La relación de Picasso con sus mujeres

Mujer contra mujer: ¿Se merece el genio malagueño la ira del feminismo?

La relación de Picasso con las mujeres con las que escribió su biografía es uno de los capítulos más espinosos de la misma. La mirada actual se debate entre la cancelación o la puesta en primer plano

Y llegamos al punto más conflictivo del aniversario picassiano. El que hace que salga chamuscado cualquiera que se mete en este charco: el que analiza la relación de Pablo Picasso con las mujeres, sus mujeres. Porque aquél que lo obvia justifica comportamientos inadmisibles, independientemente de que el autor naciera hace más de un siglo, en el X, en el XIX o en el XXI. No se trata de «haber sido un hombre de su tiempo» (Bernard Ruiz-Picasso, nieto del pintor y coordinador del Año Picasso en Francia, dixit), si de malos tratos hablamos, que los hubo. Pero también, ponerlo en primer plano lo convierte a uno en adalid de la política de la cancelación e impide ver con perspectiva otros aspectos creativos del genio.

Sin duda, estas cuestiones sobrevolaron ya (y lo seguirán haciendo) la presentación de los actos de este ‘Año Picasso’. El mismo ministro Miquel Iceta tuvo que declarar: «Queremos presentar a Picasso tal y como fue, celebrar su obra, pero no esconder facetas de su vida que, a la luz de hoy, pueden ser contestadas. La grandeza de su obra se sobrepone a otras cuestiones, pero no puede oscurecerlas o esconderlas, y eso es lo que vamos a hacer».

Un repaso rápido al programa del cincuentenario deja claro que estos serán asuntos que queden para los foros y mesas redondas. No deja de resultar curioso que la única muestra que ahondará en la cuestión se haga a miles de kilómetros de España, y por una australiana. Se trata de la colectiva que este verano prepara elMuseo de Brooklyn comisariada por Catherine Morris y Lisa Small, con la cómica (también licenciada en Historia del Arte) Hannah Gadsby como ‘curator’ invitada, que ya en ‘Nanette’, su despedida del ‘monologuismo’, entraba como elefante en una cacharrería contra la misoginia del malagueño: «Picasso. Le odio, aunque si piensas en el Cubismo, no puedes odiarle». Con retranca, Gadsby hace alusión al manido tópico de separar la obra de la persona: «Eliminemos, pues, su firma de sus cuadros. A ver por cuánto se venden entonces en subasta».

Fernande Olivier, con Picasso y Ramón Reventós en El Guayaba hacia 1902

¿Qué hacemos pues, con él, como así lo ha definido Olafur Eliasson, «el Harvey Weinstein de su tiempo»? El asunto, como es obvio, salpica hasta a sus museos en España y el extranjero, con un Emmanuel Guigon en el de Barcelona pidiendo en prensa que «no se usen las obras de arte para ilustrar un discurso ideológico», reconociendo asimismo que este es un debate tan serio que no se debe «esquivar, pero tampoco caricaturizar».

Impulsados por los coletazos del #MeToo (con un podcast, Vénus, s’épilait-elle la chatte?, impulsado por la historiadora Julie Beauzac, con el episodio ‘Picasso, séparer l’homme de l’artiste’ con múltiples galardones y cientos de miles de descargas desde 2021; o libros, como el de Sophie Chauveau, que en ‘La mirada del minotauro’, define al autor del ‘Guernica’ como genio, sí, pero también como «hombre violento y destructor»), el propio centro barcelonés desarrolló un simposio el pasado año al que tituló ‘Bajar la libido al minotauro’ para diseccionar su figura en clave ‘feminista y ‘queer», que desencadenó la reacción de un grupo estudiantil que, a las puertas del museo, y encabezado por la artista y profesora de la Escuela Massana Maria Llopis,denunció «la falta de conciencia política» de la institución, con pancartas y camisetas en las que el pintor era tildado de maltratador y comparado, entre otros, con Barba Azul y Antonio David Flores.

