Jan Matthews y María Chaves. «Courant» (F. de Arte y Desarrollo)

De puente a puente, porque me lleva la corriente

Texto de la exposición «Courant», que Jan Matthews y María Chaves celebran en Factoría de Arte y Desarrollo desde el 10 de septiembre de 2020, con el que otorgan una segunda oportunidad a un proyecto anterior mientras constatan el fracaso al que está abocado reconstruir un recuerdo, aunque sea compartido

Confieso que, en un primer momento, me planteé escribir este texto de memoria. Al fin y al cabo, el proyecto de Jan Matthews (Madrid, 1989) y María Chaves (Aranjuez, 1992) al que hace referencia versa precisamente sobre eso, sobre la memoria.

Courant, su título, nace del deseo de analizar cómo gestionamos nuestros propios recuerdos. Para ello, ambos artistas partían de uno concreto, el de Jan de cómo aprendió a volar una cometa con su padre, al que se suma más tarde la investigación de María de ciertos lugares cercanos propios de su infancia, lo que se une a su vez a su forma habitual de trabajar, que ya de por sí tiene como punto de partida anclajes muy difusos que abarcan un montón de contenidos e información.

En el fondo, hay un gran paralelismo entre la forma en la que ella concreta sus dibujos y el modo en la que él intenta recuperar una imagen que se desvanece en su memoria.  “¿Cómo se estructura un recuerdo?”, se plantea María. “¿Sobre qué supuestas certezas o evidencias desplegamos la rememoración?”, se expresa Jan. Y “¿cómo llenamos los vacíos? ¿Qué hay de invención en todo eso?”. A esto en particular intentan responder en conjunto.

Detalle de «Kite Memory»

En definitiva, lo que ambos creadores se proponen en Courant es constatar cómo, con mayor o menor habilidad, se puede recuperar un recuerdo, cuando es un hecho constatado la imposibilidad de que la experiencia del mismo en el presente sea idéntica. Ello obliga a readecuarlo.

Jan siempre había partido o parte de anécdotas en su trabajo. Si ahora es esta concreta la que da pie a todo y no otra es porque este es un recuerdo que guarda con cariño. Él aprendió a volar la cometa en una zona de Normandía en la que sus abuelos paternos remozaron una granja a la que estos acudían de manera intermitente. Hace dos que la joven pareja no ha podido volver allí, lo que ha hecho que ese lugar esté cada vez más presente en su imaginación. Hay que tener en cuenta que ambos son muy jóvenes, que su vida, hasta que se encontraron, se ha desarrollado en contextos distintos, y que los recuerdos de infancia del uno en nada se asemejan a los de la otra. Francia es posiblemente el primer nexo en común entre ambos. También las cometas.

Allí dirigieron sus pasos durante un mes poco después de conocerse. Quizás una de las primeras conversaciones que mantuvieron ya incorporó este elemento volador. María jamás había jugado con algo similar, de forma que la idea de volar una, de que él le enseñara a hacerlo, se convertía en un posible proyecto común. De esta manera, existía ya un motivo para traer el recuerdo al presente, condenado al fracaso, desde luego, al no ser los protagonistas los mismos, como no lo sería el contexto o el entorno. De hecho, el nuevo punto de partida sería cómo Jan enseña a María a volar una cometa (y no cómo el padre de Jan le enseñó en el pasado a él a volarla), de forma que el recuerdo prevalente sería el de esta nueva acción.

Detalle de «Hacia la tierra prometida» (2018), dibujo de María Chaves

Para concretar todo esto en un proyecto artístico, ambos creadores recurrirían a trabajar con los lugares, los entornos que no son compartidos pero cuyo valor emocional, comparado, sería similar, aunque eso no se pueda medir. De ahí que, si nos acercamos a los detalles, en los dibujos de María es posible que topemos con parques de columpios similares a aquellos en los que ella pasaba el rato de niña cerca de casa. Desenterrando desde la imaginación espacios que generaban “buenas sensaciones”, a ambos miembros de la pareja se le posibilitaba dialogar entre ellos mismos. El hecho de no compartirlos, paradójicamente, resultó positivo, pues facilitaba ponerlos en relación y volverlos comunes. No se descartaba, de hecho, la posibilidad de “inventar” momentos: era preciso material para rellenar los huecos. Por eso la cometa aparece en los paisajes de María, lo que técnicamente resultaba imposible. ¿El resultado? Dibujos muy volátiles, muy inconsistentes, que en su levedad, envuelven y atrapan. Hay que recorrerlos con atención y servirse de sus partes más definidas para componer una idea general de lo difuso.

