Patrizia Sandretto (Coleccionista)

«La relación directa con el arte es para mí una necesidad cotidiana»

La Fundación que preside Patrizia Sandretto, una de las más activas de Italia, cumple estos días dos décadas y media pensando ya en su desembarco en Madrid, que empezó en febrero

Retrato de Patrizia Sandretto

Hace 25 años abría sus puertas la primera sede de la Fundación Sandretto Re Rebaudengo, de Patrizia Sandretto, después de que su inspiradora llevara tres años coleccionando arte de su tiempo y desarrollando proyectos de forma nómada. Hoy, esta es una de las instituciones privadas más prestigiosas en Europa, que desde hace unos años se plantea su salto a Madrid. La semana del arte, en febrero, sirvió para presentar una aproximación a lo que serán aquí sus contenidos, cuando aún se le busca continente, después de que se desechara la posibilidad de que la Nave 9 del Matadero, por cuestiones técnicas y arquitectónicas, se estableciera como su residencia española. ¿Frenará la pandemia del coronavirus los planes?¿Los truncará? Escuchamos atentos a la coleccionista italiana.

La Fundación en Turín cumple ahora 25 años, pero la colección sobre la que se asentó nacía tres años antes. ¿Cómo era ese primer conjunto artístico concebido en tres años?

Mi recorrido empezó con un viaje a Londres en 1992, en un periodo en el que la ciudad atravesaba una fase de gran vitalidad, marcada por la aparición en la escena artística de los Young British Artists y de una serie de exposiciones extraordinarias como Freeze (1988), a la que seguiría Sensation, en 1997. El inicio de mi colección está ligada estrechamente a las visitas a estudios que realicé aquellos días, como al de Anish Kapoor, y nuestra conversación rodeados de sus estraordinarias esculturas revestidas de pigmentos de colores brillantes y profundos. Esa experiencia fue determinante para definir el modo en que, desde entonces, elijo y colecciono obras. Todavía hoy, mi colección se fundamenta sobre el diálogo con el artista y un profundo conocimiento de su investigación. No por casualidad, inicialmente mi conjunto era una colección generacional: me interesaba el trabajo de artistas que tenían más o menos mi edad, su manera de mirar el mundo en el que vivíamos. Gracias a ellos, he aprendido yo también a mirar hacia adelante, y a comprender el arte de las nuevas generaciones, sus temas y sus lenguajes. He aprendido a no tener miedo de lo que no entiendo a primera vista y que el arte tiene la capacidad de comunicarnos lo que nos parece extraño, desconocido y oscuro.

¿Por qué empezó a coleccionar?

El arte ha formado parte de mi vida desde niña. He crecido rodeada de pinturas y objetos de arte antiguo, que mis padres apreciaban. Pero fue el arte contemporáneo el que sentí verdaderamente cercano a mi sensibilidad. Este ha cambiado profundamente mi vida y mi modo de ver el mundo, y por eso decidí crear una colección. Creo que coleccionar forma parte de mi ADN. Mi madre amaba coleccionar porcerlana de Sèvres y Meissen, y de niña guardaba pastilleros, todos catalogados y numerados en un cuadernillo. Hoy, a parte de arte contemporáneo, colecciono bisutería americana, joyas sin mucho valor que también me encanta usar: no salgo nunca sin ponerme un alfiler o usar uno de mis collares. Estas joyas son otra forma de arte: para fabricarlas se usaban técnicas de alta joyería aplicadas a materiales pobres, que las hacían asequibles a un altísimo número de personas. Estas joyas trazan la Historia de los Estados Unidos en el siglo pasado, conmemorando los principales eventos históricos, y usarlos siempre me provoca una gran emoción.

Fachada de la sede histórica de la Fundación

¿Y por qué decidió dar el paso de hacer pública una pasión privada? ¿Por qué no seguir coleccionando para usted?

