Marina Abramovic («Portrait as Biography». Bernal Espacio. Madrid)

 «Es básico entender los límites del cuerpo, pero nunca cruzarlos»

Marina Abramovic llevaba diez años sin exponer en Madrid. Rompe la racha en Bernal Espacio, donde muestra sus autorretratos y estrena en España el vídeo ‘Seven Deaths’, homenaje a Maria Callas

Marina Abramovic en la sede actual de Bernal Espacio (Ignacio Gil)

Habitación 601 de un céntrico hotel madrileño. Quien nos recibe tras la puerta de la suite es Marina Abramovic (Belgrado, 1946), en riguroso rojo fuego, de cuello a talones. Vuelve a Madrid, donde no exponía desde hace diez años, para estrenar su vídeo ‘7 Deaths’ y mostrar una selección de sus autorretratos fotográficos en la galería itinerante Bernal Espacio, ahora abriéndose hueco en la Nave Sánchez-Ubiría. Es momento de descubrir si el hábito hace al monje. Bastan las primeras respuestas para descubrir que no, que los de diva, persona altiva o fría, son ‘trajes’ que la prensa ha hecho a la perfección para la serbia. Ella se ‘retrata’ con sus palabras.

Ayer fue el día de los enamorados. ¿De quién está enamorada Marina Abramovic hoy?

Ayer me dieron una sorpresa. Mi pareja vino desde Londres, sin que yo supiera que lo haría. Volvía de la galería, y había alguien delante del hotel con un gran libro cubriéndole el rostro. Reconocí los zapatos, pero me dije: «No puede ser». Bajó el libro, y ahí estaba. Fue un día de San Valentín maravilloso. Una gran sorpresa porque, básicamente, ambos vivimos en Nueva York, y él trabaja en Londres y yo aquí, y se supone que nos veríamos la próxima semana. Pero cogió un avión, y me dio una sorpresa. Estoy muy contenta.

¿Estar enamorado es el mejor estado para estar una persona?

¿Podemos elegirlo? Creo que el amor es la emoción más importante que tiene el ser humano. Pero no solo el amor hacia una persona o hacia tu familia o los hijos. También es básico que entendamos el amor incondicional, ser capaces de amar a la humanidad, e incluso a los animales, a la Naturaleza, a nuestro planeta. Olvidamos que el planeta, en realidad, no es nuestro enemigo, sino nuestro aliado. El amor incondicional, para mí, es la forma de amor más importante.

El amor es una de las pasiones que más mueve a los seres humanos, como nos ha demostrado su trabajo. ¿Lo hace más que el odio?

En primer lugar, amor y odio son lo mismo, amas hasta tal punto que odias porque son como dos cuestiones opuestas que, en realidad, se equilibran. Por eso es tan importante el amor incondicional, porque está por encima del odio. Pero si amas de manera exclusiva, eso también se puede convertir en odio. Por eso siempre pongo al amor incondicional por encima de todo.

Aquí, en Madrid, presenta ‘Seven Deaths’, donde el amor es el motor de las siete muertes que se escenifican. ¿Cuál es la intención de este trabajo?

Tardo muchísimos años en hacer un proyecto. A veces, 10, 12, 15 años, pero este es en que más tiempo he invertido, 30 años, incluso más si tenemos en cuenta cuándo tuve la idea de hacerlo, con 14 años, estando en la cocina de mi abuela escuchando la radio. Ella siempre escuchaba las noticias, escuchaba música, y de pronto apareció la voz de una mujer. Recuerdo que empecé a llorar. No sabía quién era, pero la voz me conmovió. Luego, escuché al narrador que decía: «Es María Callas». Desde entonces he querido saberlo todo sobre su vida. Y descubrí muchas similitudes con la mía: es Sagitario como yo, tenía la nariz grande como yo [ríe], tuvo una madre muy difícil… Pero una de las cosas más interesantes que descubrí después es que murió porque se le rompió el corazón, por amor. Yo en mi vida casi muero por una ruptura amorosa. Estaba muy enamorada de mi último marido. Cuando me dejó, no podía comer, no podía dormir o pensar. Todo se hundía bajo mis pies. Pero el trabajo me salvó. El suyo no la salvó a ella. Pensé abordar esta idea del corazón roto de una manera nueva.

