Los puntos fuertes y los puntos débiles de ARCO’21

ARCO 2021: Una edición para sudar la camiseta

Hoy abre sus puertas la edición número 40 de ARCO, aquella en la que el coronavirus frustró muchos de sus planes pero que finalmente no derribó. Ahora bien: la feria responde plegando velas, con una entrega reducida y muy conservadora

Detalle de uno de los estando de la feria

Lo ha conseguido: ARCOmadrid ya tiene sus titulares. Es la única gran feria internacional que puede presumir de no haber visto cancelada la celebración de ninguna de sus ediciones (al menos en la versión madre de Madrid) a causa del coronavirus. También la primera de las grandes que se celebra en este 2021, adelantándose incluso a Basel, lo que muchos consideran un gran triunfo.

La pregunta resultante es a qué costa se alcanza todo esto. La feria española pierde por el camino más de cien galerías, dejando muy dañada una de sus señas de identidad, que es el supuesto apoyo al arte latinoamericano (sus agentes no pueden viajar estos días a la capital por las restricciones debidas a

la pandemia) y nadie asegura que el coleccionista europeo vaya acudir a la llamada de una feria que deberá celebrarse a cuarenta grados en una urbe sin mucho atractivo veraniego y en un país en el que la incidencia de la enfermedad crece cada día a pasos agigantados gracias a la entrega en dicho propósito de nuestros jóvenes.

Maribel López, consciente de la situación, no he dejado de contestar cada vez que se le ha preguntado que este ARCO tenía que ser el de la reactivación del mercado (como si ese no hubiera sido el cometido de nuestra feria año tras año, en respuesta a un coleccionismo exiguo como el nuestro) en el que se apostaría por un formato más pequeño para atender a la calidad sobre la cantidad (como si la pérdida de galerías como Hauser & Wirth o Continua se hiciera en pos de la estabilidad de la feria y no por la pérdida de la confianza de firmas como estas en ella).

Estand de Albarrán Bourdais en ARCO 21

Hablemos ya sin rodeos: ARCO 2021 no es en absoluto una mala feria. Ahora bien, es conservadora hasta la médula. Hasta Santiago Sierra ‘se pone de cara a la pared’ en Helga este año. Las galerías que finalmente han apostado por ella lo hacen con la máxima ilusión pero sin echar las campanas al vuelo. El nuevo diseño espacial de Burgos & Garrido Arquitectos, por lo menos da seguridad al que teme por las aglomeraciones (allí fuera sigue habiendo una pandemia mundial), aunque también subraya las ausencias (hay estands a los que les sobra metros por todos los lados) y, lo que es peor, resalta los erroresde aquellos que no han apostado por montajes correctos. No le doy nombres ni de lo uno ni de lo otro porque se cerciorarán por ustedes mismos.

En cuanto a los espacios comisariados de este año, aquí el desenlace es bastante irregular. ARCO renuncia a celebrar su cuarenta cumpleaños, ya que, ni con invitación, las grandes galerías que tenían que venir a la fiesta (esas que López llama «tus mejores amigos»: a los mejores amigos no se les paga), o no pueden desplazarse por el coronavirus o no se les espera. Ya lo hará el año que viene con la sección «40+1» (o «30+11», que la feria se va a parecer a esas personas que deciden que su edad se para en una cifra determinada).

La evidencia de que Latinoamérica este año es otra batalla perdida (como lo es el ámbito anglosajón, desaparecido en combate, con el alemán y el francés en horas bajas: ni en sus peores sueños la feria vería que su ansiada internacionalización deja el salón en un 55 por ciento de firmas extranjeras) ha llevado a ingeniarse la presencia de firmas latinas –sin que estén presentes– con el sector ‘Remitente’, encargado a Mariano Mayer, en el que se ha utilizado la fórmula de incluir a artistas del nuevo continente que viven en España o Europa, emplear obras de vídeo para que el envío no sea un problema, o utilizar las de autores representados por terceras galerías, suplantando luego su identidad.

Obras en la sección «Remitente», de Mariano Mayer

El resultado es una exposición sin cartelas, que eleva el nivel de lo que amenazaba como primer plato la muestra ‘Prelibros’ en Casa de América, y en la que tendrá que ser el avezado espectador el que relacione los nombres con las obras (allí están representados grandes artistas como Raúl Zurita, Felipe Mújica, Glenda León o Natalia Iguiñiz). El gran misterio es cómo se compra una obra a un remitente ausente.

Por otro lado, y aunque ARCO considera que salda así una cuenta pendiente con la paridad, la feria ha creado una «sección femenina» (no sabemos si es este peor nombre que el de «proyecto especial»), que en realidad «rellena» muchos de los huecos que se han quedado en los pabellones 7 y 9, pero que a todas luces confunde: ¿Por qué en el caso de algunas firmas está junto a su estand, y en otros, como la Beth Moysés de Fernando Pradilla o la Anastasia Samoylova de Sabrina Amrani, hay que ir a buscarlas a otro sitio? ¿Por qué en Opening se desglosa el listado de galerías y artistas participantes? ¿Por qué no es un proyecto de artista del programa el de Mar Arza de Rocío Santa Cruz? Tampoco se ha optado por una señalética específica, que ayudaría mucho al que gusta de disfrutar del arte sexando pollos.