Siempre he pensado en mi colección como algo abierto. De hecho, desde el principio, sentí que quería compartir mis obras y mi pasión por el arte contemporáneo con un más amplio número de personas con la esperanza de que otros también pudiesen acercarse a la creación de nuestro tiempo. Además, el diálogo con los artistas me permitió comprender mejor sus dificultades y necesidades, lo que me llevó a sentir la necesidad de tener un rol mas activo en el mundo del arte, diferente del de un coleccionista tradicional;  algo que me permitiese apoyarlos de una manera más efectiva, promoviendo su trabajo y ayudándoles a producir nuevas obras. De estos deseos, y de la conciencia de que en Italia en ese momento había una insuficicencia de espacios dedicados al arte contemporaneo, en 1995 nació la Fundación Sandretto Re Rebaudengo. Creé la fundación sin ánimo de lucro, porque sentí la necesidad de darle a una pasión individual un carácter más comprometido y público para hacer de la colección un instrumento y un terreno reconfortante. Apoyar a los artistas en sus proyectos desde un compromiso directo en la ejecución y producción de sus obras, y hacer del arte algo comprensible, accesible y útil a un público siempre más amplio, son dos de sus misiones estatutarias.

Veinticinco años después, la colección cuenta con más de 1.000 piezas. ¿Qué tipo de arte es el que le interesa? ¿Qué autores, técnicas o tendencias la caracterizan?

Cuando incié la colección, la estructuré en torno a cinco pilares precisos: el arte inglés, la escena de Los Ángeles, el arte italiano, el arte hecho por mujeres y la fotografía. Estas áreas de investigación constituían entonces la base del conjunto. En los últimos años he sentido la necesidad de plantear una mirada más desestructurada, ya no tanto centrada en una lectura por categorías específicas, nacionalidades, géneros o técnicas; una concesión que favoreció posteriormente el diálogo interno de los diversos ámbitos del arte contemporáneo. En mi búsqueda, no he prestado nunca atención a la adquisión únicamente de artistas ya consolidados. No me han interesado los grandes nombres per sé, ya que siempre he atendido a las obras en sí, privilegiando su calidad, su precisión respecto al momento en el que fueron producidas.

Una obra de arte contemporáneo debe ser capaz de representar el presente, anticipar el futuro y, en el futuro, contar una historia del pasado. Nunca las he considerado como objetos decorativos. Siempre he atendido con interés aquellos trabajos con una dimensión política y social. Es esta la tipología de obras que todavía hoy mayoritariamente están representadas en mi colección. Para mí, siempre ha sido importante tener relación con el artista antes de adquirir algo suyo. Entender la evolución de su trabajo. Por esto me interesa mantener con ellos una releción en el tiempo, y, si es posible, participar en la producción de nuevas obras. Me gusta pensar en la colección como un relato en el que suceden diferentes episodios y encuentros, con un hilo invisible que une mi biografía con la de los creadores, con sus estudios, con sus ciudades y con sus países. Coleccionar, en este sentido, es un poco como explorar, diseñando mi propio mapa del mundo.

Fotografía histórica de los primeros pasos de la fundación italiana

La Fundación, hoy, cuenta en Italia con una doble sede. ¿Cómo se complementan ambos espacios?

El Centro per l’Arte de Turín es la sede principal de la Fundación desde su apertura en 2002. El edificio fue diseñado por el arquitecto Claudio Silvestrin y dispone de un espacio expositivo, una sala acondicionada para vídeo, un aula didáctica, una librería y una cafetería diseñada por el artista Rudolph Stingel, junto al restaurante Spazio 7, con una estrella michelín. En Turín presentamos exposiciones y eventos todo el año, mientras nuestro departamento educativo propone laboratorios didácticos y proyectos en los que involucran a 25.000 niños, estudiantes y profesores, además de adultos y discapacitados.