Uno de los autorretratos de Abramovic de la exposición en Madrid

Es su salto a la ópera.

Si alguien me hubiese dicho hace diez años que haría ópera, habría pensado que estaba loco, porque la ópera es una forma de arte muy antigua. Por eso quise renovarla, deconstruirla. Luego me di cuenta de que en todas las óperas muere siempre la mujer, y lo hace de amor. Por eso solo seleccioné las arias de las muertes, a Callas cantando. El resultado es un compendio de tuberculosis, locura, suicidios, estrangulaciones, personas quemadas… Partimos de ‘La Traviata’, ‘Otelo’, ‘Tosca’, ‘Carmen’, ‘Madame Butterfly’, ‘Norma’… Cuando terminé esto como ópera, me di cuenta de que solo duraba una hora, algo mucho más corto que una ópera. Al mismo tiempo, quería dirigirme a las nuevas generaciones, quería que empezasen a ver la ópera de una manera distinta. Y también su vida.

Ha experimentado siete maneras de morir. ¿Le tiene miedo a la muerte?

Si dijese que no mentiría. De hecho, cada vez que cojo un avión, es terrible: mi corazón se sobresalta y pienso en hacer testamento. Todo el mundo tiene miedo a morir. Pero, al tiempo, he trabajado mucho con la idea de que tengo que vivir cada día como si fuera el último porque la muerte puede llegarte de una manera inesperada. Dos segundos y estás muerto. Pensamos que viviremos para siempre, y no nos gusta pensar en morir. Yo lo hago a diario, porque así disfruto más de la vida y elimino las tonterías, todas las cosas que no son importantes.

«Sufrir está bien. Los artistas nunca hacen buen arte con felicidad. Mi teoría es que cuanto peor es tu infancia en mejor artista te conviertes. Demasiada felicidad no es buena»

Si alguien te dijese que que te quedan tres días de vida, no harías ni el 90 por ciento de las cosas que haces. Así es como deberías vivir tu vida, con sentido, pensando que cada minuto es valioso. Siempre digo lo mismo: mi sueño es morir sin ira, consciente y sin miedo. Desde el momento en el que naces, cada día estás más cerca de la muerte. Es así. No podemos vivir para siempre, lo sabemos, pero es muy importante tener esto en la cabeza cuando planificas tu vida.

Con la edad, ¿se toma conciencia de ello?

Sin duda. Pero fue cuando cumplí 70, en mi cumpleaños, cuando por primera vez me di cuenta. Lloré. El tiempo pasa muy rápido. Cuando cumplí 70 pensé: «Mierda, es un número muy rotundo». Ahora, tengo 75, en noviembre cumpliré 76. Ahora, no sé, disfruto mucho, nunca he sido más feliz en mi vida que ahora. No quiero volver a ser joven porque sufrí mucho, es muy complicado… Con la edad ganas en sabiduría. Eso es fantástico. Disfrutas mucho más todo. El único problema de ser mayor es si estás enfermo. Ahora, 80 años no me parecen tantos. Sigo bien, estoy bien. Mi abuela tenía 103 años cuando murió.

Siempre ha puesto el cuerpo al límite. ¿Ha buscado la muerte?

No. ¿Está loco? Me gusta mucho la vida. ¿Le parece que he buscado la muerte? Estoy llena de vida. Para mí es básico entender los límites del cuerpo, pero nunca hay que cruzarlos. En mi ‘Manifiesto’ digo que el suicidio no está permitido porque la vida es un regalo. Nunca me lo plantearía. Sufrir está bien, porque los artistas nunca hacen buen arte con felicidad, siempre les sale bien desde el sufrimiento. Los libros de Historia del Arte están llenos de sufrimiento. Mi teoría es que cuanto peor es tu infancia en mejor artista te conviertes. Demasiada felicidad no es buena.

