Entrevista a Stephan Balkenhol. CACMálaga

«Mis obras son espejos de madera de nuestro yo frágil y controvertido»

Stephan Balkenhol, un referente de la escultura figurativa en Europa, vuelve a exponer su trabajo, ahora de forma retrospectiva, en España. La cita será en el CACMálaga

Stephan Balkenhol en su estudio

Hace 15 años, el CACMálaga abría sus puertas. Y a su entrada colocaba una escultura monumental de Stephan Balkenhol (Alemania, 1957), la titulada Moving Man 2, que hoy es un icono del centro y de la ciudad. Sin embargo, el artista no había curzado aún ese umbral, al menos con una buena exposición que compilara su obra. Ese momento llega ahora, veinte años después de que otro museo español, el CGAC, le deidcara la primera retrospectiva española. Momento de comparaciones, aunque éstas sean odiosas.

En 2001, el CGAC organizó la primera retrospectiva de su obra en España. ¿Cómo afronta esta segunda revisión de su trabajo en nuestro país, casi 20 años después?
Me sentí muy honrado cuando me invitaron a exponer mi obra en Santiago en aquella época. Y ahora siento lo mismo con el CAC en Málaga. Estoy deseando inaugurar allí. Me interesa ver cómo mi trabajo ha evolucionado a lo largo de los últimos 20 años. El hombre clásico con camisa blanca y pantalones negros, un tema frecuente en mi obra, se ha diferenciado mucho. Al buscar preguntas existenciales de la naturaleza humana sigo obligándome a abandonar los caminos trillados y a descubrir territorios desconocidos. En los últimos años he creado cada vez más obras metafóricas (como Kugelmenschen, Seres esféricos) o paráfrasis (como Hermaphrodita). Y también me planteo el reto de hacer relieves de gran tamaño.

¿Es su escultura realmente figurativa?
Mi obra es figurativa en el sentido de que bebe de la figura y de la realidad humana. Pero no pretendo trabajar de forma naturalista y describir el mundo calcándolo. Mi obra siempre es una interpretación de la realidad. Sin embargo, también se pueden encontrar elementos abstractos en ella.

Se le ha relacionado con el minimalismo por sus orígenes, con el expresionismo por su manera de trabajar la madera… Sin embargo, la Historia del arte irrumpe muchas veces en sus composiciones, como referencias u homenajes. ¿Qué ocurre cuando estas referencias se desconextualizan o se traen al presente?
Mi profesor, Ulrich Rückriem, trabajó al principio de forma figurativa y luego se pasó a la reducción radical y volvió a las formas concretas que no representan nada. Al ser un alumno suyo, en cierta manera copié su estilo cuando empecé mis estudios. Pero, al final, acabé encontrando la figura. Por eso, en cierto modo, seguí su camino en dirección contraria: empecé con el material y luego descubrí la figura. Sin embargo, siempre se encuentran elementos minimalistas o abstractos en mi obra. Trabajo expresivamente en el sentido de que muestro figuras humanas que tienen una expresión. Pero esta expresión siempre es abierta y ambivalente. No es ni una narración, ni el reflejo de un cierto sentimiento hacia el exterior. Es una expresión indiferente que puede provocar varios estados de ánimo, básicamente todos ellos. Nunca trata sobre un mensaje concreto, sino siempre sobre todo el ser. Y ese ser está formado por todos esos estados de ánimo.

Pienso que mis obras son espejos de madera de nuestro yo frágil y controvertido. Son el equivalente de la proyección y de la reflexión. Por tanto, no se puede decir que mi obra sea expresionista, pero, naturalmente, no hay ningún rostro humano sin expresión, aunque su explicitud se reduzca. En todas las épocas, los artistas se han enfrentado a las obras de sus predecesores. Por una parte, sin duda, para entender mejor los matices formales, pero también para resaltar su escritura personal, su propia actitud artística. Mi arte siempre ha sido una búsqueda de los fundamentos, de la esencia de la condición humana en todos sus aspectos. Mi objetivo, a través de la confrontación con el Arte y su Historia, es la apropiación del mundo. Como artista, siempre trabajas también sobre el arte. Hay una inmensidad de obras que los artistas anteriores a ti han creado, y desarrollas más esos enfoques con tus propios medios. Esto se refleja especialmente en las paráfrasis.

Se supone que mis esculturas funcionan con todo tipo de espectador. Para aquellos que no están familiarizados con la Historia del Arte y todas sus diferentes corrientes, con detalles de las épocas antiguas o a lo que me refiera en mi obra. Estas referencias están, en cierta manera, descontextualizadas. Naturalmente, aquellos que conocen todo esto o que se informan pueden ver diferentes cosas. Pero nunca le diría a nadie cómo leer mis obras. Quizás un historiador del arte o un crítico de arte respondería mejor a su pregunta…

Mucho se ha hablado de la influencia en sus inicios de Röckriem, al que ha mencionado, y cómo, de no haberlo conocido, su obra hoy sería otra. Después de tantos años, ¿en qué forma ha «matado al padre»? ¿Qué hace genuina su voz?
Fue un golpe de suerte conocer a Rückriem al principio de mi carrera artística. Con él la pregunta sobre la figura se planteaba de forma clara, ya que él no trabajaba de esta manera. Al mismo tiempo, tenía un muy buen criterio porque había trabajado figurativamente antes. No estoy seguro de si yo trabajaría de esta manera hoy si no lo hubiese conocido en aquella época.