Por su parte, el Palazzo Re Rebaudengo, en Guarene, una localidad cercana a Alba, en Cuneo (región del vino Barolo y de la trufa blanca), es nuestra sede histórica. Es un edificio del siglo XVIII reestructurado como espacio expositivo y abierto al público en 1997. Diferentes son los proyectos que han visto la luz allí, como el Premio Regione Piemonte y la iniciativa fotográfica Da Guarene all’Etna, dedicada a la joven fotografía italiana, que el año pasado celebró su vigésimo aniversario con una exposición inaugurada en las salas del palacio en septiembre, y que después viajó, este mes de febrero, a Taormina. También en Guarene, entre los viñedos de Nebbiolo, en la colina de San Licerio, desde el año pasado promovemos un programa de esculturas de grandes dimensiones encargadas a jóvenes artistas, los más prometedores de la escena internacional. El proyecto prevé el montaje en la colina de una nueva gran instalación permanente cada año, visitable gratuitamente y visible desde la distancia. El primer encargo fue asignado al artista canadiense Paul Kneale. Su obra fue inaugurada en septiembre.

Y hace unos años decide dar el salto a Madrid. Lisboa, Berlín y Londres también estuvieron en sus quinielas. ¿Por qué eligió la ciudad del país que menos ama el arte contemporáneo de los cuatro?

Más de veinte años de experiencia en el arte contemporáneo me han llevado a dar este paso, movida por el deseo de ampliar el ámbito de acción de la institución que inicié en 1995, llevándola al contexto de una gran metrópoli europea. Para este salto, es cierto que consideré diferentes ciudades como Londres, donde el arte contemporáneo goza de mucha atención, con muchos espacios, o Berlín, cuyo cielo gris me disuadió. Pensé también en Lisboa, a la que amo mucho, pero, como Turín, me parecía geográficamente periférica. He escogido Madrid, que del resto siempre fue mi primera opción, porque considero que España es mi segunda patria. Y porque el español es una lengua que conozco bien y me es muy familiar. Es una gran capital, puente hacia la cultura latinoamericana, con una escena en crecimiento, que sigo desde hace tiempo con atención.

P. Sandretto durante la presentación de Ian Cheng (derecha) en Madrid

La Fundación en Madrid iba a desplegarse en Matadero, pero finalmente, por motivos estructurales y arquitectónicos, ha habido que desechar esa idea. ¿En qué punto estaban las negociaciones con el Ayuntamiento antes del coronavirus?

La relación con el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Madrid ha sido siempre óptima: a mediados de diciembre de 2019 me reuní con la concejala de Cultura y fijamos una línea de acción que prevé la búsqueda de un espacio alternativo a Matadero sin los problemas estructurales y arquitectónicos con los que nos hemos tenido que medir durante casi dos años en el proyecto de la Nave 9. El Ayuntamiento ha seleccionado ya algunos espacios que por el momento no hemos podido valorar a causa de la crisis sanitaria.

¿Nueva sede significará nuevo proyecto, o se mantiene básicamente lo que quería proponer en Madrid?

En su momento, presentamos al Ayuntamiento un proyecto cultural muy detallado y ambicioso que prevé, por un lado, una programación expositiva –que ya se inició en febrero con la muestra individual de Ian Cheng en la Fundación Fernando de Castro–, y, por otro, una serie de actividades que tienen como objetivo la promoción del arte contemporáneo y el acercamiento a él de diversos públicos: estudiantes de cualquier grado, de la escuela infantil a la universidad, familias, adultos y personas con discapacidad. Asimismo, la propuesta prevé proyectos para apoyar a jóvenes artistas españoles, así como inicativas de formación como el programa de residencias para jóvenes comisarios Young Curators Residency Programme, patrocinada por Reale Seguros y con la colaboración de ACE/E, iniciado también en febrero. Estamos dispuestos a proseguir con el programa inicialmente acordado con el Ayuntamiento de Madrid, aunque el espacio que se nos facilite no sea el previsto inicialmente.

Desde luego, el coronavirus lo alterará todo. ¿No tiene miedo de que los políticos utilicen el argumento de «reconstrucción económica primero, cultura después»? Esta fue la política que vivimos en España tras la crisis de 2008, y la del Ministro Uribes al inicio de la pandemia.

