María Platero (artista)

«Me interesa desvirtuar las lógicas del sentido. Introducir la duda y el escepticismo»

Obsesión, divino tesoro. Al menos para María Platero: ¿Por qué sistematizamos como lo hacemos? ¿Por qué lo reglamos todo? Para saberlo, habrá que echar un ojo a su trabajo, que es de los que «Darán que hablar»

Retrato de un autorretrato de María Platero
Retrato de un autorretrato de María Platero

Nombre completo: María Platero Escribano. Lugar y fecha de nacimiento: Madrid, 20 de junio de 1976. Residencia actual: Madrid. Estudios: Máster EFTI de Fotografía (Concepto y Creación). Ocupación actual: Fotógrafa y docente.  Continuar leyendo «María Platero (artista)»

Nuevos pliegues de la fotografía escenificada

El ensayo «El objetivo barroco», publicado recientemente por Documenta Arts, da pie a analizar las claves de la fotografía escenificada en España. Conversamos con algunos de sus representantes, los más consolidados y las jóvenes hornadas (Por Javier Díaz-Guardiola)

«Miroslaw» (2009), de Pierre Gonnord
«Miroslaw» (2009), de Pierre Gonnord

No sé cómo explicarlo, pero la verdadera realidad se genera en mi cabeza. Yo veo el mundo con cierta estética, con cierta luz, cierta perfección, y no encontrarla luego ahí fuera, por idílica, es una tortura. Por eso, porque si para contar algo yo necesito valerme de un hombre en calzoncillos con orejas de conejo, lo mejor es recrear eso, no esperar a que suceda, algo, por otro lado, no pasará nunca». El que así se expresa es Fernando Bayona (Linares, 1980). Él es sin duda uno de los máximos exponentes de la joven fotografía escenificada en España, aquella de la que se ocupa el ensayo «El objetivo barroco», compilación de algunos de los fotógrafos contemporáneos que, en palabras de su autora, la periodista Laura Revuelta, reactualizan en nuestra época las fórmulas y pasiones propias de este periodo histórico.

De opinión similar es Ismael DeLarge (Italia, 1981), otra de esas jóvenes promesas que encuentran refugio en la fotografía de estudio: «Mi sensación con este tipo de imágenes es la que experimentas cuando tienes un sueño. Al despertarte, por muchos detalles que aportes a tu interlocutor, es imposible que consigas recrearlo todo, que éste te siga en tu descripción. La foto escenificada es un privilegio, la fórmula para hacer físicos y visibles esos sueños».

"The las time", obra de Fernando Bayona de "The Life of the Other"
«The las time», obra de Fernando Bayona de «The Life of the Other»

Gregory Crewdson o Erwin Olaf, grandes autores recuperados por Revuelta en su publicación, recuerdan por el uso de la luz o la contención de las emociones a los grandes pintores del XVII y el XVIII. De barrocos han sido también definidos los retratos de Pierre Gonnord (artista francés que, sin embargo, ha desarrollado su trayectoria en nuestro país), que comparte con algunos de los viejos maestros la capacidad para dignificar a sus modelos, sujetos anónimos a los que rodea de un halo de majestuosidad: «Soy barroco por el uso de la luz, por mi gusto por el tenebrismo. Sus fórmulas son las idóneas para generar sentimientos de distancia o proximidad entre el sujeto al que retrato y el espectador. Es una muy buena forma de mirar: no todo se puede o debe observar a plena luz del día».

También son «barrocos», por rizomáticos, los resultados en las imágenes arquitectónicas de Dionisio González (Gijón, 1965), autor precisamente de una tesis sobre la estética del horror en la foto postmoderna, que reconoce cómo en su análisis sobre la muerte de la imagen y su necesidad de epatar, terminó por cansarse de la técnica: «No me identifico con el concepto de fotografía barroca, pero entiendo que, en su recepción, la mía se englobe en este ámbito. Siempre he evitado caer en la brillantez y teatralidad de la publicidad. Creo que lo neobarroco actual, también en la imagen, ha perdido carácter trascendental y cierta gravedad finalista. Pero es cierto que esos asentamientos irregulares y no planificados que a mí me interesaron en cierto momento y que se extendían por las ciudades aportaban una visión pavorosa, fractal, deleuziana: muy barroca».

