Entrevista a El último Grito (“Malfictions”. Elba Benítez)

«Uno solo puede ser visionario cuando ha podido tener una perspectiva»

«Malfictions» es el regreso del colectivo de «diseñadores» español afincado en Londres El Último Grito –que cumple 20 años en 2017– a la galería Elba Benítez de Madrid. Errores del sistema que nos abren los ojos

El Último Grito en la galería Elba Benítez (Foto de José Ramón Ladra)

En informática, se llama glitch a un error del sistema que no influye en su funcionamiento. Para el colectivo español afincado en Londres El Último Grito, estos errores, extrapolables a todo sistema, dan pie a conocer la ficción que los sustenta y, por lo mismo, cuestionar la realidad. Esta misma mentalidad tan hobbesiana la aplican a todo lo que hacen, de forma que su idea de diseño es mucho más abierta de lo que generalmente se admite. Y eso mismo es lo que permite a estos profesores de la Goldsmith University entrar en una galería como ahora ocurre.

Vuelven a la galería Elba Benítez con “Malfictions”, y defienden la “desobediencia visual”. ¿A qué se refieren?

Roberto: La muestra se vincula a cierta investigación que llevamos haciendo desde hace tiempo y que es lo que en Inglaterra se denomina “practice research” (investigación práctica). En un momento dado comenzamos a trabajar en torno a los sistemas y sus representaciones. El título de Malfiction ya se lo dimos a una de las publicaciones que realizamos desde la Goldsmith University de Londres. Y se basa en  reflexiones que comenzaron de forma casi accidental, en uno de esos momentos en los que estás haciendo una foto o consultando una aplicación de móvil de mapas y te das cuenta de que la imagen se distorsiona. Pasa algo raro y, cuando intentas capturarlo e indagar sobre lo sucedido te das cuenta de que detrás hay mucho más. Son diferentes niveles de información que se relacionaban muy bien con lo que veníamos investigando sobre la representación de sistemas. Es decir: lo que podría parecer un glitch o error, no lo es, sino que es parte de cómo funciona el sistema. Eso es extrapolable a muchos otros sistemas superiores, como el democrático, en el que los errores no son accidentes, sino que en muchos casos nos enfrentamos a cuestiones inherentes al propio sistema.

Esto nos lleva de nuevo al eterno debate sobre qué realidad es la que refleja una imagen.

Rosario: Y ahora más que nunca porque todo es visual. Nosotros llevamos dando clase muchos años y la actividad académica está unida a nuestra práctica. Desde la universidad nos damos cuenta de que cada promoción ve el mundo de manera diferente y cómo en 20 años hemos tendido a recibirlo todo a través de pantallas. Lo que para ti es una “falta”, para alguien más joven es lo natural, no lo percibe. Uno solo puede ser visionario cuando ha podido tener una perspectiva. Cuando naces en un sistema visual tan fuerte como el que impera ahora mismo, siempre con internet, siempre con móviles conectados a la red, es difícil plantearse otras cosas. ¡Qué punk y qué «materiales» fueron los 80 y qué diferentes de lo que vivimos ahora! Y no hablamos sólo de estética: también de música, de la política del tomar parte en la creación de la cultura de un momento… Eso forma parte de nuestra manera de entender el mundo.

El Último Grito (Foto de José Ramón Ladra)

Ahora estamos rodeados de gente que entiende este proceso de otra manera totalmente distinta y todos, al mismo tiempo, coincidimos en el mismo escenario. Por eso, cuando ves las fotos de la serie “Trigger Glitches” tienes la sensación de estar ante una pintura impresionista. Muestran ciudades totalmente construidas, pero, cuando te fijas de verdad, ves que no son más que pinceladas de una imagen que asumes lo que muestra. Y si extrapolas esa anécdota, eso te lleva a cuestionar todos los sistemas que te rodean, que ya no son sólo visuales: también los políticos, los económicos… Todos tienen ese carácter, de forma que lo que parecen errores, no lo son: son parte del sistema.