Este es sin duda un momento complicado, no sólo en España, sino en Italia y en todo el mundo. Todavía creo fuertemente en el valor de la cultura, y del arte contemporáneo en particular, en su capacidad para ayudarnos a analizar y comprender mejor el momento que estamos viviendo y para afrontar los muchos desafíos que esta emergencia nos lanza. Nuestro diálogo con el consistorio de la capital no se ha interrumpido y, tan pronto como se pueda volver a viajar, estaré encantada de analizar sus propuestas.

¿Corremos peligro de que la Fundación no llegue a España, bien porque no le satisfagan las sedes alternativas, bien porque su propia situación en Italia haya cambiado por el covid-19?

Como he tenido la ocasión de decir en muchos momentos, confirmo mi voluntad de realizar un proyecto en Madrid, y las actividades que hemos comenzado ya a realizar en la capital española, incluso antes de contar con una sede, lo demuestran. Creo que es importante ser constructivos, y me parece que esta es también la actitud del Ayuntamiento.

¿Sobre que ejes pivotará el proyecto aquí? ¿Cómo se complementará con el italiano?

No gravitará la propuesta en un único punto de apoyo, sino sobre un programa articulado que gira en torno a tres ejes básicos: la colección, las exposiciones y la actividad educativa y formativa. La intención es la de desarrollar nuestro proyecto instalándonos en una sede, un espacio abierto al territorio y a los visitantes internacionales. Mientras tanto, hemos escogido una modalidad nómada, como la que caracterizó en sus primeros años a la Fundación Sandretto Re Rebaudengo en Italia, cuando todavía no habíamos abierto nuestras sedes, con exposiciones seminales como Campo 95 y Campo 96: la primera, desplegada en la Corderie del Arsenale de Venecia, en 1995; la segunda, un año después, en la Galería de Arte Moderno de Turín.

La individual de Ian Cheng de febrero en Madrid ha sido una ocasión para desplegar Emisarios, un proyecto en el que creo mucho, en cuya producción he contribuido. En las salas de la Fundación Castro, la presentación de esta trilogía de vídeo se acompañó de un servicio gratuito de mediación cultural, herramienta que desde 2002 utilizamos para generar una relación activa y envolvente con los visantes. La introducción de esta práctica fue posible gracias a la formación intensiva de tres mediadores.

Detalle de la sede «nueva» en Turín

Asimismo, Nomade es el nombre de nuestra residencia para jóvenes comisarios extranjeros. Todo «un viaje» literal de tres profesionales en el incio de su carrera, seleccionados por un prestigioso jurado internacional. El proyecto prevé que los tres comisarios, asesorados por un curator-tutor (el español Alejandro Alonso Díaz), recorran todo el país para explorar y conocer de primera mano su escena artística. Al final del viaje, estos habrán de organizar una muestra con sus conclusiones con las obras de artistas españoles que hayan conocido durante la experiencia y que les hayan parecido más interesantes. Este proyecto, su viaje, se ha interrumpido en este momento dadas las circunstancias, pero continúa «en remoto», con encuentros, charlas, visitas virtuales a estudios y recopilación de todo tipo de información, a la espera de que se resuelva la emergencia sanitaria.

La relación entre la fundación española y la italiana será muy estrecha, alimentando la itinerancia de las muestras, y la aplicación de prácticas y metodologías experimentadas desde hace 25 años, pero según un principio clave: que un museo vive de la relación con su comunidad. Su identidad crece pareja al territorio, a la ciudad en la que está situado. Madrid o Turín.

Obviamente, la vocación de la Fundación es internacional, ¿pero el salto a Madrid invitará a que más artistas españoles estén representados en su colección?

Uno de los objetivos de la fundación es el de operar como un observatorio sobre las investigaciones artísticas emergentes a nivel internacional, pero también de ser sensible al contexto y apoyar a talentos del territorio en el que opera. La fundación dedicará una particular atención al arte contemporáneo español, sobre todo a través de la actividad expositiva y la producción de nuevas obras. Como ya he dicho, hemos puesto en marcha una importante iniciativa que va justo en esta dirección: la residencia para jóvenes curators extranjeros. A parte del aspecto formativo para jóvenes profesionales en residencia, el proyecto se configura como un instrumento de sustento al sistema artístico local, una plataforma de investigación sobre la joven creación producida hoy en España, a través de la exposición con la que concluye la residencia, que es una manera de promover y dar visibilidad a los artistas.