Fotografía de Ismael Delarge
Fotografía de Ismael Delarge

Este tipo de foto ha contado siempre con importantes representantes en nuestro país, de Eugenio Recuenco a Álvaro Villarrubia o Eduardo P. V. Rubaudonadeu –autores que han basculado entre la moda y el arte– y continúa en nombres como Pablo Lecroisey o los jóvenes Ángel Guzmán e Irene Cruz. Sin embargo, no sólo de un ámbito como el publicitario llegan las influencias. Aurelio Monge (Jaén, 1971) recuerda irónicamente que «nunca hubo un estilo fotográfico en el barroco», de forma que todo lo que se haga hoy bajo su influencia será novedad. Él, que descubrió la cámara temprano, y el desnudo como género desde el que desarrollar una fructífera trayectoria, se define como «neopictorialista», un fotógrafo que bebe más de la pintura (fundamentales Caravaggio o Ribera) y que huye de la teatralidad del «barroquismo»: maquilladores, saturaciones, imágenes grupales… «Yo lo traduzco todo a música, y me veo más como un coreógrafo o director de escena». Bayona enumera a Joel-Peter Witkin, el fotógrafo de los muertos, a Olaf a Crewdson, aunque también a mucha fotografía publicitaria pero anónima. Nada de Richard Avedon o David LaChapelle. «Y la pintura flamenca: cómo iluminan. Entonces la luz sólo podía llegar del sol o de una vela. Y así tiendo yo a utilizar ahora el flash. Tres a lo sumo, como si de tres pequeñas candelas se tratara. La actualidad de Vermeer es total». DeLarge menciona a Miron Zownir («mucho más crudo que yo, que intento ser poético hasta en lo más duro»), el performancer Oleg Kulik y a dos directores de cine: el belga Thierry Zéno y el alemán Jörg Buttgereit. «En el cine, tiendo de manera natural a lo underground, que, en este sector, es todo lo que no sea mainstream». Gonnord también habla de la literatura y del celuloide, ya que «su mirada es más contemplativa, acercando y alejándo su objetivo como un zoom, circulando como en un paisaje».

"Cocina (Víctor, 29 años)", de Ángel Guzmán
«Cocina (Víctor, 29 años)», de Ángel Guzmán

Él no es un artista de estudio, pero sí de espacios cerrados. Ahora realiza una colaboración para San Sebastián 2016 y se ha trasladado al País Vasco a retratar a los deportistas que levantan piedras. «Es necesario introducirse en el ámbito del modelo. Con ello se consigue que sus rostros, sus gestos estén menos forzados, menos fabricados». Bayona construye sus imágenes, como lo hace Ángel Guzmán (que acaba de celebrar su primera individual en Málaga con la serie sobre la transexualidad I Wanna Be a Buterfly), pero ambos inciden en la importancia de los detalles: «Como en la pintura flamenca –agrega Bayona– todo tiene un porqué. Cada elemento es como una palabra en un libro y es tan importante como el modelo». «Realidad y ficción se mezclan constantemente –concluye Guzmán–. La foto es una mentira en sí misma. Pero yo prefiero hablar de mi trabajo como documental escenificado. Uso modelos de la vida cotidiana, que ficcionalizan su vida en mis fotos. Lo que yo hago es crearles un escenario idóneo para tal fin».

Ismael DeLarge se considera barroco, pero no por la apariencia de sus resultados, sino por la potencia de sus contenidos: «Tiendo al exceso, al horror vacui, pero me contengo para que no se pierda el mensaje. Sería como aquella orquesta en la que tú concentras la atención sólo en un violinista. Me gusta hablar de mis trabajos como muros de ladrillo en cuyo interior hay una casa de cristal. Está bien que te dé una patada a la cara al principio, pero lo siguiente, si lo superas, será un arrullo». A Dionisio González le seduce el carácter ficcional de la imagen, su idea de simulacro sobre la que escribió Baudrillard:«De hecho, me pregunto si hago fotos o arquitecturas. De la foto me interesa su capacidad no para generar una imagen, sino como campo desde el que lanzar propuestas».

"El sueño de Baco", fotografía de Aurelio Monge
«El sueño de Baco», fotografía de Aurelio Monge

Consultados por la capacidad para la improvisación en este tipo de foto tan controlada, su respuesta es desigual: No se pueden controlar ni las miradas, ni los ademanes, exponen Gonnord y Bayona. Este último reconoce que un suspiro, un cierre de ojos puede dar al traste con la idea inicial y convertirse en la final. Monge es de los que opinan que en la foto todo es muy real («no se puede forzar nada»). DeLarge argumenta que han sido tantas horas de conversación con el modelo, que poco espacio queda para lo no meditado…

En su opinión, ¿vivimos en una sociedad barroca? Abre fuego Bayona: «Por supuestísimo. Y hemos creado un mundo paralelo en redes sociales en lo que todo es mueca y escenario. Pura pose». Para Monge, «todo es fachada y una huída hacia delante»: «¿Qué triunfa en literatura y televisión? La revisión histórica. ¿Qué es «Juego de Tronos» si no una batidora de mitos?». Pone el punto y final González: «Somos barrocos en el sentido de la descomunalización de lo visual. El espacio social de la red es inabsorbible. Ella tiene vocación democrática, pero internet es un tiradero de información desjerarquizada. De hecho, nuestra subyugación por la pantalla ha dado pie a un nuevo lenguaje, jergas, neografías puramente barrocas: ¡Simplificamos las palabras con emoticonos que son dibujos de lo más elaborados! Hay una tendencia a la «graforrea», a la banalidad redaccional». Cae el telón.

