Miss Beige («Taking the Streets». Galería Ponce+Robles)

Miss Beige se bebe desde hoy las calles
–sin distancias, ni aforos que valgan– en la galería Ponce+Robles

El desafiante personaje tras el que se oculta la artista Ana Esmith celebra su incursión en la galería madrileña haciendo, paradójicamente, una defensa encarnecida del espacio público que el covid nos ha llevado a ver y ocupar de otra manera

Miss Beige en plena acción

Ana Esmith (Madrid, 1976) tiene un secreto. Nada hace presagiar que tras la gorra que suele llevar calada en la cabeza y su aspecto desgarbado pero bien parecido se esconde uno de los fenómenos artísticos y de redes sociales más brillantes de los últimos años en nuestro país; aunque –eso sí– de naturaleza «feista». Porque cuando la madrileña se mete en su personaje (con su traje beige, sus medias beige y su bolso beige) da lugar a uno de los personajes más inquisidores y desafiantes, de ceño fruncido y mohín en rostro, a los que haya dado pie la performance.

Porque sí: Ana Esmith es Miss Beige y Miss Beige es Ana Esmith, en sus palabras, «una identidad contracanónica, comprometida con nuestra cotidianidad y radicalmente alejada de los ideales que se imponen en la red social». Un proyecto multiforme que nace «en respuesta a la carencia de heroínas femeninas no sexualizadas ni cosificadas en el imaginario colectivo».

En realidad, Miss Beige da bastante mal rollo. Con su pelo aparentemente sucio, su vestido demodé y ese martillo asomando por su bolso. A ello se suma que no habla. Solo nos fiscaliza con la mirada, invadiendo nuestro espacio vital.

«Miss Beige nació a partir de su vestido, con el que me hago en el Rastro de Madrid. Un resto abandonado al que me propongo dotarle de nueva vida», explica su autora. «Esa prenda me invitó a apostar por lo feo, en una reflexión típica de tarde de domingo en la que no se tiene mucho que hacer». Pero a lo que daba pie esa actitud respondía a cuestiones mucho más profundas de las que se desprende de una lectura superficial: «Para mí misma, por ejemplo, significaba buscarle una solución a la presión que todo el mundo ejercía sobre mí, después de regresar a España tras 15 años fuera y sin tener muy claro qué iba a hacer con mi vida». Una necesidad personal que termina transformándose en necesidad social.

«No quepo en mí de gozo»

Porque, de esta guisa, Ana Esmith/Miss Beige se lanzaron a las calles para generar una «performance in progress» (como a ella le gusta definirla) incisiva, que no deja de ser una ocupación del espacio urbano para interactuar con miradas y reacciones ajenas, además de una relectura de los cánones de belleza autoimpuestos.

No en vano, así se titula su entrada en Ponce+Robles (Miss Beige. Taking the Streets); su primera comparecencia en una galería de Madrid, que desde este jueves y durante tres semanas, revisará desde una selección de 21 fotografías y la repetición de una de sus acciones (durante la jornada inaugural y en las mañanas de los días 14 y 21 de noviembre) lo que han dado de sí los paseos de este peculiar personaje por entornos como Benidorm (en este caso, junto a la fotógrafa María Moldes), ferias como ARCO (la acción Paseo en Glovo), o happenings en pleno Madrid junto a muchos otros «beigers», que se han recogido en vídeos, fotografías, el fotolibro Miss Beige Taking The STreeTs, así como sus cuentas en Instagram o Facebook, donde los seguidores son legión.

«De lo que se trata –apunta–, sobre todo con lo que está cayendo, es de recuperar el espacio público, volver a dotarlo de la importancia que se merece. Durante mucho tiempo hemos ignorado la fuerza y la importancia de la calle, y ahora que volvemos a ella nos damos cuenta de que en ella no somos la misma persona». Un poco lo que le sucede a Ana Esmith cuando se transforma en Miss Beige.

«No me gusta destacar» (Foto: María Dain)

«Miss Beige es yo pero pasada por un filtro –se confiesa la artista–. Es como si pusieras delante de mí un foco muy potente, que te obliga a cortarte un poco. Es cierto que hay valores que comparto con el personaje, pero igual que Ana persona te daría una respuesta abrupta a una situación determinada, el silencio de Miss Beige permite echar el freno. Miss beige es “muy de respetar”, de plantearte cuestiones más o menos conflictivas o peliagudas, sobre las que opina a su manera».

Y la intención feminista en ella es algo evidente que le ha acompañado desde el comienzo: «A ello responde su aspecto físico. Es femenino, pero, como le gusta decir a mi madre, sin sacarme el mejor partido. Además, el resultado final tiene también una parte andrógina que me interesa». Miss Beige es el antiselfie, justo cuando parece que no podemos vivir fuera de las redes sociales, que también niegan la fuerza del entorno real. Es la reivindicación de la mujer mal llamada «normal».