¿Por qué le sigue siendo fiel a la madera como material?
La madera es, en cierta manera, sincera. Refleja mi carácter como artista y mi ritmo de trabajo. El yeso sería demasiado rápido, y la piedra demasiado lenta. Y la madera tampoco dura tanto como el bronce. No se considera demasiado importante. Es un material con el que me siento a gusto, que encaja con mi estilo. Tiene suficiente resistencia y libertad para la clase de trabajo que hago. Descubrí la madera muy pronto. De joven, cogí el tronco de un árbol talado de la cuneta de la carretera y labré algo en el sótano de mis padres. Era una cabeza. Durante los años que estuve en la academia, se daba prioridad a otros materiales como la piedra, el metal o el yeso. A partir de estas diferentes posibilidades aplicadas, tuve claro que la madera era el material más apropiado para mí. No es ni demasiado duro como la piedra, ni demasiado blando como la arcilla. La madera permite un proceso de trabajo directo que, a su vez, da una gran libertad. No tengo que renunciar a las diferentes fases en el proceso de trabajo, y, por tanto, no hay decisiones artísticas. Puedo hacerlo todo yo mismo: cortar la madera, unirla y colorearla.

Al ser escultor, pienso con mis manos. El material determina el ritmo de mis pensamientos. Soy demasiado impaciente para trabajar con la piedra, mientras que la arcilla es demasiado dócil y absorbe cada huella dactilar con mucha facilidad y eso forma una expresión. Aunque parezca que es un trabajo rápido, porque se crea un rostro solo con unos toques, es traicionero por su probable aleatoriedad.

Mencionó la policromía. ¿Por qué no funcionarían sus piezas sin pintura?
Hace 30 años tomé intuitivamente la decisión de dar color a mis esculturas. Me resultaba natural colorearlas. Quería disminuir la importancia del propio material. Se suponía que la figura tenía que ser más importante y parecer más vívida.

Su referente es el ser humano, pero no suele trabajar con escala 1:1. ¿Qué busca en el cambio de dimensiones?
Mi trabajo es sobre la escultura, no sobre el trampantojo. Debe quedar claro que lo que miras es una escultura y no una imitación ilusoria de una persona. Por eso trabajo pocas veces a tamaño real.

Eso hace que quede más claro su tendencia a usar pedestales, que en el pasado cumplían una misión clara.
En primer lugar, eso se debe en parte al tamaño de mis esculturas. En las más pequeñas lo incluyo para subirlas al nivel de la vista del espectador. Dependiendo de la situación, a veces se intensifica la presencia de una escultura cuando está elevada. Sin embargo, los pedestales no tienen una función jerárquica en ningún caso. Normalmente, el pedestal se hace con el mismo tronco y, por tanto, hace referencia al origen del material.

También cultiva la escultura para espacios abiertos. De hecho, una de sus obras preside la entrada del CACMálaga.
Siempre diseño esculturas para lugares públicos y para un sitio concreto porque se supone que tienen que interactuar y comunicarse con su entorno, y por tanto, con el espacio y con el espectador. Por un lado, deberían intrigar al transeúnte, y, por otro, dar la impresión de que siempre han estado allí, como si perteneciesen a ese lugar. La ambigüedad es más emocionante que la sencillez. Así, se motiva al espectador para que active su imaginación. En Málaga, incluso le pusieron un apodo a la escultura.

“Hombre con peces”

Sí, “El dobladito”. Esa obra de Málaga rompe la tendencia al hieratismo y estatismo de sus trabajos. ¿A qué responde esta actitud de sus modelos?
Efectivamente, Moving Man 2 es una excepción. En general, mis esculturas tienen posturas estáticas, pero muy abiertas, que es lo más importante. Por tanto, en cualquier momento podrían empezar a reír, a gritar, a cantar, a saltar… depende del espectador. Se puede entender la escultura como una invitación a moverse, también en sentido figurado.

Dice que no le gusta hacer retratos, que las esculturas no deben representar a nadie en concreto. ¿Son todas sus esculturas de alguna manera Stephan Balkenhol?
Busco los fundamentos, la esencia de la condición humana en todos sus aspectos. Y, bueno, eso empieza forzosamente por mí. Mis obras no son autorretratos, pero, al mismo tiempo, no puedo salir de mi propia piel. También trabajo sin un modelo, y lo que mejor conozco es mi propia fisionomía..

Se dedica a la docencia desde 1992. ¿Qué le gusta transmitir a sus alumnos?
Quiero que sean independientes, abiertos y valientes. Y deberían mantener su curiosidad y seguir ampliando sus horizontes. Quiero esforzarme para sacar lo máximo de ellos y, en el mejor de los casos, que se superen a sí mismos. Para un profesor, es una tarea con bastante responsabilidad que surge de nuevo con cada alumno. No hay un proyecto que se adapte a todo el mundo.

Se le conoce fundamentalmente por su escultura, pero también ha cultivado la fotografía y el dibujo. ¿Qué busca en esas técnicas?
Mis dibujos son bocetos preparatorios y, al mismo tiempo, autónomos. El papel te permite tratar temas que sería imposible abordar de otra manera. Y lo mismo ocurre con la foto. A veces utilizo fotografías para grabarlas en la madera y posteriormente tallar y labrar relieves en ella.

¿Cuáles son sus retos para este 2018?
Además de la exposición del CAC, hay algunos encargos interesantes de obras en espacios públicos que se terminarán, se instalarán y se inaugurarán este año, junto con varias exposiciones en galerías y museos.

Stephan Balkenhol. CACMálaga. Málaga. C/ Alemania, s/n. Comisario:F. Francés. Http://cacmalaga.eu/. Hasta el 22 de abril

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 13 de enero de 2018. Número 1.312

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