«Proyecto especial» de Magda Bolumar en Marc Domènech

Aún así, el nivel en este ámbito es elevado y no deberían dejar pasar por alto las propuestas de Ana H. del Amo ( Set Espai d’Art), Inma Herrera (versión compacta de su versión reciente en F2. Sí: esta sensación de dejà vu va a ser una constante de la edición), Magda Bolumar (Marc Domènech), el lirismo de Johanna Calle en Moisés Pérez de Albéniz o el diálogo entre Jessica Stockholder y Almudena Lobera, mejor que el que recientemente ofrecieron en Max Estrella.

Por su parte, Opening oferta una de sus mejores entregas en años (que no es mucho decir), una apuesta por las jóvenes galerías, orquestada esta vez por Övül Ö. Durmusoglu y Julia Morandeira, donde impactan las lecturas ‘medíaticas’ de Nuno Nunes-Ferreira (Balcony) y Vladimir Miladinovic (Eugster-Blgrade), la Julia Huete de Nordés o la Esther Gatón de Cibrián. Barremos para casa.

Estand ganador del premio Opening,al mejor de su sección

En el salón general, mucha, muchísima pintura, también escultura, algo de fotografía y Daniel Canogar (en Wilde, Cnio Arte, Max Estrella y Anita Beckers; aunque sería hacer demérito a la sala de vídeo que Aural ha preparado en su estand, en el que conviene al menos entrar). También hay otros nombres que se repiten, como los de Monica Bonvicini (Krizinger, Peter Kilchmann), Ángela de la Cruz (Thomas Schulte, Helga de Alvear) o Marina Abramovic, localizada en varios estands y fotografiada por Jordi Socías en Fernández Braso. Suponemos que es el ‘efecto Princesa de Asturias’. Curioso que con nuestro representante en Venecia en 2021, Ignasi Aballí, haya que levantar piedras para encontrarlo, tímido en Nordenhake. Eso dice mucho de la proyección del arte español. Sobre todo cuando el nombre más repetido es Plensa. Que el textil también es tendencia queda claro con el despliegue de Vivian Suter, la del Palacio de Velázquez, en Ultravioleta y House of Gaga, aunque yo prefiero la Julia Llerena de Sabrina Amrani o la Canepa de Rosa Santos, que regresa con la Marina González Guerrero que tan buenos resultados le dio en Estampa.

Ibarola y su «Guernica Gernikara», protagonista del estand de José de la Mano

Y ‘reventada’ por la prensa la sorpresa del ‘Guernica’ de Ibarrola en José de la Mano (uno de los mejores estands de la edición, con una afinada selección de obra geométrica de los sesenta y setenta envolviendo la monumental propuesta), lo mejor es dejarse llevar entre los pasillos y celebrar la presencia de Bruno Munari en Maab; el estupendo homenaje a las mujeres de la Bauhaus de Gonzalo Elvira (y las fotos de Colita) en Rocío Santa Cruz; un preparatorio sobre cartón de Maruja Mallo en Guillermo de Osma, muy cerquita de una extraordinaria María Blanchard; o Baldessari en plan romano, en La Caja Negra.

Un aplauso por aquellas galerías que se han tomado en serio su montaje. Como la apuesta por el arte joven (y femenino) de Alarcón Criado o las representaciones de Rodríguez Gallery, House of Chappaz, Albarrán Bourdais, Travesía 4 y Ángeles Baños. Sería estupendo aplicar el código que tipologiza a las galerías de Manuel Minch en Juan Silió para saber a qué nos atenemos con ellas. Ixone Sádaba vuelve incontestable a ATM (en su almacén, Clara Sánchez Salas merece asomarse a él).

Daniel García Andujar en Àngels Barcelona

Françoise Vanneraud se supera a sí misma en Ponce+Robles(también lo hace allí Isidro Blasco). Homenaje a Juliao Sarmentoen Joan Prats. Carlos Aires vuelve a retorcer el papel moneda con fina ironía en ADN. Pablo Capitán del Río es parada obligada en ArtNueve. También lo son Ana Tiscornia y sus collages en Espacio Mínimo, o las pieles de cerámica de Paloma de la Cruz en T-20 (junto al recién fichado Arturo Comas). Al presente retornamos con los bitcoins y los NFTs de Daniel García Andujar en Àngels Barcelona… Tema aparte son los «almacenes» visitables (o no) de este año: el de Juana de Aizpuru (rotulado «tienda»), el de L21… Y bajo su absoluta responsabilidad se adentran ustedes al fondo de los pabellones. Allí el metro cuadrado no se repartía tanto desde la época de Rosina Gómez Baeza.

ARCOmadrid lo tiene todo preparado para seducir desde hoy al que se acerque a Ifema. No cabe duda que hay que reconocerle su tesón a su directora. Esperemos que para el recuerdo quede algo más que esta fue la edición de las mascarillas y las chanclas. Si es que el tiempo da una tregua, y esto último se cumple, porque, mucho verano, pero ayer irrumpió la lluvia. ¡Hasta para eso ARCO será siempre ARCO!

Un primer plano de una obra de Avelino Sala en ADN

Texto publicado en la web de ABC Cultural el 7 de julio de 2021

 

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