Jiri Dokoupil. «La rebelión contra el conceptualismo» (La Casa Encendida)

«He pintado con humo, con leche, con jabón. ¿qué material se me resiste? ¡El óleo!»

El enigmático Jiri Dokoupil se «rebela contra el conceptualismo» atrincherado en La Casa Encendida de Madrid. Pintura sin estilo, pero aferrada al uso de los materiales más varipintos

Ha trabajado con cientos de materiales (del humo al jabón) para no encasillarse en un estilo. Su oposición al arte conceptual le llevó a poner el acento en la materia. Y con esa filosofía titula su entrada en La Casa Encendida, algo muy punk para un creador tan prolífico: dos salas, ocho cuadros. Cada uno con una técnica. ¿Cuál de ellos es el verdadero Jiri Doukupil (1954), que ni siquiera se considera pintor?

Nació en la República Checa…

No. Yo nací en Checoslovaquia. Soy checoslovaco. Mi padre sí que era checo, mi madre eslovaca, por lo que sí que puedo decir que soy una buena combinación de ambas realidades.

Se nacionaliza alemán…

Tampoco. Es cierto que pasé largas temporadas en Alemania como expatriado, solicitando asilo político. Y cuando cayó el Muro de Berlín solicité el pasaporte checo. Es curioso, porque sí que es cierto que toda mi familia se nacionalizó alemana: lo son mi hermana y mi hermano. Mi padre y mi madre murieron como tales. Pero yo no.

En realidad yo le quería preguntar por su vinculación con nuestra cultura. Habla muy bien español…

Tengo un hijo que vive aquí. Yo vivo entre Praga y Berlín, mayoritariamente; también Río de Janeiro y Bulgaria, pero aquí vengo mucho para estar con él. También tengo grandes amigos en España. Pero es cierto que no paso largas temporadas.

Una de las obras con pompas de jabón del pintor

¿Cómo empezó su relación con nuestro país? Hoy por hoy, tiene incluso galería española, la de Juana de Aizpuru.

Empezó con un viaje a Canarias que pasó por Madrid. En cuanto puse un pie en su aeropuerto, me enamoré de la ciudad. Eso debió de ser 1983. Todavía se sentía la Movida y la celebración de la muerte de Franco. Todo el mundo estaba en la calle todo el rato. Fue algo muy energético, increíble. Y aprendí la lengua poco a poco. Hay días que lo hablo mejor, otros que me cuesta algo más. Praga es bonita. El único problema son los checos.

Ahora hay más turistas que checos.

Mucho más, desde luego.

Aquí se le han dedicado ya importantes exposiciones, como la del Palacio de Velázquez de 2000 o la del CAAM en 2003. Y el primer cuadro con humo, si no me falla también ese dato, lo pintó en 1988 en Madrid.

Eso sí que es verdad, aunque la investigación en torno a esa técnica comenzó en Canarias. Entonces yo quería convertirme en un pintor impresionista, por considerar el impresionismo como la postura más radical contra el conceptual. Entonces yo también lo era. Pero uno de mis profesores, Hans Haacke, no puedo decir que odiara la pintura pero sí que era muy escéptico con ella, como todos los artistas conceptuales. Mi intención fue un fracaso total, pero dio pie a que me replanteara buscar un nuevo know-how pictórico. Y por eso me planteé pintar con humo, sin saber por entonces que alguno anteriormente ya lo había hecho. Eso me convertía en un nuevo artista conceptual que trabajaba con pintura.

Es posible que esos trabajos con humo sea por los que más se le conoce. ¿Para usted son tan importantes en su trayectoria?

He llegado a realizar hasta 150 grupos o familias de trabajos, que no series. Cada uno es muy importante para mí porque los concibo como sistemas matemáticos. Cuando trabajo con una técnica, es preciso que así sea para poder llegar a esta otra. No puedo decir que cada uno mejore al anterior, pero sí que son un paso previo básico. Estoy convencido de que el artista tiene que tocar la materia, ha de tener la experiencia de la materia, porque solo de eso surgen nuevas ideas. Cualquier pequeño experimento realizado en casa, que permanece ahí años y años, puede dar pie a algo grande, como los trabajos con espuma.

La muestra de La Casa Encendida se llama “La rebelión contra el conceptualismo”. En realidad, como ha explicado, esa fue la premisa o la idea que en su día le llevó a ser artista. ¿Vivimos hoy todavía bajo la dictadura del conceptualismo en arte?

