No Place

No Place: cuando las galerías se apuntan al modelo de cooperativa

Lima acogió en 2017 la primera edición de No Place, un modelo por el que cuatro galerías internacionales, entre ellas la española Nieves Fernández, diluyen sus límites para remar a una. Desde esta semana repiten la experiencia en Berlín

Detalle del montaje de No Place Lima en 2017

Nerea Fernández, una de las galeristas de la madrileña Nieves Fernández lo tiene claro: la época en la que la cartera de coleccionistas de una firma era secreto de Estado ha pasado a mejor vida. Las galerías se necesitan las unas a las otras y se ayudan, en la medida de lo posible. A ello se une que el mercado en España es exiguo, la sociedad poco comprometida con sus artistas, y la competencia en el exterior, aunque se demuestre una calidad similar, feroz.

Todo lo mencionado, más la necesidad de apostar por «proyectos ilusionantes», proyectos con los que quizás uno no salga de pobre pero que le ayuden a entender por qué en su día se apostó por el arte y por qué merece la pena seguir haciéndolo, es lo que les llevó el pasado año a poner en marcha No Place: una iniciativa en la que su galería se diluye en la de la mexicana Arróniz, la colombiana NueveOchenta y la alemana Michael Sturm, para proponer una muestra comercial en un contexto ajeno al de sus cuatro impulsores y donde todo se comparte (gastos y beneficios) como en una cooperativa.

En 2017 la idea echa a andar, con éxito, en Lima, y desde el jueves que viene lo hará en Berlín, en el 17 de Glinkastrasse, un edificio histórico que da mucho juego a los artistas convocados a la hora de intervenirlo. Con Fernández hablamos sobre las ventajas de un modelo alternativo al de la feria que invita además a un consumo mucho más sosegado y en profundidad de la obra de arte. Llega el «slow comercial art».

Y algo así, ¿cómo se les ocurre?

De una manera muy orgánica. Se nos ocurre porque las cuatro galerías que hacemos No Place (Arróniz de México, NueveOchenta de Bogotá, Michael Sturm, de Sttutgart y Nieves Fernández, de Madrid) hemos hecho juntas muchas ferias –Miami, MACO, Lima–, y cuando acabas esas jornadas, te vas hecho polvo y agotado a cenar. Entonces es cuando le das muchas vueltas a que no puedes dejar de acudir a este tipo de eventos, pero que quizás se puede hacer algo que vaya más allá. Es decir: es fruto de conversaciones incidiendo en que éste no puede ser el único camino, que estamos cansados y también seguros de que no es el único modo de percibir el arte hoy. Las cenas, los vinos, y compartir experiencias y expectativas lo hicieron todo.

¿Cómo definiría el formato por el que apuestan?

Lo que lo hace diferente a otros similares y muy sugerente es que No Place es una cooperativa. Eso significa que los gastos los pagamos entre todos, los recursos de todas las galerías están a disposición de sus cuatro miembros y los ingresos también van a una cuenta común, para luego ser utilizados en proyectos futuros. Solo cuando veamos que esto va viento en popa quizás nos plantearemos si repartimos beneficios. Esa es la razón por la que cuando entrabas en nuestro espacio en Lima en 2017 –y desde la semana que viene en Berlín–, el espectador no veía el nombre de las galerías en la propuesta. Todo se agrupaba bajo el paraguas No Place, al que acompañaba el nombre de los artistas. Ni siquiera se sabía quién representaba a quién porque todos representábamos a todos.

Fachada del edificio que acogerá No Place en Berlín

¿Esa es la razón por la que no son una feria?

Eso es. No queríamos su formato. No queríamos dar protagonismo de nuevo al estand. El protagonismo ha de recaer en los artistas. Eso fue lo que más sorprendió en Lima, que allí no estaba Nieves Fernández o Arróniz. Estaba No Place. Y lo más bonito es que desde el día de la inaguración, todos explicábamos al artista de la galería de al lado porque conocíamos el proyecto. Y funcionó: yo vendí obra de la galería mexicana, la colombiana de la alemana… Esa era la idea.

Las cuatro galerías, para los que no les conozcan, ¿comparten perfil?

Más o menos. Pero somos también diferentes. Las dos americanas son mucho más jóvenes. Nieves Fernández es la decana. Pero tenemos artistas en común. Y lo que más compartimos es afinidad. Muchos de los creadores de las cuatro firmas cuentan con un gusto por lo procesual, por la crítica social…

¿Y por qué se arrancó en Lima?