Vuelvo a ‘Seven Deaths’. No es la primera vez que trabaja con Wilhem Defoe. ¿Es él el nuevo Ulay?

No, no. En ‘Vida y muerte de Marina Abramovic’, Wilson representa a muchos personajes diferentes: representa a mi hermano, a mi padre, a Ulay, a Joker, a Crazy General… En ‘Callas’ solo encarna a un personaje, Onassis, porque en la mente de Callas, psicológicamente, Onassis la mata una y otra vez. Por tanto, es el perfecto asesino. Tiene un rostro fantástico. Además, es un buen amigo. Cuando trabajaba con Bob Wilson, me ayudó mucho porque no me gustaba lo del teatro y la ópera. Para mí, la ‘performance’ era el único arte real. Todo lo demás, no, porque es falso, estás en el escenario, e interpretas algo que no eres; la sangre no es sangre, es kétchup. Él me explicaba que, en realidad, no era así en absoluto, que puedes meterte en el papel y convertirte en la persona a la que interpretas. Y por eso, en ‘Seven Deaths’, para mí fue capital, y me ayudó, porque tenía que morir, algo que no es real, en cada escena, pero, al tiempo, tenía que llegar a la idea de morir de verdad, e intenté hacerlo lo mejor posible. No digo que lo consiguiera siempre, pero estoy muy contenta del resultado y de su ayuda, porque es un gran actor. Me dio la clave secreta para usarla.

Un momento de ‘Seven Deaths’, el último vídeo de Abramovic

En Madrid, además, ofrece una selección de fotografías, que son autorretratos. No sé si para usted el retrato es una prolongación de la ‘performance’, un género ‘inevitable’.

Le pedí a una chica muy joven, Sydney Fishman, de 26 años, que fuera la comisaria. Me gusta trabajar con los jóvenes. Se lo pedí porque, básicamente, quería saber cómo se puede contar esa historia. Como soy el objeto de mi obra, siempre estoy en las fotos. Ella ha seleccionado obras muy tempranas, de la década de 1970, cuando tenía 23 años, hasta 2021. A veces, para una artista está muy bien tener un curador porque un artista no es un buen juez de su propia obra. Pasa que crees que alguna gran chorrada es fantástica, y no lo es en absoluto.

Hay una frase de Gandhi que usted repite mucho: «Primero te ignoran, luego se ríen de ti, y después te atacan. Entonces ganas». ¿En qué punto se encuentra en este momento?

Piensas que tienes éxito, pero nunca lo tienes. De hecho, te morirás, siento recordártelo de nuevo… Y luego, tienes que ver cómo sobrevives al tiempo, porque muchos artistas son increíblemente populares en vida, y luego no vuelves a oír hablar de ellos jamás. Sé que ahora estoy en mejor posición que al principio de mi carrera, cuando la gente me decía «esto es ridículo. No es arte». Pero todas mis primeras obras están ahora en los libros de ‘performance’. Sigo y sigo y sigo. No leo las críticas, porque si las leyese, me disgustaría. En EE.UU. dicen que soy satánica. Es increíble la manipulación… Me ‘googlean’, me ven quemando una estrella de cinco puntas, y entonces soy comunista… ¿Qué puedo hacer? Ayer publicó un gran artículo ‘The Guardian’, pero me volvió loca. Estoy muy enfadada. Hablemos de periodismo…

«Mi sueño es morir sin ira, consciente y sin miedo. Desde el momento en el que naces, cada día estás más cerca de la muerte»

