Felix Gonzalez-Torres (MACBA)

¿Quién teme a Felix Gonzalez-Torres?

Era la cita con la que el MACBA celebraba su 25 aniversario. Ahora, meses después, su voz, disidente, cobra otras lecturas, de total vigencia

‘Go-go Dancing Platform’

Es curioso cómo un contexto puede transformar plenamente una obra. Esta idea fue incluso un ‘leitmotiv’ de Felix Gonzalez-Torres, a quien consagra una magnífica exposición el MACBA. Para el creador norteamericano de origen cubano (1957-1996) la mirada a un objeto, cualquier objeto, y por ello también el artístico, queda atravesada por nuestra condición sexual, de raza o clase.
Sin ir más lejos, su retrospectiva en Barcelona, la primera en España desde la itinerante del Guggenheim de Nueva York al CGAC hace 25 años (y tras el homenaje, ahora nos damos cuenta que sonrojante, de ARCO en 2020, donde fue ‘concepto invitado’), tenía que haber formado parte en 2020 de los actos del 25 aniversario del MACBA y haberse inaugurado una semana antes de las elecciones estadounidenses en las que hasta las últimas semanas no se cuestionaba la supremacía de Trump. Adquiría con ello una dimensión política que era la que su comisaria, Tanya Barson, quería subrayar del trabajo de Gonzalez-Torres, en la línea del pensamiento del escritor Édouard Glissant, para el que lo estético, como para este artista, es político. Y de ahí el título de la muestra, ‘La política de la relación’, retorciendo uno de sus textos más famosos, ‘La poética de la relación’.

Detalle de la primera sala de la muestra

Ahora, meses después, desactivado Trump, y a punto de coger impulso la cuarta ola de una pandemia mundial, las obras propuestas, más de 40, sin perder su dimensión crítica, invitan más a ser leídas desde los afectos que tanto cultivó Gonzalez-Torres; desde lo viral que suponen las múltiples partes que componen muchas de ellas o el acto mismo de llevarse alguno de esos componentes (un caramelo, un póster, un ejemplar de ‘Passport II’…); desde el acto político que es precisamente hoy tocar o tocarse, o posar los dedos en las cuentas de la cortina de ‘Untitled (Water)’, una pieza que invita a «acceder al espacio de libertad» que representa la instalación justo tras ella: ‘Untitled’ (1991).

Todo es sutil, pero también profundamente poderoso en la obra de Gonzalez-Torres, cuyos títulos sin título (pero sí con apellido), se mantienen en inglés, la lengua original con la que fueron nombrados. Y por eso cobran peso los dos únicos escritos en castellano –‘Untitled. Para un hombre en uniforme’– y en alemán. En este último caso, se trata de ‘Wir erinnern uns ich’ o, en traducción libre, qué fácil es olvidarse del fascismo. Dicho de otro modo: ‘It’s just a matter of time’ –emblema de ARCO’20 y, aquí, en catalán, en el MACBA y en la fachada del Auditori, en la ciudad–; en letras góticas y con los colores asociados al partido nazi alemán. Es solo cuestión de tiempo: olvidar y que se vuelva a repetir…

Cambios sutiles pero poderosos. Como renunciar a las tildes en el nombre, denunciando así la condición de ciudadanos de segunda de los latinos en EE.UU.; o apostar por imágenes más poéticas con las que llevar la queja mucho más lejos que con la confrontación directa. Algo que lo alinea con el conceptual, el minimal, y, en paralelo, con las primeras voces queer.
De ahí los dos relojes como metáfora del amor homosexual (cuya silueta, la curva lemniscata, es además el símbolo del infinito). Dos relojes perfectamente sincronizados cuando comienza su andadura pero que, inevitablemente se desacompasarán en su transitar. Es solo cuestión de tiempo…

«Perfect Lovers»

Esta obra, de título ‘Perfect Lovers’, se incluye sin embargo en el capítulo de la cita de mayor carga política (en ocasiones la comisaría retuerce demasiado pasado y presente, el solapamiento de acontecimientos históricos, lo ‘republicano’ en Barcelona) , en la que sobrevuelan ideas como las de autoridad, fascismo y lucha por los derechos civiles (contra Jessy Helms en los noventa, contra el racismo desde Black Lives Matter hoy). También las de memoria y amnesia, a donde conduce su ausencia. Asimismo, la pieza de los relojes representa el carácter ‘especular’ de muchas de las propuestas de su autor, y adelanta contenidos que veremos en otros apartados. Esto será recurrente en cada sección de la muestra. Pero es que además, tras haberse efectuado el pertiniente cambio de hora en ellos el pasado domingo, aquí en España mantienen el huso horario ‘alemán’ que hace décadas nos autoimpusimos. Poesía…