"Dauphin", fotografía de Dionisio González
«Dauphin», fotografía de Dionisio González
Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 12 de marzo de 2016

 

Artistas españoles en Manifesta 11

MANIFESTA(MENTE) DADÁ

Manifesta tendrá Zúrich, la ciudad que vio nacer el dadaísmo, como sede de su 11ª edición este verano. Charlamos con algunos de los artistas españoles que participarán en esta importante bienal

Fermín Jiménez Landa prepara su proyecto para Manifesta junto a un meteorólogo
Fermín Jiménez Landa prepara su proyecto para Manifesta junto a un meteorólogo

Hace cien años, Zúrich, como ciudad de acogida de artistas que habían huido o huían de los devastadores efectos de una Europa en guerra (y que todavía sería la primera de ámbito mundial. Lo peor estaba por llegar) veía nacer el Cabaret Voltaire y los primeros coletazos del dadaísmo. Un siglo después, cuando los flujos migratorios son otros (algunos provocados también por contiendas bélicas, como si de una macabra broma dadá se tratara), otra gran cita artística, Manifesta, volverá a convertir esta urbe suiza en punto de encuentro de creadores venidos de aquí y de allá.

La úndecima edición de esta bienal europea (que en España ha recalado en dos ocasiones: en San Sebastián, en 2004, y en Murcia, en 2010), se extenderá del 11 de junio al 18 de septiembre, y llevará en su ADN la firma de un artista, el alemán Christian Jankowski (Göttingen, 1968), que en esta ocasión actúa como su comisario principal y que traslada sus fórmulas de trabajo al leit motiv de la cita, cuyo título será «Qué es lo que hace la gente por dinero».

Jiménez Landa también desea que Manifesta 11 ayude a reflexionar, «y que no sólo alimente el mercado o que pocas élites se alegren la vista»

En apenas unos días, la lista de participantes se dará a conocer de forma oficial, aunque ya sabemos que hasta tres artistas españoles en activo formarán parte de esa nómina: son el madrileño afincado en México Santiago Sierra (1966), el catalán Carles Congost (Olot, 1970) y el navarro Fermín Jiménez Landa (Pamplona, 1979), autores que pertenecen a tres generaciones diferentes. Ellos, como el resto de convocados, deberán someterse al modus operandi de Jankowski para la cita, en la que a cada artista se le ha asignado una profesión determinada. Un representante de este gremio en la ciudad entra en contacto con cada autor para explicarle las peculiaridades de su labor, y que éste proponga de lo aprendido un proyecto. La idea final es pues que todos los artistas trabajen desde el contexto local y que sean esos profesionales, ajenos al mundo del arte, los que desarrollen o completen la obra. Algo, que no le es extraño a Jankowski, famoso por convertir a personas y sistemas alejados del mundo del arte en parte integral de su proyectos, donde destaca, por ejemplo, «Telemística» (1999), con el que consultaba a diferentes videntes televisivos sobre su propio devenir en la Bienal de Venecia, donde mostró los resultados de sus conversaciones con este tipo de estrellas televisivas.

Maqueta de Carles Congost,de su proyecto para Manifesta, con Tina Turner como coprotagonista
Maqueta de Carles Congost,de su proyecto para Manifesta, con Tina Turner como coprotagonista

Carles Congost trabaja ya codo con codo con la brigada de bomberos local de Zúrich. Su propuesta es un vídeo que ha comenzado a grabar esta misma semana bajo la apariencia de un falso documental desde el que aborda la propuesta del comisario: «Lo que en un primer momento parece un estudio sobre el origen de la música negra –explica él mismo– se convierte en seguida en el seguimiento de la preparación de un evento benéfico por parte de un grupo de bomberos que incluiría un concierto en el que se cita a Tina Turner, retirada en Zúrich [el título del vídeo, «Simply the Best», es un guiño a uno de sus grandes éxitos]». Desde estas premisas, el gerundense reflexionará sobre los trabajos vocacionales, pero también sobre las labores altruistas, «lo que se relaciona con la labor del artista, también muy vocacional, pero en el que parece que el dinero es lo menos importante», para lanzar a su vez mensajes contradictorios, como las teorías FI/RE (cuyas siglas juegan con el término «fuego» en inglés); o lo que es lo mismo: esa filosofía de vida que considera el trabajo como una nueva forma de esclavizar al individuo, por lo que defiende amasar cuanto antes mucho dinero («Finantial Independence») para retirarse lo antes posible («Retired Early»).

Por su parte, Jiménez Landa optó por colaborar con un meteorólogo. «Estoy encantado porque me han puesto en contacto con uno que es además hombre del tiempo. Me gusta esa faceta de «showman» que tienen asumida este tipo de personajes», confiesa. «Lo centrífugo es normal en mi manera de proceder, de forma que suelo coger un tema y tender desde él a la dispersión máxima. Y de la metereología me interesa que puede ser desde el punto de partida de una conversación banal de ascensor hasta un tema hoy de primer orden en las agendas gubernamentales por el cambio climático. Asimismo, esta profesión tiene un punto de oráculo, de acto de fe. Si la fiabilidad que le damos al científico es siempre máxima, con el hombre del tiempo se asume que se equivocará».

Landa fue contactado por el comisario en ARCO de 2015 y así cuenta la anécdota que da pie a su inclusión en Manifesta 11: «Él había venido a España con una lista cerrada de artistas con los que quería contactar para su proyecto. Y cuando el tercero le dijo que, por lo que perseguía con su discurso para la bienal, debía conocerme, me tuvo que llamar». El joven español, que le propondrá a su anfitrión anomalías asociadas a su profesión, como que prediga el tiempo de determinadas fechas del pasado, bromea ahora con la posibilidad de que su entrada en la nómina de Jankowski (que nunca incluyó entre las profesiones por asignar la de artista) haya supuesto la caída de otro nombre.