Veinticinco años después, ¿cuáles cree que son los mayores logros de la Fundación Sandretto?

La capacidad de concebir y realizar exposiciones que sepan anticipar la atención y la lectura de macrofenómenos: en 2018, fueron Greenwashing y Silence, de cariz ecologista, comienzo y final de un año entero de programación expositiva titulada En el ambiente. En 2012, Press Play, con el punto de vista sobre el arte de los medios de comunicación. En 2019, También las estatuas mueren, sobre la vulnerabilidad del patrimonio cultural, situada en el intersticio entre lo antiguo y lo contemporáneo. Sin olvidar la atención a la mujer, testimoniada por una programación expositiva y por proyectos tales como el Premio StellaRe, dedicado a mujeres que, con su trabajo, han trazado nuevos senderos en los campos más diversos del saber, con particular atención a las más complejas estrategias culturales, políticas, económicas y científicas que articulan la sociedad contemporánea. El premio es un anillo diseñado por Maurizio Cattelan; así como un año entero, 2004, dedicado a las artistas y al arte en femenino.

La coleccionista con la artista Shirin Neshat en 2004

Las exposiciones de estos 25 años han presentado en Italia la investigación de jovenes creadores como Ian Cheng, Josh Kline, Avery Singer, Adrián Villar Rojas, Rachel Rose, Michael Armitage, Ludovica Carbotta o Berlinde de Bruyckere, solo por citar a unos cuantos de los más recientes. Las exposiciones colectivas han conformado en su sucesión el ritmo de un viaje a través de una vasta geografía cultural, documentando las investigaciones artísticas actualmente en curso en India, Rusia, China, Corea, Tailandia, Malasia y Japón. Han abierto ágoras, laboratorios y espacios de participación, de expresión y de creación para estudiantes, jóvenes, adultos y familias, desarrollando una idea amplia de accesibilidad física y cívica.

Entre los resultados conquistados con empeño en estos decenios destaco la investigación llevada a cabo en los ámbitos del arte y la curadoría, la red internacional que la Fundación ha sabido construir, y un acercamiento innovador y experimental en la esfera de la educación y la formación profesional.

¿Y qué le queda por hacer? ¿Es ambiciosa?

Queda muchísimo por hacer. Por ejemplo, para festejar el 25 aniversario de la Fundación, estamos realizando una publicación, un anuario que documentará nuestra Historia y nos permitirá continuar el diálogo con nuestros visitantes iniciado en 1995 y que queremos mantener vivo incluso en este momento difícil. Valoramos muchísimo este diálogo y, por eso, aunque las puertas de la Fundación han estado cerradas físicamente estas semanas, hemos seguido trabajando. Hemos querido lanzar una señal fuerte: la de continuar estando al lado de nuestros visitantes y amigos, a pesar de todo, abriendo nuestras «puertas virtuales». Gracias a las herramientas digitales a nuestra disposición (como nuestra web www.fsrr.org y nuestros perfiles en redes), seguimos vehiculando contenidos, publicando materiales nuevos y proyectos de aprendizaje como el e-book Art at Times, o Speak Contemporary, un proyecto de educación telemática para acercar el arte contemporáneo usando la lengua inglesa.

¿Cree en las versiones digitales de los espacios físicos?