Eso es como cuando tus padres te cuentan que determinada fantasía infantil no era real y empiezas a darte cuenta de que entonces tampoco lo serán todas las demás…

Rosario: Buen ejemplo. Esa es la primera vez que te enfrentas a todo un sistema, que además está sustentando por un comercio, unos sistemas informativos, la televisión… Y todos los adultos están confabulados. Y cuando te das cuenta, es un shock porque te lleva a cuestionarte toda la realidad que asumías como férrea y segura. Esto es lo mismo.

Roberto: De ahí viene el título de la expo: un error es el que mantiene la ficción en el sistema. Se basa en un juego de palabras: “Malfuntion” y “Fiction”. Todos tenemos ahora aparatos que nos permiten congelar esos “glitch”, esos momentos que son transitorios, que, al reexaminarlos son ventanas a la auténtica realidad del sistema.

En algún texto llegan a definir los “Triggered Glitches” como ruinas de lo virtual.

Rosario: Y lo increíble son los paralelismos estéticos que plantea. La ruina de un sistema virtual se relaciona estéticamente con la ruina de un bombardeo actual o a las fotos de la Segunda Guerra Mundial de aquellas ciudades de las que solo quedaban pedazos en pie. Por otro lado, el día que realmente eres consciente de lo que haces con tu trabajo te permite ser más preciso. En los comienzos te manejas siempre de manera intuitiva, interrogando determinadas cuestiones. Cuando vas generando trabajo comienzas a usarlo como andamiaje que te permite llevar tus apreciaciones más lejos.

Sus cámaras oscuras muestran la gran influencia que el cine y la producción audiovisual (series de tv) tienen en su imaginario.

Roberto: Todo lleva al final al mismo sitio. Nuestro interés por el cine y las series de televisión viene no sólo de una cuestión de gustos sino porque es otra vía para cuestionar el sistema, el cómo se producen estas imágenes audiovisuales. Comenzamos con un proyecto hace unos años en el que analizábamos la idea de cine como industria, que, por lo mismo, produce de manera seriada e industrial. Para contar una historia y generar una película comprimes espacios y tiempos de manera artificial. Traes a gente que antes estaba en lugares dispersos. Y antes de consumirse como lo consumíamos, ahora habitualmente en una sala, se recibía de otra forma, con imágenes que se gestaban de otra forma. A nosotros nos interesaba analizar cómo se materializa una imagen, cómo se construye su escenografía… Es nuestra manera de proceder: partir de cuestiones que quizás no siempre relacionarías con el diseño, pero a las que se puede aplicar estándares de la disciplina. Eso es lo que te permite abordarlas y relacionarte con ellas de otra forma.

“Glitch Madrid”

Rosario: El cine es un sistema más. Y la manera más rápida de cuestionarlo es plantearte qué tipo de experiencia estás recibiendo. Si eso te lo llevas a cómo se construyen esas imágenes y haces el recorrido hacia atrás, llegas a ese momento en el que no se grababa en exteriores sino que se rodaba en platós, que en la época del cine mudo podían coincidir varios en el mismo espacio porque no interrumpía el sonido de la acción. Esa manera de proceder, con el mismo director, la misma luz, los mismos materiales, era muy industrial, influida por el Fordismo. ¿Y cómo construyes realidades? La ciudad de Los Ángeles o de Madrid de las películas no son ni el LA ni el Madrid real. Se juntan calles o barrios que no están en el mismo entorno. Es lo que se denominan “collagescapes”: generas collages con espacios distintos para generar uno nuevo que se adecue a tus necesidades para contar una historia. El cine lo hace constantemente y no sólo con el espacio (serían las elipsis temporales). Y lo aceptamos con una normalidad apabullante.

¿El contenido de la imagen es anecdótico? ¿Les interesa más el display de la misma?