Retrato de Andrea Rosen en los pasillos del MACBA

En esa lectura pública que Gonzalez-Torres hizo de lo privado, y viceversa, el segundo ámbito de la muestra se ocupa del amor, de ciertos emparejamientos y desdoblamientos, de semejanzas entre iguales o equilibrios previamente intuidos. A ellos llegamos atravesando la cortina azul de gasa de ‘Lover Boy’, que también se exhibe en el Pabellón Mies van der Rohe en Montjuïc: es una de las varias ‘duplicidades’ de obras con la que juega la muestra, y con las que se ‘evita’ tener que ir al MACBA para disfrutar de la misma, mientras se invita a descubrir, como señalábamos al principio, cómo un contexto determina una lectura. Recordemos además que el azul (¿han reparado de qué color suelen ser las mascarillas qurúrgicas con las que ahora transitan muchos entra estas obras?) es sinónimo de belleza en el cubano, pero también de miedo (porque toda ‘posesión’ conlleva el temor a su pérdida). Orfeo, Gertrude Stein, Alice B. Toklas y la poesía condensada en un gráfico dirigen nuestros pasos.

‘Untitled (Water)’ da paso al espacio de libertad de ‘Untitled’ (1991)

Tercera sala, en la que más se carga las tintas con una lectura en clave ‘postcolonialista’ de este autor. También existencialista: las bombillas que aportan luz y esperanza, pero que algún día se fundirán de ‘Last Light’; o el mar de caramelos de ‘Blue Placebo’. Caramelos que, como en otras piezas, sobre todo en la aquí ausente ‘Portrait of Ross in L.A.’, con el peso exacto de su pareja antes de que el sida lo fuera consumiendo, puede llevarse el visitante de la exposición. En la que nos ocupa, Ross está presente en uno de los puzzles (con piezas, por tanto, que también se desmembran y pueden perderse), que en salas anteriores protagonizaban siniestros personajes públicos. Una vez más, lo privado se vuelve público, y la mirada del artista, ahora, se torna cálida.

En la última habitación, los extremos se tocan: machismo versus erotismo (el que ciertos fetichismos asociados al poder provocan). Sin duda, afortunado puede sentirse el que presencie ‘activada’ la pieza ‘Go-go Dancing Platform’, en la que un bailarín que se presenta sin previo aviso baila durante cinco minutos y en el tramo horario que él prefiere la música que solo él escucha desde sus auriculares. La propuesta es asimismo una lectura crítica de la idea de ‘monumento’ y se relaciona con la versatilidad de muchas de las obras de Gonzalez-Torres de no ofrecer una forma única. Las más evidentes, sus pilas de pósters, pero en este ámbito se incluyen otras como sus ‘retratos’, los cuales se conforman con términos y fechas asociadas a su ‘modelo’ y cuyo propietario adquiere el derecho a cambiarlos a su gusto. El de Andrea Rosen, ahora en el pasillo del museo, se nutre con conceptos asociados a nuestro país (Guernica u Ocaña), mientras empieza a completar una segunda línea con la vacuna coronavírica y el nombre de Sarah Everard, una de las últimas víctimas mortales del machismo contra el que, a su modo, luchó el americano.

‘Untitled (Para un hombre en uniforme)’

¿Quién teme a Felix Gonzalez-Torres? Su mensaje, personal, político, es un canto a la libertad. Su conceptualismo, poético. Su vigencia, inapelable. Su propuesta en Barcelona, en el museo o en puntos estratégicos de la ciudad (atiendan a la fachada o la rambla del Raval), imprescindible. Amémoslo, aunque no podamos poseerlo. 

‘Untitled (Loverboy)’ en el Pabellón Mies
Felix Gonzalez-Torres. «Política de la relación». MACBA. Barcelona. Plaza dels Àngels, s/n. Comisaria: Tanya Barson. Colaboran: Auditorio de Barcelona y Fundación Mies. Hasta el 12 de septiembre

Texto publicado en ABC Cultural el 2 de abril de 2021. Número 1.465

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