Domingo Toledano. El asunto de misterio es un macguffin, cuando lo que hay detrás es una historia de amor, como tiene que ser en una fotonovela. Por eso hemos elegido el día de los enamorados, y porque el amor tiene mucho que ver con la trayectoria de Clavoardiendo. Nuestro lema es “La revista de los que aman la fotografía”. Nuestra campaña de suscripción de socios de este año va por esos derroteros también, con el Txapelas, uno de nuestros iconos, enamorado de este arte, que es por lo que hacemos todo esto, que, sinceramente, no es por dinero. De todo esto no sacamos más que amor.

Irene Cruz, una de las fotógrafas homenajeadas en el proyecto

¿Esto tiene “continuará…”?

R. V.: Nacho después de esto se ha tenido que quedar con sensación de vacío. Lo mismo se pone a tejer otro jersey o inicia otro proyecto. Segunda parte la ha pedido mucha gente, pero no lo creo. Al menos, yo no voy a ser el protagonista. Posar ha sido divertido, pero he tenido suficiente.

Porque textos y fotos son trabajo exclusivo de Nacho.

N. M.: Así es. De hecho, tuvimos que comprar un portátil porque el de casa era para la revista. Solo así pudimos empezar a trabajar cada uno por su cuenta. Yo le ha metido horas y horas, todos los días, durante más de un año y medio.

¿Tienen ya feedback de lo que han hecho?

R. V. y N. M.: En la presentación en Madrid del pasado viernes, la gente pudo tenerla en sus manos y se dio cuenta del trabajo que hay detrás. De la de gente que aparece. No es lo mismo verlo en pantalla que en papel. La acogida ha sido estupenda. La sensación es de enorme mural sobre la fotografía actual que con el tiempo recordaremos. Y para muchos de nosotros, además, es como el diario de un año, nos sirve para recordar lo bien que nos lo pasamos en tal o cual festival.

Las recompensas del crowdfunding incluían una cianotipia…

R. V.: Eso es. Que ha habido que crear, porque, como hemos dicho, esa era una de las “ilusiones” del libro. Se le ha pedido permiso a Patricia Bofill para convertir su obra en una cianotipia para las personas que la solicitaron.

N. M.: Y quisimos que todas las recompensas estuvieran relacionadas con la fotografía. Lo de la taza y la camiseta típicas, la verdad es que no pegaba nada con nuestro proyecto. Pero han sido cosas muy sencillas porque el objetivo era que todo el que había participado en la fotonovela, si le hacía ilusión, pudiera contar con su ejemplar. Otro guiño es que hicimos “007” recompensas… El misterio hasta el final.

Contraportada y portada del libro

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