Las mejores exposiciones que deja el Orgullo LGTBI en 2019

La estela de exposiciones tras las reclamaciones del Orgullo LGTB en España

Fotografía de la serie «Piel sabia», de Enrique Toribio

El carácter crítico y reivindicativo de los actos del Orgullo que arrancan hoy en Madrid se mantiene en un nutrido número de exposiciones tanto en la capital como en el resto del país. He aquí las más sobresalientes

David Wojnarowicz. «La historia me quita el sueño» (Museo Reina Sofía).

La obra se sitúa con acierto al final del recorrido, pero se ha convertido ya en una de las más conocidas de su autor, el norteamericano David Wojnarowicz, y en símbolo de protesta, lucha y resistencia. Se trata de «Un día este niño», y en ella, en torno a la silueta de un menor (el propio artista en su más tierna infancia) un texto describe su futuro, marcado por la incomprensión, la burla, el desprecio, las agresiones y la homofobia, tan solo porque unos años después descubrirá «que desea poner su cuerpo desnudo sobre el cuerpo desnudo de otro chico».

Fechada a comienzos de los noventa, la pieza sintetiza a la perfección los intereses tanto plásticos como ideológicos y políticos que atravesarán toda la producción de Wojnarowicz, desde su interés por la literatura (Rimbaud, Genet, Burroughs…), su salto a la pintura, también a la fotografía, 0 su especial afecto por los desamparados y oprimidos.

Forma parte de la muestra «La historia me quita el sueño», primera gran revisión de su legado desde la que le dedicara el New Museum en 1999 y en la que el Museo Reina Sofía se ha implicado con el Whitney y el Mudam de Luxemburgo, no sólo para examinar la pluralidad de estilos y medios que el artista desarrolló, sino, y más importante, para poner en valor sus facetas como escritor y activista, enmarcando su obra en el contexto social y político que le tocó vivir: el del auge del neoconservadurismo (que le tocó de cerca) y la expansión del sida (que le tocó más de cerca todavía), mientras, impotente, asistía a la perdida de amigos y amantes (entre ellos su mentor, el fotógrafo Peter Hujar), sin que el gobierno de Estados Unidos hiciera nada por remediar el avance de la pandamia.

La cita, además, se convierte en punto de anclaje de un buen número de iniciativas diversas que convierten al Museo Reina Sofía en uno de los museos más gay friendly de España (aunque no el único: tanto el IVAM como el Centro Niemeyer, por poner un ejemplo, han desarrollado programaciones específicas con motivo de la semana del Orgullo en las pasadas jornadas. En el caso de La Térmica, en Málaga, estas continúan), que además se extiende no solo a un mes en el calendario, sino a toda su programación a lo largo del año.

De esta manera, los próximos jueves y domingos de julio servirán para proyectar en el auditorio las colaboraciones fílmicas de Wojnarowicz, mientras que este sábado 6 se desarrollará el segundo pase de la película «Autorretrato en 23 etapas», de Marion Scemamam, resultado de la entrevista que el creador tuvo con el teórico Sylvère Lotringer a finales de los ochenta, cuya exposición en el museo madrileño será recorrida de manera performántica por el artista Diego del Pozo Barriuso entre hoy miércoles y el viernes. Para otras sugestivas propuestas, no dejen de consultar el programa completo de «Hablamos por nuestra diferencia», el programa LGTBIQ+ del centro.

Henrik Olesen. Museo Reina Sofía

No abandonamos el Museo Reina Sofía, porque allí se despliega una segunda cita crítica con la heteronormatividad. Se trata de la primera exposición en España del danés Henrik Olesen, cuya actividad artística se ha basado en poner en evidencia hasta qué punto los ámbitos públicos y espacios sociales (del sistema jurídico al discurso médico, e incluso el mundo del arte o la familia como institución) normalizan y expanden férreos patrones heterosexuales que encorsetan y asfixian a los que no comulgan con ellos. Su estrategia, pues, ha sido darles la vuelta, introducir en ellos perspectivas abiertamente homosexuales y, sobre todo, reclamar su lugar histórico (esto no es una moda pasajera), así como su derecho a contar con sus propias ficcionalidades.

