Laia Abril. «On abortion». Foto Colectania

“Cuando nos referimos a derechos humanos, estos no tendrían que estar a merced de ninguna opinión”

Foto Colectania, por vez primera, apuesta por un joven valor. Se trata de Laia Abril y el primer capítulo de su «Historia de la misoginia», el dedicado al aborto en el mundo

Laia Abril en Foto Colectania (Foto: Laia Borràs)

Sin duda, el trabajo fotográfico de Laia Abril (Barcelona, 1986) toca asuntos en absoluto agradables, abordados siempre desde el mayor de los respetos y alejado de demagogias, paternalismos o sensacionalismos. Atrás quedan sus proyectos sobre, por ejemplo, la bulimia (“A bad day”) o la asexualidad (“The asexual Project”), casi siempre vinculados a la mujer, mientras nos confiesa que trabaja ahora sobre la “cultura de la violación”. Ese será el segundo capítulo de su “Historia de la misoginia”, mientras el primero, un análisis sobre la concepción del aborto a lo largo de los siglos y que tantos reconocimientos le ha supuesto en festivales internacionales, le abre las puertas de Foto Colectania, institución que también por vez primera se fija en un creador tan joven. Por algo será.   

Lo cierto es que debo antes preguntarle por su concepto de misoginia, dado que probablemente nunca se me habría ocurrido relacionarlo con un tema tan delicado como el del aborto.

En realidad esto no iba a ser el primer capítulo de nada. Lo que sí que me di cuenta es que todas las historias que rodeaban a este asunto estaban muy expandidas por otros capítulos. Y, cuando me puse a indagar un poco sobre la temática, descubrí lo relevante que era, dentro de esta, esta del aborto, sobre todo a nivel histórico. El proyecto, así, pretende ser una comparación histórica entre pasado y presente para darnos cuenta que, sobre todo a nivel legal, las cosas eran mucho peor; en realidad todo es mucho más pendular de lo que creemos y está asociado a la situación política. De manera orgánica me di cuenta de la urgencia y la gravedad de no tener acceso al aborto, lo que hizo que la cuestión se convirtiera en prioridad.

«Magdalena, 32». Retrato fotográfico

Es una de las mujeres a las que entrevista, Magdalena, la que afirma: “No puedes hablar de ello sin haber pasado por ello”. ¿Cómo se ha preparado usted para poder hacerlo?

De todo lo que yo he tocado hasta ahora puedo relacionarme con ello hasta cierto nivel. De hecho, me preocupaba tocar según qué países porque quizás no estoy tan familiarizada con sus contextos sociales. Me viene a la mente la situación de la mujer en El Salvador, gente que muy a menudo no sabe leer, no tiene acceso a la educación, que viven en un entorno rural muy pobre y que han acabado en prisión 30 o 40 años por haber tenido abortos involuntarios. Para mí es muy difícil empatizar a un nivel absoluto con alguien que sufra esa situación porque es muy complicado que a mí me suceda eso. Pero esos son los casos más extremos. En otros, como el de Magdalena, no me es tan complicado empatizar. Empatizar con sus sensaciones de injusticia, de miedo, de incomprensión, de estigma. Quien pasa por una situación así te transmite que aquello es un viaje emocional muy complejo, con muchas capas, con infinidad de estadios. Si no con todos, siempre encontraremos la posibilidad de conectar con algunos de ellos.

La fotografía es la base del proyecto, y dice entender la técnica de manera muy amplia, de un retrato, a un mapa, siempre acompañada de texto…

Para mí, este es un proyecto en el que intento conceptualizar las repercusiones de no tener acceso al aborto en el mundo. La fotografía probablemente sea el medio más relevante del proyecto, o lo visual más allá de la fotografía, porque esta es una de las primeras veces que he introducido instalaciones de audio. La presencia de textos no es algo tan extraño en mis propuestas. En ocasiones su relevancia es compartida al 50 por ciento con la imagen. En este caso, doy un paso más al incluir el texto dentro de la obra, enmarcado, pero porque la voz de ellas, su testimonio, para mí es tan importante como mi visión de ellas.

¿Por qué es este un proyecto artístico y no periodístico o propio de una ONG?

Por una cuestión de intención. Una ONG persigue una finalidad más activista; un medio periodístico cuenta con una intención, no quiero usar la palabra “objetiva”, pero sus metodologías son distintas a las que yo he empleado. Sí que tengo fuentes que llegan desde ONGs y metodologías cercanas a las de la prensa, pero, al fin y al cabo, yo soy una especie de filtro por el que pasa todo y eso es una forma de proceder más artística. Al final yo decido qué pongo, cómo lo pongo, y lo hago en base a lo que yo pienso.

«Traición hipocrática»

Apuesta además por el blanco y negro alegando que es lo que precisa el conjunto para “ser duro sin imágenes evidentes”. ¿No es eso restar información para alguien que es tan meticulosa con su recolección?