«Lo bueno de ella –relata Esmith– es que, pese a ser tan invasiva, no tiene haters». Para su responsable, Miss Beige no ha cambiado en estos cuatro años, periodo que documenta la muestra, pero sí la mirada del espectador, al que desde el principio gustó: «Me he convertido en algo parecido a los Reyes Magos –bromea la madrileña–, genero ilusión en mucha gente. Por eso intento que ella no se encuentre conmigo, que se sepa lo menos posible de mi vida porque le resta magia al resultado. En este caso, la realidad endurece. Es mejor quedarse con la ensoñación». Y agrega: «Hay mucha gente que cree que Miss Beige existe. Incluso, que soy como una especie de oráculo: No hay más que leer los mensajes privados que me mandan».

«La última, por favor» – María Dain

Como decíamos, el covid no irrumpe de forma evidente en la propuesta para la galería de Ana Esmith, pero una lectura sobre el mismo pulula en toda la ex posición. De hecho, la performance inaugural La Miss Beige de Michelangelo, en la que nuestra protagonista se subirá a un pedestal para ser «admirada» y seguirnos con su paso y su mirada. En esta ocasión, no nos arrojará, como es habitual en ella, las cáscaras de pipas que se irá comiendo -una e las consecuencias de los protocolos del civid- pero su acción seguirá teniendo mucho de distancias de seguridad, de perimetrajes, de roles observador-observado, de alta-baja cultura, de estar arriba o abajo, que adquieren ahora nuevas lecturas. Sin querer hacerles spoiler, les aviso que conviene seguir la acción del jueves desde el principio, a eso de las seis y media de la tarde…

Y así, en las imágenes que colgarán en las paredes, Miss Beige se fotografía junto a otros maniquíes (más de seis, pero que por ser convivientes no exceden la norma que rige el número de individuos que podemos reunirnos); se niega a destacar entre un rebaño de ovejas; se apropia de eslóganes, de grafitis en las paredes, de las obras de otros; guarda la distancia cuando saca dinero de un cajero frente a un municipal; u homenajea a clásicos «siempre libres» del cine.

No es esta la primera vez que el trabajo de Ana Esmith y su álter ego entra en una galería. En 2017 lo hizo en Iskoo, en Santiago de Compostela («donde yo misma me quedé alucinada con la fauna que venía a la inauguración: ellos mismos me daban pautas para el personaje con sus comentarios»), que le pide una colaboración tras verla participar junto a la Juan Gallery en la feria JustMad. Después de eso, llegaron participaciones en II Gabinete de Resistencia o festivales como Hybrid, Marte, Rizoma o Desvelarte.

«Trankimazin» – María Dain

¿Tiene recorrido el personaje? Smith tiene claro que sí. No solo porque ha dado pie a falsificaciones o copias (Las hijas de Miss Beige o Señora en Bata en las redes), sino porque ha trascendido el propio espacio del arte para saltar, por ejemplo, al ámbito del cine. Allí, no solo Miss Beige ha hecho una aparición estelar en Tristesse, de Emilio Ruiz Barrachina, sino que este verano rodaba a las órdenes de la Premio Nacional de Cinematografía Isabel Coixet. De hecho, si no hubiera sido por la pandemia, nuestra antiheroina tendría que haber desfilado para Balenciaga en la Semana de la Moda de París. «Que esto haya sido así significa que el proyecto tiene vida y que funciona más allá de aquello para lo que fue concebido». De hecho, Smith (con el atuendo pertinente, siéndole infiel a su total look beige) formará parte del elenco de un Otelo que, desde mayo, subirá a las tablas del Teatro de la Abadía, en Madrid. La madrileña ha hecho grande a su «vieja del visillo», pero esta le reporta nuevas oportunidades.

Si no nos encierran, Miss Beige volvera a tomar las calles en breve. Proyectos no le faltan. Si se la encuentran, no se olviden de sonreír: «Sabemos que estamos viviendo un momento muy angustioso, pero hay que mirar el futuro con optimismo, hay que ponerle ciertas dosis de humor, sin restarle por ello gravedad». Smith se enfunda desde este jueves su particular traje de superheroina. Están avisados.

«Mójate»
Miss Beige.«Taking the Streets». Galería Ponce+Robles. Madrid. C/ Alameda, 5. Del 5 al 28 de noviembre. Performance inaugural: «La Miss Beige de Michelangelo». Día 5 de noviembre, de 18:30 a 20:00 horas. Nuevos pases: Días 14 y 21 de noviembre, de 12:30 a 14:00 horas.

Texto publicado en la web de ABC Cultural el 4 de noviembre de 2020

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