Hablemos…

‘The Guardian’ era un periódico maravilloso, pero cada vez se parece más a un tabloide: la persona que escribe el artículo y la que hace el título son distintas. Un artículo muy bueno con un titular de mierda, en el que se habla de «mi próximo truco». ¡Nunca he hecho trucos en mi vida! «Marina Abramovic, artista provocadora y gurú de sí misma». Es horrible. Me pasó también recientemente con otro que titulaban «Marina Abramovic: amantes jóvenes, cristales mágicos y algo más». Increíble. ¿Es solo porque soy una mujer y me tienen que rebajar? ¿Cuál es la razón? Nunca he tenido ese problema con la prensa española…

Volvemos al odio y a la envidia. Ha dicho alguna vez que, cuando era más joven, cuando tenía entre 20 y 40 años, los que la criticaban eran hombres, y que, sin embargo, entre los 50 y los 70, los que más la atacan ahora son mujeres.

Y no sé por qué. Tan solo soy un buen ejemplo. Si yo lo he logrado lo que he logrado, pueden hacerlo los demás. Es increíble. Cuando tuve el juicio contra Ulay por nuestro trabajo conjunto, la mayoría de los que me atacaron eran mujeres que decían «¿cómo la máquina de Marina Abramovic ha arruinado a este maravilloso hombre que nunca se comprometió con el mercado?». ¿No se comprometió con el mercado? ¡No trabajó! Yo hice todo el trabajo. Pero fue una mujer la que se puso de su lado. Y no sé por qué…. Me han criticado por la moda. Me encanta la moda. ¿Cuál es el problema de que te guste y de tener buen aspecto? Nunca salgo de casa sin maquillar, lo he hecho para esta entrevista. Es vanidad. Y luego, dicen que soy de la jet-set. En EE.UU. es muy sencillo: primero te descubren porque vienes de fuera, la ex-yugoslava, y eres fantástica. Luego, les gusta atacarte porque todos los artistas tienen que ser pobres, tiene que estar pirados y llevar ropa sucia, y yo no encajo en ese papel en absoluto.

«Holding the Lamb» (2010)

¿Y el odio tiene edad o sexo?

No, todo está mezclado. Además, la gente me ama y me odia a partes iguales. Y creo que es algo que es bueno en realidad. Lo que hago nunca deja indiferente. No trabajo para epatar a la gente. No me interesa. Me interesa entender la naturaleza humana.

Ha declarado que no se siente feminista porque considera que las mujeres son superiores a los hombres porque tienen un poder, que es que pueden generar vida. ¿Por qué usted no lo ha ejercido?

Renunciamos a nuestro control hace mucho tiempo. Renunciamos voluntariamente para agradar a los hombres. Sin ninguna razón, pero eso no importa. Siempre he creído que el ser humano tiene una energía especial en el cuerpo. Y yo tuve claro, muy desde el principio, que toda la mía se la daría al arte. Y muchas mujeres pueden ser grandes madres, pero yo no era una de ellas. No es que no fuese a serlo, sino que realmente solo quería trabajar como artista. Es lo único que quería hacer.

Y también tener total libertad: quería ser libre de las normas de la maternidad, de la familia. Solo quería lo necesario para hacer arte, viajar por el mundo, ser nómada. Soy un gran ejemplo de nómada moderno. Soy realmente libre. En tres minutos, puedo ir al Polo Sur ahora mismo si así lo decido; y no hay mucha gente de mi edad que tenga esa libertad. Quería eso. Por otro lado, soy madre de muchos amigos. Todo el mundo quiere que sea su segunda madre, y luego, todos mis alumnos son mis hijos porque, como no tengo, me proyecto a todos. Y me preocupo mucho por los artistas de las generaciones más jóvenes. Por eso tengo mi instituto en el que formamos y enseñamos a los artistas jóvenes.

La performance necesita público. ¿La ha matado de alguna manera la pandemia?