Retratosde la rusa Olga Khokhlova vendido en subastas

Aunque pronto entraremos en harina, no hace falta ni siquiera acudir a las víctimas (algunas de las ‘mujeres de Picasso’ lloraron, sí, pero también facturaron, contradiciendo a Shakira), sino que ‘el enemigo’ lo tuvo en casa. Sobre sus malas artes (palizas a Dora Maar) ya se apercibió su amigo Paul Eluard («mata todo lo que ama»), mientras que fue una de sus nietas, Marina Picasso, la que no se anda con chiquitas para detallar las ‘gracietas’ del abuelo: «Sometía a las mujeres –ésas que él mismo separó entre «diosas o felpudos»– a su sexualidad animal, las domesticaba, las hechizaba, las deboraba y las aplastaba en sus lienzos. Después de pasar muchas noches extrayendo su esencia, una vez desangradas, se deshacía de ellas». Y continúa: «Tenía la necesidad de maltratar a sus mujeres para mostrar pasión hacia ellas». Se refiere a Olga Khokhlova y a alguna más.

Y es que, en este punto, es inevitable reconocer cómo las mujeres serán fundamentales en el trabajo de Picasso (lo que hace imposible separar al autor del hombre), cómo muchas de ellas marcan etapas, o cómo, tal y como dejó claro la muestra sobre una de ellas, la dedicada a la bailarina Khokhlova en CaixaFórum-Madrid (2019), las idealizaba mientras duraba el romance y las deformaba según se iban desencaprichando de ellas. El documental ‘Picasso y sus mujeres’, de Manuel Palacios, también se hizo eco de todo esto.

Retrato de Eva Gouel

Hasta ocho féminas en la categoría de compañeras, esposas o amantes pasaron por la vida del malagueño. De las prostitutas, obviamente, no hay más constancia que de ‘Las señoritas de Aviñón’. Para alguien en la que todo es épico en su biografía (y se fantasea con que presenció el nacimiento de su hermana, con tres años, mientras acontecía un terremoto en derredor. No me negarán que la imagen no es poderosa), hasta un primer amor de infancia engrosa las listas: su prima Carmen Blasco, con 10 años y en La Coruña, a la que ya adolescente, perseguía en Barcelona.

El Periodo Rosa del pintor lleva el nombre de Fernande Olivier,mujer casada cuando se inicia el idilio, modelo de renombre; la única amante que se le conoce antes de que a él le precediera la fama. Murió en 1966, aunque en 1933 escribió un clásico, ‘Picasso y sus amigos’, en el que no siempre salió bien parado el pintor (Olivier reconocía que éste leía poco, pese a estar rodeado de tanto poeta). Posiblemente, pues, fue la única que se aprovechó del Minotauro. Los celos del uno hacia la otra y de la otra hacia el uno fueron constantes, pero había química. La que comenzó un día de lluvia y con un gatito como regalo de por medio.

Paulo, Claude, Françoise Gilot, Paloma, Pablo y Maya en la Costa Azul

Tras siete años, en 1912, es despachada por Eva Gouel, otra mujer que marcó tres récords: Uno, encontrar en Picasso precisamente remedo y bálsamo a una relación de malos tratos en su propio matrimonio. Dos, ser la única a la que el artista no llegó a odiar, difamar o menospreciar. La razón puede ser que murió jovencísima (los historiadores no se ponen de acuerdo si fue por cáncer). La lloró en varios lienzos. Y tres: sabiéndose que el malagueño no era especialmente generoso, logró un pacto de silencio sufragado con buen estipendio a cambio de que no filtrara intimidades sobre la relación.

La mencionada Olga Khokhlova fue la primera en pasar por el altar. También la que le dio su primer hijo, Paulo. La conoce en 1917, dos años después de que muriera Eva. La paleta de Pablo, el Instagram de la época, deja constancia de los ‘likes’ y ‘dislikes’ de esa relación, que llegó hasta las manos. Digamos que lo que acabaría como el Rosario de la Aurora comenzó con un Picasso aprovechándose de los círculos en los que se movía la bailarina, que le granjeó buenos clientes. Cuestiones de clase, de hecho, fue lo que apagó la llama. El español topa con una Marie-Therese Walter de 17 años (él contaba con 47) a la salida de las galerías Lafayette, a la que aborda para retratarla. Cuando la rusa descubre que ha dejado embarazada a su amante lo abandona. Nunca se divorció de él. Habría salido caro. Su fallecimiento en 1955 allanó ese camino.

Pablo Picasso y Dora Maar

Tampoco es que Marie-Therese durara mucho: una hija y una suite ‘Vollard’. Ella se suicidaría tres años después de la muerte del ‘amado’. Fue Arianna Huffington la que en 1988 publicó ‘Picasso: creador y destructor’. Entre lo más indigno de lo descrito, la tendencia de Picasso a apagar cigarrillos empleando el cuerpo de la menor.

