José Pedro Godoy (“Animales salvajes”. La Fresh Gallery)

«Me interesa que un medio tan denso y  cargado de referentes como la pintura pueda ser utilizado para hacer cosas frívolas»

«Animales salvajes», en La Fresh Gallery, es la primera cita en una galería española del chileno José Pedro Godoy, identificado con «el mal gusto»

José Pedro Godoy en La Fresh Gallery (Foto: José Ramón Ladra)

A José Pedro Godoy (1985) lo «descubrimos» en España gracias a los Projects Rooms de ARCO’15. Ese mismo año, La Mar de Músicas lo incluía en en su programa expositivo. El que iba a ser ahora un periodo sabático en Madrid, tras labrarse un buen currículum en Santiago de Chile, su ciudad natal, ha coincidido con su primera cita española en una galería (LaFresh). Su título, Animales salvajes. Un buen resumen de su manera de entender la técnica, en forma y contenido.

Comencemos por el título: “Animales salvajes”…

El título lo tomo de una de las pinturas que protagonizan la muestra. Su hilo conductor es la representación de escenas muy melodramáticas. Quería partir de todo ese imaginario que se maneja en las telenovelas latinoamericanas para hacer pinturas que contuvieran esos elementos. ¿Cómo representar, pues, escenas muy apasionadas, enmarcadas en contextos cursis, con referentes que exageraran los elementos narrativos que tiene la imagen? En el cuadro Animales salvajes, lo que vemos es una pareja rodeada de sicarios, en un interior más o menos palaciego, en el que todo está a punto de explotar, y donde las cosas flotan y son importantes, porque exageran todos los aspectos representados. Y este cuadro se me ocurre viendo Sense8, la serie de Netflix, en la que uno de los personajes, el que encarna el español Miguel Ángel Silvestre, es actor de teleseries mexicanas muy cursis. Una de las escenas tiene lugar en un cementerio, donde agarra a la chica antes de ser rodeados por una banda de sicarios. Para mí era una manera de intentar volver peligroso el amor.

Jose Pedro Godoy en La Fresh Gallery (Foto: José Ramón Ladra)

Me gusta cómo define su pintura la nota de prensa: «Es cuando una técnica clásica como la de la pintura se adapta a un alfabeto plebeyo». Dos preguntas: la primera: ¿Por qué le es válida una técnica clásica?

Lo que me pasa con la pintura es que me tensa. Soy muy consciente de la existencia de una tradición, y el tema de las citas se hace muy evidente cuando uno pinta. Pero también me interesa cómo un medio tan denso y tan cargado de referentes puede ser utilizado para hacer cosas frívolas, una plataforma excepcional para mezclar la alta con la baja cultura. Me parece que la fotografía, que me gusta como espectador, me aburre con facilidad a la hora de usarla. Creo que la pintura es mucho más rica, porque incluso la forma en cómo compones algo determina la imagen final. A mí me gusta esa pintura que es relamida, amanerada y afectada. Creo que eso potencia las imágenes que compongo y el relato que me interesa. Y es cierto que a veces tiendo a obras más abocetadas, con contrastes entre resultados metálicos y opacos, entre los distintos brillos, las distintas resoluciones a las que llegan; cuestiones técnicas que me son útiles para hacer que las cosas terminen siendo como yo quiero que sean. Esas posibilidades materiales me ayudan a hacer las imágenes que quiero hacer. A lo que se suma que en la construcción de la pintura se toman nuevas decisiones que van alimentando el proceso.

¿ Y en qué consistiría ese alfabeto plebeyo que “rejuvenece” o “reactualiza” la técnica?

Es fundamentalmente el bagaje de imágenes que yo tengo y aporto. Cuando se escribió ese texto al que haces referencia, yo reconocía que en este trabajo había acudido a películas de Disney, a los afiches publicitarios de Calvin Klein de los noventa, a películas como El lago azul, de los ochenta… Son además referencias que forman parte de toda una subcultura. Me imagino que en todo Occidente todos esos elementos forman parte de la cultura gay. Me llama la atención cómo se generan grupos de pertenencia sin que algo o alguien así lo decida de antemano. Es decir, cómo ciertos gustos fijan su atención en determinados personajes, películas, libros… Lo plebeyo es el collage que se forma a partir de elementos que yo decido poner juntos en una pintura.

