Jose Antonio Vallejo, artista del primer “Journal” de “ManoloZine”

Aprender a pedir perdón

(English below)

Por Javier Díaz-Guardiola*

La revista “ManoloZine”, de Manel Ortega, dedicada a la fotografía de retrato masculino, ha puesto en marcha con su segundo número la separata “El Journal”: Una publicación exenta destinada a mostrar el trabajo de artistas que comulgan con los gustos estéticos de la publicación. José Antonio Vallejo lo estrena. Este es el texto de presentación que explica su labor

“Llamadas”, de José Antonio Vallejo

No hace mucho, quizás algunas semanas, el artista José Antonio Vallejo Serrano (Madrid, 1984) publicaba en su Facebook la fotografía de un muñeco de peluche. Un muñeco “vivo”, en el sentido de que se apreciaba en su desgaste, en su desteñido color, en sus imperfecciones, que había sido un juguete “trasteado”, un cómplice de fatigas en el que se habían invertido muchas horas de compañía.

Con esa instantánea y desde la figura de su protagonista, su dueño daba las gracias y se daba las gracias por haberlo encontrado, porque él fue, desde luego, el comienzo de su inspiración, el punto de partida: “Os deseo a todos –escribía- un maravilloso lugar feliz donde poder jugar y ser quienes queráis y cuando queráis”. Sin lugar a dudas, ese pequeño compañero de trapo había sido para él el refugio mágico desde el que todo partió.

Dice Vallejo Serrano que la infancia es un periodo de su vida que recuerda con cariño… A pesar de que, “como niño homosexual, no fue sencillo”. Parece que ahora hemos inventado la pólvora, que descubrimos comportamientos que llevan décadas produciéndose y hasta les buscamos nombres raros –la sociedad actual llama “bullying” a lo que toda la vida fue “acoso escolar” y extraescolar; que el asunto, y sin necesidad de redes sociales, tampoco se quedaba tan sólo entonces en las aulas-, quizás en un deseo de empatizar “científicamente” con el que lo padece.

“La persecución”, dibujo de José Antonio Vallejo Serrano

En el caso del creador madrileño, esa persecución a la que fue sometido por diferente, por no cumplir con el patrón esperado, generó en él un mundo interior sorprendente. Vallejo podía haber optado por continuar la cadena: convertirse en otro ser despreciable que encontrara a un sujeto aún más desvalido que él sobre el que volcar su ira. O haberse rebelado a través de la violencia o la destrucción, contra sus perseguidores, contra el sistema o contra él mismo. Enfadarse con el mundo, vamos. Pero no. Él prefirió canalizar todo aquello, estructurarlo y dar pie a un ámbito creativo en el que los juegos de construcción y los libros se establecieron como sólidos ladrillos con los que levantar una pared. Barreras con las que superar barreras.

“Aún hoy me sorprendo de la capacidad que tuve para no dejarme vencer utilizando sobre todo el sentido del humor. Creo que cierta agudeza en el lenguaje fue el escudo perfecto, los dobles sentidos y los juegos de palabras son profundamente evocadores, también artísticamente”. Porque ese desprecio, ese odio, ese insulto germinó en forma de proyecto creativo, de trabajo artístico; un universo (el que arranca con la serie “Mi juguete favorito”, proyecto fin de máster) que poco a poco comenzó a poblarse de tres personajes básicos (la marioneta, el oso de peluche y el muñeco hinchable) y a teñirse de ciertos colores (el rosa, como no podía ser de otra manera, transformando la acusación en orgullo; el naranja de los fuegos, el negro de las sombras), dando pie a un lenguaje plástico desde el que analizarse, buscar respuestas y filtrarlas a través de pautas muy cercanas a las del niño.

En el discurso de Vallejo Serrano no hay linealidad. Tampoco en la expresividad de un menor. El relato fragmentado se ofrece al espectador para que este lo haga propio y se pueda identificar con él. El artista habla de pequeñas historias a modo de “mitos” en las que, casi siempre partiendo del dibujo, pero alcanzando otras disciplinas (la escultura o la performance, por ejemplo), el otro (el igual o el diferente) pueda asumir como universal la pequeña historia que se le pone a su alcance.

Con el tiempo, nuestro protagonista ha encontrando en la docencia otro camino desde el que seguir tratando con los menores, aprender de ellos y mimetizarse con sus actitudes y respuestas. En definitiva, conseguir mirar con los ojos de un niño. Y así, mientras su trabajo artístico ha podido verse en espacios como Factoría de Arte y Desarrollo, la galería Espacio 8, ferias como Cuarto Público, Room Art Fair o el festival Hybrid
-de la mano de Veo Arte en todas pArtes– o el estand de ABC Cultural en ARCO’17, Vallejo se ha servido de su labor como profesor para mostrar el arte sin prejuicios, mientras publicaba su primer libro infantil con la editorial Ofegabous.

“My own Wonderland 02”

Confiesa el madrileño que el díptico “My Own Wonderland”, que forma parte de la selección de trabajos que ahora contemplan en este primer dossier de la revista MANOLO ZINE dedicado a creadores a los que merece seguir la pista, fue un punto de inflexión en su labor. En concreto, la primera vez que los tres personajes que habían protagonizado hasta ese momento sus puestas en escena (¿se han dado cuenta de que el hombre hinchable es tan calvo como Vallejo?), se encontraban. Y descubrían, pese a sus diferencias, que no eran tan distintos.