Totalmente. La mayor parte de los artistas, gente cultivada, es víctima del conceptual duchampiano. Están aún obsesionados con el ready made y la actitud duchampiana, así como con el conceptual americano de los sesenta. ¿No es Andy Warhol otro artista conceptual? Para mí lo es.

La película «Goldfinger» condensada fotograba a fotograba por Dokoupil

Estamos hablando de formas de hacer de hace más de cien años…

Pero es que si uno empieza a analizar la Historia desde esa perspectiva, deberíamos no olvidarnos de los impresionistas. Para mí son los primeros conceptuales. Ellos reaccionaban contra el academicismo, pero asimismo, al hacerlo, se convirtieron en “máquinas de pintar”. Yo miro un renoir o un monet y me da esa sensación. En el fondo, eso es muy conceptual.

¿Y cuál es la receta que propone, base, entiendo, de esta exposición?

La rebelión contra el conceptualismo supuso mi nacimiento como artista. Cada artista ofrece siempre una promesa moral con su trabajo. Los conceptuales buscaban presentar “la idea” que subyace a su propuesta de la forma más pura, pero, con el tiempo, se volvieron puros envoltorios repetitivos y vacíos, puro formalismo, que, al venderse al mercado, dio pie a obras de arte como puras mercancías. El aburriemiento, el humor, se convirtieron para mí en buenas palancas para oponerme a todo eso. Entonces pensé: ¿Qué ocurriría si cojo unas maderas, si pongo una tela sobre esas maderas y cubro su superficie con pintura? ¿Es eso un cuadro o una especie de performance, de instalación? Porque eso ya existía, es la Historia misma del arte, y lo llaman pintura. Para mí fue el nacimiento de una nueva mirada a la pintura, en mi opinión, postconceptual. Era asumir el conservadurismo de la pintura desde una perspectiva muy punk. Cuando yo empecé a pintar, los pintores de mi época eran considerados un poco “tontos”. ¿Por qué no partir de esa posición?

Mencionó a Hans Haacke: “Con él aprendí que cada obra de arte requiere de su propia solución formal”. Eso es lo que justifica su oposición a la idea de estilo. ¿Considera a día de hoy no tener un estilo propio?

Antes tú mismo comentabas que probablemente mis obras más conocidas son las realizadas con humo, pero en los últimos diez años me identifican con las burbujas de jabón. Si sigo con ellas es porque lo considero un trabajo absurdo, el más absurdo que puedo hacer. De momento. Y de ahí surge un estilo. Para mí, la tecnología que utilizas genera siempre un estilo visual, único, que no se puede ejecutar de otra manera. Hoy por hoy, soy el único en el mundo que domina esa técnica, la de pintar con pompas. ¡Eso no está nada mal! No está nada mal que entres en un museo en cualquier parte del mundo, veas un cuadro hecho con pompas de jabón y sepas que es mío porque no se parece a nada más. Hoy por hoy, creo que soy un artista de la pintura con burbujas. Ese es mi estilo.

¿Cómo se han planteado comisario y artista esta muestra?

Su título es de Christian Domínguez. Su selección es soberbia y es muy “él”, que es como decir que es “muy yo” porque nadie conoce mi obra como él. Es además muy crítico conmigo. Nos conocemos desde hace 40 años, y la selección de las obras ha sido todo un diálogo…

Una de las obras de Dokoupil en La Casa Encendida

Lo que vemos aquí es una pieza de algunos de sus periodos. ¿Por qué estos?

La idea es hacer un resumen muy concentrado de una trayectoria tan dilatada. Dos salas, ocho cuadros. Y cada cuadro, de una familia específica. Creo que funciona. Porque su apariencia es totalmente diferente pero el espíritu es muy parecido. Pintar  un hipopótamo, y luego hacer un cuadro con espuma es en ambos casos algo muy punk. Parece pintura convencional en todos los casos, pero no lo es, entre otras cosas, porque yo no sé pintar. Pero me adapto. Tengo ojo. Tengo ideas e intento desarrollarlas lo mejor posible.

Lo que sí que puede pensar el espectador es que es usted un artista de escalas monumentales.

Aquí es intencionado. Tengo formatos más pequeños, pero al seleccionar solo una obra de cada conjunto, queríamos que fueran un buen resumen de todos ellos. En una gran superficie puedes demostrar muchas soluciones, como si lo hicieras en 20 cuadros de una misma serie. Creo que mi cuadro más grande narraba la Historia del Universo. Era un políptico. Aquí se encuentra el segundo más grande, con todos los fotogramas de la película Goldfinger.