Fermín Jiménez Landa en Matadero (Foto: Isabel Permuy)
Fermín Jiménez Landa en Matadero (Foto: Isabel Permuy)

En el caso de Congost, éste y el comisario mantienen una amistad desde hace más de diez años. «Siempre ha mostrado interés por mi trabajo, que conoce bien, aunque es verdad que no contactábamos desde hacía tiempo». El catalán reconoce no haber visitado nunca Manifesta («tengo referencias por otros autores que sí han participado, como Jordi Colomer»), pero cree que este desconocimiento puede ser una ventaja: «Lo positivo de los viajes realizados hasta ahora a Zúrich para trabajar sobre el terreno ha sido la energía que desprende la cita, el entusiasmo de los que colaboran ahí y el calor con el que nos han acogido. Eso, y la nómina que preparan, denota que se gesta algo grande».

 La idea final es que todos los artistas trabajen desde el contexto local y que sean otros profesionales, ajenos al mundo del arte, los que desarrollen o completen sus obras

No obstante, este artista aspira a que Manifesta, como lo consiguió Cabaret Voltaire hace cien años en la ciudad, sirva como toque de atención a su contexto: «Aspiro y espero que ese mismo contexto sea el que dé sentido final a la propuesta, que también incluye ciertas llamadas de atención menos políticamente correctas». Porque, como pretende recoger su documental, citas como ésta no dejan de transmitir cierto «tufillo de exhaltación nacionalista»: «»Simply the Best» funciona también como logo de ciudad olímpica, como eslogan turístico. Yo desconocía este punto, pero creo que en la idiosincracia suiza está la importancia al dinero. Y el coro gospel que sale en mi vídeo está compuesto por hombres blancos con voces negras, lo que es una referencia a las suplantaciones, a los “blanqueos”…».

Landa, que sí que vivió como espectador otras Manifestas, la aplaude por ser una bienal diferente: «Que su comisario esta vez sea un artista dice mucho de su filosofía y conecta muy bien con mi forma de trabajar». Una forma de trabajar que no es ajena al absurdo, al humor a la patafísica. ¿Es Fermín Jiménez Landa un artista dadá?: «Hombre, no lo creo, pero sí que es posible que ciertos rastros de su carmín [este es un guiño a Greil Marcus] o huellas lleguen hasta nosotros». Si los dadaistas y demás primeras vanguardias se proponían romper con el orden establecido y liberar al sujeto desde el arte, Landa señala que es difícil recuperar sus estrategias. «Nuestro tiempo es otro, y ahora el gamberrismo y el rupturismo es fagocitado enseguida por la institución. Pero sería interesante mantener su espíritu de desear cambiar la sociedad, aunque tenga que ser desde otras estrategias».

Carles Congos por Daniel Riera
Carles Congos por Daniel Riera

De opinión similar es Congost: «Como hace cien años, vivimos momentos extremos, de replantearnos lo que estamos haciendo. Un tiempo de grandes avances tecnológicos pero también muchas injusticias. Precisamos de un nuevo movimiento dadá, aunque pienso que estamos tan adocenados que no sé si tendremos las herramientas necesarias para volver a ser radicales. Yo me siento incapaz. Podremos hacer gestos, guiños, pervertir el sistema asumiendo que somos sistema, pero ser absolutamente radicales es imposible».

De Manifesta, «un escaparate magnífico para corregir eso de lo que nos quejamos siempre que es la no visibilidad del arte español», espera que invite a reflexionar a la sociedad que lo acoge («no hay cuestiones inamovibles y el componente crítico es siempre básico», apostilla). Jiménez Landa también desea que ayude a reflexionar, «y que no sólo alimente el mercado o que pocas élites se alegren la vista». De aquí a junio, a ambos les queda mucho por recorrer. También a Santiago Sierra, totalmente incomunicado estos días, embarcado como está en otro proyecto en India, y que en Zúrich trabajará junto a un asesor en seguridad privada. «No ha sido esta una propuesta fácil –reconoce Congost–. He tenido muchas dudas. Incluso hubo que cambiar de planes. Pero ya sólo queda grabar». También éstas, fruto del deseo de hacer un gran papel, asaltan a Landa: «Son muchos los flecos que me tienen con los pelos de punta y que me tientan a realizar cambios. Pero no será nunca un giro de 180 grados». De ser así, su actitud sí que sería muy dadá. Zúrich invita a ello. De forma profesional.