También fue algo muy orgánico. Porque todos habíamos hecho su feria principal, veíamos posibilidades a su mercado, pero considerábamos que ninguna de sus citas de esta naturaleza estaba bien armada. Uno de nosotros tenía un contacto allí, que era dueño del espacio en el que se desarrolló el proyecto, y que nos dejó a un precio muy reducido. Se armó todo de forma muy rápida.

Ahora llegan a Berlín.

Es otro escenario que siempre nos apeteció. Buscamos además espacios con personalidad, nada que se parezca a una galería. Y allí recalaremos en un edificio antiguo, aún no renovado (eso es algo que se desarrollará el año que viene, de forma que este será uno de los últimos eventos que tengan lugar allí antes de que esto suceda), que además nos da la capacidad de que los artistas puedan intervenir sus estancias. Allí estaremos desde el 26 de abril hasta el 12 de mayo.

¿Las fechas coinciden más o menos con las de 2017 porque son huecos que les quedan en sus respectivas agendas?

No. Lo que buscamos es que No Place coincida con un gran evento internacional que tenga lugar esos días en la ciudad, de manera que nos aseguramos que gente que nos interesa vaya a estar allí. En esos días en Berlín se lleva a cabo su gallery weekend.

¿Se descarta un No Place en ciudades donde ustedes tienen sus galerías?

De momento nos interesa acudir a contextos en los que nuestros artistas no estén representados. Ese es un modo de internacionalizarnos y de que nuestros creadores interactúen con nuevos lugares. Piensa que son dos semanas, tiempo suficiente para enseñar las obras con profundidad y para que sus autores conozcan la ciudad a la que llegan y hagan contactos. A Berlín vuelan casi todos los artistas de la propuesta de este año.

¿Y eligen continente como el que elige sede de unos juegos olímpicos?

Lo parece, ¿verdad? Pero todo ha sido muy natural. Berlín nos apetecía mucho. Nos apetece Bruselas, donde tenemos contactos. Pero también nos atraen sitios en los que no haya tanto entramado y podamos descubrir cosas. Claro está que la primera edición fue más compleja para los que éramos europeos y ahora la edición europea lo será para las galerías americanas. La clave es que compartimos los gastos.

Supongo que si repiten es porque la experiencia de Lima fue buena.

Sí. Fue bien, no sólo a nivel económico. Lo importante es que nos está dando mucha vida a todos. Es volver a trabajar con el arte de otra manera, colaborar con galerías de un modo nuevo. Es muy ilusionante.

¿Qué nos espera en Berlín?

Va a ser muy interesante porque el edificio es maravilloso, con mucha personalidad, y en una zona inmejorable, en Mitte, pleno centro. Vamos a dividir el proyecto entre dos plantas. No Place despliega sus nueve artistas (Russell Maltz, Kevin Mancera, Moris, Omar Rodríguez Graham, Fritzia Irizar, Pipo Hernández Rivero, Mauro Giaconi, Sven Braun y Juan Fernando Herrán) en una de ellas. En algunos casos tendrán que compartir habitación, y en otros, las instalaciones serán individuales. Eso también lo decidiremos allí. Cada galería aporta dos creadores, y hay uno con el que trabajamos todos: Moris. En la otra planta, el comisario Rüdiger Lange ha organizado “«Like home», una muestra con artistas latinoamericanos que viven en la ciudad.

Obra de Pipo Hernández Rivero en la convocatoria de 2018

¿Se imponen producir para el proyecto?

Sí. Ayudamos a la producción.

¿Esto se hace por necesidad, porque el modelo galerístico está agotado, o para no aburrirse?

Es un poco todo. Las ferias cada vez son más caras; los márgenes de beneficio se reducen por la producción y por los descuentos. La situación es compleja. Si eres una firma de mediano tamaño, todo se pone muy cuesta arriba. Compartir recursos y gastos da otras posibilidades. Y te permite ser más ambicioso. También se une que se da una vuelta a la percepción del arte: ésta se ralentiza. La gente no viene ya a las exposiciones, pese a que las galerías cumplen una función fundamental. Las instituciones no podrían por sí solas dar cabida a todos los artistas, ni permiten aproximarse a todo el proyecto de un creador.

¿Me está diciendo que el futuro de una galería es ser nómada?

Hace falta un espacio físico, por descontado. Pero también es verdad que cada vez pasas menos tiempo en tu galería y más viajando. En cualquier caso, yo creo que siempre habrá un centro, porque los artistas necesitan una referencia, saber que cada equis tiempo pueden mostrar el discurso que están desarrollando a largo plazo. Este es un proyecto nómada desde su nombre, que hace alusión a Tomás Moro, a su deseo de construir un lugar que es un no lugar porque nunca llegas a él. Hay mucho de utópico en la iniciativa en sí. Sobre todo si tienes en cuenta que por ser una cooperativa se basa en la confianza. A nosotros nos está funcionando.