En España vimos primero su trabajo de manera extensa en ARCO 2015 y luego en La Mar de Músicas. Yo noto diferencias con respecto a esas comparecencias. ¿En qué nota usted que sus interesas se mantienen y en qué sentido han cambiado?

Se mantienen sobre todo los temas. Es esa idea de representar escenas amorosas cargadas de sexualidad pero también siempre base para desarrollar una comparación entre naturaleza y artificio, entre otros opuestos, como dolor y placer. Sin embargo, y aunque yo creía que muchos de estos elementos se veían en las obras, de un tiempo a esta parte entendí que había que exagerarlos más para subrayar ese propósito. A mí me interesa mucho la idea de lo cursi y lo melodramático. Para destacar esto, no se trataba de poner más sangre, más fuego o más violencia en la escena sino  de recargar la técnica y saturar la paleta de colores. Y que las contraposiciones fueran también literales. Toda la lectura que he realizado en el último tiempo ha cargado las tintas en estos aspectos. Las cuestiones se han llevado a extremos más altos, con más exageraciones, más gusto por el detalle, en pos de una mayor vibración visual. Siempre trabajo con la idea de seducción y creo que eso se relaciona con mi concepto de cómo la mirada se pasea por el cuadro. Y eso hace a que en las composiciones no exista un protagonista.

Sin embargo, aquí ha tendido a formatos más pequeños y escenas más simples.

En esta serie. Es cierto que las escenas son más simples pero porque yo las concibo como una narración en conjunto en la que el espectador salta de un cuadro a otro. Obligo al espectador a armar cierto relato. Son individuales por cuestiones prácticas, pero están montadas para que parezcan secuencias o ideas que se contraponen. Por ejemplo, al situar unas flores cerca de una escena sexual, la flor adopta un carácter sexual, mientras que el sexo adquiere un carácter más cursilón. Me gusta saber qué ocurre cuando ciertos clichés se desactivan.

Es un poco la lectura que proponen hoy las pantallas digitales, dando saltos y horizontalizando contenidos, muchas veces contrapuestos.

Yo creo que cualquier cosa la enfrentamos o la miramos de acuerdo a unos intereses personales. Y eso hará que tu timeline nunca será del todo incoherente, aunque sea muy plural, porque en el fondo lo construyes tú mismo.

“Animales salvajes”

Si bien la Historia del Arte ha cultivado el desnudo masculino, usted destaca que lo que no ha hecho demasiado ha sido cosificarlo, objetualizarlo como el de la mujer. Si la mujer lucha precisamente contra esto, ¿por qué tiene sentido hacerlo con el del hombre?

Porque en el fondo, cuando objetualizas el cuerpo del hombre no sale a relucir toda una Historia de postergación, represión o sumisión que sí que ha tenido la mujer. Uno como hombre, y como hombre gay, cosifica de tal forma que se desarrolla un conflicto de poder que sí que existe entre el hombre y la mujer. Más allá de eso me interesa la representación del cuerpo como objeto, como cosa. Con toda la libertad y todo el placer que eso conlleva.

Aquí irrumpe por primera vez el cuerpo de la mujer…

Aquí hay mujeres, pero tengo la sensación de que me sirven para subrayar el cuerpo del hombre como objeto, y como objeto de deseo. Ellas aparecen siempre mucho más vestidas que ellos en estas pinturas. Son las que reciben, no las que dan. Sirven para poner el foco sobre el hombre como objeto. Hablábamos antes de referencias: la publicidad, la pornografía, el softporn… Cuando uno ve una película erótica, uno tiene la sensación de que allí hay muchas mujeres y pocos hombres, y que se ve poco al hombre. El hombre aparece de repente. En esa aparición es en la que yo quiero centrarme. Y como trabajo desde estereotipos, me interesan aquellos que remiten a la fuerza contra lo débil, relaciones muy marcadas y determinadas y que seguirán siendo así en los discursos dramáticos. Al menos es así como se siguen representando.

Curiosamente, en trabajos anteriores tendía a espacios abiertos en los que introducía muchos cuerpos. Aquí parece que desaparece la importancia al entorno en pos de fragmentos de cuerpos. ¿A qué se debe este cambio de enfoque?