Roberto: Todo tiene importancia pero quizás no en el mismo contexto. Nos gusta la cámara oscura porque es una “película” sin película. Nosotros lo describimos como “Real Time Cinema”. Eso es interesante porque es un proceso el que te demuestra que la imagen no existe y que depende de un material para poder verla. La primera cámara oscura es muy probable que la viera un hombre hace mucho tiempo en una cueva. Y solo fue posible por la materialidad de la piedra en la que se reflejó determinada luz. Para nosotros es interesante cómo este sistema nos permite generar imágenes en movimiento que son muy pictóricas, a las que llevamos referencias de nuestros héroes particulares, como Bacon, que intentaba pintar el movimiento. Nosotros intentamos crear una película en la que el movimiento “se ve”. Aquí en la galería metemos dos cámaras que representan dos sistemas, la ciudad y el sexo, de los que manejamos representaciones más que su verdadera realidad.

La muestra se cierra con su maqueta de una ciudad de cristal. ¿Dónde reside la fragilidad de un modelo como este más allá del material?

Rosario: Para nosotros, más que maqueta, este es un modelo, entendido como formato desde el que pensar e investigar. Solemos discutir en abstracto, por eso es importe ese momento en el que decides que vas a generar algo sobre lo que proyectas las ideas. La transparencia de esa ciudad hace alusión a qué es lo que cada uno proyecta. Ese sistema tiene unos elementos que todos compartimos como “ciudad”. Eso nos interesa: qué detalles son los que compartimos y los que dotan de familiaridad a algo, pero que a la vez son abiertos para que cada uno proyecte su propia visión.

Roberto: Todo modelo siempre es una representación aparente de algo pero no aporta ninguna información adicional. Es tu conocimiento o experiencia el que completa un sistema o modelo. Aquí queríamos presentar una especie de metáfora sobre todo lo que ha generado el Brexit, Trump, la xenofobia europea… La idea que nos venden de que un sistema cerrado, aislado, nos protege, cuando lo lógico es que eso conduzca a la muerte del modelo. La mejor manera de ver eso es materializando la idea. Esta es una ciudad en la que nada puede ni entrar ni salir, y una sola apertura consigue transgredir el modelo y reconocer la falacia que te estaban contando.

Rosario: También nos movemos en el ámbito de las utopías, en la que están ahora los americanos. Es ese “to be great again”. ¿De qué great hablas en la Historia del Reino Unido o de América? George Orwell en 1918  señalaba que el 58 por ciento del proletariado británico estaba en las colonias. ¿Es eso lo que se busca? En América, ¿el mejor momento era cuando la mitad de la población no tenía derechos? Es la idea de volver a algo como utopía imposible y la idea de entropía: cerrémoslo todo para estar mejor. Todos los sistemas son entrópicos.

Vuelvo a los “Triggered Glitches” para referirme a un fenómeno no tan evidente en Madrid, pero sí en Inglaterra. Allí, en los últimos años, se ha derribado y construido a lo bestia, pero los programas de geolocalización no se han actualizado y te devuelven imágenes que ya no existen. Y además te hacen creer que la imagen llega en tiempo real. La película que te venden es que el satélite te lo lo está mandando en tiempo real. ¡En muchos mapas virtuales de Londres, la Villa Olímpica está aún en costrucción! Puedes hacer fotos de la villa cuando aún no lo era.

Cumplen 20 años como colectivo. ¿Con qué intereses pusieron en marcha este tándem y qué ha evolucionado en él? ¿Cómo era esa intuición del principio y a que gramática ha dado pie?

Rosario: De alguna manera, como estudiamos diseño ya siendo más mayores, nuestro trabajo se nutrió de una experiencia anterior en otros campos, aparte de lo que habían sido nuestras vivencias. Por ejemplo, el cine del que hablábamos antes. Y hablaba también mucho de la cultura de la que veníamos. Pero en dos años nos dimos cuenta de que había que cambiar porque no explorábamos con la libertad que pretendíamos. Hicimos un esfuerzo por cambiar el chip y cuando además no sabes lo que quieres. Ahora, lo que nosotros empezamos a hacer está como más interiorizado, hemos influido a muchas promociones sobre lo que es el diseño. Pero cuando nosotros empezamos, los referentes eran más limitados. Es entonces que empezamos a realizar las instalaciones con stickers (pegatinas).