Esa identificación “en el otro” ayudó a su autor a desatarse de su propio pasado, a no estar tan pendiente por remitir a situaciones personales particulares, sino comenzar a construir una historia alternativa, aquella que, por méritos propios, se habían ganado sus compañeros de fatigas. Muy probablemente, aquel proceso por el que el artista intentó autoexplorarse y crear un mundo más a su medida llegó a su fin. A partir de ahora, se derriban las paredes de cristal y el paisaje se hace inabarcable con solo una mirada, lleno de posibilidades. Nunca antes la capacidad para perdonar fue tan fructífera. Y nosotros, como hacía Vallejo con su peluche en las redes sociales, no podemos más que darle las gracias. A él y a su muñeco de trapo.

Número del Manolozine con el Journal dedicado a José Antonio Vallejo Serrano

*Javier Díaz-Guardiola es periodista, crítico y comisario de exposiciones. En la actualidad es responsable de la sección de arte, arquitectura y diseño de ABC Cultural y redactor-jefe de ABC de ARCO

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Learning to say sorry

Javier Díaz-Guardiola*

“Escúchame”, by José Antonio Vallejo Serrano

Not so long ago, probably just a few weeks, the artist José Antonio Vallejo Serrano (Madrid, 1984) posted a photograph of a teddy bear on his Facebook page. You could see it was a “living” toy because of its age, its faded colour and its imperfections. It has evidently been “well loved” through their many hours of companionship, through long journeys, full of care. With the image its owner is thanking the bear, and thanking himself for having found it. It represents the beginning of his inspiration, the starting point. “I wish for all –he writes– a wonderful happy place to play and be yourselves whenever you want to”. Obviously, that little ragdoll companion was to him that magical refuge where everything started.

Vallejo Serrano tells us that childhood is a part in his life that he remembers fondly…. despite the fact that “as a homosexual boy it was tough”. We behave today as if we had invented something new, as if we had discovered these behaviours that have actually been around for decades. Today, what Spanish society now calls ‘bullying’, used to be harassment, both in and outside of school. The problem, and with no need for social networks, never stayed solely in the classroom, perhaps that is only a desire to empathize “scientifically” with those who suffer from it.

“Banderines”

For the Spanish artist, the persecution he suffered for being different, for not fulfilling all expected standards, generated an amazing inner world. Vallejo could have opted to continue the chain: he could have become another despicable being and found someone even more helpless than himself on whom he could project his anger. He could have rebelled through violence or destruction, against his bullies or against the system. He could have got angry with the world, but he did not. He preferred to channel and give structure to his energy, transferring it to create games and books, which were the foundations and bricks he used to erect a wall. Barriers to overcome other barriers.

“I am still amazed about how I managed not to give up, using my sense of humour. I think that a certain sharpness in language was the perfect shield, double entendres and wordplays are deeply evocative and artistic too”. The contempt, the hate, the insults harvested a creative project, an artistic work; a universe (the one starting with the series “My favourite toy”, a project for his Masters) that was slowly populated by three main characters (the puppet, the teddy bear and the inflatable doll) and painted with certain colours (pink, it couldn’t be otherwise, transforming accusation into pride; the orange of fire, the black of the shadows), giving rise to a plastic language through which to analyse, search for answers and to filter them through childlike patterns.

“Tarta III”

There is no linearity in the discourse of Vallejo Serrano which mirrors the expressivity of a child. The fragmented portrait is offered to allow the viewer to make it their own and identify with him. The artist tells short stories as “myths”, which almost always start with a drawing, but also embrace other disciplines (for example, sculpture and performance), where the viewer (whether they are the same or different) can relate to the short story that is made both accessible and universal.

With time, our protagonist have found in teaching, another way to reach children, to learn from them and adopt their attitudes and responses. In brief, he has managed to see the world through the eyes of a child. His art has been exhibited in galleries such as Factoría de Arte y Desarrollo and Espacio 8, festivals including Cuarto Público, Room Art Fair, Hybrid Art Fair – hand in hand with Veo Arte en Todas Partes – and on the ABC Cultural stand at ARCO’17. Vallejo has built upon his work as a teacher to show art without prejudice, whilst producing his first children’s book with the Ofegabus Publishing House.

“Una sarta de mentiras”

The madrileño confesses that the diptych “My Own Wonderland”, was a turning point in his work. It is part of the art included in this first journal of MANOLO magazine, dedicated to creators of note. The diptych represents the first time that his three key characters have met each other (have you noticed that the inflatable doll is as bald as Vallejo?). It is the point when the three discover that within their diversity they are not very different from each other.

This way of identifying “the other” helped its author to detach from his own past, giving him the freedom to start building an alternative story. This story is the one his companions in his journey have helped him create. It is very likely that the process of artistic self-exploration and the production of his bespoke, more suitable world has finally concluded. From now on, the glass walls have been demolished and the infinite landscape, too vast for the single gaze, is full of possibilities. Never before has someone’s capacity to forgive been so fruitful. What remains for us, as Vallejo did in the social network, is only to thank him. To thank him and to thanks his ragdoll.

“La preparación”

*Javier Díaz-Guardiola is journalist, critique and curator. He is now responsible for the art, architecture and design section in ABC Cultural, and chief editor in ABC de ARCO

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