En realidad, uso el blanco y negro por varias cuestiones, pero hay cierta intención en que las imágenes no sean impactantes: no son desagradables, no están a la altura del shock que produce conocer una historia como esta. Pero, por otro lado, tenía que conseguir plasmar esa otra vertiente visceral ligada a este tipo de contenido. Para mí, el blanco y negro era también una forma de digerir yo misma lo que estaba mostrando.

Ha optado por un montaje instalativo. No sé si eso es lo habitual en sus exposiciones o algo que también imponía la temática.

La primera versión de este proyecto tuvo lugar en Arlés en 2016, y entonces sí que se marcaba ya una diferencia con las exposiciones que había hecho antes, convirtiéndose en mi proyecto más instalativo hasta la fecha. Desde entonces hasta ahora, las propuestas más modestas que he ido entrelazando ya tenían esa intención, y el capítulo número dos, en el que llevo un año trabajando y que verá la luz en febrero de 2020, también contará con un aspecto similar. Creo que necesitaba presentar este de esta forma porque era la única manera de alcanzar una “fisicidad” diferente a consumirlo en formato libro u otro formato. Necesitas de la experiencia física para ser capaz de entenderlo.

Hablando del espacio en el que expone, Foto Colectania, es la primera vez que esta institución apuesta por una exposición monográfica de un autor tan joven. ¿Esto era más presión para usted?

Cuando me contactaron, su intención era diferente. Querían mostrar tres series diferentes juntas, e investigaron distintas posibilidades, porque, como mencionas, para ellos era una propuesta nueva. Pero yo estaba abierta al diálogo. Y al final vimos bastante claro que tenía mucho más sentido, por el momento en el que estamos, por la evolución del proyecto, que fue premiado en ese momento como fotolibro en París Photo, y por su propia naturaleza (es una muestra que necesita mucho espacio) y su carácter inédito, que tampoco se podía reducir. Me cuesta  recortarlo porque creo que se limita mucho el concepto cuando así sucede. Y jugar en casa siempre es precioso… Estoy muy contenta, por la envergadura de una sala como Foto Colectania y por el público al que mueve.

¿Ha cambiado su propia apreciación sobre el aborto tras hacer este trabajo?

Más que cambiar, reconozco que no conocía tanto las circunstancias que se mueven en torno a esta cuestión. No era consciente de todo lo que conlleva restringir este derecho y las repercusiones tan graves que supone. Y durante el proceso tuve que hacerme muchas preguntas, religiosas, morales, políticas, que nunca me había hecho. Mi visión es la misma que antes, pero ha variado mi manera de abordarla, posiblemente porque carecía de mucha información de la que ahora sí que dispongo. Esa es, en el fondo, la intención de un proyecto como este: que toda esa gente que puede que tenga una idea muy clara del aborto, una posición clara, que cuente con esa información que me faltaba a mí para tomar decisiones.

Montaje en sala de «On abortion»

A mí la sensación que me queda tras introducirme en su propuesta, y pese a que la realidad en España no es como la que muestra en otros escenarios, no tan lejanos, es que tratamos el asunto con demasiada ligereza. ¿Está de acuerdo?

El proyecto se ocupa también de subrayar cómo determinadas realidades no nos pillan tan lejos. No solo ahora, sino con otros proyectos anteriores, eran muchos los que me decían: “Bueno, esto son cosas del pasado o que tienen lugar lejos”. Eso me sorprendía porque, si rascas un poco, sobre estas cuestiones estábamos hablando aquí hace 20 o 30 años y eso es hace nada. Pero, por otro lado, yo creo que el gran problema hoy es “tener una opinión” sobre determinadas cuestiones. Cuando nos referimos a derechos humanos, estos no tendrían que estar a merced de ninguna opinión. Y hay que tener en cuenta que, por mucho que dificultes el acceso al aborto, no vas a evitar que estos se produzcan, a lo que se suma que las repercusiones van a ser aún más graves, cuestiones que, incluso aquellos que se oponen al aborto, deberían importarles. El que exista “un debate en torno” ya es un problema de por sí, y tengo bastante fe en que si nos enfrentáramos a lo que realmente sucede, muchos pasarían del blanco o el negro al gris. Eso me pasó cuando la exposición se mostró en Irlanda, justo en el mes del referéndum sobre la legalización allí del aborto. Fueron muchos los venían a la muestra y se declaraban “indecisos”. Eso me parecía muy extraño, que a un día de un referéndum, algo que para mí, en ese contexto, en esas circunstancias, en un país en las que las leyes eran draconianas, alguien tuviera dudas.

Hablábamos antes del papel del periodista, del activista. ¿Cuál es su intención al documentar una realidad así? Me refiero a si persigue o no tomar partido con ellas.