Esta ha sido fantástica para mí, porque, para un artista, la soledad es muy buena. Tuve muchísimo tiempo para desarrollar nuevas ideas, para hacer dibujos, para trabajar, para leer y para estar en la Naturaleza, porque tuve la suerte de vivirla en la Naturaleza. Durante la pandemia hice un gran programa de televisión de seis horas en Sky Arte sobre ‘performance’. En realidad, fui muy productiva durante ese tiempo. Y odio Zoom, la ‘performance’ de Zoom. Prefiero esperar y hacer performances como antes porque, en realidad, dos o tres años de la vida humana no es tanto tiempo. Habrá otro momento en la que la disciplina podrá proseguir.

Dice que se convirtió en ‘celebrity’ muy a su pesar…

No busco ser una celebridad. No he comprado ropa en los últimos 50 años, la gente me la da para que la lleve. Y me ponen en ese tipo de situación. Estoy muy contenta de llevar algo que es bonito. ¿Por qué no? Pero creas esa imagen de alfombra roja, de celebridad… Al mismo tiempo, salgo en las portadas de las revistas de moda. Si tienes 75 años y estás en ellas es muy divertido. No veo por qué tengo que tener alguna norma o límites con estas cuestiones. Eso no significa que sea una mala artista, pero los demás ven vanidad. ¡No miren mi vida, miren mi trabajo! Me encanta que el artista pueda ser un espíritu libre. Si quiero hacer ópera, hago ópera; si quiero hacer moda, hago moda. Es esa difuminación de los límites. Divido a los seres humanos en dos categorías: originales y seguidores. Siempre me interesa trabajar, conocer y colaborar con personas originales. Espero haber inventado yo también nuevas formas de hacer. Pero me han criticado toda mi vida…

¿El Premio Princesa de Asturias ha hecho, de alguna manera, que se la vuelva a tomar en serio?

Estoy muy orgullosa de mi Premio. Quiero decir unas palabras sobre esto. Ganarlo fue una sorpresa increíble. En mi propio país, nunca, mi generación nunca aceptó realmente mi trabajo. Y su Rey dijo unas cosas hermosísimas de por qué me lo concedieron: Por trabajar con la comunidad, por allanar el camino de la generación artística joven y por no tirar nunca la toalla en la ‘performance’. Lloré mucho. Fue algo especial para mí.

¿Y está reñida la ‘performance’ con la edad? No es lo mismo trabajar con un cuerpo joven que con uno maduro

No, es muy diferente, por supuesto. Pero algunas de las ‘performances’ más difíciles las hice con 60 y 65 años. Con 60 hice una en el Guggenheim que cada día duraba siete horas. No es fácil. Y luego, a los 65 hice ‘The Artist is Present’, que fue un infierno, ocho horas al día, durante tres meses. Es algo que nunca pude hacer cuando era joven. ¿Por qué? Por esa clase de concentración, de fuerza de voluntad y de sabiduría que precisan. Ahora mismo, la ópera que estoy haciendo, sobre el escenario, no es fácil para mí, por lo que la he adaptado a mis dolores, a mis huesos, a mi artritis. Pero, al mismo tiempo, sigo haciendo ejercicio cada día. Persigo estar lo más sana posible. Pero creo ‘performances’ relacionadas con mis límites. Si no puedo, no puedo.

‘The Kitchen VII’ (2009)

Viene mucho a Madrid, alaba nuestra cultura. ¿Es Marina Abramovic española sin saberlo?

Me encanta España. Y, por cierto, vengo mucho aquí porque trabajo con una firma que me produce las obras, una organización increíble. Su responsable es un ser humano muy especial y también inventor. Le doy un problema, y él inventa la manera de solucionarlo. Los que voy a mostrar en la Royal Academy en breve se han fabricado todos aquí. Mañana lo volveré a visitar en cuanto termine la inauguración.