Santiago Sierra, en una imagen de archivo
Santiago Sierra, en una imagen de archivo

De puertas adentro: Rubenimichi

RUBENIMICHI. EN LA GUARIDA DEL MONSTRUO DE TRES CABEZAS Y SEIS BRAZOS

Dibujos, cerámicas, «toys», vinilos, revistas, otras obras de arte… El domicilio de Rubenimichi, que también es su taller, es un homenaje al «horror vacui». Y una de las «factorias» caseras más originales de la escena española

Los tres integrantes de Rubenimichi hablan a la cámara (Fotos: Óscar del Pozo)
Los tres integrantes de Rubenimichi hablan a la cámara (Fotos: Óscar del Pozo)

Absténganse de entrar en este reportaje (y en la vivienda de sus protagonistas) todos aquellos amantes del minimalismo, los alérgicos de la acumulación (damos fe que los que sufren de alergia al polvo no corren ningún peligro, pues, pese a la tendencia al almacenaje, estos chicos lo tienen todo muy limpio) y los maniáticos del orden. Nada de eso va con Rubenimichi y, para qué les vamos a engañar, nos encanta que así sea.

Ya desde la puerta de entrada de esta vivienda situada en el barrio madrileño de La Guindalera, las pegatinas pegadas en su revers, avisan de que este va a ser un lugar especial. Porque espacio en blanco o hueco en pared que sus dueños encuentran cuenta enseguida con la correspondiente obra de arte, objeto, libro, vinilo o muñeco que puedan cubrirlo. Y si el pasillo o ciertas estancias algo más alejados del salón funcionan como reguero de lo que está por venir (la colección de los Rubenimichi también se despliega en el cuarto de baño), es en el comedor en el que se produce el big bang creativo, la acumulación total, la zona cero de los pensamientos y la tendencia al abigarramiento que caracteriza el día día de estos artistas: «Queremos estar rodeados de lo que nos gusta cuando trabajamos, y por eso nuestra casa es nuestro estudio», explica Michi. «No somos nada metódicos –continúa Rubén–. Pintamos cuando va surgiendo y nos nutrimos mucho de lo que nos envuelve. Si tuviéramos un taller, acabaríamos viviendo allí y alquilando esta casa». «Si nos apetece ponernos a trabajar ahora mismo –puntualiza Luisjo– no te echa para atrás saber que tienes que desplazarte a ningún sitio. Esto es más cómodo».

Luisjo trabaja en el ordenador
Luisjo trabaja en el ordenador

¿Rubén? ¿Luisjo? ¿Michi? ¿No estábamos en casa de Rubenimichi? En este mismo momento a ustedes les está ocurriendo lo que le pasó a Luisjo cuando conoció a los que serían sus dos compeñeros: que se pensaba que, tras sus pinturas y sus dibujos de estilo homogéneo, tras ese sonoro apelativo se encontraba un señor italiano (el nombre suena a apellido transalpino) con unas barbas muy largas, en lugar de tres individuos. «Nuestro nombre nace de la fusión del de Michi y el mío –explica Rubén– y siempre hemos jugado a generar ese despiste, porque, en el fondo, nosotros procedemos como si de una única persona se tratara».

Porque, a los Rubenimichi no les gusta que les consideren un colectivo o un grupo de artistas: «Somos tres personas que pintan juntas. Nos gusta decir que somos un monstruo de tres cabezas y seis manos», señala Michi. «“Colectivo” suena a tareas separadas que hacen diferentes personas y que luego se ensamblan», remarca Luisjo. Aquí todo es mucho más natural, más orgánico. No hay nadie que empiece o acabe siempre una obra, lo que favorece un resultado homogéneo. Son los años los que les aportan la pericia para conocer a los otros y empastar con ellos los resultados. «De hecho, trabajar como lo hacemos no fue premeditado», nos confiesan.

La casa-estudio de este equipo tiene sus paredes tapiadas de obras de arte
La casa-estudio de este equipo tiene sus paredes tapiadas de obras de arte

La cuestión fue como sigue: Era Michi el que ya pintaba mientras Rubén estudiaba. Por su forma de proceder, el primero dejaba muchas cosas sin rematar, que el segundo empezó a completar. En una ocasión, Michi se tropezó con un encargo para una muestra (un homenaje artístico al festival de Eurovisión) que no le daba tiempo a entregar. Entonces le pidió a su amigo que la acabaran juntos. Y así fue como firmaron su primera obra entre los dos, que fue la que les rebautizó. No mucho tiempo después, Luisjo completaría este singular trío: «La ventaja es que hemos ido desarrollando el estilo a la vez, no veníamos cada uno con uno predefinido. Eso habría hecho más difícil cambiarlo», considera este. «Sí que hay cosas que a uno le salen mejor que a otros, o que le gustan más. Nos vamos complementando», concluye Rubén.

Para los tres, trabajo y vida van unidos. Por ello, lo más normal del mundo es que el salón de la casa sea el estudio, en el que despliegan las obras en las que andan enredados (suelen ser varias a la vez, para facilitar así la labor de cada uno), se escucha la música que les acompaña en estas labores (nos chiva un pajarito que son muy fans de Vainica Doble, junto a otros acordes más tranquilos para no disturbar lo que hacen) y los objetos que les inspiran. «Hay días que pintamos una hora. Otros, que le dedicamos diez. Por eso es más práctico tenerlo todo a mano». Y por la misma razón, «es más lógico que esto se parezca más a un taller que a una casa. Si nos apetece sentarnos en el sofá, lo tenemos complicado». «De hecho –bromea Michi–, yo creo que nunca lo he utilizado para eso».