Porque además, la muestra que proponemos en Factoría de Arte y Desarrollo es como una nueva vuelta de tuerca a todo este experimento. Es asimismo la rememoración de una exposición anterior, que se trae también al momento actual y que se completa con los avances de ambos artistas: Una muestra en Algeciras que traía a su presente, el de hace dos años, todos estos recuerdos y todos estos conceptos. Jan trabajaba en ella de una forma más concreta con el recuerdo original, que recuperaba a su yo como adulto con herramientas que le son propias, como el dibujo o el videojuego; e, incluso, con la construcción de sus propias cometas, en definitiva, nuevas esculturas o dibujos tridimensionales.

«Huellas de un vuelo fallido», de Jan Matthews

Curiosamente, y volviendo al videojuego, por la generación a la que ambos artistas pertenecen, determinados sonidos urbanos les retrotraen a escenas de clásicos de esta disciplina, como el Golden Sun 2 de la Game Boy Advance  o el Azure Dreams de la versión en color. Este tipo de sinestesias es algo que sí que comparten y que potencian en el proyecto. Un medio que, por ser tan sensitivo (precisa de la vista, del oído, del tacto…), ayuda a rememorar recuerdos como si fueran reales. A ello se suma que, en su infancia, los videojuegos eran “portátiles” (lo eran sus consolas), de forma que ellos, de una manera natural, atribuyen a un determinado espacio -aquel en el que jugaban con ellos- unos determinados recuerdos que no son en absoluto reales, pero que nacieron de la interacción con estos juegos digitales.

Para Jan, el videojuego se convirtió en un catalizador indispensable para traer, de la manera más fiel posible -mejor incluso que el vídeo, cuyas imágenes serían siempre falsas, pues no serían los mismos actores, como no serían los mismos entornos: todo cambia, nada permanece- el recuerdo en persona. Y el videojuego que entraba en esa ocasión en la sala de Algeciras homenajeaba al artista con su padre en un trigal sosteniendo la cometa e invitándonos a volarla con ellos.

Posiblemente, el trabajo de María, paralelamente, se centró más en el proceso de concreción de un recuerdo, y no tanto en evocar un recuerdo que no era el suyo. Justamente por eso se anexionaban y dialogaban tan bien. No en vano, el cruce de referencias no se detiene, y el dibujo de ella se nutre de una manera natural del imaginario del videojuego. Ambos artistas impulsan algo ante la constatación de un estado de ánimo universal: la sensación de cualquier individuo de que el tiempo pasa, corre en nuestra contra, pero uno sigue siendo la misma persona desde la infancia, con la diferencia de que ahora toca pagar recibos de la luz y hasta alquileres o hipotecas. Es posible que ambos hagan ahora lo mismo que hacían hace diez años, solo que ahora han desarrollado unas habilidades: saben dibujar, saben “animar”…

Detalle de «Courant IX», de María Chaves

En el caso de Jan, su dibujo siempre se ha caracterizado por el detalle. Dennis Oppenheim ya planteó que toda documentación de la obra es obra en tanto que sitúa a su autor en un espacio mental muy apto para la reflexión, por el ejercicio de abstracción que conlleva. Esto es algo que el joven madrileño lleva a rajatabla a la hora de trabajar, pues la precisión por ser fiel a la realidad mientras ejecuta sus trazos le exige un nivel de concentración agotador, y es lo que le conduce a discernir sobre “qué es lo que pasa” en el interior del dibujo (que es un calco de la realidad). En el caso del de María, hubo un cambio de chip evidente, del lleno al vacío, ante la inexistencia del referente original o propio. Lo suyo requería entonces mucho más de pensamiento que de técnica. Buceó para ello en su infancia, sin contar con referencias externas -en otras ocasiones, ha tirado de su particular banco de imágenes- para no contaminar el ensayo. A ella le tocó trabajar desde la nada. Por ello, sus resultados no son tan “visuales”. Courant significa corriente, y a lo que invita la artista es a que el espectador se introduzca en su propia “corriente de pensamiento”.

