El perfil del coleccionista de NFTs

Locos por el criptoarte: Retrato ‘virtual’ del coleccionista de NFTs

El ‘boom’ del mercado digital de arte (dos mil millones de euros invertidos en el último año) invita a conocer el perfil del comprador que se deja seducir por obras virtuales

Uno de los NFTs de Damien Hirst lanzados al mercado

Su DNI no arroja más de 32 años, pero su cuenta corriente supera exponencialmente la de cualquier chaval de su edad. Y toda esa fortuna, Pablo Rodríguez-Fraile la amasó comprando ‘tierra’ (si se le puede llamar así) en el ‘metaverso’, ese nuevo paraíso digital al que nos vemos abocados, en el que los NFTs, sus ‘ladrillos’ virtuales, le sirven para diversificar sus inversiones mientras acrecienta su caché como coleccionista. Porque –¡cuidado!– , los nuevos mecenas del arte, entre los que se sitúa Rodríguez-Fraile, ya no atesoran leonardos, caravaggios o jeff koons. Los nuevos coleccionistas construyen sus imperios a base de estos productos digitales asociados a la tecnología ‘block-chain’ que se pagan con criptomonedas

Por ello debe cambiar nuestra mentalidad al respecto; sobre todo, si como publicaba recientemente ‘Financial Times’, mueve un mercado de 40.000 millones de dólares al año. No es este un fenómeno de ‘cuatro tarados’ cuando seduce ya a casas de subastas como Christie’s, que en marzo de 2021 adjudicaba un jpg de Beeple por 69 millones, o cuando ferias como Basel, en su última edición en Miami, llega a un acuerdo con Tezos (una de estas cripto-plataformas) para organizar una exposición. No lo es cuando Facebook se transforma en Meta y se lanza, como Fraile, a la conquista del metaverso, o el Collins Dictionary elige ‘NFT’ como palabra de 2021. O cuando ‘youtubers’ como The Grefg afirman que el 5% de su patrimonio ya lo cuantifican en estos activos, o la NBA, famosos y marcas –Snoop Dogg, Eminem, Jay-Z, Shakira, Aphex Twin, Piqué, Messi, Griezzman– lanzan sus propias colecciones online y las colocan al segundo…

Gif de John Karel de la colección de Manuel Expósito

El mundo del arte no podía ser ajeno al fenómeno: de la tarta de 40.000 millones de dólares, un informe sobre el rendimiento anual de las ventas NFT realizado por 1Confirmation, con el foco en la red Etherium –la más utilizada en el ámbito artístico– arroja cifras de ventas de cerca de 2.000 millones. Un dato que provoca el sonrojo si tenemos en cuenta que en España, el mercado tradicional facturó en 2020, tal y como avala el último ‘Informe sobre mercado’ del IAC, unos 308 millones de euros.

El comprador ballena es fundamentalmente masculino, anglosajón, menor de 40 y que viene del ámbito de las tecnologías y las criptomonedas

Sin duda, tras estos datos hay caras, coleccionistas que están apostando por la tendencia; unos 360.000 propietarios (aunque aquí hay que distinguir entre los que acumulan avatares, cromos digitalizados, memes, tuits o auténticas obras de arte, porque todo es susceptible de ser ‘minteado’ –o convertido en NFT en la jerga del metaverso–), que, en los datos del rotativo británico, poseían entre febrero y noviembre de 2021, dos millones de propuestas.

«Se puede decir que el 9 por ciento de esos propietarios retiene el 80 por ciento del valor de mercado de lo ofertado». El que así se expresa es Juan Antonio Gamero, responsable de la plataforma Art Market y consultor artístico. Con él trazamos una primera aproximación a cierto perfil de coleccionista de NFTs estrictamente artísticos, el que se denomina ‘whale’ o ‘ballena’ en inglés («aunque hay una interesante comunidad latina, para manejarse en el ámbito del NFT hay que hablar en inglés», apunta), por su peso en el mercado y las cantidades de dinero –virtual– que pone sobre la mesa: «Estaríamos hablando de un comprador fundamentalmente masculino, anglosajón, menor de 40 y que viene del ámbito de las tecnologías y las criptomonedas. Para ellos, el criptoarte es una forma de diversificar sus riesgos a la hora de invertir, y por eso han asimilado con facilidad este nuevo tipo de propuesta creativa».

Pablo Rodríguez-Fraile en una foto de su Instagram

Es un tipo que compra a saco, sin importar los billetes, y que, –y esto pide Gamero que se destaque– no necesariamente para especular. En ese ‘top five’ mundial, los ‘cachalotes’ más destacados son Metakovan, pseudónimo de Vignesh Sundaresan, hindú que no les sonará de nada hasta que les diga que fue el que soltó los 60 millones de euros por el ‘Everyday’ de Beeple en Christie’s. «Una subasta que, en realidad, valida en marzo de 2021 un mercado que ya existía», explica Gamero. Y que visibiliza estructuras preexistentes: Por ejemplo, con su socio Twobadur, Metakovan ya creó en 2017 Metapurse, el principal fondo de inversión de objetos virtuales.