Yo siempre voy combinando el trabajo del gran y el pequeño formato. Es lógico que el grande reciba mayores atenciones. Por una cuestión práctica, aquí no he introducido obras de grandes dimensiones, pero cuando las uso, yo las entiendo como escenarios posibles que pongo a disposición del espectador. Pienso mucho en la arquitectura histórica, en las escenografías de ópera y teatro, de forma que el cuadro pareciera como un telón. Sin embargo, tengo la percepción de que los formatos pequeños invitan a lecturas más íntimas. También a que el espectador tenga que usar su propio cuerpo para acercarse y percibirlos. La pintura pequeña tiene esa cosa de fragmento, que además me gusta que dialogue con la escala 1:1 del cuerpo.

Y en ese acercarse a verlo, se genera también cierta sensación de pudor porque te acercas para ver algo que en el fondo es muy íntimo, mientras tú lo observas en público. Es lo que ocurre cuando ves pornografía. Y ni siquiera hace falta llegar tan lejos. Yo recuerdo que cuando era niño había por casa una revista que se llamaba Hombre saludable (la que ahora se llama Men’s Health). En ella aparecían retratados muchos hombres en calzoncillos, haciendo ejercicio, corriendo en la playa… Yo tenía una extraña sensación de culpa y placer a la vez cuando la ojeaba. Me habría muerto de vergüenza si hubiera sido descubierto mientras lo hacía. Me veía a mí viendo esa revista. Y lo que hago con la pintura es replicar esa sensación de acercarte a ver algo que quizás preferirías ver solo. No está mal tener puntos de partida pero a veces conviene saber salirse de eso. Creo que hay una manera de aproximarse a la pintura que está muy influida por el formato. Esto me hace volver a la pregunta de por qué pintar…

Volvamos pues.

Cuando uno pinta tiene que tomar muchas decisiones y una de ellas es la del formanto porque determina cómo se leerá la imagen final…

Aquí hay más tomas de decisiones: pintar sobre tabla, hacerlo sobre lienzo…

Todo tiene que ver un poco con la variedad. Con que el espectador no tenga la sensación de que está presenciando todo el tiempo lo mismo. Por eso cuando expongo trato de no mostrar una única serie, porque creo que se agotan mucho muy rápido. Y si hay algo vinculado al placer en pintura es comprobar cómo la técnica estimula al ojo, lo que hace obligatorio a que haya diferentes posibilidades de presentar una idea en una muestra. Todo eso se traslada también a los contenidos: naturalezas que parecen artificiales por la saturación de los colores, por los elementos convocados… Me interesa cómo la pulcritud y lo brillante dan un carácter de recién hecho a los resultados.

No sé si la figura humana le ha servido como excusa para cultivar el paisaje o si el paisaje era la excusa para centrarse en la figura humana.

Más que lo uno sea excusa para lo otro, me interesa hacer convivir ambas realidades. Por eso, muchas veces el paisaje natural me ha marcado el cuerpo, ya sea por la sensación de estado natural que proponía o de idea de la sexualidad como algo puro o instintivo.

“Flamencos”

Ha atendido a reducir la paleta de colores una vez más, pero sigue apostando por tonos “eléctricos”. ¿Qué le ayuda a transmitir este tipo de atmósferas?

Hay cuadros que son más naturalistas y en los que el factor mimético es más importante. Pero en otros me interesó optar por una paleta de colores más saturados. No obstante, creo que me manejo bien con el blanco y negro. El negro tiene algo aterciopelado que me gusta, ofreciendo luces muy metálicas. Eso me permite hablar una vez más de lujo y opulencia. Sin embargo, trabajo mucho pensando en conjuntos. Me gusta que en una exposición cada cuadro tenga entidad propia en sí mismo, pero también que forme parte de un único relato que se compone con todas las obras.

¿Es casualidad que venga hoy de oscuro?

No. Yo siempre visto de negro, muy oscuro…

Admite que se siente atraido por el mal gusto. Sin embargo, es difícil verlo en sus obras. ¿A qué se refiere?

No sé si en España pasa igual, pero en Chile, la pintura elegante, la del buen gusto, es aquella de paletas más acotadas, ejecución más rápida, donde la síntesis, la atmósfera son valores a rescatar. A mí me interesa mucho más el regodearme, el resultar amanerado, con acabados relamidos y afectados, como dije antes. Puede que las imágenes sean atractivas, sugerentes, pero los códigos de los que se sirven son empalagosos y saturados. Eso puede gustar, pero lo general es que genere rechazo.

Pero eso no afecta a los acabados. Ahí no impera el mal gusto.