En esa primera exposición andaluza se incluía un vídeo, resultado de documentar la acción de Jan de enseñar a María a volar una cometa. Ello se realizó en dos entornos distintos: uno, Aranjuez, donde ambos artistas comparten muchos recuerdos en común (ella nació allí, allí estudiaron y allí se conocieron); otro, Algeciras, escenario de la muestra.

«Memory break. Maderas», de Jan Matthews

Desde el comienzo, ambos sabían que aquello era la documentación de un fracaso, como es un fracaso probar a recuperar con fidelidad un recuerdo del pasado. Pero aún así no cejaron en ello. Intentaron volar dos cometas, de dos maneras distintas, y ninguna de las dos alcanzó el cielo. Pero un éxito salía de una imposibilidad desde el momento en el que la acción se convierte en un aprendizaje: tomar conciencia de las pautas que se deben descartar porque no son las válidas o correctas.

El recuerdo remozado se transforma en realidad de un segundo momento, análogo del anterior, y base de todo lo nuevo, que es lo que finalmente presentan ahora en Madrid. Por ejemplo, el vídeo pasa a convertirse en Factoría en otro videojuego (“Me cuesta mucho recordarme a mí corriendo por esa playa -admite Jan-. De hecho, mi recuerdo ahora mismo de esa acción, por estar tan concentrado en ella, es un vídeo”.). Y en Algeciras, en esa playa que dio pie a la grabación, fueron recogiendo elementos (palos, ramas…), para hacer nuevas cometas, que ahora son algunos de los modelos de los ultimísimos dibujos de Jan. Las originales, las romboidales chinas, se hacían con bambú, un material a disposición de los jóvenes en esa playa gaditana, traído por la marea. Una nueva “corriente”…

Dibujo de María Chaves de la serie «Courant»

Otro videojuego inédito integra también el conjunto madrileño, resultado del recuerdo de querer volver a volar la cometa en la playa (y ya no en el trigal). Ambos son muy parecidos, solo que este último es ya de manera evidente la crónica de un fracaso. Y los dos se proyectan usando una cometa como pantalla. Una cometa que también se reconstruye en el presente sin recordar a ciencia cierta las medidas o materiales de la original. Por su parte, María se deja llevar todavía más, se envuelve en la corriente, y da pie a novedosos dibujos más llenos, con más presencia; más grandes, lo que le permite ser “más ella”. Así, ambos universos convergen en una “doble obra” en la que sus dos creadores parten del mismo material, el mismo tipo de papel, con el mismo formato, que es en el que Jan realiza la catalogación de los elementos necesarios para hacer la nueva cometa, y en el que ella recrea y amplifica dibujos anteriores.

Una de las primeras cometas utilizada lo era de caja, eso es, con dos partes, con un cuerpo de papel superior, y un cuerpo de papel inferior. Ambas estructuras, después de volarla, quedaron afectadas por rasgones, restregones y roturas. La inferior, al desmontarla, se rompió en tres trozos. Los accidentes de los mismos dieron pie a los dibujos más antiguos de Jan en la exposición primigenia: sus daños, la oxidación del celo, las manchas, las humedades, se calcan milimétricamente en un soporte idéntico de papel al de la cometa original. María, por su parte, se encargaría de intervenir la parte superior, algo que hizo en el mismo espacio de Algeciras.

«Memory break. Papeles», de Jan Matthews

Su proceso de ejecución -y eso es algo que queda patente en las nuevas obras- opera igual que cuando comenzamos a aprender algo: muy cuidadoso y con muchos miedos cuando arrancamos; con mayores licencias y dando pie a una mayor libertad cuando nos sentimos seguros. El elemento lúdico de todo ello culmina en unos pequeños dibujos de Jan de manta-rayas, que asemejan cometas, pero que saltan por pura diversión, frente a las branquias de los tiburones, también reproducidas por el artista, y para los que salir del agua es una necesidad para respirar y no morir. Poéticas en la analogía del movimiento. Jugar frente a sobrevivir, ejecutando casi la misma coreografía. Otro tipo de “recolección” por parte del artista.

En definitiva, conocer una gramática permite truncar sus reglas. Aunque lo más difuso sea más real que lo más concreto, puro ejercicio de estilo. Dejarse llevar por la corriente… Dejarse llevar por los trazos de María Chaves y de Jan Mattherws.

María Chaves y Jan Matthews. «Courant». Factoría de Arte y Desarrollo. Madrid. C/ Valverde, 23. Del 10 de septiembre al 12 de octubre. Comisario: Javier Díaz-Guardiola

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