Podríamos pensar, que el artista que no tiene estilo es más libre. Pero, leyendo su entrevista con el comisario, se llega a la conclusión de que “libertad” y “artista” son términos incompatibles: Llama a los artistas “cerdos materialistas”. ¿Es usted consciente de la parte que le toca?

A lo que me refiero es que la única liberación a la que puede optar el ser humano es la de la materia. Conseguir flotar en el universo. Pero eso para un artista es doblemente imposible porque trabaja siempre con materiales. Incluso los más conceptuales. Hasta los minimalistas precisaban siempre de algo. Quizás, en el ámbito artístico, yo soy más libre que otros porque he aprendido a no depender de un único material. Lo mismo mañana me da por hacer un par de cuadros con mermelada…

¿Se lo ha planteado?

De hecho, ya he hecho un par de cuadros así.

Le noto pesimista en esa conversación. Defiende la necesidad del individuo de ser independiente de cualquier grupo, colectivo o institución, pero reconoce que eso es imposible.

Más que imposible, es que es una postura muy idealista. Cuando era joven, mi educación en el colegio fue totalmente marxista. Todavía hoy creo en el marxismo, pero como un idealismo que nunca podrá funcionar porque, como humanos, somos muy diferentes los unos de los otros. Incluso hoy en día, los artistas se implican con la política, cuando a lo que debe optar un artista es a ser independiente de todo, incluso de esto. Si me pregunta por mi ideología, le diría que sería no vincularme a ninguna.

¿Es un artista -o ciudadano- utópico o pesimista?

Más utópico. Pesimista, no. ¿Tú crees que mis cuadros son pesimistas? No sé si decir que son alegres, pero el uso de los colores es evidente.

En 1989 ya sufrió una primera crisis gorda. Entonces se preguntaba: “¿Está el mundo realmente tan loco o en verdad es bastante aburrido?”. El de 2020, ¿le da alguna respuesta?

El problema que tenemos hoy es que cada vez es más fácil descubrir que hay más opiniones sobre un mismo asunto. Y no hemos aprendido del todo a admitirlo. Antes no es que no las hubiera, es que o no había los canales para manifestarlas o directamente no te dejaban. Hoy puedes decir “rojo” y a los tres minutos alguien te recuerda que también existe el verde, el amarillo o el azul. O el rojo oscuro. Tenemos que aprender a vivir con esto. Significa asumir a las minorías. No es fácil, pero también creo que es una cuestión generacional.

Leche, humo, jabón, el trabajo bajo el efecto de las drogas… ¿Se le ha resistido alguna técnica o material?

¡El óleo! Sin duda.

¿Cómo sabe cuándo tiene que cambiar de material o técnica?

Mi padre era inventor. Yo siempre he estado muy cerca de sus inventos y sus patentes. Mi referente no era tanto Picasso como Edison. Y creo que en el mundo del arte, los grandes avances han estado siempre conectados con lo formal, con el surgimiento de nuevas tecnologías. Da Vinci estaba pintando como los ángeles con 18 años pero usando la témpera. Pero sin los hermanos Van Eyck en el norte, con su aportación del óleo, nunca habría pasado de un virtuoso más de la témpera. Toda tecnología da pie a una estética. La Gioconda no sería lo mismo con témpera. Lo que yo persigo es buscar nuevas tecnologías que me faciliten nuevas estéticas. Así de sencillo.

El arte, ¿ha de ser provocativo por naturaleza?

No debería. El arte es provocativo cuando lo definimos como tal.

Lo cierto, es que las redes sociales, la sociedad hiperpolíticamente correcta en la que vivimos hoy nos demuestran que provocar es facilísimo.

Por eso yo creo que los artistas somos unos privilegiados. Y deberíamos aprender a usar este poder o capacidad de influencia.

¿Con qué está experimentando ahora?

La pintura con el jabón me tiene aún ocupado. Creo que es una técnica compleja y que da pie a muchísimas posibilidades.

A eso se le llama generar un estilo, como bien decía.

¡Es que no dejo de descubrir cosas nuevas! Cada día. Además trabajo solo, y no tengo a nadie que me influya. Me inspiro a mí mismo.

Jiri Dokoupil en La Casa Encendida (Foto: José Ramón Ladra)
Jiri Dokoupil. «La rebelión contra el conceptualismo». La Casa Encendida. Madrid. Ronda de Valencia, 2. Comisario: Christian Domínguez. Hasta el 12 de abril

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 8 de febrero de 2020. Nº 1.411

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