La causa de la ruptura fue Dora Maar. Cuesta entender cómo una mujer fuerte, artista como él (a ella le debemos la documentación de ‘El Guernica’), que ya había aguantado las desidias de Batailley Louis Chavance, y que nunca se doblegó al papel de musa o amante abnegada, desembocara en la locura y en la fe religiosa como refugio («Después de Picasso, sólo Dios») una vez dada de lado. ¿La causa? Lo han adivinado: otra mujer, aunque las alternó un tiempo. Se trata de la madre de Claude y Paloma. Françoise Gilot. El partido estaba entonces 21-62.

Aquí hay quien dice que Picasso frenó su carrera, pues ella también era artista. A su favor, fue la única no abandonada, sino que fue ella la que dejó al pintor, cuando, digamos, se vio demasiado retratada y poco favorecida en los cuadros picassianos. En ‘Vida con Picasso’ puso al descubierto sus comportamientos violentos y machistas: ella llega a relatar cómo supo que arrastraba a Olga por el suelo tirándole del pelo o que la sedaba para calmarla.

retrato de Marie-Therese Walter

En estas, también con 17, se cruza Genevieve Laporte, una reportera de un medio escolar, ‘la chica de los miércoles’, así llamada por ser éste el día que Cocteau les prestaba a Picasso y a ella su casa a modo de picadero. «Cuando conocí a Genu –así la denominaba, según cuenta Antonio Olano en ‘Las mujeres de Picasso. Una visión distinta del genial pintor a través de sus relaciones íntimas’– sentí ganas de comérmela. Era como un helado de fresa que inocentemente se ofrecía, pero me contuve y fui con ella no sólo amable sino hasta cariñoso… ¡Si bien podía ser mi nieta!». La cita es de Picasso. Joven, pero no boba. La respetó –virgen– hasta los 24. Mientras, la formó como pintora. Es cuando él intenta convertir lo de ella y Françoise en ‘trimonio’ en la Costa Azul, que se planta, lo que le otorga el dudoso título de ‘Chica del miércoles’. Fue la única a la que pintó sonriendo, y más sonrió cuando en 2005 subastó 20 obras (muchos retratos personales) que Picasso le regaló.

Por último, Jacqueline Roque, la segunda esposa. Cincuenta años más joven que él. Fue la calma tras la tempestad. La musa (odiada por todos por el férreo control que ejerció para con los demás con él) cientos de veces retratada (casi 300). La que lo entierre, no sin pasar por el calvario del alcohol afectada por la agonía del marido y la complicada relación de ambos con toda la pléyade de herederos de Picasso. Se suicidará 13 años después.

El pintor con Jacqueline Roque en su estudio

¿Es posible volver a mirar a Picasso de igual manera tras saber todo esto? Posiblemente no. ¿Es Picasso un caso aislado? Rotundamente, no. El problema con el pintor es que todo es mayestático en él. También la indignación que genere.

Texto publicado el 1 de abril de 2023 en ABC Cultural

 

2 opiniones en “La relación de Picasso con sus mujeres”

  1. ¿Qué hacemos con Picasso? Difícil contestación para alguien como yo, que le he considerado y le considero el mejor artista de todos los tiempos, según mis gustos personales ¡claro está! Compleja respuesta para alguien como yo, que desde niña he tenido una actitud crítica con todo lo que representaba el patriarcado. Complicada argumentación para alguien como yo que tenía muy claro lo que sentía cuando alguien (hombre o mujer) utiliza los malos tratos para imponer su poder. ¿Hay algo más humillante que ejerzan la violencia sobre ti? ¿Qué hacemos pues, con él? No lo sé, pero yo no voy a tirar todos los libros que tengo sobre Picasso, ni voy a dejar de contemplar sus cuadros como hasta ahora lo he hecho, ni mucho menos estoy de acuerdo con la definición de Olafur Eliasson, «el Harvey Weinstein de su tiempo», una definición absurda y oportunista. No es que vaya a mirar para otro lado, es que prefiero conservar mi mirada, limpia y libre de prejuicios porque si no ¿qué nos queda? Los artistas no existen, existe EL ARTE.

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