Su discurso, más evidente en instalaciones como «Algunos artistas gais y lesbianas significativos para la cultura homosocial entre 1300 y 1870» o «Algunos gestos maricas» (inmensos paneles en los que recoge imágenes que lleva coleccionando durante años de artistas y obras de arte que para el autor se dan un aire gay, trans o lésbico) o «Falta de información» (foto fija a 2001 de la situación de la legislación que atenta contra los derechos del colectivo LGTBI en 195 países del mundo), se vuelve por momentos más críptico y hasta conceptual, como en «Esquinas rectas», molduras arrojadas en una de las salas del museo, como si se hubieran caído, metáfora de que la falta de determinados materiales de fijación (esos que invisibilizamos pero cuya labor social también es capital) imposibilitan sus sostenimiento.

Aún así, merece la pena aproximarse a su manera de denunciar la frialdad con la que los sistemas sociales generan fórmulas de inclusión y exclusión más o menos explícitos, amparados además por los aparatos legales y los medios de comunicación, renunciando incluso a la excelencia (es el caso del informático Alan Turing, al que dedica una serie) si el sujeto no encaja en los parámetros exigidos. Recuerden que la ironía y también cierta crisis existencial de Olesen pululan por las salas.

«Ilustraciones de la vida de Alan Turing»
Eloy de la Iglesia. «Oscuro objeto de deseo». Tabacalera-Madrid.

l fotógrafo Pedro Usabiaga, aquí como comisario, parafrasea a Luis buñuel en el título de esta excelente muestra en Tabacalera para describir esa «oscuridad» en la que siempre le gustó situarse a Eloy de la Iglesia como cineasta: una penumbra que nace de llevar al sujeto a situaciones límite o de hablar abiertamente de cuestiones de difícil digestión para la sociedad sobre las que hacía falta poner el foco (de luz): de las drogas o la delincuencia juvenil («El pico», «La estanquera de Vallecas») a la homosexualidad («Los novios búlgaros»), el aborto o la corrupción política («El diputado»).

Organizada por la Subdirección General de Promoción de las Bellas Artes y producida por Kutxa Fundazioa, en San Sebastián (donde comenzó su itinerancia en 2018) , la muestra, hasta el 8 de septiembre, es importante no sólo porque revisa una filmografía que dio voz a marginados, rechazados y disedentes sexuales, sino porque además coquetea con otras técnicas, más allá de la cinematográfica.

Así, junto al repaso a sus títulos más destacados a través de material de fotografía fija, la exposición se completa con retratos del realizador en rodajes con la firma de autores como Guillermo Pascual, David Calle, José María Castelvi y Juantxo Egaña, así como material documental extraido de entrevistas con el director, mientras su universo se amplia con los collages inspirados en sus cintas y firmados Quentin Valois o la recuperación de sus quinquis de extrarradio con los retratos actuales de las nuevas tribus urbanas de Jorge Fuembuena, o la intervención en grafiti de Baptiste Pauthe.

Maria Luisa San José, José Sacristan y José Luis Alonzo en «El Diputado» (1978)
«¡Feminismos!». CCCB

Buena parte de los discursos feministas actuales tienen su origen en el punto de inflexión que el movimiento experimentó en los años setenta. Una doble exposición y un amplio programa de actividades, recogidas bajo el epígrafe general de «¡Feminismos!», en el CCCB de Barcelona ilustrarán desde el 19 de julio las continuidades y rupturas entre las premisas ideológicas de género de esta naturaleza en la actualidad y hace 50 años.

De esta manera, y por su parte, «La vanguardia feminista de los años 70» ilustrará con obras de la Verbund Collection de Viena, los hitos de la vanguardia feminista en la década de los setenta del pasado siglo, un momento en el que la mujer reescribe el canon de la Historia del arte e irrumpen nuevas disciplinas artísticas como el vídeo o la performance que casan bien con los nuevos discursos en torno al género, la reivindicación del derecho a decidir y disfrutar del cuerpo,las primeras denuncias de violencias machistas o la concepción de lo íntimo como arma política.