Roberto: Estando ya en Londres fuimos a Berlín por un periodo de tres años y eso hizo que el trabajo cambiara de escala. El trabajo dejó de referirse a un diseño industrial o concreto para ser una plataforma desde la que pensar y reflexionar sobre otras cosas, más que algo que se aplica.

Eso se relaciona con mi siguiente pregunta. Hablo con ustedes por su entrada de nuevo en una galería. ¿Cuál es su noción de arte y cuál la de diseño? En otras palabras: ¿Por qué el diseño tiene cabida en la galería?

Roberto: Ya en Alemania hicimos un pequeño libro que tenía una especie de tuit-manifiesto que hicimos llegar a nuestros, entonces, 30 seguidores como mucho que teníamos. Ahora es un lema que la universidad de Goldsmith ha asumido como propio y que es la de “ser postdisciplinario”. Lo que queríamos decir es que en nuestra forma de entender las cosas no hay una jerarquía en el que unas actividades sena más importantes que otras. Para nosotros es tan fundamental un cómic como un cuadro de Bacon. De hecho, ambas realidades se presentan juntas, en el mismo contexto. Nuestro trabajo ya no responde a nada en particular. Los proyectos crecen sin tener muy en cuenta dónde va a encajar cada cosa. Es más interesante ver cuáles son los vehículos o avenidas que harán que esos trabajos lleguen a la mayor gente posible, porque también el ámbito del diseño, como otros tantos, es muy cerrado en cuanto a lo que asume que acepta o no.

“Glitch 2”

Rosario: Para nosotros desde muy pronto el trabajo era una manera de investigar y pensar el mundo. Por eso no nos importaba si era diseño, arte u otra cosa. Una vez vino una chica con sus estudiantes al estudio y nos preguntó que por qué nos empeñábamos en hacer lo más difícil. Realmente hacemos lo que sabemos hacer y nos encaminamos hacia donde nos lleva la investigación. Desde fuera quizás parece difícil, pero desde dentro no hay otra opción. En otra ocasión, intentando explicar qué es lo que hacemos -porque si dices diseño se te relaciona con algo muy específico; dices arte, y, realmente, no somos artistas- usamos el símil musical: somos lo que va del blues al rock&roll, ese momento en el que el blues era ya otra cosa pero no tenía nombre. Tenemos muchas raíces. Casi podríamos decir que hacemos periodismo de investigación pero a través de construcciones que llamamos cinemáticas porque tienen texto, narrativa, una parte estética, un espacio y una experimentación. Hemos tenido la suerte de que allí donde hemos entrado, en Londres, en Ginebra, son los otros los que se amoldaron a nosotros, hemos cambiado las cosas. Está claro que hacía falta algo así.

Roberto: De hecho, dentro del mundo académico somos las excepciones. Somos de los pocos “catedráticos” en Inglaterra (allí se les llama professors) sin doctorar. Pero hasta la universidad se ha dado cuenta de que en todas las carreras creativas la investigación llega desde lo sociológico, lo histórico, algo muy académico, que en un momento determinado no genera nada importante que afecte a los mundos actuales. Es preciso que “la práctica” irrumpa en escena.

Destaco su interés por el espacio público. ¿Es quizás una buena “tierra de nadie” donde convergen el arte, la arquitectura y el diseño?

Rosario: Desde el comienzo nos dimos cuenta de que era donde teníamos más libertad. Las oportunidades eran mayores. Allí generas cosas con más gente y que necesariamente tienen que interactuar con más gente. No queremos hacer cosas para “ser miradas”. Lo importante es el contacto a la hora de fabricar y de usar. El trabajo, cuando sales del estudio, cambia mucho. Cada cosa que hacemos agranda todo lo anterior. También cuando damos una charla. No se trata de repetir un discurso, sino de afianzar ideas, desarrollarlas. Por lo mismo, también son siempre un lío. Falta conciencia de que todo lo que produces, incluso los diseños más convencionales, no son solo un objeto más, sino una herramienta que te cambia la manera de pensar. Y que es necesario generar teoría sobre ello. Es la teoría que nace de la práctica y no al revés, importante porque es una teoría que cambia el estatus quo.