Uno no se lanza a una piscina vacía. ¿Había referentes en los que inspirarse?

Si te soy sincera, no vimos referentes. Proyectos como Condo o Ruberta los hemos conocido a posteriori. Y de repente han explotado miles de iniciativas similares. Para nosotros los referentes era que las cuatro galerías nos conocíamos bien, algunas compartíamos artistas, por lo que sabíamos cómo trabajan las unas con las otras. Nosotras por ejemplo acudimos este año a ARCOLisboa compartiendo estand con NueveOchenta con un proyecto compartido de John Castles y Jordi Teixidor.

¿Cómo se coordinan para que lo que llegue a Lima o Berlín sea un proyecto sin altibajos, que no sea aquello un mercadillo?

La comunicación anterior es necesaria. Vamos dialogando y vemos cómo se establece diálogo entre los artistas. Pero no tenemos vocación comisarial tampoco. No queremos imponer ninguna norma. Sin embargo, es interesante ver cómo los propios artistas generan ese diálogo de manera natural cuando se ponen a montar. En Berlín, por ejemplo, ha sido importante seleccionar a artistas que sepan ocupar un espacio, porque la sede de No Place tiene mucha personalidad.

Obra de Fritzia Irizar, artista convocada en No Place 2018

En su caso personal, ¿a qué renuncia Nieves Fernández para hacer No Place?

Más que renunciar, estás invirtiendo en otra cosa. No vas a dejar de hacer las ferias que consideras importantes, ni a abandonar contextos en los que tus artistas se desarrollan de manera natural. No Place no nace como oposición a las ferias. Es otra opción. La idea es apostar por proyectos más ambiciosos, más lentos, dejar de viajar de un sitio a otro sin saber a dónde llegas y lo que te espera. Con el dinero del «voy a probar» en esta feria, haces proyectos a tu medida.

Estarán jugando a «prueba-error». ¿Qué les enseñó Lima?

De una edición a otra hemos crecido un montón. Este año hemos incidido mucho en la comunicación. Eso no se cuidó en Lima. Quizás porque sabíamos que todo el mundo terminaría pasando por allí, estábamos muy cerca de Lucía Lapuente. Berlín cuenta con más competencia, un mercado inmenso, una oferta que desborda… El paso es grande y la inversión mayor.

Comentó Bruselas. ¿Sabemos ya dónde tendrá lugar No Place 2019?

Que se celebrará, seguro. Pero no sabemos dónde. Eso surgirá en Berlín y con unas cervezas, como solemos funcionar… Podría ser Bruselas, pero también Estados Unidos, Seatle.

¿Remonta el mercado en Madrid, en España?

Nosotras hemos pasado un año complicado. Lo veo difícil. Hablan de un nuevo boom inmobiliario, de que esto mejora… Pero nuestro problema no es económico. Lo que ocurre es que ya hay toda una generación de coleccionistas que no compra, la que nos pilló a nosotros cuando empezamos; y que la siguiente no ha llegado. Y la madre del cordero es la total desvinculación de la sociedad con la cultura y el arte. La gente no siente que tiene que formar parte del arte para poder formar parte de lo que sucede socialmente. La falta de representación que se dice que los ciudadanos están sintiendo con respecto a las instituciones democráticas es la que se vive con el ámbito artístico. Se nos ve como producto de lujo, alejado de la sociedad, y solo se habla de precios y cifras.

Detalle del escenario de No Place Berlín

Y eso que No Place es hijo de su tiempo, de la globalización, por ejemplo.

Y de la necesidad de vincular a gente joven a un proyecto en el que se reconozcan más partícipes. Entender que no hacen falta mecenas que ponen millones de euros: que un artista produce si tú te gastas 500 euros. Hay que recuperar el compromiso con la cultura porque es palanca de cambio social. Es la tarea pendiente.

¿Cabe que Arróniz por ejemplo exponga en Nieves Fernández, Nieves Fernández en NueveOchenta…?

¿Por qué no? Pero eso no sería No Place, sería otro proyecto. Arróniz, por ejemplo perdió parte de su galería en el terremoto de México, y nosotras les tendimos la mano para que vinieran a Madrid, cediéndoles la galería un mes para que no cancelaran su exposición. No sucedió, pero la colaboración está abierta a todos los niveles.

¿Podría crecer No Place en número de galerías?

No lo creo, la verdad. No sé si podríamos ser más… Pero en Lima se invitó a participar a una galería local, y en Berlín se introduce el proyecto comisariado.

Nerea Fernández por José Ramón Ladra

Texto publicado en la web de ABC Cultural el 20 de abril de 2018

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