Doscientas obras de 73 artistas como Ana Mendieta, Cindy Sherman, Helena Almeida o Martha Rosler procedentes de los fondos de la institución austriaca se complementan con los trabajos de ocho artistas locales (Eugènia Balcells, Marisa González, Fina Miralles…) y dan fe de la transformación que supuso que la mujer (en este caso, las artistas) empezara a asumirse como colectivo, mientras tomaba la iniciativa en la representación de su propio yo.

A su lado, «Coreografías del género» incidirá en la pluralidad de los feminismos actuales, imposibles de ser asumidos en un único relato. De hecho, y para los responsables de esta segunda exhibición, el sexismo no puede desligarse de otras formas de dominación como el racismo, el especismo, la transfobia, la homofobia, el desprecio a los depauperados, las personas discapacitadas o los extranjeros. Su tesis pues amplía los discursos que nacieron en los setenta por parte de creadoras –todas ellas españolas– que, por una cuestión de edad, no pudieron enarbolarlos entonces pero que lo hacen ahora, como Cabello/Carceller, Lúa Coderch, Nuria Güell, María Ruido o Mireia Sallarès.

Fotografía de Birgit Jurgenssen
Gelen Jeleton. «Una archiva del diy». MACBA

La artista María Ángeles Alcántara (más conocida como Gelen Jeleton) se propuso hace ya un tiempo revisitar el concepto de archivo y poner en duda sus criterios de inclusión y exclusión, puesto que sus contenidos suponen la idea de «verdad» que sostenemos como sociedad. Si el suyo iba a tener además perspectiva de género y compromiso feminista tenía que pasar a denominarse «archiva». Y bajo ese epígrafe, una de sus primeras acciones fue la creacción de «una» «archiva del do it yourself», propuesta de autoedición y autogestión que diera pie a una fanzinoteca feminista y queer. El trabajo con redes autogestionadas y de autoedición con las que comparte filosofía han hecho el resto.

Parte de sus resultados son los que entran ahora en el centro de documentación del MACBA (hasta el 10 de septiembre), en una exposición que reúne títulos de «femzines» (esto es, fanzines de vocación feminista, que además pueden ser consultados los miércoles con citaprevia) publicados por mujeres trans, cis o queers, referentes en las últimas décadas, de los noventa a la actualidad y que aúnan música y dibujo. La cita servirá incluso, con sus diferentes actividades hasta su clausura, para incorporar nuevas entradas e impulsar otras acciones.

Elmgreen & Dragset. «It’s Not What You Think». BlueProject Foundation.

Si hay una pareja que ha defendido con su obra la visiblidad del colectivo homosexual esa es la conformada por Michael Elmgreen e Ingar Dragset. En su regreso a España, convierten Il Saloto de la BlueProject Foundation (en Barcelona) en una sala de calderas subterránea abandonada con una instalación «site-specific» en las que otras piezas del colectivo componen una narrativa ambigua, escenario también de una de sus performances.

El proyecto reúne dos discursos aparentemente divergentes: uno centrado en el rol perdido del cuerpo humano en la era de la información post-laboral, y el otro, en el cuerpo como campo de batalla mercantil, como se puede detectar en lo referente al tratamiento y la prevención del VIH y el sida.

Porque, como anuncia el título, aquí nada es lo que parece: el laberinto de tubos a los que se enfrenta el espectador modifica sus movimientos, le obligan a sortearlos, rodearlos, evitarlos (tal y como hace el sistema con nosotros sin que nos demos cuenta). A su vez, sus colores atractivos, en tonos pastel, son los empleados para recubrir las píldoras de los medicamentos de última generacion contra el VIH. Estos pueden parecer inocentes, pero camuflan la toxicidad de tales medicinas.

Decoran una instalación de inspiración minimalista que recuerda un sistema corporal a través de elementos arquitectónicos simples, como si fueran las venas de un organismo. En el fondo, todo remite a una ficción disfuncional, metáfora del cuerpo como un producto tanto biológico como cultural, cuyo aspecto postindustrial nos aleja de ámbitos donde la sensación de cercanía y lo manual nos hacían sentir confortados. Un rtecordatorio de que nuestro propio cuerpo hoy no es más que una unidad de producción despersonalizado en una cadena de producción en masa, programados para producir y también para consumir. Hasta el 27 de octubre.