Michi y Rubén apuran sendas obras
Michi y Rubén apuran sendas obras

Si echamos un vistazo a las paredes, descubrimos dos cosas: la primera, la extensa colección que poseen estos artistas, un conjunto que se ha conformado también de forma orgánica: a través de compras, de intercambios, de guiños del destino… Pedimos que nos den algunos nombres y nos llevan hasta las obras de Ricardo Cavolo, de Javi al Cuadrado, de Alberto de las Heras, de Boris Hoppek, Slava Mogutin (con el que comparten galería, la Fresh) o Theo Firmo. La pieza de Taxali es la favorita de Michi. Pero hay muchas más: de Catalina Estrada, de Ceesepe, de Gary Baseman (la obra más cara que tienen), de Nano… «En una ocasión intentamos inventariarlas y nos aburrimos. También creemos que no qusimos hacer cuentas de lo que llevamos gastado». La segunda de las evidencias: que no hay nada, pero nada suyo a la vista, salvo esas piezas inacabadas en las que están ahora trabajando, pero que descansan en caballetes: «Si yo comencé a pintar es porque quería ver mis cosas colgadas en la pared. Pero cuando empiezas a vender se te pasa», confiesa Michi. «Hay que admitir que sí que hay dos o tres obras que guardamos –continúa Rubén– y que no venderemos nunca por el valor sentimental que tienen para nosotros». Una de ellas descansa en la habitación de al lado. Luisjo contesta rápido: «De hecho, si alguna vez hemos colgado algo nuestro en casa, enseguida lo vendemos. Yo creo que deberíamos hacerlo más a menudo».

A las obras de otros artistas que les he mencionado (y las de aquellos que no puedo reproducir aquí porque la lista sería eterna) tienen que añadir ustedes mentalmente toda una colección de vinilos; otra de libros; el conjunto de gatos maneki neko sobre el aparador que contiene otra colección de dispensadores de caramelos Pez y una segunda de toys; las cerámicas; el resto de juguetes… No añado a Pelayo ni a Martín (los dos perrillos de Rubenimichi), ni a los dos pájaros encerrados en una gran jaula, porque no sería justo y porque para estos artistas son parte indisociable de la familia. «Tenemos una segunda casa en el campo, en Candeleda, a la que vamos casi todos los fines de semana, y allí llegamos cargados con los animales, con los pinceles, con las pinturas. Lo convertimos en un segundo taller y lo tenemos igual que esta casa».

Detalle de la mesa de trabajo de los artistas
Detalle de la mesa de trabajo de los artistas

«No sabríamos vivir en un espacio diáfano porque se nos vendrían las paredes encima –confiesan–. Lo nuestro es horror vacui en todos los sentidos». De hecho, los muebles en esta vivienda funcionan para sostener otras cosas. Las habitaciones y hasta la ducha, en ocasiones, han sido empleados como almancén. Otra cuestión que no saben hacer es trabajar junto a otros, por eso solo puntualmente han tenido taller o lo han compartido con más creadores: «Nos ponen nerviosos las presencias ajenas. Pero tenemos la suerte de que compartimos muchas cosas. Al vivir juntos, viajar juntos, las experiencias son compartidas, por lo que nos influye lo mismo y generamos gustos similares».

Cuando un artista se sirve de su casa como estudio es más complicado lo de plantearse un traslado. ¿Es este el estudio definitivo de Rubenimichi?: «Nunca se sabe –responden–. Lo será por mucho tiempo. Siempre hablamos de movernos al centro, pero al final no tenemos muchas ganas de vivir una mudanza». El piso no es grande, con unos setenta metros cuadrados. Les preguntamos si eso y el que tres personas trabajen a la vez en lo mismo, no determina sus formatos o sus procedimientos: «Nos hemos dado cuenta no sólo de que los grandes formatos dificultan nuestro proceder, sino que, a la hora de pintar, pensamos como coleccionistas, es decir, que tendemos a tamaños más pequeños porque luego sabemos de la dificultad de colgar algo». Así son Rubenimichi y así es la fantástica guarida de este monstruo de tres cabezas y 30 dedos.

Rubén, Luisjo y Michi, los tres integrantes de Rubenimichi en su estudio
Rubén, Luisjo y Michi, los tres integrantes de Rubenimichi en su estudio

Texto publicado en ABC.es el 20 de noviembre de 2015

De puertas adentro: Mateo Maté

MATEO MATÉ O CÓMO HACER DE TU «CASA» UN SAYO

Para el artista y diseñador Mateo Maté, el estudio y la vivienda son espacios indisolubles. De hecho, es en el entorno doméstico donde este creador centra su producción. El salón como trinchera y el taller como ámbito acogedor

Mateo Maté en el salón de su casa, rodeado de algunas de sus obras (Fotos: Isabel Permuy)
Mateo Maté en el salón de su casa, rodeado de algunas de sus obras (Fotos: Isabel Permuy)

En el salón, sobre el sofá, una gran pancarta lo grita a voces: «Mateo, sabemos dónde vives». Técnicamente, nosotros también, pues ahí estamos, en la vivienda, que es además estudio, de Mateo Maté (Madrid, 1964), el protagonista de este último «De Puertas Adentro». El cartel acusador es una obra de Juan Pérez Agirregoikoa, y acompaña en esta estancia a otras piezas del propio Maté, en las que hay que poner mucha atención para no confundirlas con parte del mobiliario: esa mesa baja con la silueta de la Península Ibérica; el sofá de camuflaje; la alfombra que indica el punto geográfico exacto sobre el que se sitúa y que es además el lugar de juego de los dos hijos pequeños del artista (que nos miran con cara de pocos amigos al haber invadido su espacio natural…).