Por supuesto que yo tengo un punto de vista de partida. Ni muchísimo menos me mantengo al margen. Sí que es verdad que tengo la intención de llegar también a aquellos que no comparten mis puntos de vista, no echarles para atrás para poder mantener una conversación. En este capítulo en particular es una estrategia que me interesa potenciar. Creo que tiene sentido intentar reconciliar de alguna manera a partes enfrentadas. No sé lo que pasará con otros capítulos de este mismo proyecto. Quizás aquí los textos, los hechos se presentan de una forma más periodística; las imágenes, la instalación, el concepto, el entramado, está totalmente sugestionado por lo que yo pienso al final sobre esto. No creo con ello estar manipulando, pero sí que es posible que se pueda ver aquí que no hago el trabajo de un periodista o de un activista de una ONG.

«Kit de instrumentos ilegales»

Me parece también interesante que se le dé la voz a un hombre, el irlandés Neil. ¿Qué contrapunto cree que aporta su testimonio?

Para empezar, Neil le da voz a su mujer, que murió, y es relevante porque a ese otro no podría llegar de otra forma. Por otro lado, se me planteaba también el problema de que los hombres que aparecían en el proyecto eran políticos, religiosos, que siempre estaban en una parte de la balanza. Curiosamente, muchas de las parejas de las mujeres que daban testimonio no habían sido muy colaborativos o no se habían involucrado mucho. Tampoco quería que todo quedara así. La realidad es más amplia. Y conviene reivindicar que los hombres también juegan un papel en esto. Sobre todo porque suelen ser los que deciden las leyes o dirigen los hospitales. Neil es otra forma de empatizar, de hacer que no te sientas excluido de la conversación.

¿Es la misoginia solo cosa de hombres?

No. También hay mujeres misóginas. Pero el peor problema es que haya instituciones misóginas, que la política sea patriarcal… Es todo mucho más complicado que hablar de un hombre odiando a una mujer. El sistema es misógino, y eso conlleva a que acabe habiendo mujeres misóginas. Igual que hay hombres que no son misóginos. Eso a veces se nos olvida.

También me parece pertinente el contrapunto que se hace con el caso de China durante muchos años, con la política del hijo único. Da la sensación de que el aborto es algo siempre consentido por el individuo, pero aquí era algo ejercido por el Estado.

Absolutamente, y es algo que se encuentra en muchos países. Me irrita además la violencia obstétrica ejercida por parte de hospitales, de médicos, que también forman parte de los Estados. Y lo de China, además, aporta el contrapunto de aborto forzado frente al de aborto restringido. En el fondo, es lo mismo. Se trata de poder ejercido sobre un cuerpo. Para mí siempre es muy importante explicar que nadie quiere tener un aborto, los que recurren a él es porque lo necesitan. No es nada que a nadie le apetezca. Es una necesidad, de igual manera que cuando te obligan es un crimen. Para mí no dista mucho una cosa de la otra.

¿En qué situación nos encontramos hoy en España?

No lo sé… Lo que me parece absurdo es que, aunque acaben llegando al poder las políticas más reaccionarias, me cuesta muchísimo creer que la gran mayoría de españoles piensen lo mismo en lo que a ese aspecto en concreto se refiere. Y creo que no es una decisión que tenga que tomar alguien a quien no le corresponde hacerlo.

Montaje en sala de la propuesta de Laia Abril

¿Qué otros capítulos integrarán su historia de la misoginia?

Te puedo decir que el siguiente es “On rape”, que podría traducir como “sobre la violación” o “la cultura de la violación”, y que es el único que se que va a suceder porque lo inauguro en febrero del año que viene, así que en eso estoy ahora mismo.

¿El display será el mismo?

Comenzará como una instalación en París y, aunque aún trabajo en ello, sí que tendrá una dimensión más institucional, conectado con temáticas de leyes, resoluciones judiciales… Posiblemente sea incluso más instalativo que este, jugando más con cuestiones perceptivas y menos factual. Creo que en los últimos años como artista he ido evolucionando, y me apetece trabajar con sonido… Pero aún me queda tiempo.

¿Es de los que, en un año que queda, puede mutar mucho el proyecto?

Normalmente era así, y solía estar muy tranquila, pero con este capítulo lo estoy pasando muy mal. Me está costando muchísimo. Tenía la esperanza de que el libro coincidiera con la exposición, pero creo que se retrasará, lo que ya va bien, porque me gustaría primero digerir la muestra, ver cómo ha funcionado. Una exposición la puedes cambiar, un libro no tanto. Pero es muy jodido este tema. Posiblemente, el peor al que me he enfrentado. Quizás siempre digo que lo que tengo entre manos ha sido el más difícil porque luego me olvido pronto. Pero, desde luego, en esta ocasión me resulta imposible empatizar con un violador.    

Montaje en sala de «On abortion»
Laia Abril. «On Abortion».Fundación Foto Colectania. Barcelona. Pasaje de Picasso, 14 Colabora: Fundación Sabadell. Hasta el 14 de junio.

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 6 de abril de 2019

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