Detalle de la instalación de este colectivo en la BlueProject
David Trullo. «Entreguerras». Factoría de Arte y Desarrollo

Si hace unos días David Trullo entraba en Factoría de Arte y Desarrollo como comisario de la exposición en la que el pintor gallego Roberto González Fernández hacía alarde del exhibicionismo como forma de lucha (la exposición se titulaba «Pride. Blue Tongue Men», y la componían dípticos de retratos de hombres homosexuales que se mostraban orgullosos de serlo enseñando sus lenguas azuladas), ahora regresa para desplegar otro de sus interesantes proyectos fotográficos.

Trullo, que nos tiene acostumbrados a cuestionarnos la veracidad de las imágenes (memorable fue su serie de «fauxtographies», que juega con la fonética del término «falso» en francés aplicado a lo fotográfico), vuelve a trabajar con imágenes de archivo, que manipuladas, adquieren nuevas resonancias y lecturas.

La sensación amplificada en redes sociales es la de que «nos encontramos en una especie de nuevo periodo de entreguerras», explica el artista, que utiliza este concepto para titular su propuesta. Quizás eso se debe, en su opinión, a que entramos en la década de los felices 20, pero del siglo XXI, y se acumulan los aniversarios que nos remiten a episodios oscuros de hace tan solo un siglo como el fin de la Gran Guerra, los 80 años del final de la Civil Española y principio de la II Guerra Mundial, o los 50 de Stonewall… «Aunque parece que nos alejamos de los diez oscuros años de la crisis nos acercamos a un momento no mucho mejor, e incluso a un escenario preapocalíptico, volviendo a revivir argumentos y situaciones que creíamos superadas», expone.

De tal manera, Trullo recupera imágenes «bélicas» de un pasado que suponíamos remoto no para homenajearlo, sino «para hablar de la encrucijada actual desde una perspectiva queer: una posible vuelta a la revuelta, a revisitar nuestra situación». De esta manera, lo celebratorio deja paso de nuevo a lo político. Y el triángulo rosa que marcó al colectivo LGTBI en los campos de concentración se transforman en insignias de combatientes.

El artista «expande» aquí las posibilidades de lo fotográfico mezclando imágenes de su autoría, junto a otras apropiadas, empleando soportes clásicos y otros como la cerámica, que ya se han convertido en clásicos para él. De lo que se trata, en definitiva es de «declarar la guerra» desde el arte, estado paradójicamente ideal (ya nos lo dejaron bien claro los antigüos) para conseguir un verdadero cambio de orden.

Una de las imágenes de la serie «Entreguerras» de David Trullo
Hervé Guibert. Fundación Loewe

De nada le sirvió a Hervé Guibert haberse labrado un nombre como escritor y fotógrafo en los círculos intelectuales de París durante los años ochenta. De hecho, este autor, que murió prematuramente con 36 años, ganó gran notoriedad gracias a las columnas que publicó en el diario Le Monde entre 1977 y 1985: Cuando publicó su libro «Al amigo que no me salvó la vida» en el que se revelaba como portador del VIH se generaba el escándalo y se olvidaba todo lo anterior.

La Fundación Loewe, en Madrid, que con ocasión de PHotoEspaña y la proximidad del Orgullo, lleva algunos años apostando por artistas que han abordado cuestiones de identidad de género («Minor White» en 2017 y la muestra dedicada a Hujar-Wojnarowicz el pasado año), lo recupera, constatando cómo el lírismo de sus imágenes (su uso de las sombras y las luces) no estaban en absoluto reñido con su carácter resiliente y reivindicativo. Su trabajo ayudó así a visibilizar la tragedia de vivir con sida en una época en que la enfermedad era un estigma y una auténtica condena de muerte.

