El resurgir de la Bienal de Arte de Lanzarote

Lanzarote: abrir las heridas para sanarlas

Arranca oficialmente el primer ciclo de propuestas de la XI edición de la Bienal de Lanzarote, bajo la dirección artística de Adonay Bermúdez, cita que incidirá en lo social

Obras de Rigoberto Camacho y Teresa Margolles en la colectiva ‘Bienes ocultos’, en el MIAC J. D.-G.

Último gran proyecto del verano o primero de la temporada, según se mire. Todo es relativo. Como la de la realidad actual confrontada a ese titular de la prensa caribeña de 1949 sobre el que pivota la XI edición de la Bienal de Lanzarote que hoy termina de inaugurar el primer bloque de exposiciones de una cita internacional que llegará a marzo: «Apresados 160 inmigrantes canarios en su llegada a las costas de Venezuela».

Su ‘compilador’, el comisario independiente –y crítico de ABC Cultural– Adonay Bermúdez, que da un golpe sobre la mesa y hace saltar por los aires las fichas del tablero de una cita que, desde sus orígenes en 2001, ha estado ‘demasiado’ vinculada al MIAC (Museo Internacional de Arte Contemporáneo de la isla), y desde donde ahora ‘se abre en canal’, en todos los sentidos.

Me explico. Recuerda Bermúdez que la bienal, en ediciones anteriores, ha estado muy significada con conceptos como los de paisaje, territorio, Naturaleza o medio ambiente. La pandemia ha hecho que se replantee no solo su utilidad, sino la de toda la cultura (planeó incluso la posibilidad de su desaparición) y un viraje de la misma hacia aspectos más sociales y políticos. Esto es marca de la casa del comisario, que ha contado con un presupuesto exiguo (unos 200.000 euros que aporta fundamentalmente el Cabildo de la isla, pero al que se ha sumado el gobierno canario, al que se ha sabido seducir por vez primera) y un tiempo récord de cuatro meses para articular sus contenidos.

Detalle del ‘Museo arqueológico de la revuelta’, de Avelino Sala

Por eso las propuestas de esta bienal se basan fundamentalmente en ‘los afectos’ (esa palabra tan manoseada últimamente en el ámbito artístico y que aquí cobra todo sentido), tirando de complicidades (nombres que se repiten en el amplio currículum de este gestor) y extendiendo la red de relaciones (multiplicando las sedes, implicando a agentes externos) para dar pie a un auténtico tejido sobre el que germinan las propuestas. Se trata, al fin y al cabo, de hacer a todos partícipes –público y partes implicadas– de lo que se está gestando. Bermúdez juega con ventaja: es de la isla y conoce el contexto, dos bazas para sobreponerse a buena parte de las dificultades –económicas, de credibilidad, de agendas– de volver a poner en pie la bienal.

Esta, pues, parte de lo local para zambullirse en lo universal.Y en el imaginario autóctono del comisario sobresalen dos nombres. Uno, César Manrique, tantas veces invocado en esta isla. Su espíritu, en cualquier caso, está presente en la propuesta (y la fundación que lleva su nombre será sede de algún evento). Cerca quedaba además la celebración del centenario. El segundo, Leandro Perdomo, escritor, migrante, contestatario, un autor del que se cumplen 30 años de su muerte, y ‘hecho’ casi para Bermúdez; el que le aporta el título de la bienal: ‘Como la liebre en el páramo’. Así lo recogió el autor canario, y así es cómo se siente el hombre (y la mujer) actual, desprotegido, vulnerable; a la búsqueda de refugio, desde el que, cuando lo encuentra, descubre las amarguras que nos hemos dado, lo complejo que hemos hecho el mundo, «hasta que comprendemos lo ingenuos que hemos sido, marionetas de paja y de resortes manejados por los listos».

Desde esta perspectiva, tres serán las líneas maestras sobre las que se han elevado los contenidos de la cita, que además, se irán sucediendo en el tiempo (una manera inteligente de sortear el problema de que algunas sedes tuvieran ya comprometidas sus estancias para otros menesteres cuando se contacta con ellas en el tiempo de descuento, pero que impide una inauguración conjunta de las siete exposiciones programadas, junto a cinco proyecciones y tres ciclos de conferencias. Por eso se alarga en el tiempo y por eso se repiten espacios): la memoria histórica, los flujos migratorios y el papel de la mujer en la creación contemporánea.

Arriba, ‘Monumento a la oscuridad’, de Eugenio Merino y Miguel G. Morales

El director artístico tiene muy claro que el receptor último de lo propuesto es el ciudadano de a pie de Lanzarote, «al que curiosamente se le va a hablar de temas a los que nunca se le había enfrentado, como nuestra vinculación con Latinoamérica, asuntos de raza o migración». No es baladí el tema femenino (o el del aborto, la maternidad): hay que remontarse muy lejos para encontrar una individual de una mujer en el MIAC. La bienal romperá el maleficio con Tania Candiani en noviembre.