«El nacionalismo doméstico es el eje de buena parte de mi trabajo –explica–, y otros conceptos que no se relacionan con esta temática sí que lo hacen sobre cuestiones que me son muy cercanas, como el mundo del arte. Yo siempre me ocupo de mi entorno. Soy autor de obras dudosas, artefactos que podrían confundirse con el menaje o el mobiliario, sin sentido en un museo pero sí, y mucho, en una casa. Por eso son las piezas con las que convivo. Muchas otras, ajenas a todo esto, están almacenadas en cajas».

Detalle del despacho de Maté, donde una de sus piezas flanquean su almacén
Detalle del despacho de Maté, donde una de sus piezas flanquean su almacén

Tiene pues sentido que, en el caso de Mateo Maté, el estudio del artista esté ubicado en su propio domicilio. «Nunca los he separado –continúa narrando–, porque tampoco separo los conceptos con los que trabajo del lugar donde llevo a cabo mi actividad. Incluso procedo de esta manera cuando viajo, hasta tal punto que hay obras que jamás se ejecutaron aquí, o que volvieron a casa tan sólo como documentación». Recuerda el madrileño que los anteriores estudios en los que desarrolló su labor «no diferían mucho de este: eran grandes, luminosos, en la zona de Malasaña o Estrecho».

La casa actual, muy cerca de la Puerta de Alcalá, está literalmente partida en dos: de un lado queda la vivienda, donde se obliga a que todo esté muy ordenado («yo mismo lo soy. Mi mujer no tiene la culpa de que su pareja sea un artista», bromea). Del otro, el área de trabajo, con un recibidor, una gran sala con ordenadores, su despacho al fondo, y un almacén donde comprobamos ese deseo del creador de que todo tenga un espacio asignado. «Sin embargo –confiesa– hay jornadas en las que no paso por la zona habitacional en todo el día. Hoy, sin ir más lejos, no he “vuelto a casa” a comer».

Maté manipula una de sus cajas de luz en su despacho
Maté manipula una de sus cajas de luz en su despacho

Pero, ¿por qué necesita Mateo Maté de esta cercanía? Responde sin dudar: «Es una cuestión de agilidad. Trabajo durante todo el día. A veces, también me pongo por la noche. Supongo que a un escritor o a un músico les sucede lo mismo: precisamos de un entorno cercano y propicio para ponernos a trabajar». Ahora bien: Maté nos quita enseguida de la cabeza cualquier idea romántica que podamos tener sobre la labor del artista: «Mi trabajo es similar a la de cualquier persona que lo hace por su cuenta. Yo me considero un autónomo del arte, que incluso tiene a algunos trabajadores a su cargo. Cumplo a rajatabla unos horarios, y cuando me los salto, me enfado». Asimismo, y como padre de familia que es, el artista «sale mucho» de aquí: «Por la mañana, llevo a los niños al cole, vamos a la piscina, de forma que puedo decir que también cojo los medios de transporte antes de llegar al trabajo».

La jornada laboral de Maté comienza en torno a las 9:30 de la mañana. Suele concluir hacia las siete de la tarde. Y el trabajo tiende a ser generalmente de gestión, de proyección de ideas. Precisamente, él es el autor del primer logo con el que ABC Cultural celebra su 25 aniversario en este 2016: «Vuestra revista es una referencia, algo inseparable del sector, y la que más espacio dedica al arte. Y, además, semanalmente. Pensé en la aventura de quien se embarcó en esta gesta hace dos décadas y media, con el compromiso que eso tiene y en un país que mantiene una relación complicada con la cultura. Además, me lo imaginé todo como una aventura “a la antigua”. subrayando lo de “embarcarse”. De ahí que el logo sea un barco, un barquito de papel hecho a su vez con las páginas de la propia revista».

Almacén de Mateo Maté en su estudio-vivienda
Almacén de Mateo Maté en su estudio-vivienda

Dado que lo doméstico y la relación con el espacio social es la base de la obra de Maté, la vivienda se ha convertido siempre en un «laboratorio de expermentación». A esta compartimentación, casi como de muñecas rusas, del estudio dentro de la casa, que es la base del trabajo en el estudio, se une un ámbito más: el del taller de un segundo artista, Óscar Seco. Porque Mateo no ha compartido nunca taller con otros creadores en un sentido literal, pero sí que es cierto que en todas sus casas ha habido un rincón, más grande o más pequeño, para el quehacer de este otro pintor: «Somos de la misma edad y no tenemos nada que ver plásticamente, pero llevamos casi toda nuestra trayectoria artística juntos. Pero el también es un creador contenido, ordenado; como digo yo, de esos que casi pintan con traje. Esto es divertido porque convierte este lugar en un foco de atención para otros compañeros, un punto de encuentro, de cita, de charla».