En segundo lugar, me encanta España porque ustedes son muy parecidos a los eslavos, tienen pasión, drama, todo lo que me seduce. Míreme a mí, esto es rojo, ¿no? Me encantan las corridas, el flamenco. Apasionadamente. Para mí es un desastre que Casa Patas esté cerrada, porque venía aquí al menos tres noches al año para ver flamenco. Cuando era muy joven, conocí a La Chunga. Era la única que bailaba descalza entonces. Una energía increíble. He leído todo lo el Hemingway de las corridas. Estuve en Sevilla quizá hace 15 años con el alcalde. Hice un espectáculo allí, él fue a verlo, y después me mandó cada día un coche a mí hotel a las 14:30 para llevarme a los toros. Me senté a su lado y me lo explicó todo, las reglas que tienes que saber. Me aficioné mucho…

Hay algo en la cultura española… Me impresionó mucho el padre Justo. ¿Conocen al padre Justo? Ese señor que hizo la iglesia de la nada. Acaba de morir. Hice un trabajo muy importante para mí, ‘The Kitchen’, dedicado a Santa Teresa de Ávila, a la que quiero mucho. Tengo muchas conexiones con España. Me gusta Rossy de Pama, que es amiga personal. Y las películas de Almodóvar. ¿Y quién más? Chavela Vargas. Espera: No es española, pero cantaba en español…

Tenemos una imagen muy seria de Marina Abramovic, pero presume de ser una persona muy extrovertida, de tener un buen sentido del humor. Demuéstremelo.

Por supuesto que tengo sentido del humor. Cuento chistes verdes, me rio todo el tiempo. Mis amigos se divierten mucho conmigo. Es muy importante hacer algo muy serio y difícil, pero tienes que reírte, tienes que tener alegría de vivir. Es lo que me gusta. Es terrible cuando ves a gente en la calle con una expresión de tristeza. Me gustaría siempre espabilarlos: «¡Venga, la vida es maravillosa!». La vida es un milagro, tenemos que recordarlo.

¿Y sus próximos proyectos?

Tengo proyectos previstos hasta 2026. Ahora tengo la inauguración en Madrid. Luego, un gran espectáculo en Kaunas, en Lituania, que es una de las ciudades europeas de la Cultura de 2022. Tendré una charla en el pabellón de baloncesto para 6.000 personas, que es muy importante para mí, porque habrá mucha gente joven. No hay muchos artistas que hablen ante 6.000 personas, quizá ante 4.000 o 5.000, pero no 6.000. Me encantan estas mega charlas que en realidad son muy performativas. Después de Kaunas, tengo que recibir un premio. He hecho una ilustración para un pequeño cuento, ‘El patito feo’, y me van a dar un galardón en Dinamarca por la ilustración. Luego iré a Berlín para mostrar ‘Seven Deaths’.

Está la muestra en septiembre en la Royal Academy de Londres con obra nueva. Estoy muy emocionada porque en 250 años nunca ha habido una mujer en este gran espacio. Para mí es una responsabilidad muy grande. Quiero abrir el camino, soy como un tractor, una conductora, para todas las grandes mujeres artistas que deberían exponer allí, pero yo soy la primera.

En octubre, Ámsterdam. Voy a ser curadora de siete artistas jóvenes. Y otra vez la ópera allí. Después de eso, voy a recibir un doctorado en Israel por mi trabajo. El próximo año iré a la Bienal de Bangkok. Y después, tengo un espectáculo en China, pero es un gran interrogante porque ahora, si vas allí, tienes que hacer una cuarentena de 21 días. En marzo de 2023 llevo la ópera al Liceo de Barcelona… Probablemente me muera trabajando, cada vez tengo más trabajo. Pero me encanta trabajar. Es lo único que hago.

Marina Abramovic, en Madrid
Marina Abramovic. ‘Portrait as Biography’. Galería Bernal Espacio. Madrid. Nave Sánchez-Ubiría. C/ Valentín Beato, 11. Hasta el 19 de marzo

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