Es ya habitual que el comprador tradicional se aventure a probar con este nuevo arte. En su caso, el reclamo es un artista en el que confía y que se lanza a la aventura tecnológica

Por su parte, Eric Young, otro cachalote, comprador del famoso píxel que vendió PAK por 1,36 millones de dólares, cuenta con una cartera de 350 NFTs valorados en 1 millón. Se lleva la palma WhaleShark, que con su nombre lo dice todo: 210.000 NFTs traducibles a 21 millones, a los que hemos de sumar los 53 (millones, se entiende) que tiene metidos en ‘top shots’ (vídeos de jugadas de baloncesto). El chino Justin Sun, CEO de BitTorrent y fundador de Tron, es de los pocos que demuestra interés por el mercado tradicional: con lo conseguido en criptomonedas se ha terminado comprando un warhol y dos picassos por 2 millones. Intentó pujar por ‘Everyday’, puesto que ya poseía ‘Ocean Front’, otro NFT de Beeple, pero no lo consiguió («Cuando Christie’s saca obras de este artista a subastas no lo hace a ciegas, sino porque sabía que había mercado», sentencia Gamero). Ahora ha creado la Just NFT Fundation, para ‘NFTizar’… ¡todas las obras de arte del mundo!

En la lista de los top, el referido Pablo Rodríguez-Fraile, que, tal y como ha confesado, tiene casi la totalidad de su patrimonio en criptomonedas: «Vi que no era una moda –ha explicado en alguna ocasión a la prensa–, sino un avance tecnológico que había llegado para quedarse». La clave la resume en esta frase que tan bien retrata a nuestros jóvenes: «Nos estamos trasladando a un mundo digital donde a la gente le importa más el traje de un personaje de un videojuego que los zapatos que ellos mismos llevan puestos». Fraile, con sus 2.000 NFTs, presume además de ser consultor de los principales artistas digitales a los que compra y con los que se codea. Su futuro se enfoca en poner en marcha Aorist, «el Sotheby’s o Christie’s del mundo digital», sentencia.

Uno de los NFT de Beeple de la colección de Rodríguez-Fraile

Se podría aventurar que los ‘whales’ conforman el 25 por ciento de los coleccionistas de criptoarte, pero no son los únicos. Es ya habitual que el comprador tradicional se aventure a probar con este nuevo arte. Nos situaríamos en un 14 por ciento de la tarta, donde encontramos al catalán Manuel Expósito, que con una colección de unas 300 obras físicas a sus espaldas se lanzó al mercado virtual en 2021. El reclamo, como en muchos casos, «fiarse del artista que lanza la colección, que suele ser un creador consagrado offline». A él le sucedió con Damien Hirst. En julio, el británico convirtió 10.000 de sus ‘puntos de colores’ en jpgs de máxima resolución por 1.500 euros la unidad: «¿Cómo iba a decir que no? Nunca podré tener una obra física de él, pero por ese precio tenía una virtual».

Sin embargo, el juego fue a más. Hirst, conocedor de la especulación en este ámbito, donde las obras se colocan con rapidez en el mercado secundario inflando su valor, propuso a sus coleccionistas cambiar los NFTs por la obra verdadera si conseguían mantenerla bajo su custodia un año. «El plazo acaba en julio de 2022. Y a los que aguantamos hasta septiembre, Hirst nos regaló un segundo NFT, esta vez original», señala Expósito. ¿El problema? Si alguien intenta hacerse ahora con una de las licencias de un punto es posible que tenga que pagar 20.000 euros: «Un colega consiguió 60.000 y en agosto subieron a 100.000». En diciembre, nuestro interlocutor tenía claro que perseguía la obra física. «Ahora, no lo tengo claro».

En el fondo, el NFT regulariza algo que ha sido siempre muy natural como es el intercambio de obras entre creadores. Ahora se formaliza que el artista también colecciona

Expósito, que sigue invirtiendo anualmente diez veces más en arte offline que digital, entiende este tipo de propuestas como una «técnica más empleada por el artista, como el dibujo o la pintura. De hecho, no hay mucha diferencia entre el vídeo que compras en una galería y un mp4». Además, le divierte saber que apuesta por proyectos «que generan comunidad, que invitan al juego» y que desde su ‘wallet’, donde los compra y aloja, los puede disfrutar de mil maneras –«como avatar de mis perfiles en redes, imprimiéndolos en camisetas, en pantallas LFD para colgar en casa, en el móvil»–: «Me parece mucho más aberrante tener obras físicas embaladas y apiladas en un almacén», concluye.