Nuestra conversación va llegando a su fin. Hay que devolverle a los niños su espacio de juegos. Y se nos van los ojos hacia la isla del tesoro que Maté le ha construido a sus hijos para que atraque allí otro barco: el de los piratas de sus playmobils. Es lo que tiene tener un papá artista. En la estancia dedicada a su despacho, otra pieza basada en un juguete copa nuestra atención. Es una obra antigua, hecha con piezas de lego, que dan lugar a un castillo controlado con pequeñas cámaras de vigilancia. Hasta llegar allí, mapas que retratan la geografía de su cama, escudos de armas con utensilios de cocina, alguna de las maquetas y cuadros de Seco…

Maté en la habitación que sirve de antesala de su estudio, rodeado de algunas obras
Maté en la habitación que sirve de antesala de su estudio, rodeado de algunas obras

Maté nos enseña sus últimas obras, unas cajas de luz sobre las que se proyectan unas radiografías de su cuerpo, reliquias de artista para el coleccionista que se precie y que ha expuesto con NF en este último ARCO. «No sé si este será mi último estudio. No influye en ello que sea mi casa. Soy un artista del presente y soluciono presentes. Es cierto que tengo otro, un segundo, en el campo, al que me traslado con mi asistente y en el que desarrollamos labores más propias de taller. Y posiblemente ese sí que sea más definitivo en el sentido de que se ubica en un espacio más personal». Una vez más, Mateo Maté es de los que piensan que, en casa, como en ningún sitio. Aunque le guste convertir el salón en un campo de batalla por la posesión del mando a distancia.

Maté, ante una de sus obras, trabajando en el ordenador

Texto publicado en ABC.es 14 de marzo de 2015

«Sólo es sexo». Galería Fernando Pradilla. Colectiva

Todos los artistas de esta exposición han mantenido relaciones con su comisario

«Solo es sexo». Colectiva. Galería Fernando Pradilla. Madrid. C/ Claudio Coello, 20. Comisario: Javier Díaz-Guardiola. Del 31 de marzo al 21 de mayo.

"Intimidad" (2015), fotografía de Santi Ruiz
«Intimidad» (2015), fotografía de Santi Ruiz

Lo conseguí. Ya acaparé su atención. Logré que saltaran del título de este texto y se introdujeran en su contenido. Como periodista, sé mejor que nadie que nada como un titular que contenga la palabra «sexo» para que esa noticia se convierta en un viral en internet. Y tienen razón: éste, no la contiene. Pero ustedes la dieron por implícita. Yo me refería a relaciones afectivas, profesionales, de calado intelectual… Pero más de uno dio por hecho que las mismas eran de naturaleza sexual. Sexo, sexo, sexo... Dicen que el dinero hace girar el mundo, pero no es cierto. Es el sexo lo que le hace moverse. Aunque si hay dinerillo de por medio, este gira mucho más rápido, qué duda cabe. Continuar leyendo ««Sólo es sexo». Galería Fernando Pradilla. Colectiva»

Alejandro Calderón (pintor)

«Trato de realzar irónicamente el mundo que nos rodea»

Si el mundo es un gran teatro, amontenemos sus componentes como si de un juego de construcción se tratara y tendremos los andamios de la pintura de Alejandro Calderón. Onírico, reflexivo, él es de los creadores que «Darán que hablar»

Este es el "selfie" que nos dedica Alejandro Calderón
Este es el «selfie» que nos dedica Alejandro Calderón

Nombre completo: Alejandro Calderón Martín. Lugar y fecha de nacimiento: Nací en Madrid el 11 de septiembre de 1978. Me he criado en Extremadura (Don Benito), por lo que me considero medio madrileño medio extremeño. Residencia actual: Madrid. Estudios: Licenciado en Bellas Artes por la Nniversidad Complutense de Madrid en el centro CES Felipe II (Aranjuez). Ocupación actual: Artista visual.  Continuar leyendo «Alejandro Calderón (pintor)»

Miguel Á. Benjumea (artista)

«Era cuestión de tiempo que lo inmaterial se convirtiera en mi profesión»

Déle usted un mapa a Miguel Ángel Benjumea y déjese perder en la cartografía que es capaz de elaborar a partir de él. Reflexiones sobre el contexto, las migraciones, las fronteras… El gaditano es de esos artistas que «Darán que hablar»

El "selfie" que nos dedica Miguel Ángel Benjumea
El «selfie» que nos dedica Miguel Ángel Benjumea

Nombre completo: Miguel Ángel Benjumea. Lugar y fecha de nacimiento: Cádiz, 1982. Residencia actual: Madrid. Estudios: Licenciado en Bellas Artes, Máster en Artes Visuales e Intermedia y doctorando por la UPV (Universidad Politécnica de Valencia). Ocupación actual: Es artista visual y compagina su trabajo como creativo estratégico en la agencia Barrabes Meaning.  Continuar leyendo «Miguel Á. Benjumea (artista)»