Roberto: Esta exposición de Elba Benítez, sin embargo, es bastante visual.

Reconocieron antes que el diseño no era su plan A. ¿Qué es lo bueno de entrar en este ámbito sin vocación?

Roberto: ¡Sí que teníamos vocación! ¡Lo que ocurre es que no lo sabíamos!

Rosario: Lo bueno de no empezar con 18 años, de contar con experiencia, es que tienes mucha más carne para echar al asador. Esa es la gran diferencia. Ya desde el principio te puedes plantear cuestionar cosas. Cuando eres más joven lo que tienes son dudas. Hay incluso gente a la que le falta picardía y hasta un punto de malicia. Todos son muy buenos estudiantes que quieren saber qué es exactamente lo que tienen que hacer, cuando por lo que nosotros apostamos es por interrogarte constantemente.

Roberto: Estudiar es querer ser parte del sistema. Creo que fuimos de los primeros en nuestro ámbito que cuestionamos también este tipo de formación. Ni quiero ni puedo, ni me interesa. Tomar esa decisión muy joven implica muchas cosas. Pero según vas investigando te das cuenta de que lo que te cerraste por un lado lo abres por otro.

¿El Último Grito son solo dos personas? ¿Qué es El último Grito? ¿Cómo se pliega y se repliega? 

Roberto: Lo importante es asumir todo como la misma cosa. Entonces no hay conflictos. Lo académico, el nuevo máster que hemos diseñado para Goldsmith, es tan parte de nuestro trabajo como la producción de obra.

Rosario: Pero es duro. Porque si te pones a hacer mucho de una cosa, dejas de hacer de otra. En realidad, lo que importa es la investigación. Hagas lo que hagas tienes que reorientarlo hacia ese fin. No hace mucho en el Victoria & Albert se debatía sobre cómo escribir sobre lo que está ocurriendo ahora. Se supone que un comisario tiene que partir de datos ya contrastados y asimilados. Pero, ¿cómo lo hace cuando los datos se están produciendo en el momento? Eso es difícil si tú no eres el que genera esos datos. Una publicación puede ser un vehículo también para generar trabajo. Y eso no es lo que haría un historiador. Vamos por el segundo texto en ese sentido (la publicación Multiplex) y vemos que estamos haciendo que algo se está moviendo, que se genera, que no es un simple “record”, un análisis histórico, sino trabajo en sí mismo.

Antes hicieron referencia a los nativos digitales. ¿Las críticas que vierten en esta muestra pueden hacerlas porque ustedes no lo son? ¿Qué referencia les falta a estas generaciones que viven todo desde lo digital?

Rosario: Puedes teorizar si conoces previamente un contexto. Y con tu experiencia de otros mundos puedes incluso llegar más lejos porque ves las cosas diferentes. Encontramos sin embargo en los jóvenes una obsesión por fisicalizar sus experiencias virtuales. A muchos les dio por convertir en algo físico sus experiencias en Snapchat, cuya naturaleza es efímera en sí misma. Por otro lado, son muchos los que no quieren estar en las redes. La nueva filosofía de muchos es desaparecer de internet. Si el siglo XX fue de arte sobre arte, el XXI es de internet sobre internet… o no estar en internet.

Roberto: La obsesión por fisicalizar de muchos, eso, a nosotros nos sale de forma automática. Lo digital crea analogías que se pueden traducir a otro material desde el que reflexionar sobre lo digital. Buena parte de lo que mostramos en la galería Elba Benítez es de esta naturaleza. Nos interesa mucho la relación entre lo digital y lo analógico, sin excluir nada. Quizás para otros, hacer esa transición es algo más complicado.

Nunca había pensado que la necesidad de lo objetual fuera inherente al ser humano. Que lo de nuestra generación no sea nostalgia del objeto.

Rosario: Es algo muy humano. Eres persona, convives en espacios y te relacionas con otras personas a través de ese marco común y las cosas que hay en él. La vida a través de la pantalla aún es complicada. El objeto da seguridad. Está ahí y podemos valorarlo. Y hablar de él y contrastar las ideas como si de una tercera cosa se tratara. Pero si no hay referente, si no hay objeto, podemos imaginar cada uno esa realidad y pensar que estamos hablando de lo mismo y creer que hemos llegado a algo. Sin embargo, no hay medio que catalizaría la conversación.