Una de las fotografías de este autor
Guillermo Peñalver. «Autorretrato en interior». Museo ABC

Digamos que no es pretensión de Guillermo Peñalver hacer una alarde de su homosexualidad desde la propuesta que presenta ahora en el Museo ABC con el dibujo como telón de fondo. Pero su deseo por plasmar su cotidianidad en el estudio («Autorretrato en interior», en del taller, lo ha llamado), le lleva de una manera naturalizada a mostrar su día día, esa actividad que termina siendo pública, pero que se confunde y se mezcla con su intimidad.

Y ahí está, a golpe de papel y tijera, de insinuante grafito, una de las monumentales imágenes en la que el espectador intuye, por la presencia de un chivato segundo par de pies en el sillón-cama del artista, la presencia de otra persona (¿uno de sus amantes?) en su lecho.

Más allá de esta anécdota, Peñalver construye para «Conexiones», el programa que, bajo el auspicio de la Fundación Banco de Santander, introduce en el Museo ABC los avances que con el dibujo como disciplina realizan las nuevas generaciones de artistas en nuestro país, un diario íntimo que supone un significativo paso de gigante de este creador, ensimismado aquí en el yo, pero con el que, desde su blanco y su negro, es imposible no empatizar.

«La ducha», detalle. Obra de Guillermo Peñalver
Juan Carlos Martínez. «The Journey Continues». Galería Fernando Pradilla

«El viaje continúa», reza el título de la exposición de Juan Carlos Martínez, en la galería Fernando Pradilla, lo que en el caso del joven extremeño significa una nueva reflexión sobre la fotografía y la mirada que nos anima a arrojar; una invitación a ser vistos; el deseo de ocultar, y, sobre todo y ahora, la plasmación de la representación del cuerpo –sobre todo el joven, sobre todo el masculino–, y su exposición –inocente u exhibicionista– en el ámbito público.

Esto último es básicamente el concepto sobre el que se asienta «Brakers», la serie que plasma los excesos de los desenfrenos de sus protagonistas, conjunto que se inicia con una residencia en el extranjero y que le ha dado mucho juego a su autor (que también le hace guiños a lo pictórico y a los géneros clásicos). Se complementa a la perfección con otro anterior, el «Secret Photography Archive», un auténtico work in progress cuyo origen está en las redes sociales, fruto de «hallazgos inesperados» a pie de calle, cuyos modelos se exhiben, esta vez sin ser conscientes de ellos.

A su lado, otros dos líneas de trabajo que nos hacen presagiar nuevos rumbos en el proceder de Martínez: «The Bystander» y «The Hydden Viewer», conjuntos que «exponen» a los que nos vigilan (también sus lugares de trabajo) y por ello, que les obliga a posar, a exponerse, a intentar mentir lo menos posible delante de la cámara, pese a que ellos prefieren siempre ocultarse de las mismas.

Fotografía de la serie «Brakers», de Juan Carlos Martínez
Robert Mapplethorpe. «Naturalezas muertas». Galería Elvira González

No podía faltar en este top Robert Mapplethorpe, pese a que las obras con las que entra ahora en la galería Elvira González (es la tercera vez que lo hace) son sus naturalezas muertas, una de sus líneas de trabajo, tan insinuante como sus desnudos, sobre todo si tenemos en cuenta que en muchos de los objetos que usaba como modelos utilizó una mirada «erotizante».

La exposición ha servido asímismo para presentar el biopic sobre la vida del fotógrafo dirigido por Ondi Timoner y que aún no se ha estrenado en España. Un primer pase de la cinta tuvo lugar en la sede de la galería en junio, pero un segundo aún le espera el próximo diez de julio.

No es este el único gran nombre que en clave LGTBI nos deja PHotoEspaña. A Alcalá 31 habrá que volver a disfrutar de los «Encapsulados» de Darío Villalba. Y a la Santana Art Gallerypara contemplar los retratos de Enrique Toribio: Su «La piel sabia» es un alegato a los cuerpos no normativos, aquellos que muestran con orgullo la experiencia, las cicatrices, el paso del tiempo.

Una de las fotos de Mapplethorpe en Elvira González

Texto publicado el 3 de julio de 2019 en la web de ABC Cultural

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