Ahora bien: el gran grueso del comprador de criptoarte son los propios artistas, hasta en un 35 por ciento de los casos. Lo ejemplificamos con Mar Canet y Várvara Guljajeva. Ellos utilizan lo recaudado con la venta de sus propios NFTs en la compra de los de otros: «Y sabemos que no somos los únicos. En Tezos [plataforma con criptomoneda similar a Etherum, más popular y populosa por ser más barata al acuñar y menos contaminante al hacerlo] pasa mucho. En el fondo, regulariza algo que ha sido siempre muy natural como es el intercambio de obras con colegas». Ahora se formaliza que el artista también colecciona.

Mar y Várvara durante el Urban Festival de Estonia en el que convirtieron una antigua gasolinera en tienda de NFTs

Es más, hay plataformas como FeralFile (similares a los ‘markets’ digitales en los que los coleccionistas adquieren sus obras, el más conocido, OpenSea) en los que las colecciones lanzadas tienen la particularidad de estar avaladas por un comisario y en las que tanto este –en lugar de recibir unos honorarios por su servicio– como todos los artistas participantes ‘pagan’ a los demás con una obra. «Nosotros participamos recientemente en la colectiva ‘Instructions Follow’, comisariada por Pau Waelder. Todas las obras salieron a 75 dólares cada una y se vendieron en 45 segundos». Hecha la ley, hecha la trampa: alguno de los autores convocados se lanzó pocos minutos después también a la reventa.

«Obviamente, y pese a la seguridad e imposibilidad de ‘hackeo’ del blockchain, nada impide que aquí también se den las malas prácticas offline (Nifty Gateway es un ‘marketplace’ que arrastra alguna denuncia), y no será la última panacea, pero sí que da respuesta a una producción ingente digital que los artistas tenían que pasar a analógico para facilitar su comercialización». Se rompe este estigma con unos certificados de autenticidad que además recogen todos los movimientos del NFT. Y que asegura honorarios al artista (suele ser de un 10 o 15%) cada vez que se produce una reventa.

Gamero, con el que comenzamos a hablar, da en cierta medida el último perfil, el de aquel que no había coleccionado arte físico (sí que es aficionado al cartelismo) pero que se inicia en el mismo directamente desde lo digital: «Sucedió en agosto del año pasado, precisamente el mes en el que se para el mercado tradicional y se activa el virtual». Él ya cuenta con obras de Gala Mirissa, de CSLIM o de Solimán López, el primer artista que vendió un NFT en ARCO en julio de 2021 y que subastó otro en España en una casa tradicional, la de Durán, en octubre, firma que, tras otras dos experiencias más, el 26 de enero introduce entre sus lotes más NFTs: dos ‘michis’ de Pequelord y un ‘Pancho y Moncho’ de Jr Casas.

Manuel Expósito, con su colección de obras de arte (a sus espaldas) y de NFTs (en su tablet) – Inés Baucells

Y él emplea plataformas como OnCyber, que facilitan ‘colgar’ las obras en las paredes de galerías de arte virtuales (e incluso que la tuya se de un aire a la arquitectura de alguna conocida, por ejemplo, la White Cube de Londres), frente a coleccionistas que compran pantallas especiales para disponer las piezas en casa como si de cuadros se tratara (de momento solo Sansung tiene en cuenta el pequeño detalle de que los distintos ‘wallets’, uno por plataforma, son incompatibles entre sí, y no permiten reunir en un mismo espacio todos los NFTs), o los que acuden a empresas para que conviertan los soportes virtuales en obras físicas.

Tenemos que acabar con muchos prejuicios con respecto al NFT, como que solo sirve para especular, que son complicados porque hay que pagar con criptomoneda o que hay que tener mucho dinero para iniciarse: con cien euros se pueden adquirir diez obras con facilidad

«Tenemos que acabar con muchos prejuicios con respecto al NFT –concluye Gamero–, como que solo sirve para especular, que son complicados porque hay que pagar con criptomoneda (cada vez más ‘markets’ admiten el pago con tarjeta) o que hay que tener mucho dinero para iniciarse: con cien euros se pueden adquirir diez obras con facilidad. Se trata de animarse a trastear un poco y, sobre todo, regresar a Twitter, una red social hasta ahora abandonada por los artistas pero en la que estos publicitan sus colecciones y los coleccionistas alardean de sus adquisiciones».

Lo dicho: que usted sea un prescriptor de ‘criptoarte’ depende de hacer un clic, pero de cambio de mentalidad.

Disposición de los NFTs de Juan Antonio Gamero en la plataforma OnCyber

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 22 de enero de 2022. Nº 1.503

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