Roberto: Un amigo artista israelí, cuando debatíamos sobre cómo hacer un modelo real o digital cogía un papel, lo arrugaba y te instaba a dibujar eso. Es justamente eso: en la inmeditez de hacer algo que puedes examinar desde todas las aristas o generar algo que tienes que estar imaginando y construyendo. No tienes posibilidad de azar, de error, esa parte del material es irremplazable a no ser que tengas un conocimiento digital increíble. Para eso tienes que ser Jodi, gente que lleva haciendo arte digital toda la vida y para los que el código es el material. Cuando eres un simple consumidor, una tablet, un programa informático, es lo más limitado del mundo que existe, porque las herramientas son muy poco flexibles y los resultados muy similares. Vamos a herramientas cada vez más y más cerradas en las que no programas sino que seleccionas. No entiendes entonces lo digital como material. Esa puede que sea otra ventaja de nuestra generación. Henmos estado haciendo unas imágenes con un programa muy viejo que tiene un glitch porque funciona mal, es de 2002. Justo por eso lo usamos. Y muchos amigos muy jóvenes que programan se quedan alucinados con el resultado: “¿Cómo habéis hecho eso?”, preguntan. Si ellos supieran… Realmente es un glitch que has de generar analógicamente, mover la imagen para que se produzca.

Colectivo español afincado en Londres. Ahora llega el Brexit…

Rosario: Roberto es británico de pasaporte

Roberto: Pero por azares de la vida… A nosotros personalmente no nos debería afectar tanto.

Rosario: No sé. Yo soy española…

Roberto: Pero sí que se nota en la actitud de la gente y afecta a las relaciones. Y aunque votaras “remain” (permanecer), se trata de su país, tienes que “make the most of it”, como se dice. Es horrible, pero al tiempo es muy poco el margen de maniobra.

Rosario: Por otro lado, es una reflexión sobre si crees o no en la democracia. Salió por muy poco, y la imagen que se proyecta es que todo el país voto “salir”. Pero si ha salido esta opción, si hubiera salido la contraria te gustaría que los contrarios lo respetaran. Ocurrió lo mismo cuando se votó en Escocia. Lo que hay que intentar es que sea lo menos dañino posible. Y que se sigan respetando los derechos humanos. Querer salir de la UE para no respetarlos como el resto de Europa es terrible.

Roberto: Ahora es inevitable, pero se vendió una idea de realidad que estamos descubriendo que era falsa. Siempre han creído que la UE era otra cosa, que los británicos no estaban ahí, pero las leyes de Bruselas también las hacían sus burócratas y las votaban. Y tenían un derecho de veto que no tienen muchos países. Son realidades que se decide que no existen.

Rosario: Adam Curtis recuerda que los políticos mienten y ellos saben que nosotros sabemos que mienten. Pero nadie hace nada. Todas las campañas se basan en mentiras y en un momento determinado te dicen que estamos hartos de expertos y que hay que votar con el corazón. Y lo mismo se ha visto en EEUU y está por ver qué camino sigue Francia. En política ya no hay respeto. Puedes decir todas las mentiras que quieras. Que todo el dinero que no se pagará a Eurpa acabará en la Seguridad Social. Ellos saben que mienten. Y no puedes juzgarles por eso. Tú como periodista mientes en una noticia y te ponen un pleito. ¿Por qué no se puede hacer lo mismo con un político, que además tiene una hemeroteca detrás?

Roberto: Se repite el patrón de que necesitas a un enemigo detrás: el europeo para el británico, el mexicano para el estadounidense, el magrebí para el francés…

El Último Grito (Foto de José Ramón Ladra)
El Último Grito. “Malfictions”. Galería Elba Benítez. Madrid. C/ San Lorenzo, 11. Http://www.elbabenitez.com/. Hasta el 3 de junio

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