Soy obsesivo con los acabados. Pero es que tengo mucha paciencia. Pinto rápido y trato de no quedarme pegado a un cuadro. Tampoco me interesa el hiperrealismo. A lo que dedico más tiempo y donde se muestra esa obsesión por el acabado es en los bordes, que tienen que ser muy limpios. Las flores, las plumas, se ven muy deliniadas, como los filos. Creo que es ahí donde las cosas vibran y brillan.

¿Cómo trabaja: ¿Desde la foto, desde la imaginación?

Yo suelo tener ideas, esas ideas se convierten en apuntes, y luego las ideas van cambiando en función de las necesidades. Trabajo a partir de fotos que saco a modelos. Y luego hago collages con ellas. Pocas veces hago escenas. Y seleccionada la foto que me gusta, nunca la pinto tal cual es. Además, soy muy mal fotógrafo.

No tanto esa fotografía, que rechaza, como los collages. ¿Por qué no son obras de José Pedro Godoy en sí mismas, sin llegar a la pintura?

Quizás en algún momento así sea. Pero su naturaleza es de apunte, de algo en proceso, que luego cambiará.

La figuración parece vivir ahora una segunda época dorada. ¿Ello se lo debe a esta sociedad tan visual en la que vivimos?

La pintura figurativa siempre tendrá que justificarse por serlo. Se considera que comercialmente es más fácil de vender. Y lo fácil se termina viendo como algo malo. Pero siempre ha habido grandes artistas figurativos y siempre los habrá. Su delito es que es fácil de comparar y fácil de juzgar. Y es posible que parte de la crítica que recibe, siempre elitista, esté en lo cierto. Porque ninguna pintura, por el hecho de serlo, es buena.

Si algo demuestra la pintura figurativa es que lleva a muchos a confundir realidad con ficción, y eso nos lleva a hablar de la censura del arte en las redes sociales. ¿Se ha encontrado usted con esta oleada de puritanismo?

Sí. Siempre. De hecho, cuanto más revela su materialidad, la pintura es menos censurada. Cuanto más realista, más se rechaza. Cuando yo expuse de forma amplia en el Museo de Bellas Artes de Santiago, a mí me robaron una pintura de esta serie, una de fragmentos corporales que mostraba una lengua acariciando un pezón. Eso hizo que saliera en todos los diarios y en todos los noticieros. Fue muy cómico porque no resistía la censura.

“Hundirse en ella”

Le iba a preguntar por futuros proyectos. No sé si su estancia durante estos meses en Madrid es un proyecto.

Es como combinar un periodo más o menos sabático, puesto que aquí no tengo taller, con la posibilidad de que me estén surgiendo muchas ideas que quiero realizar cuando regrese a Santiago. El tener la exposición de por medio desactiva esa sensación de descanso. Tengo programadas un par de exposiciones para este 2018, que vienen después de unos años agitados, con muchas cosas, en los que he estado sobrepasado por el trabajo. Madrid es más cara y donde yo hago más plata es viviendo en Santiago. Yo vivo de la venta de mis cuadros y para eso uno tiene que estar allá.

¿Sabe más o menos qué es lo que quiere hacer?

Por un lado, me gustaría trabajar el retrato, y darle cierta caracterización. Se trataría, pero solo un poco, de fijarme en la estética de Pierre & Giles, pero de otra manera. Y también me gustaría que mi pintura rebasara el formato de cuadro. Asimismo quiero hacer algo con la figura del laberinto, junto a un proyecto con un amigo, con el que quiero desarrollar una revista que recoja, seleccionadas por él, fragmentos de novelas que cuentan experiencias de iniciación al sexo que yo ilustraría. Son muchas cosas las que quiero hacer, pero hay que ver cuáles al final funcionan más allá de la idea.

¿Le pasa mucho eso?

Sí, sí que me pasa. Pero también al contrario. Recuperar ideas, algunas incluso que tuve en la universidad y que deseché entonces. A veces necesitas darte tiempo y segundas oportunidades a algunas ideas. Además, no todo se resuelve en un único cuadro, y pronto ves como algunos asimilan a otros.

Detalle del montaje de “Animales salvajes” en la galería
José Pedro Godoy. “Animales salvajes”. LaFresh Gallery. Madrid. C/ Conde de Aranda, 5. Hasta el 4 de mayo

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 21 de abril de 2017. Nº 1.326

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