Creo que lo digital será también uno de los instrumentos que permitirán a los museos y a las instituciones culturales gestionar la próxima fase de la emergencia sanitaria, durante la que habrá que afrontar nuevas reglas como el distanciamiento social y los aforos en museos, y la reducida movilidad de personas y mercancías, incluidas las obras de arte. Para nosotros en la fundación, que trabajamos con artistas vivos, y que a menudo producimos sus obras para nuestras exposiciones, será también importante entender cómo seguir ayudando a los artistas. Por eso estamos pensando lanzar encargos digitales que tendrán como objeto obras pensadas para el formato on line y que podrán ser visibilizadas a través de nuestro site o de una plataforma digital especial. Asimismo, será también muy importante una reflexión general sobre el arte público como fórmula para ayudar a los creadores a continuar produciendo. Y en el arte en espacios públicos: el proyecto para la colina de San Licerio, del que hablábamos antes, será una de nuestras prioridades. Esperamos poder inaugurar en otoño la obra de Marguerite Humeau. Mi ambición y esperanza es continuar sabiendo leer el presente, entender e interpretar el momento que estamos viviendo. Para ello, estoy convencida de que el arte contemporáneo es un instrumento irrenunciable, y por ello continuaré promoviéndolo y escuchando a los jóvenes artistas.

Por cierto, ¿cómo vio ARCO2020, la última feria a la que de momento pudimos viajar? ¿Llegó a comprar algo?

ARCO es una de las citas importantes en el calendario internacional de las ferias de arte contemporáneo. La visito cada año desde que empecé a coleccionar. Es una ocasión para conocer mejor el artes contemporáneo español y latinoamericano en un contexto internacional. Este año lo he visitado en compañía de los tres jóvenes curators participantes en nuestra residencia y de su cordinador, Alonso Díaz. La visita ha sido para mí muy interesante. Estoy particularmente ligada a ARCO porque en dos ocasiones mi colección ha sido presentada en Madrid coincidiendo con su celebración: en 2002, en la Sala Canal de Isabel II, y en 2011, en la Sala de la Fundación Banco de Santander. También, desde 2019, tengo el honor de ser presidenta del consejo internacional de la Fundación ARCO y, desde este año, hemos acordado donar nuestros honorarios para adquirir obras de artistas españoles que entran así a formar parte de la colección de la Fundación. Este 2020 hemos adquirido dos obras de la joven artista vasca June Crespo.

Son muchos los coleccionistas que me cuentan que, en estos días inciertos, se están reencontrando y encontrando la paz en sus colecciones de arte, con las que convivían a diario en casa pero a las que quizás dejaron de prestar atención. ¿Le ha ocurrido a usted también?

La relación directa con el arte es para mí una necesidad cotidiana, que tengo el privilegio de poder satisfacer gracias a las exposiciones que tienen lugar en la Fundación o con las que veo viajando por el mundo. También con las obras que atesoro en casa. Ahora que los museos están cerrados y todos los eventos cancelados, la posibilidad de estar cerca de mis obras me reconforta y me inspira. Me considero muy afortunada, porque incluso encerrada en mi espacio doméstico puedo cultivar una relación inmediata y directa con las obras que amo. Por eso he querido que la Fundación mantuviese un diálogo con el públio incluso durante este confinamiento, gracias a las herramientas digitales y con contenidos creados ad hoc. Creo que es importante continuar suministrando instrumentos y ocasiones para acercarse al arte contemporáneo y a las obras de los artistas incluso en este dificil momento de emergencia.

¿Cómo cree que va a afectar la crisis de la pandemia al mundo del arte?

En este momento es difícil hacer previsiones. No es todavía posible decir con exactitud cómo será el mundo tras el paso de la epidemia, ni cómo será la nueva vida de los museos, de las fundaciones, de las galerías… ¿Cómo afrontarán los nuevos desafíos, también económicos? ¿Cuál será el futuro de las exposiciones tal y como estamos acostumbrados a concebirlas en la actualidad? Desafortunadamente, es posible que muchas realidades tendrán que afrontar nuevas dificultades, y que los efectos económicos y estructurales de la crisis repercutirán ya sea tanto en el sector comercial como en las actividades sin ánimo de lucro. En estas semanas hemos asistido a la cancelación de exposiciones y ferias, también de eventos importantes para el sector bajo la óptica de una mayor sostenibilidad.

Patrizia Sandretto en una de sus últimas visitas a Madrid (Foto: Ernesto Agudo)

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 2 de mayo de 2020. Nº 1.423

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