Y este primer bloque de propuestas, las inauguradas esta semana, dan buen ejemplo del ‘mood’ de toda la bienal: en ellas se parte de lo colectivo, de la creación de sinergias. Pesa mucho lo audiovisual frente a otras técnicas (una cuestión de aduanas) y sitúan la militancia política en primer plano. No busquen pues discursos amables, aunque tampoco propaganda o vocerío. El elemento pedagógico pesa, afortunadamente, en todo lo que toca Bermúdez.

Precisamente en ‘Bienes ocultos’, la colectiva que comisaría junto a Carlos Delgado Mayordomo –otro colaborador de ABC Cultural– en el MIAC, ambos se preguntan sobre la vigencia del arte político en una sociedad hastiada por la política y que casi se cuestiona el modelo democrático. Sin embargo, artífices como los aquí convocados lo ponen en valor, pues alertan de desigualdades y hacen pensar sobre ellas.

Intervención de Carlos Martiel

Los artistas reunidos hablan en el museo desde lo colectivo (salvoTracey Emin, que reflexiona sobre el aborto y su duelo; por ello su pieza descansa en otra planta) y hablan de la ‘desaparición’: Rigoberto Camacho, en el centro de la sala, de los migrantes africanos fallecidos intentando llegar a la costa canaria por otra ‘bandera’. Con las empleadas en navegación ‘dibuja’ él la palabra ‘migrante’. Teresa Margolles, de la doble invisibilización de las mujeres secuestradas en Ciudad Juárez: primero por sus captores, luego, por los ciudadanos, que terminan por convertir los carteles con los que sus familiares las buscan desesperados en parte del paisaje urbano; Teresa Correa, de la invisibilización de la mujer en el ámbito profesional; también de los orígenes africanos de los primeros habitantes de las islas. Isidro López Aparicio, de la de saharahuis y palestinos… Cada autor reunido (Santiago Sierra, Mounir Fatmi, Lotty Rosenfeld…) es la historia de un olvido.

En el mismo edificio, en la sala Pancho Lasso, Avelino Salamonta su ‘Museo arqueológico de la revuelta’, generando un dispositivo museístico sobre movimientos sociales de los últimos años –de las movilizaciones de la Primavera Árabe o el 15-M hasta las manifestaciones en Ucrania contra la invasión rusa–, dando ‘valor’ a elementos que no lo tienen, esas piedras arrojadas en las protestas. El arqueológico es mínimo. El sentimental, incalculable. En la misma habitación y en la misma línea, ‘Cacotopía, vídeo en colaboración con Daniel G. Andújar sobre el poder de la imagen en las sociedades modernas.

Aunque como plato emocional fuerte de esta primera tanda de propuestas, el ‘Monumento a la Oscuridad’, de Eugenio Merino y Miguel G. Morales en la ermita del municipio de Tías. En él encontramos al madrileño más ‘serio’. Eso es porque su compañero ha sabido llevárselo a su terreno. El canario ya realizó hace unos años en forma de documental un homenaje al poeta Domingo López Torres. Su figura vuelve a servirles a ambos para honrar a los entre 1.000 y 3.000 canarios represaliados por el franquismo durante la guerra civil por el método de ‘la saca’, haciéndoles desaparecer arrojándolos al mar.

Proyecto de Jenny Jaramillo

Esta dupla de artistas ha generado una placa conmemorativa que este verano fue lanzada a 400 metros de profundidad en el Atlántico en el punto más o menos exacto en el que se hizo desaparecer al poeta, cuya acción se recrea ahora en la sala junto a objetos personales del escritor, algunos tan fascinantes como las galeradas de su poemario ‘Lo imprevisto’, escrito mientras estuvo encarcelado, e ilustrado también en prisión por Luis Ortiz Rosales, y que consiguió entregarle a su entonces pareja Maruca Reyes. En realidad es un (anti)monumento, imposible además de vandalizar, como tantos otros.

En siguientes rondas llegarán individuales de Marco Montiel-Soto, también en el MIAC, o de Marius Iounut Escarlat (la apuesta joven de la bienal, en el espacio del colectivo La Casa Amarilla, que por primera vez se anima a organizar exposiciones); el convenio con el MUAC mexicano con Ximena Labra en El Almacén, o la performance en ese mismo espacio de Costa Badía, auspiciada por el Thyssen. También la esperadísima de Carlos Martiel. Es evidente que esta técnica es recurrente en una bienal ‘pintura-free’. También, en esta sede, la colectiva ‘Las palabras que aún no poseemos’, comisariada por Semíramis González (Doris Salcedo, Marina Vargas, Martha Rosler…) sobre la vigencia de lo patriarcal.

Muchas heridas abre esta bienal. La continuidad por esta línea de proyecto y comisario, que ahora se sabe responsable de un cambio (y que por eso asumió formar parte de él, aunque fuera de forma precipitada), determinará cómo estas se cerrarán. Habrá que esperar.

Adonay Bermúdez, director de la Bienal
XI Bienal de Lanzarote. ‘Como liebre en el páramo’. Lanzarote. Diferentes emplazamientos de la isla. Director artístico: Adonay Bermúdez. Hasta el 30 de marzo de 2023

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 3 de septiembre de 2022. Número 1.531

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